Fabian Alzate

Fotografos

Paisaje

 

Fabián Alzate

fotógrafo


Fabián estudió durante seis años filosofia en la Universidad Nacional de Colombia, su tesis sobre Marx quedó inconclusa cuando en un mornento de crisis decidió hacerse fotógrafo.

Ha alcanzado gran reconocimiento entre artistas y galeristas por la calidad de sus registros. De ahí que las reproducciones de muchos libros y catálogos sean de él. Las obras de Roda, Obregón, 0lga de Amaral, Carlos Jacanamijoy y muchos otros, han sido tomadas por su cámara. Muy cercano al mundo editorial, las fotografías de Fabián aparecen regularmente en las revistas Número, Pasaporte Avianca Plus, Diversa y Síntesis.

Desde hace unos números colabora en MUNDO. La arquitectura ha sido otro de sus campos de trabajo llevándolo a participar en el libro de la XVIII Bienal de Arquitectura. Pero su gran pasión ha sido la naturaleza que lo ha llevado a emprender largos viajes y también a concentrarse en su cultivo de orquídeas. Entre la magnitud del paisaje y el pequeño detalle se desplaza este fotógrafo.

Para comprender a Fabián tenemos sus propias palabras

`Tal vez porque me inicié como fotógrafo en un momento de crisis en mis estudios de filosofía, he evitado siempre la justificación teórica; lo que he hecho, ha sido por el simple placer de gozarme la naturaleza. Dos cosas me han ayudado: no haber estudiado en una facultad de artes y la aceptación de lo documental, en donde lo esencial es la precisión del registro."

Tomado de la Revista Mundo, No.9, agosto 14 de 2003

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La noche del tiempo

a sensación de recorrer un período de la historia como quien se pierde en un laberinto es acentuada por la sucesión de espacios envueltos en la noche. En la profundidad de la noche, la imagen de Mont Saint Michel es la de un gran volumen esculpido a golpe de luz. Todas las construcciones son proyectadas y rescatadas de la oscuridad por rayos ascendentes de luz de diferente intensidad que van configurando los espacios, las líneas, los volúmenes, los colores, las texturas y los niveles. Desde la distancia se puede apreciar la proporción y magnitud de un proyecto que necesitó varios cientos de años para su materialización: sobre la pequeña cima se edificó una inmensa abadía cuya sola iglesia posee una superficie mayor que la superficie de la cima. Para lograrlo, el conjunto integrado de todos los espacios de la abadía funciona como una gran plataforma que sirve de base a la iglesia. El resultado es una estructura casi monolítica, fundamentada y cerrada sobre sí misma que, a falta de superficie sobre la cual construir, recupera el espacio proyectándose y aligerándose hacia lo alto, hacia el cielo, hacia el infinito. En el interior el sistema de iluminación recuerda una gran escenografía del cine expresionista alemán en la que la alternancia de las fuertes luces y las sombras profundas hacen emerger por momentos las diferentes concepciones del espacio y del volumen según cada época; la sensación de recorrer un periodo de la historia como quien se pierde en un laberinto es acentuada por la sucesión de espacios envueltos en la noche. Si muchos elementos esenciales para una valoración completa de la historia arquitectónica del lugar permanecen ocultos en las sombras, particularmente el coro gótico de la iglesia abacial, es porque se quiso, de alguna manera, recuperar algo de la función originaria del lugar como espacio ritual y simbólico y no sólo como monumento de arquitectura. Se trata de una teatrali-zación a través de la luz, sí, pero ¿qué ritual puede prescindir de la teatralización y el escenario?