Gonzalo Fuenmayor

Barranquilla, Atlantico

Pintores

Figura Humana

Gonzalo Fuenmayor 

www.fuenmayor.blogspot.com 

www.gonzalofuenmayor.com

gonzalofuenmayor@gmail.com

pintor

Recuento
 


CRITICA

Mi pintura duerme en el espacio ambiguo de la no-memoria y la memoria. La no-memoria sale a flote con el vinculo directo entre ojo y mano, al momento de dibujar figurativamente sobre el lienzo. El afán de corroborar aquello que se ve, con lo que se dibuja, no existe, consolidándose así, un vinculo directo entre realidad y gesto. El producto de este proceso automático, da lugar a deformaciones y serendipidades que nutren posteriores juegos pictóricos con líneas, manchas y abstracciones. 

Confrontando este proceso, memorias personales y culturales de la Costa Caribe Colombiana, intentan forjar espacios surreales, con el fin de explorar los contenidos de mi fragmentada identidad costeña; abanicos y caimanes, mitos folclóricos llenos de calor y humedad, sirven como pretexto para la creación de espacios imaginarios donde la nostalgia, la memoria y la no-memoria conversan alegremente.

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Gonzalo Fuenmayor junto a grandes artistas de America Latina

"Arte de América Latina" es el titula de la exposición colectiva que la Galería Wally Findlay en East Hampton, New York, Estados Unidos, presenta del 17 de agosto al 20 de septiembre, 2002. La muestra reúne a un sofisticado grupo de artistas figurativos Latinoamericanos como Fernando Botero, Margarita Lozano, Peter von Artens, Charles Summers  Robledo, :Luis Armando Zesatti, y Leonidas Correa. Entre este grupo, se destaca la presencia del joven artista costeño Gonzalo Fuenmayor, quien viene incursionado con gran- fuerza en el ccompetido circuito mundial del arte. 

Fuenmayor, nacido en Barranquilla hace 25 años, hereda una vena artística que viene desde su bisabuelo, José Felix Fuenmayor, gran hombre de las letras colombianas y, por supuesto, de su abuelo, Alfonso Fuenmayor, reconocido periodista y escritor costeño, miembro del famoso grupo de Barranquilla.

Desde joven, Fuenmayor mostró una fuerte inclinación hacia el arte, además de un gran talento para plasmar-sobre el lienzo su particular visión del mundo. Sus estudios en el exterior lo formaron y le permitieron iniciar un proceso de maduración artística al lado de grandes exponentes del arte mundial. Su dedicación y pasión por el arte, lo han hecho merecedor de importantes reconocimientos, entre los que se destacan premios de reconocidas escuelas de arte en los Estados Unidos, invitaciones a participar de exposiciones en importantes galerías en Europa y Estados Unidos, al igual que becas para estudios en prestigiosos centros de arte en los EstadosUnidos. 

Tras un breve paso por su país, regresa a los Estados Uridos para participar en una de las exposiciones más importantes de su breve trayectoria artística. Tres de sus obras, ricas en colorido y permeadas por su sensibilidad caribe, hacen parte del selecto grupo de cuadros que completan la muestra de arte Latinoamericano que ha preparado para este año la galería Wally Findlay, una. de las más tradicionales de Norteamérica, fundada en 1870. 

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Sobre la Obra de Gonzalo Fuenmayor 

Nacido en Barranquilla, Colombia, Fuenrnayor es un tatento de distintos niveles. Ha recibido una influencia inevitable de las contradicciones de su país, donde la violencia reinante contrasta con la belleza de su geografía y su riqueza histórica. Los artistas que han marcado su obra han sido Schiele, Morandi y Rothko. Se nutre del pasado con la voracidad de un ave de rapiña, para darle vida a nuevas creaciones. Su trabajo artístico comienza con dibujos donde el artista no ve aquello que dibuja., enfocándose en la observación y la coordinación entre el. ojo y la mano. La aplicación de una amplia gama de colores fuertes viene después, alterando así, la realidad de lo que ha sido dibujado previamente. Como el dibujo terminado ofrece un mundo de posibilidades, la aplicación de los colares sirve como determinante para resaltar lo que desea ver.  Y esa escogencia de lo que se quiere ver es un tema. recurrente en la visión de vida que nos ofrece el arte de Gonzalo Fuenmayor."

Textos suministrador por la Galería La Pared, 2003

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La venganza de la intuición 

por Julia Diaz 

En una de las columnas que publica en su blog www.fuenmayor.blogspot.com  Gonzalo Fuenmayor hizo una muy acertada definición del lenguaje: "es la mosca encerrada en un carro que rebota contra el vidrio y la pared hasta que encuentra un hueco por donde escapar y se libera, pero completamente deformada". 

Sin embargo... ¿Qué pasa cuando no es una sino dos moscas las que luchan por salir dentro del mismo carro? Quizás que la posibilidad de liberación disminuye y el riesgo de deformación aumenta. 

Algo similar a lo que ocurre en este momento: por un lado están las imágenes, los dibujos, el diálogo tentativo que sostienen los elementos disímiles, comunes y ordinarios en la obra del artista: escaleras eléctricas, vallas de publicidad -sin publicidad-, plátanos en proceso de descomposición, dirigibles, la barra de colores de televisión. Y por otro, las palabras de alguien que corre el riesgo de agregar un nuevo significado a una obra con un sentido propio como esta de Gonzalo Fuenmayor. 

Enredos y juegos conspiradores que buscan "subordinar lo real a un orden delicado y fantástico, creando una experiencia dinámica para el espectador", podría ser una muy acertada descripción de ese trabajo, teniendo en cuenta que son palabras del mismo Gonzalo. 

Y esa es una buena fórmula. Acercarse a la obra y la vida de este artista barranquillero residenciado en Nueva York, descendiente de hombres de La Cueva, José Félix y Alfonso Fuenmayor, que desertó de algún programa de Administración de Empresas para graduarse, hace siete años, de Bellas Artes y Educación en la School of Visual Arts, en Nueva York.

Tomado de la Revista Mundo No.27, 2007

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Cuando lo decorativo no es una forma

por Alvaro Medina

Desde su primera exposición en Bogotá, realizada en 2003, he seguido de cerca la obra de Gonzalo Fuenmayor. Su trayectoria me ha revelado un artista serio, dado a la experimentación y la aventura. Su fuerte ha sido la fantasía, no en términos de imaginarios inverosímiles, sino de asociaciones extrañas pero posibles y significativas. En Fuenmayor no cabe la Imaginación farolera, light, ni el humor facilongo. Pero hay humor y del bueno. Hablo del que hace pensar, del humor que no reduce la reacción del público al acto de sonreír con agrado.

Escribo sobre una obra fuerte, concisa, buscada, que en esta última serle ha llegado a un momento de realizaciones sólidas y concretas, tanto en el plano técnico como en el conceptual. En el técnico, no es necesario enfatizar que nos hallamos ante un virtuoso del dibujo que conoce el oficio tan a fondo que se da el lujo de trabajar sus formatos en tamaños fuera de lo ordinario. En el conceptual, en cambio, hay mucho que analizar y mucho que decir, porque el juego de ideas es intenso y preciso, cualidad que define la característica principal de unas obras cuidadosamente pensadas y ejecutadas. En una brevísima declaración de intención, Gonzalo Fuenmayor ha expresado que su obra combina lo trágico y lo decorativo. Esto último es pertinente, porque las artes visuales han sido tradicionalmente decorativas, no en el sentido de adornar por adornar, sino en el de darle satisfacción a los gustos y necesidades del ojo en su acepción más constructiva. No es un misterio que algunas de las experiencias visuales de los últimos cien años han procurado, precisamente, desembarazarse de los aspectos formales decorativos que, por tradición, han estado ligados a las artes visuales. Con Goya, lo bonito perdió vigencia. Un siglo después, Picasso despreció la belleza, que es otra cosa. La estética, por último, terminó pulverizada. ¿Va Fuenmayor en contravía de este recorrido ascendente, que los conceptualistas supieron potenciar para poder devolverle a la obra artística su profunda vocación de contenidos? Aparentemente sí, pero toda apariencia es engañosa. Como productos salidos de la mano de un dibujante fino y correcto, las obras reunidas en esta exposición parecen regodearse en sus propios méritos visuales.

El autor lo enfatiza con la opulencia de las formas, lograda con un claroscuro que se regodea en opacidades, transparencias, brillos y destellos que pueden parecer de joyería. La dimensión decorativa se despliega y revela de modo casi obvio, obsceno y agresivo. ¿Por qué? Porque no se trata de lo decorativo en función de las formas, sino de lo decorativo en función de una idea específica. Dicho de otro modo, la esencia medular y significativa de una forma dada (por supuesto, no me estoy refiriendo a su empaque exterior), es el factor que determina el contenido y la disposición de las Imágenes que vemos en esta exposición. Podemos volver entonces a las nociones de decorativo y de trágico, que el dibujante ha reunido para utilizarlas como los ejes fundamentales de los trabajos que ahora exhibe en Mundo. La decoración es signo inequívoco de riqueza material y cultural. A través de la historia, algunas sociedades han gozado de abundante riqueza material, mas no de verdadera riqueza cultural. Cuando los dos factores convergen, se alcanza lo que denominamos opulencia. El calificativo viene al caso porque lo decorativo de estos dibujos está ligado a una figura iconográfica que ha sido reiterativa en la producción del artista: el banano. Durante años, Fuenmayor ha pintado la fruta suelta y en racimos, pequeña y de gran tamaño, verde y madura, entera y mordisqueada, con y sin cáscara, etc. Algunas veces ha abordado el asunto burlonamente y otras ha escogido ser procaz. Su presencia le da sustancia a la parte trágica de la serie y nos pone en presencia del "drama del banano", el mismo que les ha inspirado páginas memorables a escritores como Gabriel García Márquez y Alvaro Cepeda Samudlo, miembros del Grupo de Barranqullla, la ciudad que vio nacer a Gonzalo.

Julio Betancourt, el abuelo materno del artista, trabajó en la zona bananera de Santa Marta con la United Frult Co., nombre primigenio de la compañía que hoy se denomina Chiquita Banana. La mezquina política laboral de la empresa es uno de los hitos negativos de la Inicua relación comercial de los países ricos con los países en desarrollo. De esa relación desigual nació una etiqueta que, no por caricaturesca, deja de ser verídica: la existencia de las llamadas Banana Republics. El término se aplica a los países donde las políticas públicas se han definido en función de los intereses privados de los bananeros. Corrupción, huelgas, masacres, asesinatos y golpes de estado están ligados a dicha política, desde el Ecuador hasta Guatemala, proyectando su sombra nefasta sobre numerosos países de África. Si consideramos ahora que el periodista Alfonso Fuenmayor, el abuelo paterno de Gonzalo, fue una figura clave del Grupo de Barranqullla, se entiende que el tema de las bananeras, tanto en el plano emocional como en el Intelectual, sea una de las obsesiones del joven artista. Con intención provocadora, Gonzalo Fuenmayor despliega los dos extremos de unas relaciones de producción que, según su posición en la cadena distribuidora de los rendimientos económicos, arroja resultados distintos. De un lado tenemos candelabros y muebles de curvas sensuales e intelectuales (intelectuales en cuanto salidas del cerebro de un diseñador refinado y pulcro, aunque excesivas para el gusto contemporáneo), del otro el racimo de banano; de un lado el producto fabricado, del otro el producto natural; de un lado lo permanente, del otro lo perecedero; de un lado lo frío y elegante, del otro lo que en algunos cuadros de la serie se consume a fuego vivo, volviéndose ceniza y humo. De un lado ellos, del otro nosotros. Los objetos de decoración victoriana que Fuenmayor ha resuelto dibujar, clara alusión a un período que conoció su esplendor hace más de un siglo, pueden verse aún en ciertas mansiones; la fruta que lo originó, desapareció en los estómagos de quienes la paladearon en su momento. El banano generó opulencia, pero lejos de las zonas bananeras del trópico, en un país que presiona el libre flujo de capitales y bloquea el de los seres humanos.

Miramos, entonces, una obra ambiciosa, compleja y firme. El tema tiene asidero histórico, cuenta con una tradición cultural de primer orden y posee, en la mano de Gonzalo Fuenmayor, una contundencia visual a toda prueba. Es notable, en el claroscuro, el modo como la luz se presenta Intensa en los primeros planos, volviéndose opaca y desvanecida en la lejanía. Esa luminosidad no es gratuita. Resalta y evidencia, en ciertos casos, el papel que juegan los cristales en la suntuosidad de las lámparas; en otros, el papel del humo que  el viento agita y vuelve nada.

La Ironía y la parodia son los ingredientes apropiados para volver a poner sobre el tapete las consecuencias de una situación aberrante, tan aberrante que lo decorativo se torna  trágico, y, lo trágico, decorativo. Piénsese, si no, en la inquietante connotación de las lágrimas de cristal resaltando luminosas en medio de un fondo absolutamente oscuro. En Gonzalo Fuenmayor, para concluir, lo decorativo no decora sino que significa, porque es algo más que una forma agradable  coqueteándole al ojo.

Tomado de la Revista Mundo 35-36 - Diez por 10 + Uno, 2010


La embiematica m de ia reconocida cadena de comida rápida McDonald’s corona un aviso con el no menos conocido nombre ‘Macondo’. El cuadro es uno de los carboncillos que el artista barranquillero Gonzalo Fuenmayor presenta en la exposición ‘Prohibidas las metáforas’, en la Galería El Museo, de Bogotá.

En sus dibujos Fuenmayor parece desafiar la paciencia por el tamaño de sus piezas, el manejo del carboncillo y la meticulosidad -aunque no perfección- con que trabaja. La inclinación por el arte le llegó muy joven, por lo que en 1998 se mudó a Estados Unidos para formarse en Bellas Artes y Educación de Artes en la School of Visual Arts, de Nueva York y, posteriormente, obtener su maestría en Bellas Artes en la School of the Museum of Fine Arts, de Boston. Ya tiene casi veinte años viviendo fuera de Colombia, aunque no le cuesta reconocer que ese cambio de escenario tuvo, y tiene aún, gran influencia en su obra.

“El trabajo de Gonzalo Fuenmayor está estrechamente ligado al hecho de haber realizado sus estudios en Estados Unidos. Nueva York no sólo lo expuso a la academia sino también a un entorno saturado de arte, y cultura. Luego, decidió radicarse en Miami, una ciudad que cultural y geográficamente se acerca a lo tropical y lo exótico, características que conceptualmente están muy ligadas a su trabajo”, señala Francine Birbragher-Rozencwaig, PhD en historia latinoamericana e historia del arte de la Universidad de Miami.

Para la historiadora, el uso de racimos de bananos, las palmeras y las piñas en sus dibujos puede ser interpretado como factor característico de lo que Fuenmayor denomina su “mitología tropical”. La investigadora asegura que la recontextualización de distintos símbolos tropicales le da a la obra un “carácter mágico, surrealista, que además estimula una lectura individual a partir de la imagen observada”. Ejemplo de esto es su más reciente exposición, ‘Picturesque’, presentada en la galería Dolby Chadwick de San Francisco, Estados Unidos.

Inició su trabajo con un gran interés hacia la pintura, aunque en los últimos años se ha enfocado en realizar dibujos a mediana y gran escala en carboncillo, en los que trata la representación del realismo mágico y el cuestionamiento de la dualidad de su identidad, temas que caracterizan su obra, destaca la historiadora.

“Poco a poco he ido madurando y aprendiendo a ser más contundente con el tipo de imágenes que uso. El humor y la búsqueda de lo absurdo son un punto de partida para moldear y encontrar situaciones e imágenes que ofrezcan el potencial para una ruptura o choque”, comenta Fuenmayor.

Respecto a esto, Birbragher-Rozencwaig afirma que la obra del barranquillero explora visualmente la dualidad de su propia identidad a partir del contraste de elementos simbólicos tomados de distintas fuentes. Combina la ornamentación victoriana con la imagen fálica del banano, interiores barrocos con vegetación tropical y candelabros de cristal con racimos de bananos. Este contraste visual entre lo clásico y lo exótico enriquece el carácter híbrido de sus composiciones.

Otro aspecto que destaca es “su sentido del humor, y la forma en la que juega con los símbolos de la cultura popular norteamericana, intercambiando palabras, como parte de esa propuesta que investiga lo híbrido en la definición de identidad". Por ejemplo, la sustitución del nombre de la popular cadena estadounidense de comida rápida, por un icono del “realismo mágico” colombiano, como Macondo.

En ‘Prohibidas las metáforas’, Fuenmayor presenta una serie de trece carboncillos que produjo en el 2015 y el 2016. Sobre el origen de esta muestra, el artista explica que “el hecho de vivir casi veinte años fuera de Colombia ha afilado el interés sobre las dinámicas de pertenecer o ser: diferentes estrategias se emplean para profundizar el concepto de realismo mágico, como pretexto para describir una particular realidad nacional, o como herramienta para ‘exotizar’ una colombianidad ante el mundo”.

Gonzalo FuenmayorEl público se encontrará con una serie de dibujos en los que una piña sustituye al habitual conejo que sale del sombrero del mago, con cortinas de terciopelo que emulan las de un teatro y de las que asoma vegetación salvaje, y con un ramo de bananos en el lugar de la cabeza de un popular superhéroe norteamericano. Un universo construido en tomo al realismo mágico, envuelto en símbolos que son modificados por el artista para darles una connotación que quiebra la estructura discursiva rígida y los dota de un nuevo significado.

Esta exposición también surge de “la constante sensación de estar fuera de lugar”, dice. El artista asegura que estos dibujos ofrecen un espejismo de lógica y orden que a segunda vista se desploma. Es ahí cuando se asoma un juego absurdo y lúdico con imágenes eclécticas. Para lograr esto, introduce en cada carboncillo uno o varios elementos que no pertenecen a la narrativa esperada, que la irrumpen y la descuadran.

“Me interesa explorar ese momento en particular. Ese instante en el que lo familiar se toma desconocido y abres el camino a nuevas alternativas de entendimiento y de lenguaje”, dice Fuenmayor.

Todas las obras que componen la exhibición exploran “de manera ambigua o literal” una puesta en escena, según explica. Es por ello que hay alusiones a una tarima, a un teatro, a cortinas de terciopelo, a estar presenciado un espectáculo. Fuenmayor espera que el espectador se convierta en cómplice de un truco que espera ver, al cuestionarse cómo son parte del juego del realismo mágico, cómo lo explotan para exotizarse’ ante el otro, y sobre todo, por qué ocurre esto.

El artista considera que, hoy en día, la expresión “realismo mágico” se ha convertido en una marca nacional. Admite que, en sus inicios, sucumbió a encasillar su trabajo en lo que se esperaba de él como colombiano en el campo del arte. “De manera involuntaria enjaulaba mi trabajo bajo los parámetros asociados al realismo mágico o a la violencia. Intenté acomodarme en esa camisa de fuerza, hasta el punto de asumir esa jaula como propia”, dice.

Sin embargo, con el tiempo comenzó un proceso que define como de mirarme a sí mismo, para así comprender lo que quería hacer y expresar a través de su trabajo. A este descubrimiento de sí y el contraste entre exacerbar y rechazar constantemente su identidad se refiere Birbragher-Rozencwaig cuando habla de la exploración de la dualidad de la identidad en Fuenmayor.

Sus obras son fácilmente reconocibles por su dominio del carboncillo, según Birbragher-Rozencwaig, quien señala que “su trazo es de un realismo tal que los dibujos parecen fotografías en blanco y negro. En las obras de gran formato la calidad de su trabajo es, sencillamente, magistral”.

La exposición estará abierta al público hasta el 19 de noviembre. Fuenmayor planea una muestra individual de dibujos a gran escala en la Galería Dot Fifty One, de Miami, para finales del 2017. También quiere desarrollar algunos proyectos fotográficos y de video en Colombia durante los próximos meses.

Tomado del periódico Arteria No. 56. 2016