Ali Humar Gonzalez

Mesitas del Colegio, Cundinamarca

Actores, Directores, Presentadores

Personaje

 


Alí Humar

actor, director, presentador

   
 

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Director - filmografía
  1. "Tabú" (1999) TV Series
  2. "Castillo de naipes" (1998) TV Series
  3. "Copas amargas" (1996) TV Series
  4. "Señora Isabel" (1993) TV Series
  5. "Herencia maldita" (1990) TV Series
  6. "La daga de oro" (1988) TV Series
  7. "La hija maldita"
  8. "Los cuervos",
  9. "Lola Calamidades",
  10. "Sueños y espejos..."
  11. "El ángel de piedra" *
  12. La U - Serie juvenil de la cual hizo los libretos *
  13. Anabel, serie *
  14. Programa Concurso La Campana - Presentador y director *
  15. Libretista Director de Teatro Romántico *

Actor - filmografía

  1. "Siete veces Amada" (2002) TV Series .... Farid
  2. "Cando" (1967)
  3. "La hija maldita"
  4. "Crónica de un amor" (1968)
  5. "La ciudad grita" *
  6. El candidato" (1978) **
  7. "Estafa de amor" *
  8. "La Perla" *
  9. "Caminos de gloria" *
  10. "La herencia" *
  11. "La enemiga" *
  12. "Vendaval" *
  13. "Antón García"
  14. "La Vorágine" *
  15. "La feria de las vanidades" *
  16. "La mala hora" *
  17. "Recordarás mi nombre" *
  18. "Rojo y negro" *
  19. "Lejos del nido" *
  20. "La abuela" ... Benjamín *
  21. "Caín y Nuestra Señora de la Buena Muerte" *
  22. "La mala hierba" .... El turco *
  23. Alí Ben Hala (comedia) *
  24. "Teresa Valverde" *
  25. Teatro Popular Caracol *
  26. Teatro Universal *
  27. Teatro Cinevisión *
  28. Teatro Coltevisión *
  29. Historias de amor *
  30. Caso Juzgado *
 
 
Información cortesía The Internet Movie Database. Con permiso
* Datos gentilmente suministrados por el periodista Fernando Sarmiento, 2005, de Barranquilla
** Dato tomado del libro Largometrajes Colombianos en Cine y Video, 2005

 

 
 

Las Mil y una noches

por Victor Manuel García

SU HISTORIA COMIENZA EN PALESTINA, PASA POR MESITAS DEL COLEGIO Y TERMINA EN BOGOTÁ, DONDE ALÍ HUMAR HA HECHO Y ESCRITO SU PROPIA VIDA

Alí Humar no habría nacido, si su padre no hubiera cambiado a Elvira por Solita González. Entonces, no sería un reconocido director, tampoco un elogiado actor ni un divertido presentador, en su larga trayectoria artística. Si su papá, Yuseff Omar, no hubiera atravesado el Atlántico, proveniente de un lejano lugar de Palestina, ni hubiera ido por curiosidad a Mesitas del Colegio, ni dejado a su novia Elvira para casarse con la triste y despechada hermana de ésta (Solita), Alí Humar no existiría en este mundo.

Todo comenzó en los años 20, cuando en busca de fortuna, el joven Yuseff Omar zarpó en un barco de Jaffa (Palestina) rumbo a América, y se quedó en Puerto Colombia, donde cambió su nombre por uno que escuchó pronunciar con facilidad al inspector de Aduanas: Alfredo. Era la época de juventud de Yuseff.  Instantes de vida que enriquecía soñando y aventurando por lugares desconocidos. Por eso, ese ímpetu juvenil le alcanzó para tomar impulso y llegar hasta nuevas tierras, en donde la vida se encargaría de dibujarle, paso a paso, nuevas circunstancias. 

Alfredo Humar vivió dos años en Barranquilla y, luego en Bogotá, puso una miscelánea a la cual llamó Almacén Nilo, cerca de la iglesia de Las Nieves. Una vez, estando en la estación de La Sabana, escuchó el nombre de Mesitas del Colegio, y se prometió algún día visitarla. Le pareció un nombre mágico. Le encantó escuchar que era tierra templada, llena de paisajes verdes y pletórica en mujeres tórridas. 

Cumplió su promesa y viajó. Emergió como una verdadera aparición. Llegó un día de mercado, sobre un corcel blanco, escoltado por 10 mulas cargadas de maletas y telas, como todo un `majito. El domingo siguiente, la familia González, una de las más ricas de la región, bajó de su hacienda y conoció el famoso almacén. Alfredo congenió con los González, incluidas sus hijas Solita y Elvira, y terminó perdidamente enamorado de esta última. 

Solita, entre tanto, se casó con un caleño de apellido Giraldo y pronto en su vientre quedó el fruto de ese amor; con tan mala suerte que su marido resultó bígamo y, al descubrirse su patraña, desapareció para siempre del pueblo. Solita quedó abandonada y burlada y con tres meses de embarazo. Alfredo le propuso a su novia, Elvira, que les dijera a sus padres que, si estaban de acuerdo, se encargaría de Solita y del hijo contrayendo matrimonio con ella. Elvira quedó estupefacta, pero su familia agradeció la propuesta de Alfredo, y aceptó de inmediato. De esa forma, Alfredo Humar contrajo nupcias con Solita González, adoptó al niño, aunque le dejó el apellido Gualdo, y posteriormente tuvieron sus primeros cuatro hijos: Yamile, Farid, Zoad y Alí. 

A GUATEMALA 

De repente, decidieron vivir en Bogotá, en el barrio La Soledad, donde Alí y sus hermanos estudiaron en los más exclusivos colegios de la ciudad. Sin embargo, el negocio de Alfredo quebró y en 1957, totalmente arruinado, partió con su hijo Alí hacia Guatemala en busca de oportunidades. Y se fue con Alí porque había sido desaplicado y había perdido algunos cursos en el colegio. Alí, en Guatemala, le ayudó a su papá a vender ropa de puerta en puerta como el mejor de los turcos.

Recuperado económicamente, el viejo se llevó a su mujer y a sus 10 hijos a ese país. Era la época en que a Alí ya le gustaba el teatro, meterse en la piel de personajes ajenos y entender la profundidad de sus almas. Entonces, el joven ya participaba en la obra La ira del cordero, a la cual invitó a su padre para que lo viera hacer sus pinitos como actor. 

Alí recuerda el instante con bastante sorna, pero con esa capacidad que posee para recordar nítidamente los momentos más importantes de su vida. En consecuencia, como en una película que se va proyectando sin tregua, suelta su rollo: Alí, como Caín, mató a Abel en la obra. Y Alfredo, sentado en platea, se incorporó de la silla y, alzando sus brazos al aire, como un endemoniado, pegó un enorme alarido en el que le ordenaba a su hijo bajarse del escenario porque la gente iba a creer que era un criminal. 

Así arrancó Alí en el mundo artístico. Pasaron los años y Solita, su madre, partió de este mundo. Solo y acongojado, Alfredo le pidió a su hermano menor que le mandara una mujer de Palestina: llegó Nama, con quien tuvo un hijo llamado Camilo. Pero Nama y el pequeño murieron intoxicados y años después, Alfredo -o Yuseff Omar- abandonó para siempre esta vida. 

EL CURSO ARTISTICO 

En 1967, luego de vivir durante siete años en Europa, Alí regresó a Colombia. Se vinculó al grupo de teatro de Santiago García y permaneció en él durante tres años, pero por cuestiones económicas trabajó en las radionovelas de Caracol. Cuando Bernardo Romero lo vio trabajando, le propuso que actuara en televisión, y Alí, que se negaba rotundamente a estar en la pantalla chica por ese orgullo de los teatreros, terminó aceptando porque necesitaba sobrevivir. Entonces, debutó en la telenovela Candó. Y desde hace 35 años no para.

Actuó en infinidad de teleseries, presentó programas como La campana, y cuando fue contratado en Cinevisión para que hiciera parte del elenco de Amelia, el gerente de la programadora, Manuel Camargo, le pidió que dirigiera la producción porque el que lo iba a hacer inicialmente, ya no iría.

En Caracol lo vieron dirigir y de inmediato lo llamaron para Teatro popular. Ya lleva 22 años dirigiendo, y le gusta. Le desagradaba dirigir y actuar al mismo tiempo, como en la novela La hija maldita. Le molestaba la falta de profesionalismo. La falta de técnica. Fue por eso que optó por estar detrás de escena, perfeccionando lo que cuestionaba, mejorando lo que le molestaba. Ese es Alí. Perfeccionista. Sumamente profesional. Habla por sí so lo su trabajo como director en Los cuervos, Señora Isabel, Lola calamidades, Sueños y espejos...

Justamente, Bernardo lo devolvió a la actuación. Y lo devolvió porque cuando creó en el papel a Farid, el turco de Siete veces Amada, lo comparó mucho con el viejo Humar. Por eso, Bernardo le propuso a Magdalena La Rotta, la directora, que el preciso para el personaje era Alí. Pero Alí pensaba que lo de actuar era una etapa superada. Sin embargo, le ofrecieron todas las posibilidades y facilidades para que pudiera complementar muy bien su trabajo de director de Sábados felices con la novela. Aceptó con cierto temor. Con los nervios que producen la falta de familiaridad con algo que había dejado de hacer hace más de 20 años. En realidad no sabía cómo le iba a responder la memoria. Se sorprendió. Porque su memoria estaba intacta. Ahora mismo, viaja cada 15 días a Honda, Tolima, a grabar la novela y 15 días permanece en Bogotá con Sábados felices.

Del viejo Humar, dice Alí, Farid tiene la cultura turca. Esa de historias absolutas, llenas de misterio y sonidos misteriosos y cargados de cadencia. También se parece en que no compraba una sola fruta, sino llevaba a su casa bultos de frutas! No obstante, confiesa que Farid habla perfectamente español. El viejo Humar, en cambio, no lo hacía.

Lo de la actuación, dice por ahora, es todo un paréntesis en su vida. A lo mejor le propongan de nuevo actuar y él acepte. Hoy lo disfruta, dirige y comparte feliz sus momentos de ocio con su familia. Alí Humar no planea. Sencillamente está muy bien con lo que tiene en Caracol, donde considera que se le ha permitido trabajar. Son 43 años en el medio, pero no se le olvida aquel debut en Guatemala cuando su padre se sobreactuó. Tampoco olvida que gracias a que su padre cambió a El vira por Solita, él existe y ha tenido su propia actuación en la vida. iCosas de majitos!

Tomado de la Revista TV y Novelas, No. 334, julio 22 de 2002


 
 
ALí HUMAR

Llego a la TV por un azar del destino, en 1958. Tenía 13 años y quería votar por un participante negro y ciego del programa de actuación El primer aplauso y sin saber llenó una hoja de inscripción. Lo llamaron y ganó una beca para la escuela del maestro Bernardo Romero lozano. Aunque no comulgaba con la pantalla, la falta de plata lo hizo aceptar el protagónico de Crónica de un amor(1968), con María Angélica Mallarino. Dirigió Los cuervos y Señora Isabel

Tomado del periódico El Tiempo, 11 de junio de 2004


   

SU SUERTE ESTÁ ECHADA

EL DIRECTOR DE SÁBADOS FELICES CUENTA QUE LLEGÓ A LA PANTALLA CHICA POR PURA CASUALIDAD Y QUE SU PADRE ESTUVO A PUNTO DE DAÑARLE LOS PLANES, LECTOR VORAZ Y CONVERSADOR AMENO, SE DECLARA AMANTE DE LA HISTORIA Y COLECCIONISTA EMPEDERNIDO DE TODO TIPO DE DADOS.

Por Martín Franco Vélez

Hablar de Alí Humar implica referirse a uno de los iconos más emblemáticos de la televisión colombiana. Y aunque muchos saben que, junto a personajes como Fernando González Pacheco y Gloria Valencia de Castaño, Alí se encargó de abrirle camino a la pantalla chica por allá en los años cincuenta, y que en su hoja de vida figuran producciones memorables como Señora Isabel, Los cuervos y Tabú, pocos conocen que llegó a la actuación por pura casualidad y que al principio le costó muchísimo trabajo ejercerla.

Ali Humar, director, actorEl mismo lo recuerda ahora, sentado detrás de un escritorio en una pequeña sala de su casa al norte de Bogotá. Atrás hay una ventana que da contra los cerros y, a su lado, un sofá rosado en el que descansa Pancho, el perro chihuahua que vive con su familia desde hace cuatro años. Lo recuerda sonriendo mientras explica, con la voz gruesa y esa gentileza innata, cómo sucedió todo.

"Cuando nació la televisión, en el año 54, se creó un espacio para buscar actores que se llamaba El primer aplauso. La dinámica era sencilla: la gente se inscribía mediante unas boletas que le daban en varios almacenes, iba al programa, lo ponían a competir con otros aspirantes y el público votaba por su favorito. Yo tendría unos 12 años y siempre lo veía, hasta que un día me animé a pedir una boleta para votar por un negro que me impactaba mucho porque hacía de ciego. Lo que pasa es que, por error, me dieron un formulario para participar que llené sin darme cuenta; solo al final escribí que votaba por el negrito. A los pocos días me llamaron a decirme que había quedado seleccionado. Lo chistoso es que fui, competí, gané y obtuve una beca para estudiar teatro en la academia de Bernardo Romero Lozano y Boris Roth. Ahí empezó todo".

Y empezó, pues, pese a que su padre nunca estuvo de acuerdo con que actuara. Tanto así que cuando se fueron juntos a vivir a Guatemala porque el negocio de su papá quebró, Alí se metió a escondidas en una academia de teatro. Entonces ayudaba a su padre en el día vendiendo telas de puerta en puerta y, cuando terminaba, se iba a actuar. Un día le contó. Le dijo que iba a estrenarse una obra -La ira del cordero, en la que interpretaba a Caín, el hijo mayor de Adán y Eva, y que quería que lo acompañara en el estreno. Luego de varias súplicas, su padre aceptó.

"Cuando se abrió el telón lo primero que vi fue a mi papá en primera fila con una camisa de palmeras mientras el resto de la gente estaba elegantísima, porque eso era con cuerpo diplomático a bordo -cuenta Alí-. Luego, en la escena en que yo tenía que matar a Abel, el hombre se paró y empezó a gritar: ¿Qué es esa payasada, hombre? ¡Un hijo mío qué va a hacer eso!. Todo el teatro le pedía que se callara, pero él me miró, muy serio, y me dijo: Alí... ¡Camine ya para la casa! ".

Pese a que años más tarde estudió Filosofía y Letras en Estrasburgo, y se dejó impregnar por toda esa cultura de izquierda que en la segunda mitad del siglo XX soñaba con hacer la revolución, al final su destino estaba en la televisión. "Cuando regresé a Colombia llegué a tomarme el poder -dice con sarcasmo-. ¡Mi idea era entrar por la carrera séptima a caballo!". Pero la realidad y su vocación terminaron jalándolo y Alí, entonces, no pudo escapar de la pantalla chica. Y ahí ha estado durante más de cincuenta años.

Hay dos pasiones, entre muchas, que se destacan en la vida de Alí: su obsesión por la historia -que lo ha llevado a hacer varios programas del tema en la televisión nacional-, y su curiosa manía de coleccionar dados. La primera se consolidó hace más de 25 años gracias al Noticiero de la historia, un programa que hizo con Coestrellas y que tuvo la fortuna de revivir hace poco con motivo del Bicentenario. "Lo mejor de ese trabajo era que uno debía investigar mucho para encontrar aspectos desconocidos y hacer ver la historia como lo que en realidad es: un tema apasionante", dice Alí.

Por eso cuenta que le encantan personajes como Hermógenes Maza, un general colombiano de la independencia "absolutamente metepatas, imprudente y mal hablado"; que admira a Antonio Nariño, un "aristócrata que a pesar de ser favorecido por el régimen trabajó soterradamente en la revolución"; y que le gustan, por su excentricidad, el emperador Calígula y Napoleón.

Su afición por los dados -dice Alí- surgió casi sin darse cuenta. "Hace 20 años éramos muy aficionados al juego; nos reuníamos todos los jueves en la noche con Pacheco, Alvaro Ruiz y Julio César Luna a jugar Generala, un juego argentino de dados que trajo aquí Carmen de Lugo, la mamá de Bernardo Romero Pereiro. Un día mi suegra me trajo de París unos dados muy lindos de nácar que luego alguien vio y, pensando que coleccionaba, me regaló algunos más. Los puse en una repisa hasta que se me fue volviendo una obsesión; en cada viaje que hacía buscaba los dados más raros: unos cargados que dan los números que usted le programe, otros redondos, de metal, de madera, de hueso, unos más que echan luces... hay de todo. Una vez, recuerdo, pagué 70 dólares por un solo dado que compré en Canadá".

Como buen conversador, Alí cuenta, también, que la televisión de hoy ha perdido la mística ("ahora es un negocio en el que hay mucha condescendencia con lo comercial"); que adora el teatro por encima de todo; que se considera un mamagallista a pesar de que odia contar chistes; que es un lector voraz y vive a la caza de nuevos autores colombianos, y que ama la naturaleza y por eso aprovecha para pasar varios días al año en una finca que tiene con su esposa en Chinchiná, Caldas.

Y es que, como reconoce con una amplia sonrisa, hoy tiene la suerte de conseguir lo que muchos desean: "Ahora me doy el lujo de seguir siendo productivo y tener tiempo disponible -dice-. Y eso es bueno porque uno puede ganar mucho, pero si no tiene un minuto para sacarle provecho a sus utilidades, no sirve de nada".

Tomado de la revista Cromos No.4809, 6 de mayo de 2011


Ali HumarComo actor pionero encabezando elenco de telenovelas: Candó, La Hija Maldita, Crónica De Un Amor, La Ciudad Grita, Estafa De Amor, La
perla, Caminos De Gloria, La Herencia,La Enemiga, Vendaval, Antón García, La Vorágine, La Feria De Las Vanidades, La Mala Hora, Recordarás Mi Nombre, Rojo Y negro, Lejos Del Nido, Teresa Valverde, La Abuela, Ana Frank, La Mala Hierba. Teleteatros de Coltevisión, Cinevisión y Popular Caracol. Muchos años luego volvió a la actuación en novelas como: Siete Veces Amada y Sin Senos No Hay Paraíso.
como director de exitosos dramas: Los Cuervos, El Ángel De Piedra, Lola Calamidades, Flor De Invierno, Herencia Maldita, Señora Isabel, La Fuerza Del Poder, El Hombre De La Flor, La Quinta Hoja Del Trébol, Amor Amor, Sueños Y Espejos, Copas Amargas, Geminis, La Daga de Oro, La Sombra De Otra; Entre otras y unitarios; como Suspenso 7:30, desde hace años no dirige telenovelas y está dedicado a dirigir Sábados Felices, el programa de humor más antiguo de la televisión colombiana.
 — con Juan Carlos Jiménez,Xiomara Xibillé, Sofia Saad Issa y 44 personas más. perla, Caminos De Gloria, La Herencia,La Enemiga, Vendaval, Antón García, La Vorágine, La Feria De Las Vanidades, La Mala Hora, Recordarás Mi Nombre, Rojo Y negro, Lejos Del Nido, Teresa Valverde, La Abuela, Ana Frank, La Mala Hierba. Teleteatros de Coltevisión, Cinevisión y Popular Caracol. Muchos años luego volvió a la actuación en novelas como: Siete Veces Amada y Sin Senos No Hay Paraíso.
como director de exitosos dramas: Los Cuervos, El Ángel De Piedra, Lola Calamidades, Flor De Invierno, Herencia Maldita, Señora Isabel, La Fuerza Del Poder, El Hombre De La Flor, La Quinta Hoja Del Trébol, Amor Amor, Sueños Y Espejos, Copas Amargas, Geminis, La Daga de Oro, La Sombra De Otra; Entre otras y unitarios; como Suspenso 7:30, desde hace años no dirige telenovelas y está dedicado a dirigir Sábados Felices, el programa de humor más antiguo de la televisión colombiana.
 — con Juan Carlos Jiménez,Xiomara Xibillé, Sofia Saad Issa y 44 personas más.

Tomado de https://www.facebook.com/NostalgiaTelenovelasColombianas/photos/a.449463891927639.1073741827.449461291927899/483586311848730/?type=3&theater



De los dramas a la risa

El muchacho que nunca habla soñado con el teatro ni con la televisión no pudo resistirse al efecto hipnótico que le produjo ver a un actor representando a un ciego, con una gracia y una maestría tales, que comunicaba al público su noche cerrada, su soledad y su angustia. Ese muchacho se prometió, entonces, ser actor.

Se llamaba Alí Humar, y era el hijo de un inmigrante libanes, que había recalado en América -para torcerle el cuello a un destino azaroso en la cruenta Europa de mediados del siglo XX. Conoció la televisión cuando apenas tenía un par de años de fundada en Colombia. Era el tiempo en el que las emisiones iban en directo, los anuncios publicitarios eran hechos con cartulinas, nadie hablaba del rating y casi todos los actores eran verdaderos monstruos de la interpretación.

Alí alcanzó a protagonizar teleteatros -Shakespeare, Tirso y Calderón, Moliere- y asistió, en 1963, a la llegada triunfal de la telenovela y de las programadoras comerciales, un cambio brusco, rápido y, sin duda, fascinante. Fue protagonista y galán en obras de la historia del melodrama criollo y que pusieron a los televidentes en vilo: Crónica de un amor y Cartas a Beatriz, originales del temperamental y talentoso Bernardo Romero Pereiro. "Yo nunca he sido buen actor, aunque sí he contado con un gran ángel. Y lo de galán era por mera escasez de tipos buenos mozos. El único con una pinta apropiada para esos ajetreos era Julio César Luna. A mí, por otra parte, siempre me pareció que ser galán es más una condena que una fortuna, porque impide el desarrollo actoral. El galán siempre tiene esa cara medio tonta de los enamorados".

LOS PASOS CONTADOS

Cuando Bernardo Romero Pereiro se marchó a Europa para estudiar en la Italia de los neorrealístas, de Feíiini y Pasolini, Alí decidió seguirlo, pues estaba seguro de que él sería uno del os grandes de la televisión.

Ese viaje fue el principio de gran aventura con actores de la talla de Alvaro Ruiz, Carlos Muñoz, Julío César Luna, Luis Fernando Orozco. Pepe Sánchez, Gaspar Ospina y presentadores, como Pacheco y Otto Grfeiffenstein. Así contribuyó a cimentar una época de gloria.

Nunca olvida los años de Caso juzgado, primer policiaco  con tintes de drama psicológico Él lo creó y, a veces, era actor invitado..

Hizo seriados, comedias, periodísticos y hasta musicales, pero el gran minuto de fertilidad creadora llegó cuando, merced a la programadora RTI y al gran vanguardista Fernando Gómez Agudelo, se hizo el director del oscuro y genial libretista Julio Jiménez, quizá la primera gran estrella colombiana del guión televisivo. Con él hizo Los cuervos, serie visceral, llena de una extraña y gris hermosura. Le siguieron Lola Calamidades y El ángel de piedra.

Nuevamente, con Bernardo Romero Pereiro, en su programadora Coestrellas, daría vida a ficciones de otros dos grandes: Fernando Gaitán y Mónica Agudelo. Así, aparecieron Señora Isabel, Sueños y espejos, La quinta hoja del trébol y La fuerza del poder.

EL HUMOR HIZO DE LAS SUYAS

Hace unos años, cuando su rutina eran los dramas y los seriados, Alí no habría contemplado la posibilidad de asociarse al universo del humor y de los chistes. Pero un buen día, al entregarle la sección de Entretenimiento del noticiero, Yamid Amat estaba abriéndole la puerta a una nueva faceta de su carrera. Y así, de pronto, el director de historias casi trágicas entró a la dirección de Sábados felices

“Ha sido toda una experiencia. El programa, como el humor y el país, ha madurado hasta ser realmente creativo. He gozado con la invención de las parodias, la creación de nuevas secciones y la sofisticación de los libretos y de los comediantes. Nuestro grato tránsito ha terminado por convertirnos en una entrañable familia".

Sin embargo, Alí Humar piensa que la obra más poética y refinada de sus días ha sido su vida personal: desde hace 41 años está casado con Guiomar Jaramillo, es padre de Valentina y Fabio Andrés, y está seguro de que esa feliz novela durará toda la vida, n

Tomado de la revista VEA, Edición No. 0111, Julio de 2016