Juanita Alvarez

Medellin, Antioquia

Joyeros

Joyas

 

Juanita Alvarez

diseñadora de joyas

 
 


VERSÁTIL Y VANGUARDISTA

Si bien ser joyera le viene como por herencia (su abuelo era coleccionista de precolombinos y su padre comercializa metales preciosos), talló su aptitud especial a partir de definir joya como sinónimo de arte y pieza única. De allí que los diseños de esta joven creadora encuentren espacio en las galerías vanguardistas de Medellín, donde el arte utilitario y la plástica se exponen como proyectos personales de artistas de la nueva generación.

Su vocación que era tomada como pasatiempo, la llevó a estudiar Diseño de Joyería -en el Instituto Europeo de Diseño- en Roma, donde estructuró su encanto por los materiales, y proyectó su muy versátil mezcla de formas, con los que trabaja sus collares, hechos a su gusto, que aunque siguen las tendencias de moda, imponen un estilo vanguardista.

Juanita Álvarez lee, aprende, rechaza cosas, intuye otras, no es clásica ni moderna, le interesa todo, pero al final no se queda con una escuela o con otra, sino con lo que le parece válido como trabajo de su inspiración.  

Los metales y piedras semipreciosas, plata, cristales Swarovsky y el cuero que llegan a sus manos se convierten en obras que cada tres meses ensamblan la idea de una nueva colección, con cada pieza exclusiva y única, sin repetirse, a la par que, como mujer contemporánea, ama de su vida, más que de su casa, cuida de María José, de cinco años y medio, Camilo, de 2 y de Alicia, su hija que nacerá en julio. Tres hijos y una brillante carrera que demuestran el prodigio de vivir vertiginosamente con amor por las cosas bellas.

Tomado de la Revista Fucsia No. 49, junio de 2004

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Joyas de uso diario

por Carlos Tobón

De niña jugaba con mercurio y metales preciosos. En Medellín pasaba tardes enteras viendo cómo, en el taller de fundición de su padre, convertían el oro en líquido y de nuevo en materia sólida. Preguntaba por todos los detalles químicos, físicos y técnicos. Cuando se divertía con los niños de su edad, lucía enormes collares de plástico con aretes y pulseras que hacían juego.

Por eso, cuando terminó el colegio. no le fue difícil saber lo que iba a hacer con su vida. Era claro que su profesión tendría que rondar las fronteras del diseño y decidió retomar los juegos de infancia para volverlos su forma de vida. Investigó cuál era el mejor lugar para convertirse en joyera profesional.  Optó por el Istituto Europeo di Design en Roma (Italia). Allí repasó lo que había aprendido al lado de su padre en la infancia. A lo que sabía le sumó estudios de gemología y, por supuesto, de diseño de joyas.

Tras tres años de clases se graduó pero sentía que le faltaba más trabajo de campo. Entonces se enfrentó a su primer reto: fue obrera rasa en el taller de Renato Piva en Vicenza, uno de los más importantes de Italia. Para ella esta experiencia fue "todo un posgrado".

Hace 10 años regresó a Colombia con la cabeza repleta de ideas y dispuesta ejercerla alta joyería. Hoy no descansa para que el oro, la plata y las gema  vuelvan a ser de uso diario y no sólo para grandes ocasiones. Casas europeas como Bulgari, Boucheron y Cartier la inspiraron, pero cuando comenzó su vida de joyera en Colombia se estrelló contra un muro de piedra.

El porqué no era claro. Juanita estudió, trabajó y se preparó para lograr esa meta. El problema no era ella, era de carácter técnico. Ninguno de los equipos que su mente requería existía en el país y, como consecuencia, lo que ella creaba en el papel era completamente distinto al producto final.

No se dejó vencer y, por el contrario, buscó la manera de salvar ese obstáculo. Se tomó su tiempo y hace cuatro años montó un taller con la maquinaria necesaria para cumplir con su misión de salvar la joyería tradicional.

Por eso en su obra sólo se encuentran metales como el oro, la plata y el cobre, acompañados de piedras semipreciosas, cuentas de todos los rincones del mundo, cristales, perlas, maderas preciosas, plumas, hojas y hasta pequeños fósiles. Muchos dicen que va en contravía, pero Juanita Álvarez lo hace con un sentido: recuperar el espacio que han ganado todos los que ensartan pepas de plástico y decidieron llamarse a sí mismos diseñadores de joyas.

Tomado de la Revista Cromos No.4561, 25 de julio de 2005

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Joyas que seducen al mundo 

por Angélica Gallón Salazar

Europa se deleita con el Bread and Butter de Barcelona, un macromercado fashion en donde cazadores de tendencias, diseñadores de modas, muebles y accesorios se encuentran para hacer millonarias transacciones y para tratar de descifrar qué será  lo  que marcará la parada en la entrante temporada de primavera-verano.

Entre esa inmensa superficie de 100.000 metros cuadrados que durante tres días es visitada por más de 91.000 compradores y donde se exhiben más de 900 marcas internacionales anda Juanita Álvarez, una joven diseñadora de joyas colombiana que se ha empeñado en demostrar que los accesorios han dejado su lugar secundario y empiezan a tener un valor insospechado en el gran emporio de la moda.

No es la primera vez que esta paisa asiste a una feria en donde la joyería es la protagonista. En julio pasado fue novata en el Bread and Butter, al que la llevó una alemana cazatalentos que unos meses antes había arribado a Medellín y reconoció en su trabajo "una mezcla particular de simplicidad, concepto, raíces latinas y sobre todo excelente ejecución". Juanita, además, ha conquistado a los exigentes compradores de la famosa feria Bijorhca de París, en donde con su colección Bon Voyage, trabajada a base de plata y cobre, logró hacerse un nombre entre los críticos y compradores más sofisticados de Europa.

Gracias a esto, Juanita ha descubierto  que el mercado de los accesorios es mucho más complejo que tener inspiraciones y blandir unos metales. Ahora parece imprescindible estudiar el mercado, estar en consonancia con las grandes casas de moda y tener un inventario de los caprichos que antojan a las diferentes mujeres del mundo. "Los accesorios y la joyería se han con vertido en un tema muy de moda, ahora es necesario sacar tres colecciones al año. Ya no es como antes que la gente compraba una joya y era la que usaba para todo, ahora la gente combina los accesorios con su manera de vestir", señala Juanita.

Pese a que Juanita pasó de niña interminables tardes con su padre fundiendo oro y convirtiéndolo en preciosos anillos de compromiso en el taller familiar, y no obstante que en el colegio siempre fue la envidia de todas porque lucía collares extraños que combinaban con las pulseras y los aretes, para ella el reto de triunfar en el mundo de la joyería va más allá de un capricho infantil.

Esta empresaria del metal hecho arte viaja por todo el mundo en busca de piedras que estén a la vanguardia y se acoplen a su colección. "La consecución de las gemas es una labor de exhaustivo rebusque. Todas las importo; muchas vienen de China, Tailandia o. la India", asegura Juanita. Los metales, por el contrario, los compra en el país. Sin embargo,  lo  más duro del proceso apenas comienza con la consecución de los materiales, en seguida viene un trabajo de fundición y tallaje, de una gran exigencia manual.

Durante sus diez años en el mundo de la joyería, Juanita se ha dado cuenta de que la única forma de hacer de este un negocio rentable es entender y manejar muy bien todos los ciclos de la cadena. Por eso esta diseñadora está preparada para direccionar las aleaciones y los golpes de martillos que requieren las joyas, toda vez que fue obrera rasa en el taller de Renato Piva en Vicenza, uno de los más importantes de Italia. Pero a la vez entiende qué es  lo  que busca la compradora en el punto de venta, qué tipo de asesoría espera y con qué se quiere encontrar.

Sobresalir en el mundo de la joyería no parece fácil para ningún creador colombiano, o por  lo  menos así  lo  ha sentido Juanita, que a  lo  largo de su trabajo ha tenido que afrontar difíciles obstáculos que pasan desde falta de preparación y carencia de maquinaria hasta una vacua cultura de la joyería. "No voy a descansar hasta que el oro, la plata y las gemas vuelvan a ser de use diario y no sólo para grandes ocasiones", asegura Juanita, sin olvidarse de los amargos días que pasó cuando recién llegó de estudiar en el Instituto Europeo de Diseño de Roma y sacó una colección en oro y piedras semi preciosas demasiado sofisticada, que no tuvo la acogida que esperaba.

Así, esta joyera, que ha acompañado ya en tres ocasiones a la diseñadora Isabel Henao, que admira a Fabergé como el maestro de alta joyería, que nunca deja su reloj Cartier cuando sale de casa y que ama los accesorios de Chanel, abre el camino para los creadores colombianos que, con pequeños sueños y grandes diseños, conquistan mercados casi inexistentes en el panorama nacional.

Tomado del periódico El Espectador, 20 de enero de 2008