Pedro Moreno

Bogota

Pintores

Figura Humana, Paisaje, Bodegón

 

Pedro Moreno

pintor en Paris

 
 

Pedro Moreno, pintor de dibujos eróticos, es ahora, en París uno de

los latinoamericanos que más cobra por sus cuadros.

El mismo fotografió para CROMOS algunas de sus obras que hoy figuran en importantes

colecciones del mundo. (1976)

Hacía tiempo que Pedro Moreno no se sentía bien dentro de su piel. Había dejado en París a su mujer y a sus hijos y se había venido con sus pinceles a Bogotá porque sintió en un momento que su tierra lo llamaba. Llegó a Bogotá y de tertulia en tertulia volaron tres años en que la pintura pasó a segundo lugar y el esfuerzo por sacar adelante la Galería Nacional se vio pronto frustrado. Un buen día una adivina llegó al sitio donde los amigos se reunían habitualmente y al leerle la mano a Moreno le aseguró que si cruzaba el mar tendría éxito de nuevo.

El pintor no se dejó repetir el cuento y con ese pretexto tomó su pasaje de regreso. Cuando recorrió de nuevo las calles de Saint German de Pres y encontró en sus talleres a los viejos amigos Leparc, Soto, Guzmán, sintió de pronto que tenía que trabajar de inmediato e intensamente para recobrar el tiempo perdido y alcanzar a los que habían partido con él. Lo primero era encontrar un taller. Una amiga lo condujo a un edificio viejo donde varios artistas habían organizado sus estudios. Había uno libre en el 144 de la Avenue Emil Zola.

Pedro Moreno se sintió en su ambiente en medio de un cúmulo de cartones, de litografía amarillentas, de papeles medio rotos. Alguien había pintado allí mucho antes que él. Ese alguien había sido Julien Leclerc el famoso ilustrador de la época "Deco". Durante días Moreno escarbó bocetos inconclusos, desocupó estantes y finalmente se encontró con el espacio que quería para trabajar pero, ¿por dónde empezar? En ése instante él pensó en que lo mismo que embadurnar con sus pinceles podría abrir una oficina de arrendamientos, una carpintería o una agencia de empleos. Sin embargo sabía bien que las telas blancas lo esperaban y así volvió a pintar.

Fueron, meses, frenéticos en que no descansaba ni para comer. Uno tras otro salieron cien cuadros que no quiso mostrar a nadie. Por fin, cuando sintió que ya había volcado mucho de lo que tenía guardado hacía años, se fue con algunas de sus pinturas al taller de Fernando Botero quien al ver los lienzos le soltó una de sus clásicas salidas: "¿se acuerda que yo le enseñé a pintar? por ahí es la cosa, maestro". Moreno se sintió tan estimulado que en respuesta le dijo a Botero "Bueno maestro, entonces yo voy a enseñarle escultura".

Y  así fue en realidad. Es sabido que hoy, Fernando Botero, está profundamente interesado en este nuevo aspecto de su carrera. Después vino el éxito que había predicho la adivina. Ingresó al grupo latinoamericano de Matta, Chavez, Piqueras, Sorbino, todos los que le habían tomado la delantera. Unas cuantas exposiciones colectivas y nada más. No hay tiempo para agrupar la obra necesaria para exposiciones individuales. Lo que pinta lo vende de inmediato y aún antes de terminar un cuadro ya éste tiene un precio y un dueño. Un día volvió a tener la nostalgia por Bogotá. Pidió algunos cuadros y se vino con ellos. Quería mostrar lo que estaba haciendo. El cambio de su pintura, su evolución. Hizo una exposición que duró un sólo día y cuyas obras no podían ser adquiridas. Luego volvió a poner los lienzos en los tubos de empaque y regresó a París. Ahora también está metido en el mundo de la escultura. Pero ya sabe bien que para trabajar no hay nada como su cuarto de la Avenue Zola y para tertuliar nada mejor que los pequeños salones de Bogotá.

Tomado de la Revista Cromos No.3068, 3 de noviembre de 1976