Consuelo Luzardo

Bogota

Actores

Personaje

 


Consuelo Luzardo

actriz

   
 

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Actriz - filmografía
(2000s) (1990s) (1970s) (1960s)

  1. Entretelones (2015 - Teatro)
  2. El laberinto de Alicia (2014)
  3. Voz (2014 - teatro)
  4. Chepe Fortuna" (2010)... Alfonsina Pumarejo
  5. "Aquí no hay quien viva" (2008)
  6. "Cita a ciegas" (2007) (teatro)
  7. "Las profesionales a su servicio" (2006)
  8. "Merlina, mujer divina" (2006) ... Regina Carbó
  9. "Juegos prohibidos" (2006)
  10. "Te voy a enseñar a querer" (2004) TV Series .... Rufina de Rivera
  11. "Punto de giro" (2003) (mini) TV Series .... Eva María
  12. "Pasión de gavilanes" (2003) TV Series .... Melisa de Santos
  13. "Francisco el matemático" (1999) TV Series .... Leonor de Ramirez (2004)
    ... aka Francisco: Clase 2004 (Colombia: sixth season title)
  14. "Vale Todo" (2002) TV Series .... Celina
  15. "Juan Joyita quiere ser Caballero" (2001) TV Series .... Helena Caballero
  16. "¿Por qué diablos?" (1999) TV Series .... Purita de Carbonell
  17. "Perro amor" (1998) TV Series .... Carmen de Brando
  18. "Mujer en el espejo, La" (1997) TV Series .... Martha Soler
  19. "Viuda de Blanco, La" (1996) TV Series .... Doña Perfecta Albarracín vda. de Blanco
  20. "Momposina" (1995) TV Series
  21. "Solo una mujer" (1995) TV Series
  22. "Amor, amor"
  23. "Por qué mataron a Betty, si era tan buena muchacha?" ... Magola
  24. Los cuervos (1984) ... Dolores Olmedo
  25. Caballo viejo (1988) ...La Tia Cena
  26. "Pisingaña" (1986) **
  27. Préstame tu marido (1973)
  28. Río de las tumbas, El (1964)
  29. Tres cuentos colombianos (1962)
  30. Yo y tú
  31. Hogar dulce hogar
  32. "Un poeta de ayer y una niña de hoy" (teatro)

Reparto - filmografía

  1. Bajo la tierra (1968) (voces)
  2. Tres cuentos colombianos (1962) (libreto)
 
 
Información cortesía The Internet Movie Database. Con permiso
** Dato tomado del libro Largometrajes Colombianos en Cine y Video, 2005

 
   

El amor profundo

(52 años en televisión)

  1. "Mi primer papel fue en Hogar, dulce hogar (dirigida por Víctor Mallarino, papá) en los años 60."
  2. "El tiempo que más he durado sin trabajo han sido siete u ocho meses."
  3. "El que más recuerdo, por el respeto que despertó, fue la tía Cena de Caballo Viejo (1988)." . "Por el amor profundo que siento por la actuación, por mi entrega y disciplina en una actividad exigente y absorbente."
  4. Alfonsina Pumarejo en Chepe Fortuna

Tomado de la Revista TV y Novelas No. 599, 8 de octubre de 2011


 
     
 


No quiere nada con el amor

Por CARLOS HUGO JIMENEZ E.

Cuando termine de hacer su personaje de Eugenia Lombardi, buscará someterse inmediatamente a una terapia para recobrar la deliciosa esencia de la soledad, que disfruta desde hace 20 años.

Teme que su personaje actual la domine y como sucede con la anciana del drama, dentro de unos años sienta la angustia de volverse a enamorar. "La soledad es un estado que adoro porque con él se aprecia la libertad absoluta. Puedo hacer lo que quiera y a la hora que lo desee. Aunque podría pensarse que es una manera egoísta de vivir la vida, me parece algo delicioso que no pienso cambiar".

Le confesó a TV y NOVELAS que Eugenia en cierta forma la ha intranquilizado, pues por momentos piensa en to que sucedería si ya como Consuelo Luzardo, dentro de 15 o 20 años, se viera involucrada en una relación afectiva similar. "Mi actual situación de no sentirme involucrada afectivamente, de no salir con un señor, de no enamorarme, resulta bastante cómoda por to que ya expliqué. Pero no puedo negar que me angustia pensar que después de 20 años de vivir con mi soledad, me volviera a enamorar. Me da susto".

«AÑORO A LA TIA CENA»

Desde los 13 años, cuando inició su exitosa carrera de actriz, Consuelo ha tenido palito -como se dice- para interpretar personajes mucho mayores que su edad verdadera. Eso sucedió desde que comenzó a hacer teatro. «Siempre he sido lo que nuestro argot se llama una actriz de carácter, desde niña he mantenido esa tendencia. Los directo res han visto en mí esa capacidad y la verdad es que han resultado inter pretaciones hermosas y perdurables. Recuerdo que uno de mis primeros papeles de vieja lo hice en una obra de Federico García Lorca; personifi ué a una criada típica del estilo del escritor españo. Creo que fue el co mienzo de mis papeles de vieja, borrachina y loca".

Sin embargo -y a pesar de admitir que una vez concluye un personaje, se desprende de él para enamorarse y casarse con el siguiente- cuando observa los videos de Caballo viejo no puede dejar de añorar a la inolvidable tía Cena. «Fue un personaje que con su sabiduría y ternura me dejó muchas enseñanzas. Cada vez que observo las escenas, no puedo evitar la nostalgia».

También recuerda a Dolores Olmedo, en Los cuervos, como otro de los personajes que quiso mucho en su larga y brillante carrera de actriz.

LA DEBIL EUGENIA

La entrevista giró en torno a la soledad y al amor, por eso le preguntamos si acaso Eugenia Lombardi sabría asumir el reto de enamorarse a su edad. «Ella es una mujer conservadora en sus pensamientos. Considera que a su edad es difícil en tablar una relación de ese tipo. Es una señora débil que piensa que su papel es velar por el bienestar de sus hijos y sus nieto. Asume una actitud exageradamente generosa con los suyos, quienes se aprovechan de esa noble debilidad. Pero en contraposición está Benjamín, quien es recio y sí defiende lo que siente por Eugenia. De todas maneras, y aunque no es una historia de enamora dos jóvenes y lindos, la parejita de viejitos va a tener que sortear muchas dificultades antes de que puedan estar juntos».

«SOY FELIZ»

Después de experimentar la frustración de dos matrimonios, decidió refugiarse en la soledad. Cuando creyó que sería difícil asimilarlo se dio cuenta que ese era su mundo. Vive tranquila en su cómodo apartamento y cuando la actuación le da un respiro, ese tiempo se lo dedica a su familia. Orgullosamente habla de su madre, de 82 años, como una persona vital y de genio muy positivo. «Cuando estudié el papel de Eugenia, quise ver en mi madre aspectos de ella para aprender mejor la caracterización. Pero me di cuenta que son muy distintas. Entonces me tocó recurrir a mis propios medios para asumir el papel».

La actuación es una obsesión para Consuelo Luzardo y según sus propias palabras, le dedica a su profesión casi el 70 por ciento de su existencia, quizá por ese motivo cada vez que asume un personaje, lo identifica tanto que nadie lo puede comparar con otro que haya realizado recientemente. Es muy distinta la petulante, vanidosa y perversa Lili de Santillana, en Sólo una mujer, a la dulce, tierna y enamorada Eugenia Lombardi.

Cuando no está comprometida con grabaciones, se encarreta con su madre, su hermana Celmira y especialmente con su sobrina Laura María, a quien adora, lee cuentos y acompaña a la piscina. «Mi vida es deliciosa así como la vivo». concluvó.

Tomado de la Revista TV y Novelas No. 6-03, 16 de febrero de 1995


 
 


Una vida sobre un escenario

SUS 40 AÑOS DE CARRERA ARTÍSTICA LA CONVIERTEN EN UNA DE LAS GRANDES DE LA TELEVISIÓN NACIONAL

Como todos los niños a los 12 años, Consuelo Luzardo acostumbraba pasar tardes enteras jugando a las escondidas, solo que ella lo hacía debajo de un piano de cola, detrás del telón de terciopelo rojo o entre los bastidores del Teatro Colón de Bogotá. Consuelo Luzardo Montenegro utilizó el tradicional teatro del barrio La Candelaria como patio trasero, cuarto de juego y salón de clases. En ese lugar, al lado de su amiga María Angélica Mallarino, menor que ella, aprendió a jugar y, sobre todo, a actuar.

A ese lugar llegaba todos los días como estudiante de la Escuela Superior de Arte Dramático, dirigido por el maestro Víctor Mallarino (papá de María Angélica). No era común en esa época que una mujer (¡y menos una niña bien!) estudiara teatro, pero a Consuelo se lo permitieron por tres motivos: Mallarino era íntimo amigo de la familia de Consuelo, sus padres estaban convencidos de que sería una fiebre de ocho días, y especialmente porque tenían la esperanza de que por medio del arte dramático, su hija superara un trauma que la acompañaba desde siempre: su incapacidad para relacionarse con otras personas.

"Era tan serio el problema, que me cambiaron constantemente de colegios y terminé estudiando con profesores particulares; confiesa Consuelo. Pero sus padres estaban equivocados: la actuación no fue para Consuelo una fiebre de ocho días; si no una forma de vida que ya cumple 40 años (nunca ha pasado un solo año sin actuar), y su timidez crónica sigue siendo el rasgo característico de su personalidad, hasta el punto de que para ella más de tres personas siguen siendo multitud.

"Solo me siento cómoda cuando estoy con gente conocida, excepto cuando subo a un escenario. Ahí sí me gusta la multitud".

TEATRO Y TELEVISIÓN

Aunque nació y creció en las tablas, Ilegó a la televisión sin complejos de culpa, contrario a la tradición de los teatreros de la época, que veían la pantalla chica como la prostitución del arte.

Debutó en la comedia Hogar dulce hogar en varios papeles cortos, de la mano de Mallarino, su papá putativo. "Por eso, no tuve inconvenientes para entrar a la televisión. Ya había hecho teatro desde los 12 años, cuando actué en Un poeta de ayer y una niña de hoy también con Víctor Mallarino".

Esa relación con el maestro del teatro y la televisión fue tan estrecha que cuando los dos iban a fiestas de artistas, muchas veces a Consuelo le tocaba pasar la noche sin bailar. "Él no dejaba que se me acercaran ni que me sacaran a bailar, excepto si veía que se trataba de un buen muchacho. Mientras asistía a fiestas para comer pavo, amigas de su familia se sorprendían de lo ovejas negras que habían resultado los hijos de don Julio César y doña María: "Consuelo, teatrera; su hermano mayor, cineasta, y la menor (Celmira), también actriz. ¡Qué horror!; decían.

LA ROCANROLERA

Nada que ver. En realidad, Consuelo resultó liberal de pensamiento, conservadora de comportamiento a izquierdista a la distancia.

"Siempre fui muy sana, no tomaba trago y nunca probé las drogas, aunque todo el mundo a mi alrededor consumía. Ni siquiera durante su estadía en Nueva York, en pleno furor del hippismo y del peace and love, fue contagiada por las flores en la solapa, las cintas sicodélicas y las minifaldas. "Allá, en pleno 1970, cuando acababa de pasar el Festival de Woodstock, me veían como bicho raro porque prefería mis faldones de tela escocesa y mi vestimenta bogotana.

En cambio sí la sedujo bailar el Rock Around the Clock y escuchar a los muchachos malos de los Rolling Stones. Precisamente, el baile ha sido una de sus grandes pasiones, junto con la lectura (está leyendo Melodrama, de Jorge Franco), o el jazz.

De hecho, en la década de los 70 fue una especie de Dj adelantada, en un bar del centro de Bogotá, donde los viernes por la noche ella era la encargada de armar la rumba para universitarios poniendo la música de moda, al lado de Ricky, un novio de su juventud. Su otro "hueco para bailar" fue la discoteca de doña Gloria Valencia de Castaño y la crítica de arte Marta Traba.

"Bailé rock, pero hippie jamás" recalca.

VIENTOS DE IZQUIERDA

Otra cosa fue con los vientos revolucionarios de esas décadas, que sí la contagiaron pero sin llevarla a los extremos de la militancia.

"Sí era de izquierda, seguía de cerca la Revolución Cubana y estaba convencida de que era lo más importante que pasaba en el hemisferio".

El tema político siempre estuvo latente en sus reuniones con amigos artistas, muchos de ellos izquierdistas furibundos y otros moderados. Lo que nunca sospechó fue que algunos de sus contertulios tuvieran vínculos con las guerrillas.

"Hoy veo todos esos grupos de izquierda y pienso que también le fallaron al país.

MATRIMONIOS

Consuelo Luzardo vive sola en Bosque Izquierdo (un barrio que ayudó a construir su padre, quien era arquitecto), en un apartamento que tiene vista a casi toda Bogotá. Esa panorámica la atrae tanto que cada vez que termina sus grabaciones, da un brinco directo a su apartamento del piso 16.

Ahí, rodeada de cuadros originales, antigüedades e instrumentos musicales de adorno, ha adaptado su vida a  una soledad consciente.

En el recuerdo quedaron sus dos cortos matrimonios, el primero con el publicista José Antonio Moreno ("tres años, más o menos), y el segundo con el alemán Claus Reprich ("menos de cuatro años"). "Uno no sabe por qué se acaba el matrimonio, pero supongo que el medio en el que me he desenvuelto tiene que ver. Cuando voy a estrenar una obra, siempre hablo de la obra, y cuando me hablan, aparento que escucho, pero es mentira: pienso en la obra. Hablo de la obra. Sueño con la obra. Eso aburre a cualquiera. Luego del segundo intento, decidí que me sentía mejor viviendo sola.

íngrima puede dedicarse a escuchar música barroca, a tejer si está impaciente y a tomar té a las 5 de la tarde, como lo hace entre escenas para no sentir que está perdiendo el tiempo.

LA PUBLICISTA

Aunque nunca ha pasado más de un año sin actuar, durante 20 tuvo una profesión alterna: publicista. Fue empleada de la agencia Época y socia de CPR Publicidad, en la que no solo participó en todos los pasos de creación de una campaña y en la producción de comerciales, sino que ganó varios premios por su trabajo.

"La publicidad siempre fue una forma de tener tranquilidad económica. Es una actividad creativa y con grandes retos. Me retiré porque no estaba dispuesta a seguir trabajando 18 horas diarias y, además, hacer teatro.

A pesar de su timidez, sigue sacando tiempo para bailar sones con sus amigos cercanos, como Jorge Cao (" ¡qué bien baila!, como buen cubano"), con Diego León Hoyos, Carmenza Gómez, Gloria Gómez, Helena Mallarino y María Cecilia Botero.

Reconoce que hay mucho talento en actores jóvenes, pero también critica a quienes solo llegan a la televisión por su físico. "Si a nosotras (las actrices) nos hubiera tocado esta época, no habríamos podido ser actrices. ¡No existía el quirófano! Nos habría tocado ser abogadas o gerentes estupendas; dice con esa amabilidad tradicional que la caracteriza.

Tomado de la Revista TV y Novelas No. 467, 7 de octubre de 2006


 


Una Marca Mayor

por Claudia Cerón Coral

Una magia indescriptible, esa fue la sensación que tuvo desde niña cuando papá y mamá la sentaban en el Teatro Colón de Bogotá para ver grandes obras y conciertos. Consuelo quería saltar de la silla para pararse en el escenario y sentir en carne propia esa magia delante que la atraía como un imán.

En la adolescencia, a los 13, esa necesidad se le convirtió en obsesión. Quería bailar danza clásica, estudiar música o teatro, lo que fuera con tal de estar parada en el escenario.

Su papá pensó que solo era un capricho y que la timidez de Consuelo la dejaría muda cuando subiera el telón. De todas maneras, sus padres le dieron una oportunidad y la apoyaron para tomar una decisión loca a irreverente para la época (1959): dejar el colegio y estudiar teatro. A los 14 años se matriculó en la Escuela Nacional de Arte Dramático, allí estudiaba por las mañanas. En las tardes tenía profesores particulares en casa para seguir el bachillerato.

Pero desde el primer día en que piso la escena lo supo: "cuando comencé con los ejercicios de teatro, sufrí un desdoblamiento total y supe claramente lo que significa el verbo jugar", dice Consuelo. A los 15 años, cuando estrenó su primera obra, La Casa de Bernarda de Alba, de Federico García Lorca, confirmó que su pasión eran las tablas y cuando subieron el telón ella no se quedó muda, por el contrario, desde ese día y hasta ahora ha podido interpretar ese y cientos de papeles más.

Hoy, 50 años después, sigue sintiendo lo mismo.

A pocos meses de cumplir 65 años (y los 50 de vida artística), todavía se estremece con el reto que cada papel le impone bien sea en teatro, en cine o en televisión, "porque para una persona tímida como yo, actuar es la mejor forma de poder expresarme y sacar todas las mujeres que no soy". 

De la butaca al escenario

Su debut como estudiante, en 1960, marcó el carácter de sus interpretaciones. Consuelo ha caracterizado mujeres fuertes y mucho más viejas que ella, por eso verla hoy como Finita, una mujer desordenada, juvenil y desparpajada en Aquí no hay quién viva mostró otra vez su faceta cómica, guardada por muchos años.

Entre 1959 y 1962, como estudiante, participó en muchas obras, todas le dieron la seguridad de que ese era su futuro; luego, cuando terminó sus estudios en casa (de bachillerato) y en la Escuela (de teatro) se metió de lleno en obras de autores intensos como Samuel Beckett y Franz Kafka, entre otros.

Su espíritu inquieto y ese profundo amor por el teatro la llevaron a dar otro gran salto. En 1966 decidió fundar La Casa de la Cultura, hoy teatro de La Candelaria; dos años después, en 1968, se convirtió en una de las fundadoras del Club Teatro Experimental Café La Mama.

En el teatro La Mama se jugó entera. Además de interpretar papeles en obras como el Cabo Hieso, de Paul Foster, Vaiven, de Samuel Beckett y de participar en montajes colectivos, también fue la encargada de la taquilla, la utilería, el maquillaje, de barrer y trapear antes de la obra, y de volver a limpiar cuando terminaba de actuar. Su pasión por el teatro le alcanzaba para todo.

"El teatro es un salto triple sin malla de protección. Esa conexión con el público que uno puede sentir hasta por la respiración de la gente o por la forma en que se acomoda en su asiento me conecta con el auditorio". Esa certeza es la fuerza que la conecta con las tablas, su gran pasión.

Paralelamente a sus actuaciones y producciones en La Mama, Consuelo incursionó en televisión. Su primer papel lo hizo en Hogar dulce hogar, el preámbulo de Yo y Tú. Allí, como la `Cuqui, cautivó a la audiencia nacional de la televisión en blanco y negro de finales de los sesenta y principio de los setenta y demostró su vena de comediante, la misma que sacó, 42 años después, con su papel de Finita.

Entre la `Cuqui y Finita hay también una larga lista de telenovelas con papeles en donde representaba mujeres de carácter, como siempre, más viejas que ella, acartonadas a incluso crueles. Los Cuervos, Quién le teme a Virginia Wolf (adaptación para televisión), El Viejo, La Tía Julia y el escribidor, Gracias por el fuego, La pezuña del diablo, Testigo ocular, Quieta Margarita, La viuda de blanco, Punto de giro, Los pecados de Inés de Hinojosa, Juegos prohibidos, Merlina mujer divina, Mujeres asesinas, EL cartel de los sapos, hacen parte de once páginas que completan su hoja de vida.

Entre telones, y en medio de todas estas producciones, Consuelo también hizo cine, locución y publicidad. Por 20 años tuvo una agencia en donde pudo hacer dirección de comerciales. Pero su papel inolvidable, uno de los que recuerda con más cariño, fue la Tía Sena en Caballo Viejo, una telenovela que se le quedó en el corazón por la estupenda factura, la gran dirección, los libretos y la belleza de su anciano personaje.

En casa

Consuelo es una mujer dulce y pausada. Quizás sus interpretaciones en televisión la han mostrado como una actriz de papeles fuertes y un poco más vieja, pero en su vida cotidiana es una mujer jovial, que ama su soledad y la convirtió en su forma de vida. "Cometí dos veces matrimonio, pero me rajé", lo reconoce. Mientras estuvo casada sabía que su mente y su alma estaban puestos en los papeles que estaba interpretando, "eso para un marido no debe ser nada agradable, yo ni les paraba bolas porque mientras me hablaban yo pensaba en el libreto".

Lo suyo, dicen los amigos, familiares y colegas es una entrega loca por su profesión. Ella no tiene problema en llegar a la locación de grabación a las 6 de la mañana y salir a las once de la noche. Celmira, su hermana (también actriz) afirma que "Consuelo vive imbuida en ese mundo".

Le gustan las cosas a tiempo y para no desesperarse en las largas horas de grabación, teje. "Todos los que han trabajado conmigo en novelas salen con algún recuerdito tejido", dice. Esa es su forma de aplacar su impaciencia, un defecto que reconocen quienes están cerca.

No tuvo hijos, dos embarazos fallidos de su primer matrimonio le despertaron su instinto maternal, ese que ha podido satisfacer profundamente con Laura, su sobrina. Con ella, con Celmira y con su gran amigo, el pianista Germán Hoyos, pasa sus días de descanso en Providencia, en una casa que construyeron las Luzardo para refugiarse en familia, cuando pueden.

Es una lectora disciplinada que solo añora sacar más tiempo para la cantidad de libros que tiene represados en su mesa de noche desde hace un año. En su casa, en medio de objetos clásicos, disfruta de Bogotá, en el Bosque Izquierdo, un pedacito del centro que todavía guarda un encanto especial para ella, pues su papá fue arquitecto en la zona.

Por esas calles que recorrió de la mano de su padre camina ahora, entra a los restaurantes, se goza los buenos platos y asiste a cuanto concierto de música clásica puede mientras sus grabaciones se lo permiten.

También allí disfruta de otro arte que descubrió por casualidad: la culinaria. Se ha vuelto una gran cocinera, ensaya, prueba, inventa y sus almuerzos son un pretexto para reunir a su familia en casa. Su última preparación fue un estupendo salmón teriyaky.

Su siguiente plato se está cocinando. A 8 días de terminar las grabaciones de esta comedia, ya prepara sus ingredientes para caracterizar un nuevo personaje en una producción secreta de RCN.

Tomado del periódico el Tiempo, 8 de febrero de 2009 


 

   

Solitaria por decisión 

por Ernesto Zota Correa

Hace 34 años, luego de separarse por segunda vez, Consuelo Luzardo decidió instalarse en el Bosque Izquierdo, barrio que su padre, Julio César Luzardo, construyera en los años cuarenta, en el centro de Bogotá. De este lugar conserva gratos recuerdos de infancia, como cuando jugaba con María, su mamá, en el Parque de la Independencia.

"Vivo sola todo el tiempo, fue algo que se dio. Tal vez uno se vuelve un poco egoísta porque ya no debe preocuparse por la hora de llegada o avisar que se demora; además, nuestra labor es tremendamente absorbente". Cree que las cargas de trabajo pudieron afectar sus matrimonios, llevándola a dedicarle su existencia entera a la actuación.

Los amores que más recuerda los ha sostenido en la pantalla. "Han sumado más años mis matrimonios con Pepe Sánchez y Carlos Muñoz en las novelas, que mis uniones en la vida real", sostiene la bogotana con una sonrisa. Sus compañeros de set se convierten también en su familia; tanto así, que muchas veces entre corte y corte teje prendas que luego rifa a la hora del almuerzo.

Contra la timidez

Desde que pisó la Escuela Nacional de Arte Dramático, a los catorce años, ella supo que su destino estaba ligado a las tablas. "Sentí algo tan grande, que me dije: ‘Quiero hacer esto el resto de mi existencia’", dice. Nadie, ni siquiera sus padres, apostaban a que la tímida niña de ese entonces se convirtiera en una de las actrices más respetadas de Colombia.

"Es contradictorio que un actor pueda ser tímido, pero los más asocíales los conozco dentro del medio", señala. Ella admite que le cuesta entablar una conversación con personas que no conoce. Por eso, la interpretación de un personaje en un escenario y una platea llena, se convierten en una posibilidad de fuga.

Son escasas las épocas en las que Consuelo está sin trabajar. Luego de 52 años de carrera artística, los productores la siguen buscando, y el público recuerda con cariño a la tía Cena en Caballo viejo, la ‘Cuqui’ de Yo y tú o Alfonsina Pumarejo, su personaje en Chepe Fortuna. Los días libres los aprovecha para sus revisiones médicas y odontológicas, pagar sus cuentas y almorzar con amigos, como Ricardo Camacho, Víctor y Helena Mallarino y Gloria Gómez.

Un capítulo especial en su existencia lo protagonizan su hermana Celmira y su sobrina Laura. Al referirse a ellas, con su expresión demuestra el cariño que les guarda. "Cuando Celmira iba a nacer, mi mamá, por evitar los celos, me persuadió de que yo sería su segunda madre. Hoy sigo convencida de lo mismo. Mi sobrina Laura es el amor de mi vida; cuando pienso en ella siento algo muy grato, muy cálido", comenta emocionada.

Laura es una científica de 24 años y se encuentra cursando una maestría en la Universidad de Oxford en el Reino Unido. Se comunican por Skype y pasan juntas las navidades. El año pasado estuvieron en Varanasi (India), pero también han celebrado en la Costa Amalfitana en Italia o en Providencia, donde el trío inseparable (con Celmira) tiene una casa a la orilla del mar y disfrutan de unos buenos rones a ritmo de reggae.

Consuelo Luzardo sigue disfrutando el madrugar a interpretar personajes, y no le ve problema a trasnocharse aprendiendo las líneas para el día siguiente. Eso demuestra que la pasión por su arte sigue intacta desde el primer día. "Mientras pueda caminar y tenga memoria, seguiré haciendo realidad mi sueño de actuar, puntualiza.

La beata

El rehén fue la primera obra que presentó el Teatro Nacional. Hoy una nueva versión, donde Consuelo interpreta a la beata que intenta sacar del bajo mundo a los pecadores que frecuentan un hostal venido a menos, en las calles de Dublin (irlanda). En 1981, la dirección estuvo a cargo de David Stivel, y ahora el montaje corre por cuenta de Germán Jaramillo.

Mamá sobreprotectora

En Mamá, tómate la sopa encarna a Berta, la madre sobreprotectora de un solterón (Ricardo Leguízamo-Roca) y una peluquera (Paola Turbay). Es una película de humor negro que se estrenará este diciembre, bajo la dirección de Mario Ribero y la producción de Babilla Cine. Para Consuelo, este filme es una reflexión acerca de los espacios de comodidad que se pueden tener en la vida, y hasta dónde es bueno el hotel mamá.

Tomado de la revista 15 Minutos, No.35, diciembre de 2011
   

 

Toda la vida en el escenario


De niña pensaba que sería arquitecta, como su padre. Sin embargo, cuando a los 14 años ingresó en la Escuela Nacional de Arte Dramático, no tuvo ganas de querer hacer otra cosa distinta que actuar. “Llegué por accidente. Una amiga contó que habían abierto la escuela y yo fui”. Sus padres pensaron que sería flor de un día, porque Consuelo era tímida. Sin embargo, el Teatro Colón se convirtió en su segundo hogar: “De allí no volví a salir nunca”.

EConsuelo Luzardos una convencida de que la timidez es una condición con la que se nace y, a pesar de más de cincuenta años en escena, no la ha vencido. “Tal vez se aprende a manejarla". Los nervios que sintió la primera vez perduran hasta hoy, y los describe como una adrenalina que siente de forma tan especial, que solo logra que la profesión sea más enviciadora. “Es una sensación que gusta".

Esta actriz, que en mayo del 2015 cumplirá 70 años, recuerda que, siendo menor de edad, pasó del teatro a la televisión. “Era algo lógico, porque la televisión era muy incipiente y se alimentó del teatro y de la radio”. Llegó a la pantalla chica de la mano de Víctor Mallarino, su mentor y maestro. “Cambié de dirección, porque ya no iba al teatro de la calle 10, sino a la calle 24”. Fueron 15 años de televisión en vivo y, aunque sus padres no estaban convencidos de la carrera, con el correr del tiempo la aceptaron e, incluso, sintieron orgullo por su hija actriz. Su hermana menor, Celmira, también seguía sus pasos.


Haciendo televisión en directo, experimentó un sinnúmero de anécdotas, desde la silla que se cae hasta la letra que se olvida y que, con habilidad, se procura recordar.  Recuerda más las de sus colegas a la hora de hacer comerciales, que las propias, como la de Pacheco cuando promovía una cerveza y, luego de hablar maravillas, tuvo que tomársela, a pesar de que había en ella una enorme mosca, o la de Otto Greiffenstein al hablar de una maleta resistente y, al demostrarlo, se rompió.

LA MODERNIDAD

Pero, con las limitaciones que podía haber en ausencia de tecnología, la actriz considera que esa televisión era de más contenido. “Ahora, tenemos todos los juguetes para hacer lo que al escritor se le ocurra, pero se cuentan unas historias bobas o una fórmula que se repite porque es exitosa”.

No recuerda con exactitud cuándo grabó su primera novela, pero sí que no había cómo editar, asi que debían grabar todo de corrido. De los cientos de personajes que ha interpretado en su vida, recuerda con especial cariño a la tía Sena, porque, 30 años después de hacerlo, aún se la mencionan en la calle. Fue en la novela San Tropel. Antes había saltado a la fama como Cuqui en Yo y tú.

Sin embargo, la actuación no era la única actividad que esta bogotana realizaba. Desde muy joven, y procurando una entrada fija y extra que le permitiera una vida holgada, se dedicó a la publicidad. Entre 1965 y 1985, alternó sus dos actividades, “Hasta que me di cuenta de que no podía seguir con ese ritmo: ¡eran 18 o 19 horas diarias!”. Y es que esta actriz ha sido práctica toda su vida, y asegura que, gracias a su forma de ser, ha tenido una vida cómoda. “No soy ese tipo de personas que se gastan todo en vacas gordas y, en las flacas, no tienen nada. Sé que siendo actriz, era necesario ser organizada, y lo soy por educación y formación”.

Jamás se ha arrepentido de ser actriz. “Para mí, actuar es lo que me llena, me emociona”, Su practicidad también la lleva a negarse a hacer balances para saber qué le hace falta o qué papel quiere hacer.

Ahora, además de su obra teatral, Voz, comedia negra sobre la eutanasia, se prepara para ver en pantalla El laberinto de Alicia, su más reciente novela.

Tomado de la Revista VEA, Edición No. 0061, 22 de agosto de 2014