Alejandro Obregon

Barcelona,España

Pintores

Abstracto, Figura Humana, Figura

Alejandro Obreg�n

pintor

A ColArte
 


ENLACE INCLUIDO

Vea: Cronología, por Carmen Maria Jaramillo y Maria Sol Barón

Paisajes para un cóndor, por Carmen María Jaramillo 

Obregón en contexto, por Carmen María Jaramillo

Cronología, por Carmen Ortega Ricaurte

Obregón presente 

2002 - Diez años sin Obregón 

Tras las huellas de Obregón

Crítica de Marta Traba 

Crítica de Juan García Ponce 

Crítica de Ana María Escallón 

Crítica de Pierre Restany

El Regreso de Obregon, por Clemencia Arango  

Entre la paz y la guerra, por Gustavo Cobo Borda

Variaciones sobre una tragedia, por Hollman Morales 

Obregón desconocido por Dominique Rodriguez

Obras nunca vistas 

Violencia, por Alvaro Medina

Obregon, El Bestiario (Credencial: Eduardo Escobar, 2012)

A ColArte


CRITICA

de Marta Traba

Despu�s de veinte a�os de escribir sobre la obra de Alejandro Obreg�n, ya no s� m�s qu� decir. En la cr�tica per�odica ejercida a lo largo de tanto tiempo, mi admiraci�n por esa obra sufri� obligatorios altibajos y se�al�, - como meras correcciones de estilo cuadros p�simos y per�odos infortunados. Ahora, (cuando felizmente no escribo ese tipo de cr�tica sino que me muevo en cuadros m�s amplios y generales), ya no me importan ni pesan para nada en mi juicio aquellas ca�das l�gicas y propias de todo gran artista. Subsiste s�lo el gran artista, el nombre mayor del arte colombiano contempor�neo.

Su haza�a aparece siempre m�s relevante: acometer en plena mitad del siglo XX, la fabulosa tarea Pict�rica de "narrar" la atm�sfera f�sica de un pa�s a trav�s de la oposici�n mar-cordillera, y de sus faunas y floras caracter�sticas. En esta descripci�n pudo haber actuado como un mero realista, como un lamentable foiklorista como un provinciano exaltado: nunca cay� en esos fatales errores de visi�n.

Su pintura descriptiva y cism�tica es un texto in�dito, lleno de imaginaci�n, fuerza y fantas�a, armado vitalmente a fuerza de talento personal y confianza en s� mismo. Tambi�n es, por suerte, una pintura endog�mica, desinteresada en absoluto por las alzas y las bajas de� mercado externo cada vez m�s desorbitado y est�pido. La iron�a (o el triunfo), es que, hoy d�a en el mundo, vanguardias casi catal�pticas buscan la salvaci�n en la pintura, los pinceles, la tela y el color, y vuelve as� a producirse un fen�meno que he se�alado repetidas veces como virtud cardinal del arte colombiano: su actitud de retaguardia se convierte en vanguardia, sin propon�rselo ni buscarlo.

Por suerte para Obreg�n, su pintura es progresivamente, en el panorama general de las artes nacionales, un monumento solitario: los "obregoncitos" aparecidos en la �poca ruidosa del estrellato, lo abandonaron muy pronto para tomar caminos m�s impactantes. Obreg�n sigui� adelante, s�lo, con sus toros y sus alcatraces y los mangles y los huesos de sus bestias y sus bestias enteras a cuestas: con su epicidad rom�ntica invulnerable: con todo su aire desueto y al borde de lo cursi, aire de bandera y escudo: con su pasmosa terquedad por seguir siendo artista en medio del templo convertido en disneylandia.

Alguna vez escribieron en Colombia, con indisimulada iron�a, que Obreg�n era dios y Marta Traba su profeta. Sacando la frase de su dimensi�n extravagante, no s� si realmente lo fu� o n�, pero s� y lo afirmo a plena conciencia, que me hubiera gustado serlo. Creo darle con esto el directo testimonio de mi admiraci�n.

Marta Traba

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De Juan Garc�a Ponce

La pintura de Obreg�n no tiene jam�s el valor de una imagen que pueda justificarse como representaci�n en relaci�n directa con lo representado, sino el valor de una imagen obsoluta que afirma su propia existencia. Obreg�n es sin lugar a dudas un pintor moderno, pero su modernidad se encuentra dentro de la eternidad de lo que crea, a medida que va realiz�ndose a s� mismo como pintor. Para �l, las variaciones de estilo quedan absorbidas dentro de la esencia inmutable de la pintura, la cual no se justifica a trav�s de aquellas, sino a trav�s del hecho de que tales variaciones hacen posible su existencia continuada. Debido a esto, las obras de Obreg�n, y pese a su evidente riqueza formal, se presentan inmunes frente a la man�a de cambio caracter�stica de buena parte del arte contempor�neo.

Desde el punto de vista de la pintura, la mirada del pintor no es ni cr�tica ni apreciativa; no juzga, pero se deja sumergir en esa experiencia de visi�n, del acto de mirar dentro del cual se pierde para hallar, en el olvido de s� mismo, el mundo que lo rodea. En la obra encontraremos al pintor y al mundo que ha capturado. Para el pintor no hay camino sin salida ni hay t�rmino del viaje: el camino se halla abierto siempre para un nuevo comenzar, la jornada siempre es un comienzo repetido porque el lenguaje de la pintura no es una manera ni una t�cnica, no se limita a teor�a o a sistema algunos adquiridos desde fuera y meditados previamente antes de que el cuadro acceda a su propio ser. La obra nace de ese acto de mirar, capaz siempre de renovarse a s� mismo. Al permitir que su atisbo yerre a lo largo del mundo, al dejarse perder dentro de �l, el pintor lo obliga a revelarse, a aparecer en la obra y a que se lo vuelva a hallar dentro de �sta. As�, los problemas de la pintura no son nunca problemas de estilo, no dependen de un sistema de representaci�n ni de ideas preconcebidas, ,sino que nacen a partir de la pintura misma.

El pintor celebra el milagro de la visi�n, pero al hacerlo revela el secreto de lo visible. Lo que vemos en el lienzo es m�s que un reflejo, o que una interpretaci�n de las apariencias; �stas se han concentrado dentro de s� mismas y al mismo tiempo se han vuelto m�s abiertas. La obra no es ya un objeto est�tico de contemplaci�n, sino una presencia viva, lo invisible contenido en lo visible, lo trascendental encerrado en lo inmanente, comprimido dentro de una materialidad nueva, una celebraci�n vital en que todas las cosas forman un s�lo signo y est�n unidas y reconciliadas dentro de �ste.

Juan Garcia Ponce

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Obreg�n es un desprop�sito 

por Ana Mar�a Escall�n

Ana Mar�a Escall�n le pregunta a Obreg�n si c�ndores no se pintan todos los d�as. Cada cuestionamiento y cada respuesta son como un nuevo round de una pelea esperada. El pintor, una de las fobias mayores de Ana Mar�a, se defiende en el encordado con el jab de sus convicciones. Podemos asistir a una exaltaci�n de la tolerancia.

Alejandro Obreg�n es un personaje extra�o. Le gusta la contradicci�n, piensa que es mejor perder que ganar y se lanza al ruedo con la filosof�a de que se debe tratar de llegar hasta el error, porque se est� siempre en el l�mite de las cosas. �Un desprop�sito? S�, la vida es un desprop�sito y en ese camino decidimos la entrevista. �Para qu�? Para demostrar que es necesaria la tolerancia y que cada cual tiene su propia raz�n, porque no existen verdades �nicas.

Entre tanto, la impaciencia se le sale por los poros, es impulsivo como una de sus barracudas, se levanta y se sienta con el impulso de lo racional y lo irracional.

Dicen que el poder le tiene miedo a los espejos y Obreg�n hace tiempo no se les enfrenta. entre otras cosas. porque se sabe la cara de memoria. En sus autorretratos se afeita. sobre ellos se mira a los ojos y habla consigo mismo. Diariamente se conoce y se desconoce, se reitera y se niega porque lo Importante es la libertad.

Libertad para sentirse libre y para tener la medida de sus interminables compromisos: para saber que pinta lo que quiere y lo que no quiere, que la libertad tal vez se compra y se vende y tambi�n para reafirmar ese esp�ritu que hace parte de su propia angustia, esa que tiene que ver con las propuestas de Italo Calvino para el pr�ximo milenio, pero que �l las ha vivido en �ste con intensidad: levedad, rapidez. exactitud. visibilidad y multiplicidad. Y siente que de pronto se le olvidaron la liquidez y la movilidad.

Todo tiene que suceder simult�neamente, no hay tregua para los instantes. todo sucede dentro de su propio caos existencial.

Piensa moviendo las manos -tiene manos de pintor y fumador- se despeina. sube la grave y pausada voz cuando quiere hacer un violento �nfasis o cuando no le escuchan porque est� acostumbrado a ser el centro de muchas cosas. Tambi�n est� acostumbrado a que en Cartagena el polic�a que no deja aparcar le d� la mano y le abra la puerta para que no s�lo se baje sino que abandone el carro abierto en la mitad de la calle, a que el vendedor de cigarrillos le diga maestro. o que la gente se le acerque con misterio como un eco en susurro Obreg�n. g�n g�n. El precio de saberse y querer Ignorarse.

Para �l la cotidianidad de las cosas peque�as es un lastre. No es pr�ctico pero tampoco importa. Todo importa y nada importa. En su casa se respira un especial torbellino, es como un momento silente de un hurac�n. Donde de la calma silente se puede pasar inmediatamente a la furia intempestiva y nuevamente desciende. Le moles tan los ruidos. que el timbre suene, que el perro ladre, que el tel�fono llame, que se camine, que no se camine. Nuevamente todo importa y no importa. La impaciencia se suda. Las manos se mueven. Pasa el gato que le regal� Feliza se sienta. se para, va y trae sus esculturas, las muestra. el Lam. la talla de los indios Cunas y entraron mil historias. y recuerdos. Una carcajada se rompe cuando se acuerda que por querer vivir cada momento del arte lo han sacado de muchos museos. Se los sabe todos. Los recorre en la imaginaci�n y a pesar de que piensa que la memoria se le anda secando, se acuerda minuciosamente de cada cuadro, los describe con especial sentimiento, ese que da la felicidad del arte.

Siempre tiene entre manos unos libros. Esta vez eran Ernesto S�bato, Octavio Paz y un poema de Mar�a Mercedes Carranza. porque lo va a ilustrar. Se despeina, camina como un almirante, le chifla al canario para que le conteste. Todo importa y no importa. Eso hace parte de su historia.

Hay una especial premura por hacer las cosas y contradecirse. Piensa r�pido, muchas cosas al tiempo y las dice con una especial dislexia. No permite lo un�voco, siempre en el trasfondo se dicen, se piensan, se omiten muchas im�genes y presentimientos. Est� y no est� porque se encuentra. simult�nea mente, en varios lugares.

Obreg�n es definitivamente un hombre barroco y la exacerbaci�n lo lleva a transgredir todos los l�mites. Maneja el valor del dinero por el tacto y se enfrenta a su pintura de una forma donde se juntan los argumentos con las contra dicciones. Todo es gestual. Hasta la timidez que dice es respeto y no inseguridad.

Pero lo importante es el desprop�sito. La aflrmaci�n y la negaci�n del manique�smo en la armon�a de los contrarios. Se trataba de un enfrentamiento, se buscaba escudri�ar en la afortuna da arrogancia de los principios o penetrar en la improbable met�fora de la convicci�n. Pero cada cual se sent� con sus principios. presintiendo el error en el otro.

Tomado del Magazin Dominical No. 365, 22 de abril de 1990

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De Pierre Restany

Alejandro 0breg�n contin�a su obra imperturbable, desplegando su fluida gestualidad, su magn�fica escala de colores, su registro de hoy m�s conocido y reconocido, a la manera de un vac�o lleno, en un infinito que formar�a cuerpo con su bestiario, flora, s�mbolos y mitos, y que a falta de otra cosa, llamamos "espacio".

Sin embargo, si observamos aquel espacio un poco m�s cerca, nos daremos cuenta de que cada fragmento que lo conforma contiene en escala, la totalidad de la imagen de este mismo espacio. La fracci�n corresponde a la imagen del todo: tal es, precisamente, la definici�n del objeto fractal, a que debemos a la genial intuici�n de Benoit Mandelbroti, la cual est� cambiando radicalmente nuestros modos de representaci�n del universo. Las estructuras fractales se caracterizan por su autosimilitud; la propiedad que tiene cada uno de sus elementos de ser una parte del todo.

Los fractales revolucionaron el campo entero de la s�ntesis de im�genes procesadas por computadoras. En la medida que su principio de homotetismo interno es interpolable hasta lo inifinitamente peque�o, revela nuevos detalles m�s o menos semejantes por ser autosimilares, pero siempre imprevisibles en cuanto aleatorios. Entonces la imagen fractal contiene org�nicamente, en s� misma, el conjunto de los par�metros condicionantes que acomodan el ojo del espectador.

De este modo la obra de Obreg�n corresponde a una representaci�n fractal del mundo, sometida a su ley secreta e ineluctable. El pintor incorpora a su cosmovisi�n po�tica del mundo los elementos que estructuran la imagen que los otros -el p�blico- tendr�n.

Creo que un ejemplo ser� suficiente. Lo tomar� del bestiario de Obreg�n. El pintor de los c�ndores y barracudas intenta una primera vez la imagen "fractal" de su bestiario en 1966, con Los Huesos de mis bestias.

Se trata en efecto de una verdadera fractura, de una operaci�n de trituraci�n de la imagen anat�mica en el vac�o gal�ctico. Repetir� la operaci�n en varias oportunidades, en particular en 1974, para llegar a la fusi�n total en la auto-similitud en 1985, con Ave Toro Pez Cabra, una obra cuyo t�tulo sint�tico se basta a s� mismo. Estamos lejos del folclor coste�o y de la colombianidad de Obreg�n. El pintor fractal no niega los or�genes y las referencias esenciales de su arte: la imagen sint�tica los incorpora y los proyecta en una dimensi�n superior de la visi�n, la del lenguaje c�smico y planetario que se apoya sobre los fundamentos estructurales de la percepci�n y que trasciende la diversidad de los mensajes culturales b�sicos.

Ya hablamos hasta aqu� de imagen, es decir, de objeto fractal. Yo estar�a ahora tentado a tomar por cuenta m�a una bella idea expresada por Jean Baudrillard en su �ltimo libro y hablar como �l de un sujeto fractal, que se difracta en un mosaico de egos miniaturizados, todos parecidos los unos con los otros, multiplic�ndose de un modo embrionario y saturando su �mbito espacial por escisiparidad, hasta el inifinito. Como el objeto fractal que es parecido rasgo por rasgo a sus componentes, el sujeto fractal no aspira sino a parecerse en cada una de sus fracciones. Este nuevo narciso se parece como un hermano a Obreg�n quien, en su identificaci�n obsesiva a Blas de Lezo, no ha buscado una variante de su imagen ideal sino una f�rmula de reproducci�n autosimilar de su yo gen�tico al infinito.

A trav�s de� arte y la vida Alejandro Obreg�n siempre ha buscado la soluci�n que lo libere de la angustia de parecerse a los dem�s.

El pensamiento fractal le brinda hoy una certidumbre que �l present�a: la soluci�n consiste en s�lo parecerse a s� mismo.

Despu�s de haber encarnado espectacularmente la esencia visual de la identidad de su pa�s, Obreg�n quiere consagrar el tiempo que le queda a vivir en las s�ntesis expresiva de su propio yo.

El prop�sito es ambicioso, la puerta estrecha. Pero esta ambici�n es el privilegio de los grandes, aquellos cuyo soplo del infinito espant� la mirada: no se trata en efecto de cambiar de t�cnica o de vocabulario, sino de asumir integralmente la conciencia de una visi�n sint�tica superior del mundo y de intentar, con los �nicos medios disponibles a su alcance, el �ltimo acercamiento, el de la universalidad de la pintura.

PIERRE RESTANY
Cartagena de Indias
Agosto 10 de 1987

Tomado del libro editado por Galer�a Carc�s Vel�squez

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Obreg�n, Presente

Nunca sobrar� recordar
la pintura alucinada de ese navegante
del arte que fue Alejandro Obreg�n.
Hace dos a�os muri�, y su obra sigue
creci�ndose como una ola gigante cargada
de c�ndores, barracudas y toros.

Fue desde hace dos a�os, el 11 de abril, que no volvieron a nacer m�s c�ndores. Estos y las barracudas, los toros, las mojarras y muchos otros seres pertenecientes a un colorido paisaje, se detuvieron en el �leo que no alcanz� a esparcir Alejandro Obreg�n. Pero la fantas�a del pintor se perpet�a en su obra, en cada cuadro que �l cre�a que deb�a ser "como el espejo de Alicia en el Pa�s de las Maravillas". En ellos qued� expresado ese pensamiento que chocaba con la violencia, con los desastres ecol�gicos y con el poder depredador. Dej� la huella que quer�a dejar cuando se entregaba a cada lienzo, sin m�s compa��a que un inseparable cigarrillo sin filtro, en medio de un c�lido ambiente que lo manten�a en deportivas camisetas de algod�n y anchos bermudas, y viendo pasar las horas, a veces de un d�a a otro, sin inmutarse.

Tan inolvidable como su obra ser� esa figura ex�tica que qued� de su juventud de camionero en el Catatumbo y que escond�a la personalidad de un hombre bohemio, sencillo, incansable trabajador y ag�erista, enamorado m�s del arte que de cualquier cosa, y pintor "por la magia y la libertad" que pod�a experimentar y que nos leg� a los colombianos con un recuerdo que seguir� presente entre nosotros. Para rendirle homenaje al maestro Obreg�n, traemos a estas p�ginas una peque�a

� muestra de esos �leos que nos han hecho recordarlo durante estos 24 meses de su ausencia definitiva.

Tomado de la Revista Diners No.289, abril de 1994

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2002: Diez a�os sin Obreg�n
El Tiempo, 11 de abril de 2002

El "Padre del arte moderno colombiano"  falleci� hace diez a�os.  Una exposici�n en
la Galer�a El Museo y una charla sobre su obr� son algunas de las actividades que lo recuerdan.

"No quiero hablar de mi obra. Ella est� all�. Ellas habla por mi", sol�a decir Alejandro Obreg�n acerca de sus pinturas. Asi recuerda el periodista Heriberto Fiorillo al pintor fallecido hoy hace diez a�os en su libro La Cueca, cr�nica del grupo de Barranquilla.

Precisamente es su obra, la que diez a�os despu�s habla por Obreg�n como el "Padre del arte moderno Colombiano" en galer�as y museos. El pintor, nacido en 1920, en Barcelona, lleg� a Colombia, donde se nacionaliz�, en 1944 y uno de sus primeros aportes culturales consisti� en apersonarse de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional, por donde pasaron Enrique Grau, Lucy y Hernando Tejada.

Sin embargo, su relaci�n con las escuelas de arte cambiar�a hasta la oposici�n a lo largo de su vida. Con los a�os, y ya despu�s de haber sido decano de la Escuela de Bellas Artes de Barranquilla -recuerda el texto de Fiorillo- su intenci�n ser�a abolirlas. "Quise acabar con esos tinglados -dec�a Obreg�n-. El arte de pintar no debe tener profesores, porque entre el profesor y el alumno hay una lucha (...) y de pronto el profesor y el alumno se van a una especie de alcantarilla".

Las primeras obras de trascendencia hechas por Obreg�n datan de 1941. Sus biograf�as hablan de un periodo que comienza en 1947 en el que se concentra en la naturaleza muerta. En 1959, se descubre otra etapa, que coincide con su vida en Parias, cuando incursion� en el cubismo futurista.  En 1955, debido a su participaci�n en una exposici�n titulada Artes Pl�sticas en la Arquitectura, con un proyecto mural, comenz� con la llamada pintura simbolista. Posteriormente regres� a Colombia para quedarse definitivamente.

Sus peculiares faunas y flores caracter�sticas, sus toros, bestias, alcatraces y barracudas son monumentos con bandera y escudo, al arte colombiano, que �l solo transform� con la fuerza de soluciones pict�ricas.

Tomado del peri�dico El Tiempo, 11 de abril de 2002

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TRAS LA HUELLA DE OBREGON

UNO DE SUS HIJOS, DIEGO, Y EL GALERISTA LUIS FERNANDO PRADILLA, PREPARAN EL PRIMER CAT�LOGO RAZONADO CON LA OBRA DE ALEJANDRO OBREG�N. UN VIAJE DE MEDIO SIGLO DE ARTE QUE SE HAR� P�BLICO EN NOVIEMBRE DE 2006.

Desde mediados de los 70, cuando termin� sus estudios en Londres, el mayor de los hijos de Alejandro Obreg�n estuvo al lado de su padre. En la casa familiar de Cartagena, en el montaje de sus exposiciones o en los andamios, mientras pintaba los murales en el Sal�n de los Delegados de las Naciones Unidas y en el Capitolio Nacional de Colombia. Siempre estuvo ah�, hasta el 11 de abril de 1992, cuando el m�ximo exponente colombiano de lo que se conoci� como "expresionismo figurativo" muri� en el Hospital Naval de La Heroica.

Por eso, por tener un conocimiento detallado de las pinceladas de su padre, de "sus trucos", como los llama, los pigmentos que utiliz�, los colores y los lienzos, Diego Obreg�n es quiz�s el mayor especialista en la obra del reconocido pintor colombiano nacido en Barcelona (Espa�a). Uno de los pocos que puede certificar la autenticidad del trabajo de uno de los artistas nacionales m�s imitados. Una gran responsabilidad que, asegura, no puede eludir y que incluso le ha tra�do amenazas y hasta un agujero de una bala, que entr� por la ventana y se incrust� en el cielo raso de su apartamento, a comienzos de este a�o, ocasionado por alguien insatisfecho ante la negativa de Diego de aceptar como aut�ntico lo que a todas luces era una falsificaci�n.

Tratar de evitar las falsificaciones y reconocer el trabajo de Obreg�n fueron las principales razones que llevaron a su primog�nito y al galerista Luis Fernando Pradilla a preparar el primer cat�logo razonado de su obra.

Diez a�os despu�s de haber llegado a un acuerdo para comenzar el proyecto el primer tomo est� casi listo. En �l estar� un resumen de la vida y la obra del pintor, su biograf�a y rese�as y cr�ticas escritas por Juan Gustavo Cobo Borda, Carmen Mar�a Jaramillo y el espa�ol Jos� Mar�a Salvador. Luego, a medida que avance el trabajo, el objetivo es editar un nuevo ejemplar cada a�o, en el que se desglose, por d�cadas, todo el legado del pintor.

En total hay identificadas y clasificadas unas dos mil piezas producto de una d�cada de trabajo, que ha permitido descubrir obras que no se sab�a que exist�an o encontrar otras que se hab�an dado por perdidas.

Como una de las dos pinturas bautizadas como Ni�a del coleocanto. Obreg�n hizo dos pinturas casi id�nticas: una en tonos azules y otra en amarillos.

"La azul" fue adquirida por el industrial Julio Mario Santo Domingo, pero de "la amarilla" no se conoc�a el paradero.

"Mi padre quer�a unir las dos para una exposici�n en Estados Unidos -recuerda Diego- pero nunca pudimos encontrarla". Hace menos de seis meses, 14 a�os despu�s de la muerte del pintor, la otra Ni�a del coleocanto fue encontrada en Bogot�.

Falta mucho camino por recorrer. En alg�n momento el mismo Obreg�n asegur� que hab�a pintado unas siete mil obras, aunque su hijo, conocedor del ritmo de trabajo de este hombre que pintaba a ma�ana y tarde los siete d�as de la semana, asegura que el n�mero real puede estar entre las cinco y seis mil.

Sea cual sea la cifra, el mayor de los herederos espera que tras la aparici�n del primer cap�tulo, en noviembre de este a�o, aparezcan m�s y m�s obras, lo cual permita seguir la huella, en profundidad, de uno de los m�s trascendentales artistas colombianos.

Tomado de la Revista Cromos No.4601, 8 de mayo de 2006

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Obras nunca vistas

La retrospectiva titulada La grandeza de Obreg�n en peque�o formato, que estar� exhibida hasta el 13 de septiembre de 2008 en el Museo de Arte Moderno de Barranquilla, cuenta con 46 obras del artista, 21 de las cuales no se hab�an mostrado antes. Es el caso de Naturaleza muerta de 1958, El vaso de 1948 y Flor Blanca de 1982, lienzos de un gran valor art�stico que por primera vez pueden ser apreciados por el p�blico. La mayor�a de las piezas pertenecen a coleccionistas particulares, que despu�s de una ardua labor de convencimiento accedieron a prestarlas y unirse al esfuerzo de los organizadores de la muestra, encabezados por Mar�a Eugenia Castro, directora del museo, para rendirle un homenaje al precursor del arte moderno en Colombia.

Diego Obreg�n, el hijo mayor del artista, realiz� la curadur�a concentr�ndose en el peque�o formato, porque seg�n �l, "Obreg�n les imprimi� a estas obras la misma fuerza y tes�n que les impuso a las grandes". Busc� cubrir todos los temas obregonianos y mostrar cuadros desconocidos pero representativos de cada �poca de su carrera. Dentro de su selecci�n aparecen pinturas como Retrato de Diego de 1949 y Naturaleza muerta con paloma de 1953, que aunque fueron realizadas hace m�s de 50 a�os, nunca se hab�an mostrado. Lo mismo sucede con Estudio para La Violencia de 1962, que pertenece a un coleccionista bogotano, y Jamante - Paisaje de �ngeles, de 1968, una de las primeras obras que realiz� en acr�lico.

El primer cuadro de la muestra, que data de 1943, es un �leo titulado Retrato de Uva, en el que predominan los tonos ocre caracter�sticos del comienzo de su carrera. Luego va apareciendo el color en sus lienzos y en sus trazos se percibe una evoluci�n con claras influencias de los pintores modernos de su �poca, como Pablo Picasso y los cubistas. Es el caso de pinturas como Bodeg�n fruta negra, de 1949, y Mujer horizontal, de 1952, dos obras que pertenecen a su due�o original y que por primera vez salen de sus casas. En estos se refleja la b�squeda de un lenguaje propio, que se consolid� cuando Obreg�n lleg� a Barranquilla y qued� plasmado en trabajos como la serie Ganado ahog�ndose en el Magdalena, de 1955, del que hay un ejemplar in�dito dentro de la exposici�n, y La Violencia, 1962. Con esta obra, considerada la pintura 6 importante del siglo XX en Colombia, gan� el Sal�n Nacional de Artistas de ese a�o y se consagr� en el medio art�stico.

A finales de los sesenta explor� con el acr�lico, un medio que le permiti� pintar con m�s velocidad. Sus temas tambi�n evolucionaron y aparecieron c�ndores, barracudas, toros, �ngeles y arc�ngeles. Esta �poca est� representada en trabajos como el estudio para el mural de la sede de Naciones Unidas, en Nueva York, de 1983, y Barracuda, de 1987, que tampoco se hab�an expuesto hasta ahora.

Resulta significativo que la obra de Alejandro Obreg�n (1920-1994) se muestre en Barranquilla, una ciudad fundamental en su formaci�n. Cuando el artista lleg� a esta ciudad procedente de Barcelona, Espa�a, intuy� que se dedicar�a a la pintura. "Ten�a seis a�os cuando conoc� Barranquilla. El confrontamiento con el tr�pico me impresion� profundamente. Iba con mi padre a cacer�a. Cruz�bamos el r�o y ah� no m�s estaban los caimanes. �Imag�nese eso para un pelao de seis a�os!", record� en una oportunidad el pintor.

Para el escritor Juan Gustavo Cobo Borda, "la costa caribe colombiana tuvo un tremendo impacto sobre su sensibilidad y su pintura". El llegar a esta tierra de contrastes, donde la naturaleza desaforada compet�a con una ciudad en desarrollo, cambi� su forma de mirar y de pintar. Tambi�n lo marcaron sus aventuras en La Cueva, el bar que acogi� en los sesenta a los intelectuales que integraron lo que se conoci� como el Grupo de Barranquilla, conformado por escritores como Gabriel Garc�a M�rquez, Alvaro Cepeda Samudio, Alfonso Fuenmayor y Germ�n Vargas, entre otros. Seg�n el escritor Heriberto Fiorillo, "la �poca de Barranquilla fue la m�s importante y fruct�fera en la trayectoria de Obreg�n. Para citar s�lo su serie sobre la violencia, y los murales de gran dimensi�n que pint� en bancos y prost�bulos de la ciudad".

Trabajos de esta �poca y de cuatro d�cadas m�s completan esta exposici�n que posiblemente no se repita

Tomado de la Revista Caras, 16 de agosto de 2008

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2012: han pasado 20 a�os

LA GRANDEZA DE ALEJANDRO OBREGON

Pintor colombiano reconocido por su locura y talento muri� un 11 de abril.

Sobre Alejandro Obreg�n se escribe hasta de sus mujeres. No s�lo estudian al artista -el primer pintor colombiano moderno- sino tambi�n al hombre. Su vida, que termin� un 11 de abril hace 20 a�os, est� ligada a una generaci�n de intelectuales que cultiv� la bohemia con el compromiso creador y supo destacarse en la literatura y el arte. Y el comportamiento irreverente y desprevenido de Obreg�n alimenta an�cdotas y leyendas de una existencia apasionante que transit� por los predios de la genialidad.

"Su amor por la naturaleza lo indujo a una exploraci�n incesante de nuestra geograf�a, a trav�s Jardines Barrocos (1965), Amazonias (1985) o cuanto paisaje captara su mirada de artista. Su amor por la humanidad le inspir� Icaros (1967) y Saint Exuperys (1972). Y su amor por la patria lo hizo denunciar el asesinato de Jorge Eli�cer Gait�n, con Masacre del 10 de abril (1948); o a iconizar con su obra C�ndor (1971) el ave que corona nuestro escudo". As� comienza Camilo Chico el libro de gran formato que lanz� Villegas y Editores y el grupo �xito el a�o pasado en homenaje Alejandro Obreg�n, a quien la Galer�a El Museo le rendir� un homenaje con una exposici�n de su obra entre ma�ana y el 26 de mayo pr�ximo.

"Se trata de una exposici�n que despierta las nostalgias del arte colombiano, a trav�s de la obra completa de Obreg�n", aseguraron los organizadores de la muestra.

Las frases de Alejandro Obreg�n Pintor colomboespa�ol:

"La memoria es un impedimento; siempre le habla a uno hacia atr�s".

"En arte lo bueno no basta, ni siquiera sirve lo excelente".

Los datos

La obra de Alejandro Obreg�n deternnin� la modernidad en la pintura Colombiana, modificando las estructuras en la pl�stica de generaciones futuras.

Con su obra, Obreg�n hizo una denuncia de manera sutil y �nica a la situaci�n pol�tica y social que se viv�a en el pa�s en los a�os 50 y 60.

Tomado del peri�dico ADN, 11 de abril de 2012 

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  Otro de los candidatos a *Ei Gran Colombiano"

Alejandro Obreg�n, la fuerza del color

Fue uno de los artistas m�s importantes de la escena pl�stica nacional. Combin� la est�tica con la denuncia.

Alejandro Obreg�n naci� en Barcelona, Espa�a, en 1920, y falleci� en Cartagena en 1992. Su infancia y adolescencia transcurrieron en Espa�a, donde comenz� a forjar su pasi�n por la pintura, gracias a la posibilidad de conocer las obras de Goya, Vel�zquez y Picasso, y las pinturas rupestres de las cuevas de Altamira, que acabar�an siendo una gran influencia, pues de ellas surgieron sus legendarios toros y c�ndores. Cuando Obreg�n cumpli� 16 a�os, su familia se traslad� a Barran- quilla. El cambio de cultura, de ciudad y de ambiente impresionaron al adolescente, en especial el exuberante tr�pico, con su luz radiante y aire de libertad. Aprendi� entonces a comer pescado con �ame, sancocho de s�balo, a fumar Pielroja (que fum� hasta su muerte) y a tomar ron blanco.

Alejandro Obregon, pintorEn 1938 se traslad� a Boston, Massachusetts, con el fin de estudiar aviaci�n, carrera que casi concluy�, pero por problemas con un profesor fue expulsado de la escuela y regres� a Barranquilla, a trabajar en la f�brica de textiles de su padre como supervisor de producci�n. En 1939 pas� a ser conductor de cami�n en las reci�n abiertas petroleras del Catatumbo, lo que constituy� otro gran est�mulo para su carrera de pintor, pero dur� poco all�: comprendi� que su destino estaba en los pinceles, la paleta, la esp�tula y los colores. Viaj� entonces por segunda vez a Boston, en 1940, con el fin de estudiar pintura. Luego de algunas dificultades para conseguir cupo en alguna academia, pues se le consider� "inepto", se matricul� en el s�tano del Museum of Fine Arts School, donde funcionaba una escuela para ni�os. Dur� en ella apenas un semestre y all� realiz� su primera exposici�n. Viaj� luego a Espa�a, como vicec�nsul de Colombia en su Barcelona natal.

En esa ciudad se vincul� a la famosa Escuela de Artes de la Llotja, pero fue expulsado poco despu�s por defender vehementemente el arte americano. Ingres� entonces en el C�rculo Art�stico y despu�s se convirti� en autodidacta. Permaneci� en Barcelona hasta 1944 y all� realiz� una exposici�n individual. De regreso a Colombia se radic� en Bogot�, ciudad en la que comparti� estudio con el pintor Ignacio G�mez Jaramillo, y se vincul� al mundo intelectual y bohemio de la capital. Comenzaba ya a mostrar su caracter�stico estilo vital y fogoso, como demuestra su lienzo Retrato de Bol�var, de 1944, en el que pint� con colores violentos al Libertador.

El a�o siguiente, en una exposici�n retrospectiva de 62 obras suyas que se llev� a cabo en la sala Gregorio V�squez de la Biblioteca Nacional de Bogot�, se pod�a apreciar el abandono de los colores violentos, que pas� a reemplazar por tonalidades grises. Sus tem�ticas dominantes fueron autorretratos, cabezas femeninas y paisajes. El cambio definitivo en la pintura de Alejandro Obreg�n comenz� en 1947, cuando incorpor� a su pintura lo que se ha dado en llamar "expresionismo m�gico", con recuerdos del cubismo. Introdujo la tem�tica de los peces, de las barracudas, pero tambi�n los acontecimientos de la �poca, pues presenci� en Bogot� los sucesos del 9 de abril de 1948. Comprendi� que a trav�s del arte pod�a denunciar y, como dec�a, "nunca solucionar, porque la pintura por s� sola nunca arregla nada". Imbuido de cierta conciencia social, se dedic� a la b�squeda de un lenguaje propio, empe�o en el que persisti� hasta su muerte, en 1992.

Tomado del peri�dico El Espectador, 9 de mayo de 2013 

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" ...El mayor paisajista de Am�rica contempor�nea me parece Alejandro Obreg�n. Alejandro Obreg�n es quien interpreta m�s verazmente la vocaci�n barroca del paisaje contempor�neo. Es un barroquismo nuevo, desde luego; barroquismo como afrenta (m�s todav�a que oposici�n), a lo cl�sico".

Alejandro Obregon: Jardin Fantastico"Los elementos puramente documentales, c�ndor para el paisaje de monta�a o toro-c�ndor, alcatraz, mojarra, iguana, aves para la playa, aluden al significado, jam�s lo explica. Aluden no como s�mbolos intermediarios para llegar al significado, sino como fragmentos de un hecho que no se cierra ni aspira a culminaci�n alguna. Que est� ah�. expuesto a ser derrotado y reconstruido infinitas veces y a adquirir otras tantas formas. La playa puede ahondarse o replegarse. La luz estallar o contraerse. El espacio es inseguro y tr�mulo. No es espacio, es hueco, vac�o. Lo que es, pescado, p�jaro, centellea fugazmente a pedazos; porque puede ser susceptible de ser fulminado. El brillo angustiado. fulgurante, de las cosas inestables; el incendio repentino de una naturaleza en perpetua consunci�n rehabilitada por luces inesperadas, masacradas por sombras tempestuosas, por invasiones de sombra. Esto es la naturaleza pintada por Obreg�n, legislada, sin duda alguna. por la cordillera, no cualquiera, los Andes, y por el mar. no cualquier mar, el mar can�bal, el Caribe". Marta Traba

Esta obra acusa todav�a una marcada sujeci�n a lo figurativo, sujeci�n que el artista nunca abandonar� del todo. No obstante la figura del peque�o guerrero va m�s all� de la simple constataci�n del modelo, al penetrar en un mundo de s�mbolos po�ticos que le confieren a la pintura su belleza y significaci�n. Obre- g�n armoniza admirablemente en su obra los elementos "reconocibles" fuera del �mbito propio de la pintura, con valores exclusivamente pl�sticos.

El periodo al cual pertenece esta obra marca la difinitiva madurez del artista, en la cual ha encontrado entonces su personal manera de acercarse al mundo. Por la especial distribuci�n de zonas claras y oscuras, por los contrastes crom�ticos y la sabia elecci�n de los colores, este jard�n adquiere su carga fant�stica. Parece as� que Obreg�n se asoma a una realidad que parte de una experiencia de lo real-externo y halla en la libertad expresiva su presencia simb�lica. �nica presencia aut�ntica.

Jes�s Gavina Cat�logo El Arte en Suramericana 1994 
Tomado del folleto Arte Colombiano, Cuatro decadas de la Coleccion de Suramericana, 2013 

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