Alfredo Gutierrez

Sabanas de Beltran, Sucre

Interpretes (Vallenato)

Personaje

 

Alfredo Gutiérrez

Interprete vallenato

 

 

 


Sabanas de Beltrán, Sucre, 1943

Una leyenda Vallenata

por Jorge Alfredo Jiménez

Hablar de Alfre do Gutiérrez es hablar de una figura que ya es una leyenda vallenata viviente y que con el tiempo será tan inmortal como el mismo Francisco el Hombre. Nacido el 17 de abril de 1943 en Paloquemao, Sabanas de Beltrán, Sucre -por lo que se considera un sabanero con espíritu vallenato - es uno de los primeros cultores que han llevado este ritmo fuera del país, logrando su internacionalización.

El Prodigio

Alfredo aprendió a tocar el acordeón casi por instinto, porque su padre era un experto en la materia. Recuerda que su primer sueldo por interpretar canciones como La múcura y La piña madura fue un caramelo que le dieron unos tíos maternos cuando sólo tenía 6 años. Entonces comenzó a dar conciertos vallenatos en calles y tiendas de su región acompañado por su padre. Por eso lo bautizaron El niño prodigio. «Como vivíamos en un sitio intermedio entre Sincelejo y Magangué donde los conductores paraban a comer, ellos me llevaban gratis a los pueblos. Así empecé a vivir de la música y a ser el orgullo del pueblo, hasta que en una gira que hicimos por Bucaramanga el músico José Rodríguez me propuso ingresar a una agrupación de niños que cantaban vallenato. Fuimos el Menudo de los 50 y con ellos visité varios países»..Así, a los 7 años, el pelao de ojos chinos, integró el conjunto Los Pequeños Vallenatos, al lado de Arnulfo Briceño y Ernesto Hernández, con quienes recorrió los cinco países bolivarianos.

Alfredo permaneció allí hasta los 13 años, cuando buscó horizontes corno solista. «Fue en esa época en la que estuve en Bogotá y canté en los troles (los famosos buses con cable). Vivía en las residencias de la Universidad Nacional con un amigo que estudiaba medicina y amenizaba los almuerzos universitarios».

LA SENDA DEL ÉXITO

Después de esta primera etapa vino la muerte de su padre y el joven Alfredo se enfrentó al mundo sin su compañía. Fue cuando apareció la mano amiga de Calixto Ochoa, quien lo llevó a Discos Fuentes, donde grabó sus primeras canciones a los 16 años.

En forma paralela, Alfredo acompañó con su acordeón al mismo Calixto y a César Castro. Esta experiencia le sirvió para ingresar en 1960 a los Corraleros del Majagual, donde mostró su talento como compositor. El grupo grabó canciones de su inspiración como El porro Majagual, El jilguerito cantao, La paloma guarumera, Corazón abandonado y Amor viejo. En esta etapa realizó giras por Panamá, Estados Unidos, Venezuela y México, entre otros: En 1965, Alfredo salió temporalmente de la agrupación y recibió propuestas para integrar su propio conjunto, oportunidad que aprovechó para grabar con Sonolux su éxito La banda borracha.

En 1968 conformó el grupo Los Caporales del Magdalena, que tuvo éxitos como Fiesta en corraleja, Ojos indios y Corazón de acero. En 1974 regresó a Fuentes y grabó su primer LD, Dina Luz. En el 75 regresó a Los Corraleros y grabó La Cañaña. Con ellos permaneció hasta 1978, cuando se retiró para seguir trabajando de manera independiente.

En total, Alfredo grabó cuatro discos por año en los 60, tres en los 70 y dos en los 80. Es por eso que dice con orgullo: «En la historia nacional nadie ha vendido más discos que yo». Internacionalmente sus melodías se convirtieron en verdaderos éxitos que otros cantantes quieren interpretar, como La banda borracha, Dos mujeres y La fiesta en Corra lejas, esta última grabada por Frank Pourcel.

ODIADO Y AMADO 

Lo importante de Alfredo Gutiérrez ha sido su osadía e intuición musical para arriesgar y ganar con innovaciones. Fue el primero en subir a la tarima con un conjunto musical uniformado y el primero en atreverse a tocar el sagrado acordeón con los pies. Por eso ha sido llama o el rebelde del acordeón y el corruptor del vallenato, títulos de los que Alfredo comenta inmutable: «Lo que hice fue convertir el vallenato, que tenía un carácter noticioso, en algo romántico; por eso acepto cuando me dicen que soy el culpable de muchos noviazgos y matrimonios». Víctor Gutiérrez, su arreglista y amigo desde niño, lo define como el pionero de la revolución del vallenato. «Es el puente de unión entre la música bailable y la vallenata».

Alfredo Gutiérrez es el único músico que ha sido tres veces Rey vallenato. Además, ha recibido múltiples discos de oro y de platino por sus ventas y es reconocido en países como México, Venezuela, Ecuador y Alemania, país donde fue condecorado en 1989 por la casa Honner como el mejor acordeonista del mundo. En total, ha vendido más de tres millones de copias y con su acordeón ha recorrrido gran parte del mundo.

Es un hombre sencillo, al que no le gusta la comida fina porque le sabe a hipocresía; que respeta su auditorio, razón por la cual nunca se toma un trago en una presentación.

Para este rebelde con causa, sólo cinco hombres han revolucionado el vallenato en Colombia: «El compositor Rafael Escalona, porque llevó el ritmo a los salones de diplomáticos; Guillermo Buitrago, por ser el primero en grabar un vallenato; Anibal Velásquez, porque lo combinó con diferentes sones caribeños; Carlos Vives, por que Dios puso a cantar a un fracasado del rock y la balada para redimir el vallenato y dar una bofetada a los anticolombianistas, es lo mejor que pudo pasarle este el rit mo» El quinto es logicamente él porque lo supo volver romántico

Tomado de la Revista TV y Novelas No. 185, 9 de junio de 1997

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Una cátedra de vallenato 

Alfredo Gutiérrez quiere demostrar que su energía al interpretar
la música tradicional está intacta.

por Liliana Martínez Polo, redactora de El Tiempo

No es lo mismo. Una cosa es estar montado en una tarima en una plaza de algún pueblo, donde la gente está departiendo a la vez que oye su música. Otra cosa es una caseta. Pero el Teatro de Colsubsidio, en Bogotá, tiene para Alfredo Gutiérrez otra mística.

"Este será un concierto didáctico", sentencia el músico sabanero (primo y parte de la dinastía de los López, tres veces rey vallenato, él mismo se define como `un revolucionario).

"Es la oportunidad demos trar los éxitos y las vicisitudes que hemos tenido en más de 45 años. Va gente que sabe de música y hay que demostrar que estamos en vigencia. Mostrar que las energías están intactas, la voz está igual y la agilidad en el acordeón".

¿Y qué nos va a enseñar?

"Voy a enseñar to que es va llenato, a decirle al público que lo que se está grabando o escuchando en cierto tipo de emisoras no lo es. Es música de acordeón. No estoy en contra de las nuevas olas, ni de los vallenatos llorones. Soy un tipo que evoluciono, pero lo que hacen hoy no tiene la esencia".

Lo suyo, Agrega, es una combinación de esa esencia con los aditivos de moda. Tam ién él estuvo de moda, y se quedó en los corazones, por esa esencia.

En el año 60 llegó a Discos Fuentes recomendado por Calixto Ochoa. En realidad iba de acompañante en una época en la que Aníbal Velásquez estaba revolucionando el folclor tocando vallenato con guara cha. Antonio Fuentes, dueño de la histórica casa disquera, buscaba otro muchacho que pudiera aportar a esa "revolución".

Alfredo era un adolescente, pero su agilidad con el acordeón hizo que lo ficharan. Casi sin darse cuenta estaba al frente de un grupo: Los Corra leros de Majagual, dirigiendo al mismo Calixto Ochoa, a César Castro, Eliseo Pérez y otros.

"No empecé grabando vallenato -recuerda el músico-, si no porro y paseaito sabanero. Lo mezclé con acordeón, bombardino y saxofón. Hice un nuevo sonido que resultó sien do la música corralera".

En el 65, ya en Sonolux, hizo La banda borracha con el conjunto Alfredo y sus Estrellas. En el 68 sintió la "necesidad de vestir a la campesina hermosa que era la música, vallenata para presentarla en sociedad. Le hice innovaciones, pero dejé el 50 por ciento de sus bases armónicas, letras y notas".

Fue la época de Ojos indios, Anhelos y Ojos uerdes:

"Es la historia que vamos a contar en el teatro -resalta Gutiérrez-. Como será algo didáctico, vamos a mostrarle a la gente que una melodía, para que sea de un ritmo determinado, debe tener un sentir. Voy a tocar la misma melodía en varias facetas, para que la gente sepa cuando es vallenata, cuándo sabe a porro o a nueva ola".

Entre tantás facetas que mostrará, queda la. pregunta de si también mostrará su talento para tocar el acordeón con los pies.

"Eso viene desde el año 70", entonces evoca una fiesta en una caseta de nombre La Piragua, en una gran fiesta organizada por los hermanos Char (los mismos de la Organización Olímpica, los del Júnior, explica):

"Estaba yo alternando con varios artistas: Nelson Henríquez y Los Blancos de Venezuela. Los tres conjuntos estábamos en el curubito en esa época. Y el de Los Blancos hizo un show con la timbaleta tremendo. A mí nunca me ha gustado que me roben el show. Así que me las ingenié. Después, eso se institucionalizó. Y sigo tocando con los pies".

Tomado del periódico El Tiempo, 16 de marzo de 2006

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"Más que legendario, me siento feliz"

por Liliana Martínez Polo

La historia del ya mítico Alfredo de Jesús Gutiérrez Vital, de 67 años, comienza el día en que su padre, Alfredo Enrique, acordeonero vallenato, llega a las sabanas de Sucre a amenizar un velorio cantado (pago de una promesa a algún santo con nueve noches de velorio) y allí conoce a la bailadora de cumbia Dioselina Vital. "A los nueve meses nací yo", dice el tres veces rey vallenato, que celebra 50 años de carrera artística.

En 1953, Gutiérrez, de 10 años, era el menor de los niños del conjunto Los Pequeños Vallenatos, que contaba con Arnulfo Briceño como cantante. "Teníamos una visa colectiva para visitar los países bolivarianos -recuerda-. Fuimos consentidos de presidentes y primeras damas, casi que vivíamos en los palacios presidenciales".

Los niños grabaron algunos discos en Ecuador, que nunca llegaron a Colombia. Y Alfredo dejó el grupo en 1957, debido a la enfermedad de su padre. "Me tocó venir a Barranquilla, a tocar en los buses y recoger con el sombrerito. Después, en Bogotá, con mi papá enfermo, tocaba en los viejos trolleys, donde empezaron a llamarme el Niño Prodigio del Acordeón. Mi papá murió en el 58".

Gutiérrez dejó el acordeón por meses y fue a refugiarse en la finca de unos amigos, cerca de Sabanas de Beltrán, su pueblo. "Ellos tenían un acordeoncito dañado y querían que les enseñara. Y supe que, cerca vivía Calixto Ochoa, que les cambiaba los tonos y el sonido a los acordeones. Así que fui a Sincelejo, lo conocí y ahí nació la simpatía. Él me llevaba a las corralejas a tocar".

La fama de la prodigiosa digitación de Alfredo llegó a oídos de Antonio Toño Fuentes, fundador de Discos Fuentes, el "gurú" de la música tropical que se grababa en Colombia, que lo llamó, junto con Calixto Ochoa, para grabarlo.

"Grabamos El porro Majagual, compuesto por mí. Después me dijeron que acompañara al cantante César Castro y a Calixto, en un larga duración completo con canciones de doble sentido", dice. Después grabó sus propias composiciones en acordeón y voz. Fue el momento de La paloma guarumera.

De los corraleros

Ya Don Toño quería hacer el grupo en el que cantaran Calixto, César y Alfredo, que además iba a tocar el acordeón. "Le sugerí Majagual, por el porro que habíamos grabado -explica Gutiérrez-. Así nacieron Los Corraleros de Majagual". Después vinieron éxitos como Festival en Guararé, una melodía sin letra, de Dorindo Cárdenas, que estaba pegada en Panamá en 1962. Cuando Gutiérrez pasó por allí, al oírla, decidió ponerle letra y proponérsela a Toño Fuentes.

"Con oír un pedacito Toño descubría los éxitos -evoca el acordeonero-. Pero ese día estaba ocupado y puso a Héctor Barrera a que escogiera. Fue él quien le dijo: Alfredo tiene una canción que no me gusta; es mala. Pero insistí en cantársela a Toño. Al oírla le respondió: Héctor, tienes el oído podrido. Y así se grabó Festival en Guararé, en 1963.

Gutiérrez se fue a Sonolux en 1965, donde grabó La banda borracha. Tres años después, pasó a Codiscos. "En 1968 grabé mi primer álbum vallenato, llamado La cuñada, en el disco había canciones que con el tiempo se volvieron famosas como Cabellos largos. Después seguimos grabando vallenato", dice.

En 1969, el disco La cañaguatera incluyó Ojos verdes. Siguieron los volúmenes de Romance vallenato, con temas como Cabellos cortos, Ojos indios, Confidencia, de Gustavo Gutiérrez, y Matilde Lina, de Leandro Díaz. En uno de esos discos, el cuarto o quinto, grabó junto con Calixto Ochoa, que le hizo la segunda voz, la canción Anhelos, la que considera su mayor éxito.

En los años 70, comenzó a tocar el acordeón con los pies. La primera vez fue en Barranquilla, en el carnaval. Tocaba en una caseta llamada La Piragua y alternaba con Los Blanco de Venezuela. "El baterista de Los Blanco hizo tremendo show y, como no me gusta que me ganen el show, me subí a la tarima y toqué el acordeón con los pies. Desde entonces, eso me identifica", agrega.

Los conciertos de Gutiérrez condensan su vida de éxitos, incluyendo los dos más recientes: Mujer que no jode es macho y La avispita. En escena, Gutiérrez admite que nadie le creería que tiene 67 años. Baila hasta twist y canta hasta rancheras. "Dios me premió con el estado físico", dice ahora que va de un homenaje a otro. De hecho, es una de las estrellas anfitrionas por Colombia en el Congreso Iberoamericano de la Cultura, en Medellín. "Siento el deber de hacer quedar bien al país, al vallenato, a la música corralera, a la sabanera".

Y después de este recuento de su vida, ¿Alfredo Gutiérrez se siente legendario?

"Lo que me siento es feliz. Jamás me creo el mejor porque, en la música, como en todo arte, no hay uno mejor, sino especialistas en cada estilo y cada uno en su estilo es rey. Me siento rey dentro de lo mío, pero veo a los otros como reyes dentro de lo suyo. Todo artista que crea un estilo es un rey. Por eso es difícil decir quién es mejor. Los artistas que perduran son los que crean un estilo, los que incitan a imitar, pero a la vez son inimitables".

¿Cómo nació La paloma guarumera?

La compuse la primera vez que tomé trago. Estaba con Calixto Ochoa y con otros parranderos. Pasamos el día en corralejas y por la noche fuimos a las casetas donde todos salían borrachos. En un camino de herradura, el chofer que nos llevaba decidió acostarse bajo una ceiba. Ahí nos tiramos a dormir y nos despertaron los rayos del Sol y el canto de esa paloma. En eso me salió la frase: "Se oye cantar en el campo una paloma guarumera".

¿Por qué les canta a los cabellos y a los ojos?

Porque el cabello largo en una mujer es feminidad, aunque no hay mujeres feas. Pero, suponiendo que las hubiera, el cabello las hace bonitas y los ojos reflejan el sentimiento, el amor, todo lo bello que ella tiene dentro de su espíritu.

Tomado del periódico El Tiempo, 27 de junio de 2010

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El Rebelde cumple 50 años de vida artística

Fausto Pérez Viltarreal

En noviembre de 1960, hace 50 años, salió a la luz un acetato de 45 revoluciones por minuto, prensado por Discos Fuentes, que contenía por una cara el porro Majagual Decía en los créditos: Alfredo Gutiérrez y su conjunto.

Era un tema instrumental en el que se destacaban el acordeón de Alfredo Gutiérrez, el bombardino de Rosendo Martínez y las voces de Calixto Ochoa y César Castro que cantaban en coro Para Sincelejo. ¿El resultado? Uno de los temas más cadenciosos de nuestro folclor.

Alfredo tenía entonces 17 años y ese era su primer trabajo estructurado a nivel profesional. A partir de ahí ha tejido una constante carrera que lo ha llevado a recorrer diversos escenarios de Colombia y el exterior, y lo ha hecho merecedor de numerosas distinciones gracias a su talento para tocar el acordeón y cantar.

La música de acordeón ha tenido decenas de juglares que han brillado con luz propia a lo largo de la historia. Y entre tantas figuras legendarias -de antes y de ahora, retiradas o activas, fallecidas o vivientes-, Alfredo Gutiérrez compendia los aspectos artísticos y técnicos que caracterizan al músico completo: compone, arregla, toca, canta y es dueño de una diversidad de estilos.

La multiplicidad de tonos y la precisión de los ritmos que produce con su veloz digitación hacen de él un maestro del acordeón y una de las figuras del folclor colombiano de todos los tiempos. De las canciones interpretadas por Alfredo se destacan La paloma guarumera, Anhelos, Festival en Guara-ré y Ojos Verdes.

Carrera nutrida de triunfos

Abundante y exquisita es la obra musical de Alfredo Gutiérrez, uno de los pocos ¡grandes exponentes del folclor colombiano!, que puede testimoniar a los cuatro vientos lo que es mantenerse vigente, con su repertorio y en escena, a lo largo de medio siglo de trayectoria profesional.

En sus cinco décadas de trayectoria exhibe logros que lo hacen sobresalir entre sus colegas: Es el único acordeonista que ha ganado en tres ocasiones el Festival de la Leyenda Vallenata (1974,1978 y 1986).

Dos veces se consagró campeón mundial de acordeón en Alemania, país de donde es originario el instrumento de fuelle (1991 y 1992).

México lo distinguió con dos prestigiosos premios: el Trébol de Oro (1969 y 1970) y el Califa de Oro (1995).

Así mismo, en Venezuela ganó en cinco oportunidades el Guaicapuro de Oro.

En el Festival de Orquestas del Carnaval de Barran-quilla ganó el Congo de Oro en dos ocasiones (1976 y 1980).

Tomado del periódico ADN, 29 de noviembre de 2010

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Alfredo Gutiérrez, tributo en Riohacha

Aunque se siente desplazado del Festival de la Leyenda Vallenata, recibirá homenaje en el Francisco El Hombre.

por Andrés Artuz Fernández

Alfredo Gutierrez, interprete vallenatoBarranquilla. El año pasado, en el pre Carnaval, se le vio en el estadio Romelio Martínez de Barranquilla con un ‘super- turbante’ de congo que la Fundación Carnaval le entregó por el aporte que le ha hecho a las fiestas con su música. Esa ha sido la constante a lo largo y ancho de la carrera artística de más de cinco décadas de Alfredo Gutiérrez, homenajeado no solo en Colombia sino en otros países como México, Perú y Ecuador, donde también es considerado un ídolo.

En medio de ese sinnúmero de distinciones, ahora le tocó el turno al Festival Francisco el Hombre de Riohacha (La Guajira), que se llevará a cabo del 16 al 18 de marzo próximos y que pese a que apenas liega a su cuarta edición, ya es considerado el segundo más importante del país en el género de la música de acordeón.

El ‘Rebelde del acordeón’, como lo llaman por su versatilidad con ese instrumento, fue escogido como el personaje Vida y Obra que cada año designa la Corporación Festival Francisco el Hombre, organizadora del evento. En 2010, el homenajeado fue el fallecido acordeonero Juancho Rois; el año anterior, la designación fue hecha a la dinastía Zuleta, por medio de sus representantes Poncho y Emilianito.

La noticia fue tomada con agrado por el intérprete y compositor de Ojos indios, Anhelos y Dos mujeres. Sin embargo, sirvió para que el ‘maestro’ recordara que a pesar de ser el único acordeonero que ha conseguido tres veces la corona en el Festival de la Leyenda Vallenata en Valledupar (1974,1978 y 1986), irónicamente cada vez siente que ha sido más relegado del evento que se celebra en abril en la capital del Cesar.

"Ni siquiera para hacer presentaciones lo llaman a uno, mientras que en el Francisco El Hombre la gente pidió que me lo dedicaran", le dijo a EL TIEMPO.

Gutiérrez, que fue también dos veces campeón mundial en Alemania, en 1991 y 1992, aseguró que no sabe por qué no lo tienen en cuenta en el festival de Valledupar.

"Ser ‘trirrey’ vallenato es el logro folclórico más importante que he obtenido en mi carrera, pero noto que cada vez estoy más relegado de la Leyenda Vallenata", agregó.

Gutiérrez actuará en la noche de gala del 17 de marzo, junto a otros grandes del valle- nato. La víspera del inicio del Festival (15 de marzo), se realizará un conversatorio en la Sala de Lecturas de la Universidad de La Guajira, con cinco ponentes, investigadores y conocedores del folclor vallenato, sobre la musicología, el canto, la trayectoria y la vida musical de Gutiérrez.

Tomado del periódico El Tiempo, 14 de febrero de 2012 

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