Alejandro Obregon

Barcelona,España

Pintores

Abstracto, Figura Humana, Figura

Alejandro Obregón

pintor

Recuento

Expo2001

Crítica

 

 
Vea: Cronología, por Carmen Maria Jaramillo y Maria Sol Barón

Cronología, por Carmen Ortega Ricaurte

Obregon en Contexto, por Carmen María Jaramillo

Paisaje para un condor, por Carmen Maria Jaramillo

Crítica

El Regreso de Obregon, por Clemencia Arango  

 

 

Obregón en contexto

por Carmen Maria Jaramillo

(con ocasión de la Exposición Alejandro Obregón 1947-1968,
en el Museo Nacional, octubre de 2001)

1 Punto de partida

Alejandro Obregón ha sido considerado por la crítica como el primer pintor moderno en el arte colombiano. Esta exposición busca establecer cuál es la propuesta singular que el artista formula a este respecto: Obregón, desde una mirada propia, subvierte las reflexiones que impulsan el arte moderno y las sitúa en su contexto, pues una de sus principales preocupaciones va a ser el lugar, como geografía, como cultura, como pertenencia.

Sobre su trabajo se han llevado a cabo algunas visiones retrospectivas, que han contribuido a la comprensión y difusión de su obra. Sin embargo, se hace necesario revisitar a uno de los más lúcidos y sensibles artistas colombianos, concentrando la atención en los argumentos decisivos de su reflexión visual. Coherente con tal necesidad, en la exposición se abordan tres aspectos fundamentales de su propuesta plástica, así como su contextualización en el  plano local. En primer término, se analiza la forma particular como Obregón reformula el espacio pictórico predominante en el arte nacional de la década del cuarenta, abriendo un nuevo rumbo a las generaciones venideras. En segundo lugar, se examina la manera en que el artista replantea la noción de paisaje vigente en la primera mitad del siglo, conduciendo a la pintura colombiana a renovar su vínculo con la naturaleza. Por último, se revisa la forma en que el pintor se aproxima al país político de un modo insular dentro de su generación.

Esta investigación cubre el período comprendido entre 1947 y 1968, lapso en el que Obregón hace aportes transformadores al arte colombiano, mientras madura el trabajo de una generación de relevo. La exploración comienza con la obra Pez dorado (1947), su primer trabajo con un carácter netamente moderno; En este cuadro Obregón prescinde de cualquier referencia a la perspectiva lineal y, en consecuencia, el manejo del espacio no obedece a un procedimiento lógico, sino que se encuentra al servicio de la disposición de planos y colores en la  superficie, con un claro acento poético. A partir de ese momento, el artista empieza a encontrar una voz propia.

El lapso aludido se cierra con las obras Homenaje al Che (1968) y Homenaje a Camilo (1968), trabajos producidos en el momento en que su propuesta se encuentra plenamente consolidada y que coincide con la aceptación unánime de Obregón como una de las grandes figuras de la historia del arte colombiano. En estas pinturas se percibe también cómo su abra identifica el cambio de rumbo en lo que respeta al contexto colombiano: la pugna liberal-conservadora.pierde . beligerancia con la instauración del Frente Nacional y se divisa en el panorama . una oposición entre quienes testimonian una actitud de izquierda y los partidos políticos tradicionales, ahora prácticamente fusionados en el gobierno.

2 - Cambio de paradigna

Alejandro Obregón aparece en et panorama de la plástica nacional gracias a su participación en el V Salón de Artistas Colombianos en 1944. Su incursión en el arte es recibida con beneplácito por la prensa local, en especial por el crítico austríaco Walter Engel y por la argentina Marta Traba, quienes harán un seguimiento minucioso de la obra y, en compañía de numerosos colegas,  reconocerán en el artista una fuerza modernizadora y un talento pictórico generadores de un cambio definitivo en la historia de la pintura colombiana en el siglo XX. .
Obregón configura una obra que responde aI pulso de su tiempo, desde una propuesta que desdeña la traducción formalista de lenguajes externos. Considera desgastada la figuración de espíritu social  en lo que respecta a sus planteamientos estéticos. Por otra parte, observa la abstracción pura como desvinculada de un entorno cargado de contradicciones. Despoja de cualquier fundamentalismo a los lenguajes de la abstracción y la figuración; los asume de una manera personal, los fusiona y configura el plano pictórico recurriendo a un pensamiento propio de su circunstancia.
Su mirada de artista integra los opuestos de la modernidad: lo puro y lo contaminado, lo moral y lo amoral, lo tradicional y lo novedoso. Busca una comprensión integral de su entorno en la que no sea necesario optar por una única interpretación del mundo y. que a su vez implique un juicio a la interpretación contraria. Haz y envés enriquecen la mirada a la totalidad: así, cuando acude a la luz, está presente la sombra; cuando habla de la vida, se encuentra evocando la muerte; cuando expresa la belleza, está implícita la desfrucción. Una y otra vez las partes le hacen posible comprender el todo, y el todo lo remite, necesariamente, a las partes.

Su trabajo no persigue una autonomía del arte a la manera de ciertas tendencias europeas o norteamericanas, sino que persigue una mezcla de autorreferencia (en lo que concierne a la construcción de un campo estético libre de intromisiones por parte de otras esferas del poder y del saber) y de riqueza semántica (en lo que respecta al poder de comunicación y de creación de sentido en cada obra). Como anota Eduardo Serrano, a mediados de los cincuenta. Obregón dio "un
viraje radical en su definición de la pintura, puesto que ha dejado de ser el . arte autónomo, puro e incontaminado que planteaba la modernidad; para convertirse en un medio que expresa un contenido, en un vehículo que comunica un mensaje"
 

En sus primeras pinturas, Obregón articula el paso de una propuesta de corte americanista que no ha podido desligarse de ciertos cánones académicos en lo formal, aunque lucha contra la misma Academia en el plano conceptual, con un mapa visual en el que resignifica premisas propias de medio siglo de arte europeo. Integra elementos propuestos por vanguardistas europeos como Picasso, Braque y Gris con planteamientos de artistas comoTamayo, Matta y Lam en América Latina, o Donald Sutherland en Europa.

El grupo emergente al que pertenecen Alejandro Obregón, Édgar Negret, Eduardo Ramírez Villamizar,  Fernando Botero, Enriqúe Grau y Guillermo Wiedemann, entre otros, transforma el orden visual que prima en el arte colombiano de la época. A partir de un estilo individual -una de las premisas del
arte moderno- todos estos artistas generan un vínculo con la plástica internacional sin aparecer simplemente como epígonos de lo que sucede en los centros del arte a nivel mundial. Son conscientes de que las preocupaciones formales y conceptuales de las vanguardias están inscritas en procesos que tienen un fuerte arraigo en la cultura europea, y que su traslado a un terreno extraño no daría frutos. Así., Obregón, con su serie Ganado ahogándose en el Magdalena (1955), Ramírez Villamizar, con sus trabajos sobre El dorado (1957-58), y Negret, con sus Aparatos mágicos (1956) penetran problemáticas locales desde  un lenguaje propio del arte moderno.-Incluso no desechan la tradición, como buena parte de los militantes de las vanguardias; por el contrario, toman elementos esenciales de esa tradición y los liberan de cualquier traza de canon en el plano estético o de patrón en el terreno social.

3  El espacio pictórico

Obregón comprende que para poder generar una ruptura definitiva con el arte  que lo antecede debe reformular la noción de espacio que constituye el sustrato básico de toda. pintura; así, somete a una torsión las propuestas espaciales que realizan las vanguardias e instaura un sistema de operaciones de acuerdo con sus intereses y necesidades. A manera de ilustración en Pez dorado (1947), obra que da comienzo al período investigado en esta muestra, hace un acercamiento en primer plano sobre los peces (o sobre el pez y su sombra invertida?) y los bordea con una figura que asemeja una mesa, cuya superficie se observa en posición vertical por
uno de sus lados e inclinada por el otro. También es posible que lós peces estén rodeados por un marco, como si el artista estuviera introduciendo una pintura dentro de otra. Sin embargo, dilucidar este asunto no es relevante para efectos de una aproximación sensible al trabajo: Pez dorado sobrecoge, aunque queden algunos cabos sin atar, o precisamente por ello; para tomar contacto con la obra no es necesario establecer una correspondencia con el modelo, como sucede con los trabajos realistas, sino que la aproximación debe partir de una disposición sensorial y conceptual con criterios más amplios.

Si bien el espacio propio de la perspectiva lineal desaparece en la obra de Obregón, a partir de 1947 sus pinturas mantienen la noción de tridimensionalidad. Conserva la línea de horizonte (Zilueta, 1948) que, en su caso, sugiere una idea arbitraria de distancia y que, por lo tanto, resulta más útil para darle soporte al cuadro que para establecer una coherencia entre las proporciones de los diferentes planos. En esta obra, el artista retorna a una concepción espacial arcaica cuya noción de profundidad es simple, marcada con la ubicación de las figuras en una relación adelante-atrás y arriba-abajo. Los colores de tonalidad muy oscura-producto de una mezcla de su admiración por Goya, Velázquez y Tamayo, son casi planos, como una forma de prescindir del volumen y de simplificar al máximo el espacio, a fin, de replantearlo desde un nuevo concepto.

Las obras que realiza ente 1951 y 1957 presentan una profundidad de campo distorsionada y arbitraria para los cánones clásicos, en tanto no buscan .configurar una dimensión espacial coherente, que se apoye en una disciplina como la geometría. La obra que inicia este ciclo es Puertas y el espacio (1951), cuya paleta se matiza; al lado de los tonos severos de los óleos anteriores, aparecen colores vivos (fucsia, naranja, rosado) que dan comienzo a un cromatismo cercano al de artistas como Szyszlo y Tamayo.

Entre.1949 y 1954 Obregón vive en Francia, y este cambio en la paleta seguramente surge al contrastar en la memoria el brillo del Caribe, los textiles precolombinos y las fiestas populares, con la luminosidad tamizada del viejo continente.

Entre los trabajos de este período se destaca Máscaras (1952), obra que para un espectador desprevenido podría remitir al cubismo. Sin embargo, la figura . femenina ostenta una frontalidad y un hieratismo más próximo al mundo precolombino que al sistema perceptual promulgado por artistas como Braque, Picasso, Gleizes y Metzinger. La frontalidad es el punto de vista opuesto a la multiplicidad de miradas del cubismo. Para sustentar esta idea puede mirárse como otros artistas de la época están muy ocupados en explorar el mundo precolombino: recuérdese que cuando Botero obtuvo el premio de pintura en el XI Salón Nacional, Walter Engel consideró que en Homenaje a Mantegna no sólo había referencias al Renacimiento italiano sino reminiscencias de las esculturas de San Agustín. También resulta válido aludir a las figuras de Grau en la década del cincuenta, en las que, según Germán Rubiano, subyace una intención geometrizante derivada de las urnas funerarifis del Bajo Magdalena. De igual manera, se encuentran aspectos comparables en las referencias que hacen los escultores Ramírez Villamizar y Negret a las culturas indígenas en sus trabajos de finales de la década del cincuenta.

En ocasiones, Obregóri. crea un salto lógico e invierte la perspectiva; sitúa, por ejemplo, el punto de fuga en los ojos del espectador, creando una idea circular de la percepción. Esto ocurre en algunas de las mesas que utiliza como soporte de sus bodegones. Le da un giro al trapecio que representa la tapa de la mesa de manera que la línea horizontal más próxima a los ojos del observador es ostensiblemente más corta que la que está situada en el extremo opuesto. En otras obras comprime el campo visual. que aloja las mesas, lo que distorsiona la concepción espacial habitual y las hace aparecer como especies de tableros perpendiculares al piso. Esta característica aflora por primera vez en Pez dorado, reaparece en Máscaras y continúa en su serie de bodegones realizados entre 1954 y 1957, hasta alcanzar su aspecto más dramático en Bodegón en blancos (1954) y en La mesa del Gólgota (1956), cuadros que remarcan el carácter bidimensional de la pintura, al convertir la mesa en un rectángulo, al interior del marco de la obra.

4   Naturaleza, geografía, paisaje

Obregón instaura una concepción inédita del paisaje en el arte colombiano. En esta concepción se pueden señalar varios aportes fundamentales. Como primera medida, presenta la más rica y matizada visión del trópico en la plástica de la época. En segundo lugar, convierte la naturaleza en un espacio para la gestualidad y la expresión de emociones. En tercer término, replantea el paisaje como mirada contemplativa de la naturaleza, prevaleciente en el arte colombiano en la primera mitad del siglo XX y lo construye en una relación de interdependencia con la cultura y con aspectos sociales y políticos. Por último, despoja al paisaje de Ia connotación de "panorámica", y de este modo la naturaleza comienza a operar como fuerza y como principio: toma forma, pero no transcribe la forma. Una naturaleza con nombres propios.

El señalamiento de una geografía y una fauna con pleno carácter local puede verse por primera vez en la serie de pinturas Ganado ahogándose en el Magdalena (1955), considerada por José María Salvador como el  "verdadero rito fundador de su producción de madurez, tanto desde la óptica del lenguaje formal (iniciando la liberación de la estructura geometrizante hacia una espontaneidad más expresionista) como desde-la perspectiva de un tema Iatinoamericano".  

La idea de nacionalismo no está presente en el tratamiento que hace Obregón de la naturaleza. Más bien prefiere el concepto de lugar que delimitan la geografía y la cultura, y en ese sentido connota lo local sin aludir a fronteras. Por eso en su obra tiene cabida no sólo Colombia, sino toda la América Andina y el Caribe, regiones cuyas mezclas culturales y religiosas lo atraen con gran fuerza.

En la serie de cóndores que elabora entre 1958 y 1959, además de la  gestualidad casi brutal que le imprime a la pintura, comienza a introducir un espíritu barroco, que lo acompañará en adelante. En estos trabajos priman los grises y las tonalidades oscuras, provenientes, sin duda, de las nubes cargadas del territorio andino, desde las cuales expresa su vivencia de un trópico despojado de cualquier cercanía con lo folclórico. El cóndor, uno de los símbolos más contundentes dentro de su producción, Ilega a ser objeto de las más diversas lecturas: puede mirarse como un animal totémico; aludir a la fauna _ americana; a la par que a una geografía en la que convergen diversas culturas;  remitir al escudo patrio como emblema de identidad; señalar la soledad en  América Latina o consignar la idea de poder.

Por otra parte, el toro que aparece en sus cuadros por esa misma época, es el animal de la fuerza, la fiesta, el ritual o la muerte. Los toros vienen de la pintura: de las cuevas de Altamira, de su profunda admiración por Picasso, de Goya, "el pintor por excelencia". Sin embargo, durante la época que cubre esta investigación no alude tanto al carácter ritual de la tauromaquia como lo hará en su obra posterior. Alude más bien a la relación entre los animales mencionados  creando la serie Toro cóndor o Cóndor toro, que se inspira en
-una fiesta que hay en los Andes, en el Perú y en Ecuador: los indios capturan un cóndor y se lo amarran a un toro (...) Sacrifican al toro y al cóndor lo sueltan con guirnaldas y cosas.

Es algo muy simbólico: el cóndor es el indio y el toro el español. En estos trabajos, Obregón reúne dos animales que representan elementos disimiles de la naturaleza como la tierra y el aire; alude a fuerzas instintivas que en cada momento histórico han encarnado un símbolo diferente; recrea el encuentro de dos culturas: América y Europa; evoca el rito desde el mundo indígena y desde la  cultura occidental.  La naturaleza como fuerza y como principio

La vivencia obregoniana de la naturaleza resulta más afín al romanticismo de Turner que al de Friederich; más cercana a la experiencia de Ia tormenta, de elementos o seres que producen sensaciones extremas, que a una actitud contemplativa: En Turner, la naturaleza carece de formas precisas, es decisivo el manejo de la materia pictórica; la suya no es una naturaleza domesticada, como sucede en el paisaje clásico. A Obregón, quien aún se deslumbra ante la exuberancia del mundo, se lo percibe más cercano al verismo crudo y violento del trópico que al llamado realismo mágico, que representa la visión de una naturaleza latinoamericana ingenua y encantada que los habitantes del primer mundo (los "otros") buscan encontrar.

La serie de obras Volcán submarino (1960), surgida como recuerdo de un  viaje nocturno a Machu Picchu, representa un momento de transición en la forma de abordar el paisaje, reflejo también de su traslado de Bogotá a Barranquilla a  comienzos de los sesenta. Si en los cóndores tenía protagonismo la cordillera, ahora en los volcanes submarinos aquélla dialoga con el océano, confluyen el vigor de las montañas con la espiritualidad del paisaje marino- hasta que, a partir de Naufragio (1960), Resaca (1961) y obras afines, el mar comienza a definirse como figura principal.

Para Obregón, el mar representa el universo Caribe.  Seduce,  mas no se deja someter; sus aguas parecen quietas, pero sus corrientes tienen una vitalidad  indómita y el encanto de lo que no ha sido tocado, la energía de lo que no ha cedido a la domesticación. En sus obras, los mares no simbolizan hostilidad, . como sucede con el océano de los países nórdicos, en donde el teórico Wilhelm Worringer afirma que surge la abstracción como intento de poner orden al caos.

5  Contexto político

La pintura de Obregón a la par que señala una transformación de los paradigmas estéticos predominantes en Colombia en los años cuarenta, hace un seguimiento a la particular realidad política y social que impera en el país a partir de la administración de Mariano Ospina Pérez y que se extiende hasta los conmocionados años noventa, década en la que muere el artista. Sin embargo, su mirada al acontecer nacional cobra especial interés en el lapso que va de 1948 a 1968 -prácticamente el mismo período que cubre esta exposición-, que puede ser  considerado uno de los más intensos que vivió el país en el sigIo XX.

La Violencia

Entre las diferentes obras en que el artista reflexiona sobre la yiólencia que sacudió al país en las décadas atrás mencionadas, se destacan Masacre del 10 de abril (1948), Volcán submarino (1960) y Violencia.(1962). La primera se ocupa dé los  terribles sucesos del Bogotazo, la más iracunda insurrección popular que recuerde la capital colombiana, iniciada el 9 de abril como protesta por el  asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán.

Masacré del 10 de abril, si bien no posee la maestría de trabajos posteriores, marca el inició de un registro crudo de los acontecimientos que conmocionan al  país, y tal vez por ello se ha convertido en una obra emblemática del período. Esta pintura; por otra parte, permite corroborar su admiración por Picasso, pues en ella cita el Guernica, obra en la que el maestro ibérico expresa el horror que vivió el pequeño pueblo vasco cuando fue bombardeado en 1937 por las tropas fascistas durante la Guerra Civil Española.
En la parte inferior de Masacre se observa el cadáver de una mujer  embarazada, que catorce años más tarde se convertirá en protagonista de la Violencia (1962). Ésta es una obra de madurez cuyo lenguaje responde a un momento de plenitud creativa del artista. Con ella, Obregón. realiza no sólo uno de los trabajos más conmovedores de su trayectoria plástica, sino una de las  pinturas colombianas de mayor resonancia en el panorama artístico local que, por ello mismo; es incluida indefectibleménte en cualquier historia del arte. colombiano. Sobre éste trabajo, MartaTraba escribe ese mismo año:
"Este tema, cuyo espantoso dramatismo amenaza con reducir al silencio a  todo artista de verdad, ha sido convertido por Obregón en un funeral extraordinario de grises y negros que envuelve la figura inerte y sin brazos de una mujer grávida, muerta, tendida en el horizonte. (...) Obregón que siempre tiende a salvar sus cuadros de los abismos grises por medio de alguna nota fugaz y deslumbrante no ha intentado aquí nada semejante. El cuadro es absolutamente gris, absolutamente sordo, absolutamente silencioso: por primera vez la tragedia tiene un intérprete a su inmensa medida".

La dictadura

Obregón también se ocupa, de manera explícita; de los eventos trágicos que protagonizó la dictadura del general Rojas Pinilla, acontecida entre 1953 y1957. En el óleo Estudiante muerto [Velorio], por ejemplo, refiere la matanza de estudiantes entre el 8 y 9 de junio de 1956, cuando los jóvenes marchaban conmemorando la muerte de un estudiante, sucedida varios lustros atrás. Con esta obra Obregón proyecta una imagen conmovedora y cargada dé significado que se distancia del lenguaje de la pancarta. La pintura está planteada como un bodegón, con botellas, frutas, copas y flores. Los elementos que rodean el cuerpo del estudiante adquieren un carácter ritual dada la solemnidad de la ocasión; en  este contexto la mesa aparece como objeto de une celebración litúrgica.

En las obras con señalamiento político, Obregón prefiere dar al tema un tratamiento sutil que evite la obviedad propia del "arte comprometido" y que a la vez sea compatible con una reflexión sobre la historia de la pintura.,Así pues, si en Masacre retomó el Guernica de Picasso, en Estudiante muerto alude de manera velada e la Lección de anatomía del doctor Tulp de Rembrandt, uno de los artistas más admirados por Obregón. En un interés constructivo, el colombiano señala la estructura del cuerpo fragmentado del joven muerto dibuja la disección completa del antebrazo y de la mano, que se torna oscura, como en la Lección de anatomía  del artista holandés.

Homenajes

En 1968, Obregón realiza las obras Homenaje a Camilo (1968) y Homenaje al Che (1968) que hablan del viraje que da el país político en la década del sesenta cuando los enfrentamientos partidistas (liberal-conservadores) que habían  desangrado al país, ceden su lugar a una marcada oposición izquierda-derecha. En Homenaje al Che (1968) la estructura de la obra evoca un descendimiento de la cruz, de espíritu Iaico.  Tras el torso que cae se sugiere un sepulcro qué dará reposo al cuerpo profanado por las balas. EI símbolo de la cruz, apenas esbozado, sé adecúa a un personaje que aunque no tiene investidura religiosa ha adquirido la condición de mártir, acorde con el espíritu idealista de la guerrilla de los años sesenta. El fondo que enmarca al Che es rojo lo rriismo que en Estudiante muerto, a la manera de un atardecer ensangrentado.

Como puede verse, Obregón deja constancia de los acontecimientos más decisivos del período. Dado que los trabajos que refieren hechos políticos abarcan toda su producción, mediante una mirada panorámica a los mismos se puede hacer una revisión a los diferentes planteamientos de su pintura. Así, en la obra del artista se aprecia un interés por el Picasso joven en la geometrización de los cuadros alusivos a la dictadura, y una admiración por el Picasso tardío en el tratamiento dibujístico de la figura humana (Masacre del 10 de abril).También se observa un replanteamiento peculiar del cubismo mediante el uso de colores locales, la conversión de temas políticos en bodegón (Estudiante muerto y Cantaclaro de noche), y el uso de un lenguaje más libre y gestual en trabajos como Valcan submarino y Violencia. Como característica común a buena parte de estas pinturas estaría la inclusión de la figura humana, completamente esporádica en otrós trabajos del período, pero necesaria para la expresión y comunicación de las ideas que concentra en estas pinturas.

Quizá el pintor colombiano que presenta la propuesta más compleja y  singular dentro de su generación es Alejandro Obregón. El artista resulta ajeno a .cualquier categorización propia de la época: no pertenece a ninguna escuela ni  tendencia, no es abstracto ni figurativo, aunque cree en el arte moderno también valora la tradición. Toma argumentos visuales de las vanguardias europeas pero les confiere una carga conceptual peculiar y acorde con su entorno. Sin lugar a dudas, puede afirmarse que Alejandro Obregón es un pintor que transforma y vitaliza el panorama artístico colombiano en el siglo que acaba de finalizar.