Ana Maria Escallon

Bogota

Críticos

Figura Humana

Ana María Escallón

crítica de arte

 
 


ENSAYOS

Arte Joven

En 1922 en Sao Paulo se declaró legítimo lo que hacen los artistas jóvenes.  En estos momentos irrumpe en Colombia una nueva generación de creadores plásticos

Juventud, divino tesoro, te vas para no volver, pienso sobre el tema del arte joven porque el uso del adjetivo cumple una función calificativa, deberá tener una razón lógica. Pero en este mundo ancho de seres humanos, cuándo deja un joven de serlo? La pregunta se amplía más cuando se trata del mundo de la imaginación. Todo lo que se hace con pasión es una instancia sin edad en el transcurso de la vida; o la juventud es una categoría social que termina cuando uno quiere ser adulto.

En el Diccionario de la Lengua Española aparecen varias acepciones del término joven: tener poca edad. La segunda me parece interesante cuando anota: Dicho de un animal: que aún no ha llegado a la madurez sexual o si se desarrolla con metamorfosis, que ha alcanzado la última fase de esta y el aspecto es el de los adultos. Y la tercera se refiere ampliamente a una persona que está en la juventud. Un amigo poeta me enseñó a desconfiar de las palabras terminadas en ud, busqué el significado de juventud. El diccionario la define con el mismo amplio rango que yo me pregunto: Edad que se sitúa entre la infancia y la edad adulta. Las otras dos definiciones se complementan en nuestra búsqueda por una categoría que nos permita pensar en términos artísticos: Estado de la persona joven; energía, vigor y frescura.

No hay medición específica para calificar el comienzo de la madurez del ser humano, pero sí podemos imaginamos a un joven profesional que sale de su cuna universitaria al barro de la realidad, donde la teoría se convierte en práctica con la velocidad de una mente entrenada a querer cambiar las circunstancias.

Para estar a tono tenemos que remitirnos a los principios filosóficos de Lyotard y Baudrillard que ahora rigen el territorio de la filosofía posmodernista, esa que se opone, obviamente, a los principios de la Modernidad, la eterna historia de avance y retroceso que marca una clara distinción entre el objeto y el sujeto. Pero la postmodernidad sospecha de los lenguajes simbólicos presentes en los objetos de arte de la era conceptual. Se trata de un mundo global que desconfía de toda conducta diferente. A diferencia de la economía mundial que se concentra en pocas manos, lo global es infinito para los individuos que vivimos nuestras propias circunstancias. La cibernética global altera lo individual en la medida en que aplica la ecuación fundamental por la cual la velocidad equivale a la medida entre el espacio y el tiempo:

El objeto creado por un joven artista tiene un discurso narrativo abierto porque asimila todas las influencias y se encuentra en la búsqueda de un lenguaje propio que sólo el tiempo dirá si perdurará en la constancia de su intención de ser artista. Hacerlo implica una experimentación continua que forma parte del proceso de construcción de un lenguaje en el que la racionalización de su mundo interior forma parte del salto al vacío que se requiere para llegar a ese momento cuando el artista consolida su estilo, el cual además tiene que variar para solventar su coherencia.

El principio es el concepto: la idea es la razón prioritaria para realizar una pintura, escultura, foto, video o instalación. En cada propuesta se transmite algo propio, con la mente abierta a mandamientos racionales interceptados por influencias emocionales o sospechas sobre los enormes vacíos intelectuales que de pronto, no siempre, con el tiempo se llenan. Para crear no hay edad ni tiempo.

El artista, como cualquier joven profesional, sale en busca de experiencia y trabajo. El diploma no lo exime de enfrentarse, despistado, a una sociedad que desconfía de su compromiso artístico de desarrollar su lenguaje en la soledad creativa. Cuando se es artista no se tiene paciente que se queje, ni secretaria que conteste el teléfono ni jefe que demande el ejercicio de la puntualidad. Y lo peor, tampoco hay a quien culpar. Y en medio de esta supervivencia no se puede pretender un sueldo para los pagos mínimos de la vida doméstica.

El arte que llaman joven entraña el mismo riesgo de cualquier otra profesión. Al genio de Picasso le costó tiempo iniciar su revolución cubista en todas sus facetas. Mondrian pintó paisajes en un limbo hasta que llegó a su pureza más abstracta en la que el blanco incluye todos los colores.

Construcción y deconstrucción

En Bogotá varias galerías, museos a instituciones realizan exposiciones de jóvenes artistas, y contamos con el Premio Botero que puede ser uno de los más importantes de Latinoamérica. Para enfrentarnos al tema del arte tenemos como un buen ejemplo la galería Nueveochenta. Abrió las puertas al público con ocho artistas cuyas edades oscilan entre los 24 y los 36 años. La idea de la recreación a intervención del espacio arquitectónico es una modalidad muy conocida en el mundo del arte y por eso la casa fue el pretexto de los proyectos.

En cada propuesta se cuela el bagaje, la impronta, la fuerza y el atrevimiento como circunstancia existencial. Bárbara Cardozo realizó camisetas impresas. Recogió las imágenes de unos muebles heredados de la vieja casa a los que les superpuso reproducciones de las obras de los artistas que más la han influenciado. El objeto-usable que busca estimular el concepto lúdico de lo táctil, lo propusieron Helio Oiticica y Ligia Clark con esculturas espaciales o sus experiencias ambientales en los pasados años sesenta en el Brasil.

Nicolás Consuegra, como la artista brasilera Regina Silveira, hace una cartografía de recuerdos con fotos. Mapas de países con fotografías que aluden a la vanidad con imágenes de los años cincuenta.

Saúl Sánchez presenta un retrato de la seguridad democrática. Transparente. Elabora cajas fuertes de cartón con encaje labrado en algunas esquinas, y como los diales -que son un acierto- maneja los códigos de su ficción. El concepto de las cajas irónicas se acerca al trabajo de Bernardo Salcedo, al que Andy Warhol introdujo en el arte pop cuando realizó sus réplicas del empaque de Bon Brill.

Las alteraciones fotográficas son prácticas artísticas de nuestra era digital. Jaime Tarazona recogió una planta de plátano del jardín. La palma es una asociación con la película de Banana Republic de Woody Allen. La palma es símbolo, la manipula en fotos de anónimos del siglo pasado que forman parte de una investigación publicada donde Eduardo Serrano recoge la historia, los momentos estelares de la fotografía en Colombia. La palma en la fotografía de anónimos para pretender ser incrédulos con las influencias.

Miguel Lagos reconstruye una piscina. El agua contenida en bolsas crea un espejismo sensual porque se puede caminar hasta poder observar el centro donde en un fondo ilusorio se proyecta un video del artista nadando. La contradicción de caminar en el agua mientras el artista nada en una perspectiva electrónica es un acierto. Pero ambas propuestas tienen historia. El concepto de objeto que permite sensaciones táctiles lo retoma de Oscar Muñoz, idea que también propuso, hace ya un buen tiempo, Helio Oiticica. Y la incorporación de una imagen en movimiento dentro del agua la ha interpretado mil veces el precursor y padre del video, Bill Viola.

Luis Hernández tomó el dibujo de una flor accesoria que se encontraba en los planos originales y creó un espacio vacío que se refleja en la sombra. Ese espacio sin espacio o la imagen de la sombra lo ha trabajado por décadas la brasilera Regina Silveira.

Natalia Castañeda se infiltró en el cuento de julio Cortázar La casa tomada. Ella y su obra fueron saliendo hasta quedar atrapadas afuera de la casa en fotos de los brillos de los muchos cielos que se reflejaban en una marquesina. Las imágenes del cielo y sus brillos muestran las distintas luces que ocurren en Bogotá. Hay un sentido poético en las fotos aéreas empotradas en marcos de metal; algo nostálgico en la incorporación de la antigua marquesina en su obra como objeto. Y como si fuera poco, también incluye video y banda sonora que reconstruye los ruidos de la renovación. Un latido urbano en un ambiente aéreo. Tal vez mucha información al mismo tiempo.

María Isabel Rueda muestra un dibujo de grandes proporciones donde la depuración se logra en el ejercicio. La artista dibuja fantasmas y busca contrastes entre el blanco del papel y el negro rotundo de un dibujo meticuloso que a la distancia parece un grabado. Sus temas pueden salir de las entrañas de la Expedición Botánica o del Infierno de Dante.

En la Semana de Arte Moderno de Sáo Paulo en 1922 se declaró legítimo lo que hoy hacen los jóvenes artistas, el derecho a la apropiación de todas las influencias artísticas. El movimiento Antropofagia declaró válidas todas las influencias, pero hay que digerirlas para que nazca el estilo propio.

Un mundo más armado

Hay artistas que nacen artistas y hay otros que se hacen. Hay unos que creen serlo, otros que se ignoran siendo, otros que no se preguntan quiénes son. Los seres humanos, los jóvenes artistas, pasan por la encrucijada del destino. Por eso apuesto a los que han podido desarrollar su mundo propio en el arte con temporáneo. Me refiero a unas generaciones con la fuerza creativa de María Fernanda Cardozo, la relación con los materiales en la fotografía de Juan Fernando Herrán, la seducción destructiva de Carolina Mayorga, la fuerza de las imágenes de Rodrigo Facundo, la construcción del sentido de lo vulnerable de Jaime

Ávila, la transparencia melancólica de Juan Carlos Delgado, el atrevimiento científico de Fernando Arias, la meticulosidad de lo clásico de José Antonio Suárez, el atrevimiento entre lo sexual y lo comercial de Sandra Bermúdez, la audacia de la racionalidad flemática de Adolfo Cifuentes o Wilson Díaz, la racionalidad inhóspita de los espacios de Elías Heim, el dibujo de relieve de Carolina Sardi, la artimaña dulce de la imagen tajante de Lina Espinosa, la suavidad cruel de Johana Calle o Dense Buraye y la fuerza expresiva de Catalina Mejía.s

Tomado de la Revista Diners  No.445, abril de 2007