Maria Teresa Hincapie

Armenia, Quindio

Artistas Visuales (Performances)

Figura Humana

María Teresa Hincapié

artista visual, performances

 


Registro de un viaje creativo

La herramienta principal de trabajo de la artista María Teresa Hincapié es su propio cuerpo y podría decirse que su obra se resume en un equilibrio entre el arte y la vida. Lo que parecen ser simples actos cotidianos son extraídos a otro plano para convertirse en actos de belleza, de reflexión. La artista no busca representar la vida, sino reflexionar sobre ésta, s bre esas acciones que colman la existencia. Esa ha sido una de sus características desde mediados de los 80, cuando presentó sus primeros trabajos, sin contar con su experiencia teatral que comenzó con Acto Latino en 1978.

En Vitrina (1989), en un local en el centro de Bogotá, Hincapié realizó las actividades propias del aseo del establecimiento, durante ocho horas, el tiempo de una jornada laboral. Todo esto, mientras hacía sus propios monólogos y mientras se acercaba de vez en cuando al ventanal que separaba el interior del lugar con la gente que transitaba por la calle, para estampar un beso o escribir frases con lápiz labial, un elemento negado para alguien que hace este tipo de labores.

En Punto de fuga (1989), durante tres días consecutivos, 12 horas diarias, Hincapié se propuso barrer, planchar, lavar, trapear, todo dentro de una lentitud y movimientos que llevaban, entre muchas otras reflexiones, a cuestionar la condición de la mujer. La cotidianidad adquiere una nueva dimensión pues todo transcurría en tiempo real, no se trataba de una representación. En Una cosa es una cosa, obra ganadora del Salón Nacional de Artistas de 1990, la artista dispuso varios objetos cotidianos sobre el piso. Los iba ordenando uno tras otro: desde ropa, ollas, crema de dientes, cepillos, ceniceros, lápices labiales, hasta toallas aparecían aisladas no sólo por sus funciones "en la vida diaria", sino también por sus características. En sus obras todo se va convirtiendo en rituales que vuelven consciente lo que, debido al apuro de la vida, no lo es. "Su insistencia en la lentitud es una especie de acto de resistencia con respecto a la velocidad que imprime el proceso de urbanización contemporáneo, que poco se interesa por la degradación del ambiente y poco permite detenerse en los pequeños detalles", escribió hace varios años sobre su obra la investigadora Ivonne Pini.

Estos son apenas unos ejemplos de muchas de sus obras que, entre otras temáticas, también aluden a lo sagrado como Caminar es sagrado, Proyecto de sobrevivencia, Tú eres santo, Divina proporción y El espacio anda despacio. Los registros fotográficos de estos performances invitan a revivirlos y, ahora, algunos de ellos están a la venta al público en la galería Valenzuela & Klenner. Ade más de las fotografías, que tienen un costo de 300.000 pesos, también se pueden adquirir pequeñas postales intervenidas por la artista a 20.000 pesos. Lo que se recaude será destinado a un difícil tratamiento médico", que actualmente afronta la artista. María Teresa Hincapié regresó a Bogotá hace pocas semanas de la Sierra Nevada de Santa Marta, en donde vivió durante varios años, y ahora se dispone a comenzar una nueva etapa creativa que, sin duda, también dejará huella en la historia del arte colombiano.

Tomado de la Revista Semana No.1149, 10 de mayo de 2004

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Colombia en Venecia

Por Catalina Obregón

Este año la Bienal de Venecia, una de las reuniones de arte contemporáneo más importantes del mundo, decidió hacer algunos cambios en respuesta a las críticas que le han hecho últimamente. De la versión anterior, por ejemplo, el pintor y escultor Fernando Botero dijo que era cada vez más "ridícula, completamente desconectada de la realidad. Es una masturbación intelectual de unos cuantos que se entienden a ellos mismos".

Por eso, para la versión 51 de la Bienal, que comienza este 12 de junio, los organizadores decidieron invitar menos artistas y los seleccionados fueron escogidos porque sus obras crean un vínculo y una conexión muy fuerte con el espectador. Se fijaron en particular en trabajos que mostraran, desde el punto de vista de los artistas, problemáticas actuales de la sociedad.

Las curadoras españolas María del Corral y Rosa Martínez estuvieron a cargo de las dos muestras que componen la Bienal: La experiencia del arte y Siempre un poco más allá, que tendrán lugar en el pabellón italiano de los jardines de la Bienal y en el Arsenal de Venecia, respectivamente. María Teresa Hincapié fue una de las 49 artistas de todo el mundo invitadas por Martínez a participar en Siempre un poco más allá. Alrededor de la Bienal, en la que participarán 91 artistas de 73 países, se llevarán a cabo múltiples exhibiciones en diferentes zonas de la ciudad. Una de estas fue organizada por la curadora argentina Irma Arestizábal, del Instituto Italo-latinoamericano, en la cual serán expuestas las obras de Oscar Muñoz y Juan Manuel Echavarría.

María Teresa Hincapié

María Teresa es una mujer y una artista excepcional. Su formación como actriz ha sido fundamental a la hora de crear su proyecto artístico, que más que eso es su forma de vida. Ganadora en dos ocasiones del Salón Nacional de Artistas, y con una trayectoria que la posiciona como una de las exponentes más interesantes y vanguardistas del arte contemporáneo en Colombia, esta mujer ha dedicado su vida a trabajar con un lenguaje poco común en el ámbito nacional: los performances.

El espacio se mueve despacio, su más reciente obra, es el resultado de una experiencia de más de tres años. Un periodo durante el cual María Teresa se alejó del dolor que le producía la vida urbana y fue en busca de amor y paz en medio de la naturaleza. Su proyecto, que recibió una beca del Ministerio de Cultura, consistía en habitar un espacio natural, sin las comodidades y limitaciones propias de un entorno urbano. Aislamiento y desolación

Con esto en mente, María Teresa se fue a vivir a una finca en la Sierra Nevada de Santa Marta durante tres años. En este lapso, su única compañía fueron sus perros Miel y Melado, una mula y una que otra gallina. Con el paso de los meses, la utopía de una vida perfecta en medio de la naturaleza y alejada de la comunidad comenzó a desvanecerse. Como vivía en medio de una zona cocalera, donde los raspachines ganan más por recoger la hoja de coca que como jornaleros, le quedaba difícil conseguir ayuda para los trabajos de la finca. Por eso, debía levantarse a las tres de la mañana para cuidar su huerta y sus animales, e ingeniárselas para subsistir en medio del paisaje.

Además, vivía en una constante zozobra porque estaba en medio de guerrilleros y paramilitares. Ni los unos ni los otros llegaron a meterse con ella, pero de todos modos María Teresa sufría las consecuencias de sus actos porque le hacían mucho daño a la tierra. "Nadie tiene etiquetas, yo veía seres humanos. Ni me amenazaron, ni tuve problemas con ellos. Sí me afectaba que subieran con las mulas con todos esos venenos para raspar la coca. Los animales se desmayaban por el camino. Quemaban la tierra", recuerda la artista quindiana. "Me fui huyendo del dolor y encontré más dolor allá. Están dañando la ecología, acabando con la tierra, lo más bello que tenemos", concluye.

Esta ironía de la vida se convirtió en el punto de partida para su obra. De cierta manera se reconcilió con la ciudad y la comunidad. "Viví una experiencia muy linda en la sierra, y regresé llena de amor. Ese espacio tan hermoso me enseñó a transformar el dolor en amor. De ahí se desarrolla mi trabajo. El espacio se mueve despacio", explica la artista. Quería crear una obra que produjera paz y tranquilidad. Entonces comenzó a reunir elementos para componer su pieza. Manos a la obra

Primero le pidió a su hijo Santiago Zuluaga, compositor egresado de la Universidad Javeriana, que se inspirara en Dios para crear la música que acompañaría su performance. Luego consiguió la película Baraka (una palabra que para los sufíes, la vertiente mística del Islam, significa "aliento de vida") del director Ron Fricke. Éste ha descrito su obra como una meditación guiada, que unifica rituales religiosos, los fenómenos de la naturaleza y el poder destructivo del hombre en una red de imágenes: aparecen la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, campos petroleros llameantes en Kuwait y una concurrida terminal del metro, entre cientos de otros lugares alrededor del mundo.

Espacio para meditar

María Teresa proyecta estas imágenes sobre una pared en un espacio en penumbra, de manera que cuando camina por dicho espacio su sombra aparece en la proyección. En el suelo hace una estrella de tierra y la rodea con hojas secas que evocan la naturaleza. Sobre la tierra coloca una jaula gigante que cuestiona la libertad del hombre moderno. Allí, María Teresa camina lentamente en un profundo estado de concentración.

El performance inicial duró 24 horas continuas durante las cuales las personas podían entrar y sentarse a mirar, meditar un rato o dormir. "A mí me gusta que la gente se duerma en mis performances. Busco crear un espacio de tranquilidad. Por eso la música es espiritual y el espacio está en la penumbra", explica la artista. Ella presentará su performance en la Bienal durante 3 días, luego dejará la instalación. A su regreso presentará la obra en la Alianza Francesa y en la galería Alcuadrado, de Bogotá.

Tomado de la Revista Caras, junio de 2005

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Uso el arte para curarme

por María Paulina Ortiz,  Redactora de EL TIEMPO

Cuando sintió que no aguantaba más el dolor, el dolor por un perro callejero, el dolor por un indigente, el dolor por la contaminación del aire, el dolor por el dolor de los demás, María Teresa Hincapié se fue de Bogotá a recluirse en la Sierra Nevada de Santa Marta.

Era el 2001. 

Quería una vida ermitaña, alejada de los afanes de la sociedad. En la Sierra tenía una finca que había logrado comprar con la plata recibida por el premio del Salón Nacional de Artistas en 1996 (es una de las pocas artistas colombianas que ha ganado dos veces el Salón, el primero en 1990). Soñaba crear allí un taller de artes y un jardín botánico.

El jardín le funcionó al principio; el taller no; los alumnos que había contactado terminaron por no viajar a una de las zonas más calientes de la guerra.  María Teresa siguió sola, con su habitual fuerza para ir contra la corriente. Por algo desde que hizo presencia en el panorama artístico primero como teatrera en los años ochenta con el grupo Acto Latino y luego como la más vanguardista del performance nacional- su nombre se ha igualado a transgresión.

(No muchos pueden poner en su hoja de vida, además de los Salones, invitaciones a bienales de Venecia... la de Italia, Sao Paulo y La Habana).

En la Sierra, sin luz eléctrica, cocinando con leña, alimentándose con plátanos que lograba bajar a punta de machete y bañándose con limón, María Teresa probó algo de lo que había ido a buscar: la renuncia a los excesos materiales. Apenas algún contacto tenía con uno que otro amigo de, vez en cuando, de resto: sola.

Se encontraba por los caminos con paramilitares que la velan y le decían adiós. A veces, cuando se quedaban atascados en una quebrada cercana, llegaban a su casa y ella les brindaba algo caliente.

-Para mí son seres humanos, todos. No le pongo etiquetas en la frente a nadie. Dice María Teresa, amable, con un Pielroja en la mano.

Hoy ya está en Bogotá.  Su vida en la Sierra no aguantó más de tres años que la llevaron a pesar 48 kilos. Al final se alimentaba con poco más que unas yucas que compraba con los tres mil pesos que lograba que le dieran a cambio de las 120 mandarinas que vendía a la semana. Sus amigos más cercanos la convencieron de que regresara. Se estaba enfermando allá.

Regresó con menos dolor en su alma, con la decisión de armarse de energía para vivir de nuevo en la ciudad y con una obra en las manos: el performance El espacio se mueve despacio, que llevó en junio pasado a la Bienal de Venecia.

En esa obra quería reflejar el amor con el que había bajado de la Sierra.  La serenidad que habitaba .su alma; aunque su cuerpo vivía lo contrario. En el montaje de ese performance, María Teresa afrontaba en silencio los peores momentos de una quimioterapia. Tiempo atrás, todavía en su finca, sintió una bolita en un seno. Al hacerse los exámenes en la ciudad le diagnosticaron cáncer. No le gusta hablar de eso, no quisiera que por saberlo la gente le llegue a sentir lástima; no.

Su valentía ha sido admirada por todos, desde cuando dejó su casa de familia en Armenia con 16 años, quinto de bachillerato y un joven esposo. Muy pronto nació su hijo, Santiago. El matrimonio le duró poco, en cambio la compañía sin condiciones de Santiago -músico de la Javeriana- ha sido uno de sus mayores alicientes.

Ni en las horas más difíciles María Teresa ha mirado atrás, menos si la vida le entrega un cáncer.

-La enfermedad me cambió la vida -dice.

-¿Para bien o para mal?

-El cáncer se volvió mi maestro. Decidí amar la ciudad. deiar de quejarme, aunque las cosas me sigan doliendo. Ahora tengo una actitud de libertad; quiero pensar que estamos viviendo en un posible paraíso.

Luego de unos meses de quimioterapia que ella define como horribles ("me hincharon, me pusieron los músculos como plomo, no podía caminar"), dejó el tratamiento.

--Uso el arte para curarme. Dice María Teresa, que no parece tener nada negativo en su cuerpo ni en su alma.

A pesar de que se negó también a la operación, no se sien te enferma. A veces un poco agotada, lo de siempre. Su estado físico lo ha puesto a prueba varias veces: durante 25 años (hoy tiene 49) subió a diario el cerro de Monserrate, a pie y en las mañanas para alimentarse de la energía del sol. En 1996 se fue caminando hasta San Agustín. Nada de esto por excentricidad; lo suyo, por más bizarro que parezca, se siente natural. Honesto.

-Bienvenida a la casa de los Peregrinos.

Me dice cuando abre la puerta de su casa en el barrio La Merced y se asoman sus perros Miel y Melao (lo único con lo que volvió de la finca).

El salón comedor está vacío. Algunas fotos de El espacio se mueve despacio, y no más. No hay muebles, no hay cuadros, no hay lámparas, no hay alfombras; el espacio está vacío y sin embargo no siento que le falte nada. Le sobra espíritu.

Esa casa es la sede del grupo que María Teresa está creando, los Peregrinos del Mundo. Un experimento de renuncia. Junto a 13 jóvenes (estudiantes de arte de diferentes universidades) que se le han unido de forma espontánea, inició un proceso de renuncia material que consiste en tres puntos (el tres se repite mucho con ella): usar sólo tres mudas de ropa ("me van a ver mucho con este saquito", dice y ríe), no usar químicos en la vida diaria y no contaminar el ambiente.

-En la Sierra descubrí que el limón es bueno para lavar los pisos, para asearse el cuerpo; la cáscara es como una esponjita... Muchas cosas que uno usa no son necesarias.

-¿Por qué esa decisión de renuncia? ¿No es difícil?

-Es muy difícil. Pero es tomar conciencia de que producimos mucha basura, de que la basura ya es una ideología.

Lo suyo ha sido siempre una búsqueda espiritual. Antes que ser una artista reconocida, de hecho antes que ser artista, María Teresa pretende ser persona. Un buen ser humano. Coherente.

Con el grupo de muchachos que hoy la acompañan, creó un performance (su primero colectivo); sintió que era momento de lo comunitario. Este mes se presenta en dos galerías bogotanas, y para diciembre espera convocar 2005 personas para hacer una muralla humana que llame a la resistencia (busca voluntarios).

Está creando, está sonriente, está tranquila. 

-¿Le teme a la muerte?

 -No; para mí la muerte es una realización personal. Eso depende de la vida que cada quien haya llevado. Si la persona no se ha conectado íntimamente con la creación, quizá entonces le teme a la muerte. Yo le digo a Dios que, cuando quiera, estoy lista.

Pues que Dios no lo quiera todavía. Porque María Teresa está más viva que nunca.

Tomado del periódico El Tiempo, 16 de octubre de 2005

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El acto lento de los peregrinos

por Ana María Durán Otero

En un mundo donde la globalización, el consumo y la rapidez de las comunicaciones parecen manipular la vida de todos los seres humanos, existen hoy en día propuestas que buscan hacer reflexionar a la gente del común, al transeúnte de las calles, al hombre común y corriente.

Uno de estos proyectos, Peregrinos Urbanos, creado y dirigido por la artista colombiana María Teresa Hincapié, surge precisamente de la necesidad de responder a estos interrogantes y de cuestionar las reglas y los supuestos parámetros que dominan y determinan a los habitantes de cualquier país. "En este momento, el trabajo que estamos haciendo funciona en Bogotá, pero de igual manera es válido y pertinente realizarlo en cualquier ciudad del mundo. En la actualidad todos estamos viviendo los mismos problemas".

La intervención urbana que propone Hincapié no pertenece a ningún género estético. Con su performance, la artista busca responderle .a la ciudad con actos de amor, a través de lo cotidiano. Por esta razón, en su presentación se ve una niña que llega en piyama a la calle y desayuna, otra que barre, un muchacho .que hace ejercicios, entre otras acciones rutinarias.

"Esta intervención humana funciona a partir de la lentitud. La gen te debería ser más consciente de la noción de tiempo y pensar, dentro de la rutina, la importancia de detenerse un momento y reflexionar sobre lo que está a su alrededor", comenta Hincapié

La artista trabaja con un equipo de entre diez y quince personas, estudiantes de la Universidad Javeriana, la Universidad del Bosque, la Academia Superior de las Artes y voluntarios que han decidido apoyar la idea.

¿DÓNDE ESTÁN LOS PEREGRINOS?

El grupo de los peregrinos urbanos se mueve en lugares de mucho dolor, caóticos y congestionados: A partir de sus movimientos, suaves y lentos, aparecen caminando entre el alboroto de las calles, logrando un efecto pacífico y amoroso que rompe con la normalidad. "El performance que estamos haciendo, a diferencia de muchos que se caracterizan por su violencia visual, es un ritual de amor, de tranquilidad y de movimiento. En ningún momento irrumpimos de manera drástica o violenta en la tranquilidad de los demás".

Esta novedosa y creativa propuesta artística va mucho más allá de una simple actividad lúdica. Su interés consiste en acercar a la gente común al arte y descubrir de qué manera la escena artística en Colombia pretende trascender una exhibición o una muestra de museo.

Su interés por causar un impacto global y por buscar una posible salida a las atrocidades de hoy en día, guerras, desastres naturales e injusticias, permite pensar en la posibilidad de un arte móvil, conectado con la vida real.

Peregrinos Urbanos se presenta en la Alianza Colombo Francesa

Tomado del periódico El Espectador, 16 de octubre de 2005

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UNA COSA ES UNA COSA 

"Aquí Las bolsas. Aquí el bolso. Aquí la tula. Aquí la caja. Allá Las bolsas. Aquí la tula y encima el bolso. A un lado la caja. En la esquina el bolso y la tula, en el centro Las bolsas de papel y cerquita la caja. Vaciamiento. Dispersión. Todo sale. Todo se dispersa. Se riega. Se mezcla. Se detienen. Se cuadran uno tras otro indiferentemente... Porque son frascos Porque se necesitan uno al otro como la crema y el cepillo. Pero también la crema y el cepillo con otros cepillos o solos también... Las zanahorias solas. El maíz solo. El azúcar solo. La harina sola. El plástico .solo. La bolsa sola, la caja sola y vacía". Este fragmento hace parte del texto que en 1990 escribió la artista María Teresa Hincapié como complemento a su obra Una cosa es una cosa con la que obtuvo el Primer Premio del Salón Nacional de Artistas de ese año.

Ella, durante horas enteras, se dedicó a disponer en el piso objetos que hacen parte de su vida cotidiana, mientras conformaba un espiral que se hacía y se deshacía eternamente. Ollas, cepillos de dientes, medias, platos, labiales, prendas de vestir, bombillos, frascos, recipientes, entre tantos otros objetos, iban conformando este espiral que se constituía en una reflexión sobre la cotidianidad, sobre nuestra relación con ellos, sobre "construir y destruir sin fin" la esencia de la vida que es, finalmente, Las cosas elementales que están ahí pero que nunca percibimos. El próximo 27 de octubre, en la iglesia museo Santa Clara, a Las 7 de la noche, Hincapié presentará de nuevo esta obra, considerada un punto de referencia del perfórmance en Colombia. La Galería Alcuadrado proyectará allí mismo, hasta e15 de noviembre, un registro de video de esta acción. Hincapié fue invitada este año a la Bienal de Venecia en Italia.

Diego Garzón
Tomado de la Revista Semana No.1225, 24 de octubre de 2005

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PURA ACCION

Uno elige la existencia que le gusta y opta por formas de vida que le produzcan felicidad", asegura María Teresa Hincapié. Un día decidió bajarse de un bus y volverse caminante de la ciudad. Llegó pasta la Sierra Nevada a vivir en un terreno que había comprado con el dinero que recibió por el primer premio en el Salón Nacional de Artistas del 1991.

Abandonó el teatro. No quería ser vedette ni estrella de televisión, así que decidió buscar alternativas para la actuación y terminó creando un acto plástico de su propia cotidianidad que llamó Una cosa es una cosa. "No sabía que estaba haciendo un performance. Yo me consideraba actriz".

Presentó su obra en el Festival do Teatro de Manizales con un frío recibimiento, las artes plásticas decidieron acogerla y llevarla al Museo de Arte de la Universidad Nacional, a la Bienal de La Habana, a la Bienal de Sao Paulo y al Instituto de Arte Contemporáneo de Londres y al primer premio en el Salón Nacional de Artistas.

Ahora regresa a Sao Paulo, luego se va a Italia a mostrar su obra en un castillo medieval y luego regresa al país, para hacer una gira por seis ciudades, con el patrocinio del Banco de la República, con el objetivo de divulgar el "arte de la acción".

Tomado de la Revista Cromos No.4623, 9 de octubre de 2006

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Mariposa guerrera

por Juan Monsalve, especial para El Tiempo

Diez mil palomas vuelan al cielo.  Llevan en sus alas su espíritu.  Diez mil palomas y un águila de la Sierra Nevada de Santa Marta la conducen en su hora, hasta la puerta de la Crus del Sur.

Y todos los niños, en las playas de todos los mundos, v Tagore, sonreirán al verla pasar por La Vía Láctea, la ruta de las almas en las galaxias. Oca que vuela, y deja caer desde  lo  alto, sus plumas sagradas. las que serán usadas en nuestras danzas sagradas. In Memoriam.

El verdadero performer, decía Grotowsky, es el shamán.  La Performancia es el arte de la acción. María Teresa fue una maestra de la acción, una verdadera performer. El verdadero conocedor de la naturaleza de la acción es Lord Krishna, en el Bagavad Gita, quien enseña a Arjuna la ciencia del Yoga: vence a  lo  enemigo en forma de deseo, demonio interior, difícil de vencer.

Por el mundo

`Tere viajo conmigo alrededor del mundo, después un año en México, donde creamos Historias del Silencio. Ella tejió la mascara de La Bruja con una lona de un basurero.

Vivíamos en una azotea, en El Zócalo, acogidos por Pedro Zuñiga, hijo de un comerciante de grano. Don Pedro, como le decíamos, quería conocer el mundo después de trabajar años, y estaba sorprendido de que nosotros viajáramos por él sin necesidad de nada. Solo de la solidaridad de nuestros espectadores. Desde el fondo de la miseria, viviendo del teatro en la calle, en la Zona Rosa, en 1980, sobrevivimos como actores, como mártires haciendo señales desde la hoguera: Artaud.

`Tere era una guerrera de Marte. Tenía el valor de las amazonas. Era una mariposa azul de la selva. Cuando escribí Ondina, para ella, en 1985, sabía que el espíritu sagrado del agua la conduciría, no como Ofelia, hasta los Manantiales del Señor.

Conocí a `Tere en La Casa Colombia, y en El Café de los Poetas, en 1978, donde hacíamos teatro todas las noches. Los poetas nadaístas Jota Mario y Eduardo Escobar, y sus cofrades, eran nuestros cómplices.

María Teresa se interesó por las artes escénicas al ver EL Señor Schmidt, de Brecht, e ingreso al Acto Latino. Vivíamos en Comuna, edificios abandonados invadidos por movimientos libertarios, y Tere tenía un taller de vestuarios en La Macarena.

El grupo viajó a México y yo a la Internacional School of Theater Anthropology, en Bonn (Alemania). A mi regreso, viajé a México, donde nos reencontramos.

Los maestros orientales de teatro me habían abierto la ruta de la investigación antropológica de ritos, danzas y teatros del mundo. En su compañía hicimos un largo viaje por México presentando La muerte y la señora e Historias del Silencio.

En 1982 y 83 realizamos nuestra primera investigación alrededor del mundo,  presentándonos en el teatro LSoleil, de París y haciendo performancia en La Plaza Baubour, del Centro Pompidou, y en los túneles del metro.

Luego Calcuta. ¡Oh, Calcuta! Los cuervos nos recibieron en un amanecer indio. ¡Primera vez en India! A el Festival de Artes Marcial y Artes Escénicas. Allí presentamos La Danza de los Cambios, basada en el 1 King, de China. Y Suresh Awasthi. nos invito a Japón, con Richard Emmert, flautista del Teatro Noh.

La Perfomancia

María Teresa no solo sorprendió a los gurúes asiáticos, sino a los maestros occidentales presentes: Richard Sheckner, Eugenio Barba y otros, con su mágica danza de guerrera del Amazonas.

Después de visitar, en Bali, al gurú de teatro Topeng y Barong:1 Made D"Gimat, y ver el alucinante teatro balinés, viajamos a Tokio, donde nos recibió Richard y nos llevó a ver Teatro Noh y Kabuki. Creo que esta experiencia marcó de manera definitiva la visión y el camino posterior de María Teresa: La Performancia.

Ella había recibido las enseñanzas mías, de los maestros orientales y, en Tokio, recibía las enseñanzas del Teatro Noh. También La Danza Butoh, que vimos en el Festival Cervantino de Guanajuato, orientó nuestras posteriores búsquedas.

La performancia de María Teresa, como la Danza Butoh, fue un vómito de sangre sobre los poderosos. Su enfermedad no fue sino el grito de la diosa Kali, guerrera de Shiva, lado izquierdo, oriental, de la justicia de las Diosas Madres, en la era oscura, el Kali Yuga, la Edad de Hierro que vivimos hoy.

La vida nos es un problema, es un misterio, nos dijo, camino de Bogotá a Tierra dentro y San Agustín, reconstruyendo caminos originales, en el arte de caminar.

Regreso a las fuentes originales de representación por la vía que nos enseño Grotowsky. Cultivo La Cultura Activa, lejos de La Cultura Mortal de las industrias del espectáculo de las grandes urbes. late reconocida como maestra de la Performancia en Tokio, Venecia, París, Nueva York, México, y otros lugares. Interpretó un rol masculino en Lunario, y un rol femenino en Ondina. Creo una inolvidable Yocasta, en Edipo Rey, en 1984, que desgarró las entrañas de nuestros espectadores incestuosos. Escandalizó a los pacatos con sus desnudos de cuerpo y alma.

En Una cosa es una cosa, Premio Nacional de Artes Plásticas, nos enseñó cómo traspasar el marco sagrado y ritual de la vida cotidiana. Nos mostró con arte magistral el desperdicio de la sociedad de consumo.

En las Comunas Libertarias en que vivió, y creo, finalmente en La Sierra Nevada de Santa Marta, imprimió un sello indeleble en nuestra memoria cultural y espiritual, como una mariposa guerrera, que entregó y sacrificó su vida en el ara del Sagrado Arte. Atravesó el umbral: La Puerta del Sol, como una iniciada en la vía del Teatro Sagrado.

Ahora emprenderá nuevas batallas, con Krishna, con Jesús, con Alla, con Brahma, en otros universos donde reina la paz en todos los mundos.

Tomado del periódico El Tiempo, 20 de enero de 2008

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Artista de arte vivo

Por Maria Cristina Pignalosa

María Teresa Hincapié (Armenia, 1954), reconocida como pionera en el campo del performance (acción plástica) en Colombia, murió el 18 de enero de 2008. Sus cenizas fueron enterradas en Quebrada Valencia cerca a Santa Marta, una enorme roca, escogida por un Mamo de la Sierra Nevada y donde se construisá un mausoleo en su honor, dado que la artista fue catalogada por el Mamo como `un ser de luz y `una maestra. El trabajo de Hincapié se desarrolló a partir de técnicas orientales de actuación que fusionan danza, teatro y rituales. La artista afirmaba que el performance era un arte vivo, no comprendido, puesto que no se ha definido, y que el arte debe luchar contra los sistemas de consumo que hacen el mundo más light.

Obtuvo múltiples reconocimientos, como el primer premio en el Salón Nacional de Artistas en 1990 (con el performance de 8 horas `Una cosa es una cosa), cuando apenas su nombre comenzaba a sonar, y la mención de honor en la Bienal de Arte del  Museo de Arte Moderno de Bogotá. En el ámbito internacional, participó exitosamente en importantes encuentros del arte, como la Bienal de Sao Paulo y la de Arte de La Habana. Sus trabajos de investigación se centraron en el trabajo del actor, puesto que se consideraba a sí misma como actriz a investigadora de teatro.

Además, trabajó en distintas versiones de danzas, con el coreógrafo y bailarín Álvaro Restrepo, del Colegio del Cuerpo, y con el artista José Alejandro Restrepo, en la obra `Parquedades, escenas de par que para una actriz, con video y música. El crítico, historiador a investigador de arte Eduardo Serrano dice: "María Teresa Hincapié fue la artista que más coherentemente cuestionó la materialidad del arte y el materialismo de la vida actual.

"También fue una artista que puso siempre de relieve la necesidad de involucrar el arte con la vida cotidiana. Su trabajo tiene un aleccionador carácter existencial y constituye una reafirmación de género y un poético llamado al reconocimiento de la feminidad.

"María Teresa Hincapié deja un gran vacío en la escena artística colombiana y en particular en el arte contemporáneo en el cual fue una pionera".

La directora de la Galería Casas Riegner, Catalina Casas, comenta: "Fue una artista muy importante, que vamos a extrañar. Fue una mujer con demasiada energía, que permanecerá con nosotros y que demostró con su trabajo. Su obra es de enorme valor en la historia del arte contemporáneo".

El galerista Alonso Garcés, quien realizó una exposición de sus fotografías y una muestra de sus obras tituladas `Vitrinas el año pasado, dijo a su vez: "Es muy doloroso que una artista de madurez y en plena producción, con una obra con tanta consistencia, que sorprendía siempre con sus nuevas propuestas, nos haya dejado. Es una gran ausencia".

Tomado de la Revista Lecturas, El Tiempo, febrero marzo, 2008