Sergio Trujillo Magnenat

Manzanares, Caldas

Pintores

Figura Humana, Paisaje

Sergio Trujillo Magnenat

pintor

Recuento

remembranza


CRITICA

Sergio el de la línea precisa, luminosa y exacta,
ama vivir en la sombra.

 

Sergio Trujillo fue, dentro de los artistas de la nueva ola, excepcional. Se dio a conocer principalmente como ilustrador de las páginas de EL TIEMPO y Cromos, donde salía todas las semanas, y quedó señalado como el más fecundo ilustrador de su tiempo. En aquella época, Restrepo Rivera y Rendón compartían con Sergio ese trabajo, ilustrando no solamente periódicos y revistas, sino algunos libros, que han quedado como insuperables ejemplos del arte gráfico colombiano.

De Sergio ha quedado sin publicarse Toi et moi de Paul Geraldy, conocido de muy pocas personas. De Restrepo Rivera, El diario del niño abierto, de Agustín Nieto Caballero, que fue tal vez el primer libro íntegramente hecho con ese trabajo benedictino que, en último término, vino a ser casi exclusivo de Sergio. Todavía se prestaban entonces las artes gráficas en. Colombia para hacer esos libros que no se han repetido. Hay casos únicos como el de El machete, curiosidad bibliográfica. tal vez única en su género, que bien podría volverse a editar como algo fuera de serie y por tratarse del mejor cuento colombiano de la época.

Volviendo a Sergio, por su formación literaria y artística, se apartaba de la tradición española y tendía a seguir la corriente de los ilustradores franceses. Culto y refinado hasta donde podía serio, gracias a una disciplina muy personal y a un conocimiento, el más completo de su tiempo del arte temporáneo europeo.

Se trabajaba en Bogotá siguiendo los avances del arte de ultramar a través de libros y revistas. Sin haber salido de Colombia, Sergio parecía no haber salido de París. Lo cual no quiere decir que escapara por un minuto de sus manos la materia colombiana. Es decir, que él podría retratar la mujer más atormentada de "las dulces prometidas", _como en el poema de León, y que siguieran sus manos como de palomas aladas, como dos palomas hélidas.

El arte de Sergio es un arte depurado. La nitidez de sus dibujos está pasada por los filtros renacentistas y tiene esa agilidad y buen gusto que lo llevan siempre a buscar en las mujeres bellas posturas elegantes y pasos de danza, o a recrear con línea firme escueta el ímpetu de los hombres y mujeres que luchan y sueñan, los comuneros, los quijotes de todas las épocas. Ennobleció las artes gráficas su aparición dinámica, ágil y fecunda y rodó con la suerte de una habilidad en su oficio que lo colocó entre los primeros en una época en que hubo en- Colombia grandes dibujantes y buenos pintores.

Sergio se anticipaba con la gracia a interpretar el espíritu de los relatos literarios. Pocas veces la prensa colombina, ha tenido una presentación más atractiva que cuando ha tenido la fortuna de llevar ilustraciones suyas. Envidian los otros diarios de Nuestra América poder ofrecer páginas que ostentaran la riqueza y la perfección de dibujo - del diario colombiano ilustrado por Sergio Trujillo.

El intenso y abrumador trabajo en EL TIEMPO que ha tenido Sergio Trujillo ha podido reducir su producción en otros campos, pero, en cambio, en la historia del arte quedará ampliamente compensada esta limitación a ver hasta dónde ha podido llegar a ser, conocido su trabajo. Y más que ese conocimiento, hasta dónde ha podido, influir en la información de un criterio artístico popular que eduque al colombiano y lo acostumbre a tener un ambiente de buen gusto en la vida diaria.

Sergio, el de la línea precisa, luminosa y exacta, ama vivir en la sombra. Con una combinación de chispa bogotana y el fino humor gálico heredado de su madre francesa, observa desde el refugio de su hogar los absurdos de la vida colombiana. Sarita, su esposa, fue bella entre las bellas. En las paredes de su casa no caben los retratos de una familia que complacía hasta el máximo su afán por la hermosura limpia y diáfana. Si su arte hace pensar en León, recuerda aún más aquel poeta enigmático que Gregorio Gutiérrez contemplaba "huyendo de la luz, la luz buscando", y que, al ser su comparación de aquel genio con la luciérnaga, más bien podría decirse huyendo de la luz, la luz llevando...".

Una de sus últimas ilustraciones ha sido para la revista Aleph Muestra al Loco de La Mancha de rodillas, con la, mirada y los brazos levantados al cielo como cualquier Colón que desembarcara en Catay, o cualquier Balboa, que toma posesión del Océano Pacífico. Abajo, en lápiz, "don. Quijote triunfante". Laus Deo.

Germán Arciniegas

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 ....Sergio Trujillo Magnenat -nacido en 1911 en Manzanares, Caldas- pertenece a la generación de los Nuevos (Pedro Nel Gómez, Luis Alberto Acuña, Ignacio Gómez Jaramillo, Carlos Correa, Gonzalo Ariza, José Domingo Rodríguez, Rómulo Rozo), grupo de pintores y escultores que inició en la tercera década de este siglo el arte moderno en Colombia. Esta generación de artistas se distinguió por haber tratado de superar definitivamente la Academia y por haber procurado lograr un arte propio.

Luis Alberto Acuña, quien además de artista ha sido historiador y crítico de arte, ha recordado con mucha frecuencia el nombre de "Bachues" con el que se conocieron él y sus contemporáneos. Todos ellos, según Acuña, dieron gran valor al factor "lugar", es decir, al medio geográfico, al ambiente tropical y a las circunstancias étnicas e históricas. Después de ir a Europa, "Los integrantes del Bachuismo -dice Acuña- regresaban a su tierra nativa para compenetrarse con ella, para sorprender su temática, para estudiar sus características y para sentir en carne propia sus problemas". Sin embargo, esta generación nunca constituyó un movimiento y jamás trató, pese a su aparente ideología en común, de organizar una escuela de Arte Colombiano. Por el contrario, pocos artistas han trabajado más independientemente. Por eso, Pedro Nel Gómez afirma que nunca perteneció a los "Bachues" y Gonzalo Ariza asegura que su obra no tiene nada que ver con aquel arte promovido por Acuña.

De todas manera, cuando se estudia el arte de la primera mitad del siglo XX, la generación que se menciona ahora se diferencia radicalmente de cualquiera otra. Se trata del único grupo de artistas que ha procurado crear un arte sin fijarse en los temas europeos y que ha exaltado todos los valores de nuestra nacionalidad. Se trata de los únicos pintores y escultores que, gracias a una buena formación humanística, han nutrido sus obras con ideas de muy diversa índole y gue han corrido el riesgo de parecer literarios con tal de comunicar muy claramente sus puntos de vista. Además, sólo ellos han demostrado verdadero interés en hacer un arte para el pueblo como lo demuestra el hecho de haber sido los abanderados del muralismo en el país.

Dentro de su generación, Sergio Trujillo Magnenat es una figura insular. Y lo es no tanto por no compartir las preocupaciones mencionadas renglones atrás, cuanto porque su obra es demasiado varia para circunscribirla a objetivos muy precisos, y así como es nacionalista en sus óleos y acuarelas de paisajes sabaneros y costeños, o en sus muchas ilustraciones de la historia patria, y así como ha procurado llegar a la gente a través de varios murales e infinidad de dibujos publicados en libros, revistas y periódicos, también abunda en retratos familiares, figuras ideales (o largamente recordadas); asuntos religiosos, escenas de la historia universal, particularmente en sus murales e ilustraciones.

Germán Rubiano Caballero
Tomado del libro Dibujos de Sergio Trujillo Magnenat
Biblioteca Fundación  Centenario del Banco de Colombia
Lito Formas de Colombia, 1977

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Reivindicación justa

por Alfredo Iriarte

En el año de 1941 la Litografía Colombia, de Bogotá, publicó una estupenda edición de Nueve artistas colombianos, un libro genuinamente profético de Jorge Zalamea, admirable conjunto de piezas maestras de crítica de arte que vio la luz en un momento singularmente oportuno, ya que eran aquellos los años en que un grupo notable de artistas de avanzada trabajaban febrilmente y con el mejor suceso en la primera empresa grande, ambiciosa y enérgica de renovación estética que conocieron las artes plásticas en Colombia. Este movimiento comenzó a gestarse en los años veinte y llegó al máximo de fuerza y plenitud en los treinta y cuarenta como bien pudimos apreciarlo quienes visitamos la extraordinaria exposición que, con el título de Colombia en el umbral de la modernidad, presentó hace poco el Museo de Arte Moderno de Bogotá.

Valga la oportunidad para destacar el hecho de cómo estos jóvenes pintores y escultores colombianos, sobre quienes gravitaba de manera tan vigorosa como saludable la influencia de los grandes maestros europeos de entonces, ejercieron su labor renovadora frente a los más sobresalientes artistas del llamado academicismo sin asumir posturas estridentes de iconoclastas furibundos, sin pretensiones de arrasar y demoler todo lo que les había precedido y llevando a cabo, en suma, un relevo que ya se hacía imperioso, pero dentro de un esquema de cortesía y respeto por sus predecesores, de quienes algo heredaron, particularmente en materia técnica.

Nueve Artistas Colombianos está dedicado a analizar con agudo ojo crítico, no por ello menos equitativo y justiciero, el trabajo realizado hasta entonces por los artistas más destacados de este grupo, a saber, Ignacio Gómez Jaramillo, el extraordinario escultor hispano-colombiano Ramón Barba, Sergio Trujillo Magnenat, Pedro Nel Gómez, Gonzalo Ariza, Carlos Reyes, Josefina Albarracín, José Domingo Rodríguez y Luis Alberto Acuña. Este libro, lúcido y esclarecedor como ninguno en su tiempo, fue, y por supuesto no ha dejado de ser una insuperable carta de navegación para los estudiosos de esa época fundamental en la evolución del arte colombiano. En el caso específico de Sergio Trujillo, por aquella época este notable pintor bogotano era muy joven (apenas alcanzaba los treinta años) y aún le faltaba algún trayecto para llegar a la culminación de su madurez creadora. Esto lo vio Zalamea sin la mínima sombra de duda, y el transcurso del tiempo, junto con la segura, firme y espléndida evolución del trabajo creativo de Sergio como artista plástico, confirmó de manera contundente sus premoniciones.

Pasó el tiempo y surgieron otros creadores que llevaron las artes plásticas colombianas a unos niveles de originalidad y reciedumbre tales, que hoy sus más altos exponentes ocupan lugares de privilegio en el concierto mundial de la pintura y la escultura. Ellos son, entre otros, Alejandro Obregón, Fernando Botero, Enrique Grau, Eduardo Ramírez Villamizar, Edgar Negret, Luis Caballero, los dos Cárdenas y otros, hoy admirados y respetados en el mundo entero. Y aquí llegamos a un punto en el cual quien esto escribe ha insistido con vehemencia en numerosas ocasiones. Se trata de que para estimular y promover a estos grandes creadores no era necesario armar y poner a funcionar una ciega e impecable aplanadora crítica ferozmente dirigida contra quienes los antecedieron. Tan injusta y ajena a toda objetividad fue esta labor de arrasamiento, que, una vez apagado su aparatoso estruendo bélico, los ojos de los críticos y de los colombianos comunes comenzaron a volverse con objetividad y con respeto hacia estos notables artistas cuya obra fue un puente entre los ya mencionados académicos y los grandes creadores de los últimos años. Un puente que muchos, a través de una época insidiosa, vieron destruido sin remedio, pero que a la hora de la verdad mostró estar incólume y vigoroso como nunca.

Ignacio Gómez Jaramillo lamentablemente no vivió para disfrutar la justa reivindicación de su obra que se inició con una magnífica retrospectiva que organizó el MAM. De más propicia fortuna gozaron Pedro Nel Gómez, Gonzalo Atiza y Trujillo Magnenat. Recuerdo la soberbia exposición retrospectiva de la obra de Sergio que organizó el MAM hace pocos años y que fue la apoteosis de la reivindicación que en justicia se esperaba de tiempo atrás. Con timidez y discreción, Trujillo recibió en la noche inaugural las congratulaciones de quienes asistimos con el doble objetivo de admirar la magnífica muestra y unirnos a aquella imperiosa reparación. Hoy Sergio Trujillo nos ha dejado para siempre. Pero no es poca consolación en estos momentos dolorosos saber que se llevó consigo la honda satisfacción de haber vivido bastante para ver plenamente reivindicada su obra luego de tan ásperos e injustos embates.

Tomado del Suplemento Lecturas Dominicales, de El Tiempo, 6 de febrero de 2000