Quibdo Ciudad Capital

Ciudades y sitios

Paisaje, Varios, Visual

 
Quibdó

Capital del Departamento de Chocó

 
A ColArte
 

 


Quibdó, la afrópolis del Atrato

por Luis Fernando González Escobar

LA INCERTIDUMBRE FUNDACIONAL

La capital del Chocó, ubicada al frente de la confluencia del río Quito con el río Atrato, es la única capital departamental de Colombia donde su clase dirigente y su población son mayoritariamente afro descendientes. Un centro urbano configurado en medio de la inmensa selva del Pacífico con más de tres siglos de existencia, de cuyo origen no hay claridad, aunque dos veces se le han celebrado los 300 años de fundación: la primera en 1943 y la segunda en 1991, sin ninguna certeza histórica de tal acontecimiento. Por lo mismo varios personajes son señalados como sus probables fundadores en un proceso que va desde 1648 a 1690: Pedro Cáceres, un jesuíta panameño, quien ni siquiera estuvo por estas tierras; un franciscano de nombre Fray Matías Abad, el único de los cuales resistiría tal honor, por haber formado en 1648 una primera doctrina con el nombre de San Francisco de Atrato1, como parte de las campañas de evangelización y reducción de Dominicos, Jesuítas, Agustinos Recoletos, Capuchinos y Franciscanos; el Bachiller Antonio de Guzmán, un misionero y minero que había llegado desde Urrao y en 1672 formó un pueblo con el nombre de San Pedro al que años después se le puso nuevamente el nombre de San Francisco de Atrato; el militar Antonio de Veroiz y Alfaro, mandado desde Popayán en 1688 para sofocar la sublevación iniciada desde 1684 por los citaraes quienes destruyeron, entre otros pueblos, a San Francisco de Atrato y exterminaron la mayor parte de los mineros españoles, junto a misioneros y la población de mestizos, mulatos, indios cargueros y tratantes, que ya se habían establecido allí; un minero antioqueño de nombre Manuel Cañizales quien supuestamente formó en 1690 un entable para la explotación de minas en la confluencia de los ríos Quito y Atrato, a partir del cual surgiría el pueblo. Nada es contundente y no hay continuidad, en la medida que fueron sitios diferentes y efímeros.

EN EL CITARÁ, LA APERTURA AL CARIBE Y PREDOMINIO INDÍGENA EN EL SIGLO XVIII

Lo cierto es que la explotación minera de esta región determinó un proceso de poblamiento, teniendo a partir de 1690 un pequeño poblado con el nombre de Citará como su centro administrativo, sede de la tesorería real y capital de la provincia del mismo nombre, el mismo que para 1704 tomó el carácter de parroquia, ya con el nombre de San Francisco de Quibdó. Un precario centro poblado que para 1777 lo constituía 325 casas, 100 de las cuales eran de indios y las restantes 225 habitadas por blancos, mulatos y negros; en términos porcentuales de pobladores se discriminaba así: "Una minoría blanca, que representaba el 2.1 %. Le seguían los "libres" con un 21%; eran esclavos un 30% y la población indígena era la mayoritaria a nivel urbano con un 46%". La fuerte presencia indígena comenzaría a declinar en la medida que la población negra esclavizada y libre ganó importancia en la economía local y regional, debido a que la explotación minera en el siglo XVIII experimentó un gran auge y aumentó la demanda de esclavos, especialmente hacia el Chocó donde su población se duplicó. Aunque el principal centro minero y esclavizador era Nóvita, la capital del Chocó, Quibdó era un puerto donde llegaban los esclavizados y las mercancías de contrabando por el río Atrato procedentes de Cartagena y otros puertos legales o clandestinos del Caribe. Situación que sería mucho más dinámica a partir de 1784 cuando se permitió la navegación por el río Atrato, hasta entonces prohibida por la Corona. De tal manera que aquel puerto fluvial se vuelve el punto de contacto del interior del Chocó con el Caribe, por lo que los blancos españoles y criollos llegados del interior de la Nueva Granada comenzaron a ser desplazados o a competir con comerciantes criollos cartageneros o judíos e ingleses procedentes de Jamaica, entre ellos los Ferrer y los Isaacs, los troncos familiares de Jorge Isaacs Ferrer, el autor de María, quien probablemente nació en Quibdó en 1832 o 1833.

PUERTO FLUVIAL EN EL ATRATO, CAPITAL DEL CHOCÓ Y EL PREDOMINIO NEGRO EN EL SIGLO XIX

La navegación por el río Atrato, primero enbarquetones y luego por barcos a vapor, fue factor importante para lo que Jacques Aprile-Gniset llamó la colonización agrícola de las orillas y afluentes de este río, por parte de la población negra libre, cimarrona y posteriormente de lo ex esclavizados, a partir de 1851 cuando se promulgó la Ley de Liberación de Esclavos. Así Quibdó se convirtió en el punto terminal de un circuito económico que tenía el otro extremo en Cartagena, en donde se hacían los intercambios comerciales, además de ser el centro religioso y administrativo de toda la provincia de Citará y aún de todo el Chocó, en la medida que le disputó la preeminencia a Nóvita desde 1824 hasta ser erigida de manera definitiva como capital en 1851. Mientras Nóvita había comenzado su declive ya en la primera mitad del siglo XIX, Quibdó inició su predominio. Las antiguas y rancias familias de esclavizadores ausentistas con asiento en Popayán (de las que son representantes los que fueron presidentes de Colombia Carlos Holguín y Manuel María Mallarino, y el poeta Julio Arboleda) fueron reemplazadas por una nueva élite atrateña (entre los que se destacaron el general y diplomático Ramón Ulloa, el político liberal César Contó y el poeta y pedagogo Ricardo Carrasquilla) que le dio una nueva orientación al Chocó, desde este nuevo epicentro, impulsado entre otras cosas por la navegación a vapor. A pesar de todo siguió siendo un pueblo con una estructura urbana muy limitada y de una arquitectura precaria. Para el momento en que fue erigida en capital del Chocó, poseía una pequeña plaza y a lo sumo constaba de diez manzanas, sin obras arquitectónicas de significación, como lo pintó el acuarelista Manuel María Paz y lo constató Agustín Codazzi en su visita con la Comisión Corográfica: "las casas están todas fabricadas con caña de guadua y revocadas de yeso y cal, todas blanqueadas, por lo que parecen verdaderas murallas. Están cubiertas de palma y los pisos son todos de la misma caña, partidas por la mitad y en esterilla"2. Algo que comenzaría a cambiar lentamente entre finales del siglo XIX y principios del XX, cuando un nuevo auge económico debido a la explotación aurífera mecanizada tanto en el Atrato como sus afluentes, atrajo inversionistas norteamericanos, a la vez que una migración de comerciantes de origen sirio libanes, una nueva oleada de cartagenerosy los primeros antioqueños (paisas), atraídos también por las actividades extractivas del caucho, la tagua, la madera, entre otros productos de la selva. Se empieza una nueva recomposición étnica y social, en tanto que a principios del siglo XX algo más del 60% de la población eran negros, como consecuencia del proceso de liberación iniciado en 1851 y su vinculación a las nuevas actividades económicas, aunque en su más alta proporción en condiciones de subordinación y marginalidad. Casi 120 años después del predominio indígena ahora el orden se invertía, aunque las tensiones raciales eran evidentes entre esta nueva mayoría y la minoría dominante. En esa medida el fusilamiento de Manuel Saturio Valencia en mayo de 1907, se convirtió en un símbolo del ascenso social de una parte de la población negra urbana pero también del conflicto no sólo étnico, sino social y político que se vivía en la ciudad capital de la ya Intendencia del Chocó. Para este momento su malla urbana estaba determinada por los puertos a orillas del Atrato, donde se ubicaban las casas de los comerciantes, con una arquitectura de madera aserrada y techos de zinc, con balcones, ventanas y puertas elaboradas a la usanza cartagenera, esto es, con bolillos y apliques labrados; de igual manera se construyeron los primeros edificios significativos de corte historicista, predominantemente en madera y algún ejemplo en cemento, como el mercado. Hacia adentro, es decir, al oriente, luego de la Calle del Comercio y otras dos calles paralelas, se empezaron a poblar las zonas pantanosas, hacia donde fue creciendo la ciudad.

LA CAPITAL INTENDENCIAL, LA MULATOCRACIA Y LOS SUEÑOS DE MODERNIDAD EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX

Un nuevo momento histórico se inició en los años diez del siglo XX, cuando la escasez mundial de platino, como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, disparó los precios y el Chocó se convirtió en un muy importante productor. Los efectos fueron claros: explotaciones por empresas británicas e inglesas, migración a las zonas de producción y, especialmente, hacia el principal centro comercial y administrativo, esto es, Quibdó; así, de los 8.471 habitantes y el lugar 24 que ocupaba a escala nacional en 1851, pasó a tener 24.722 pobladores y ser el municipio numero 16 de Colombia para el año de 1918. Incluso, a finales de los años veinte, llegó a tener el 9o presupuesto. En el orden de lo social surge una clase dirigente e intelectual urbana, formada por los descendientes de los distintos grupos de migrantes de los decenios anteriores, incluyendo a los hijos de los primeros grandes comerciantes negros. El político cho-coano Fernando Velásquez Mártínez acertadamente la llamó mulatocracia, quienes dominaron el poder y establecieron "un proyecto civilizatorio, de modernidad y de progreso, que se manifestó, entre otros ámbitos, en la educación y la cultura, el urbanismo y la arquitectura". Esto implicó, entre otras cosas, la propuesta urbanística diseñada por el catalán Luis Llach Llagostera en los años veinte, siguiendo los planteamientos de la ciudad futura que esbozara desde Medellín Ricardo Olano, en la que la trama urbana irregular e intrincada a orillas del río Atrato "...se amplió al norte y al oriente sobre las zonas pantanosas, con sus formas regulares y diagonales, para definir nuevos espacios urbanos y ubicar las casas quintas y barrios suburbanos de la nueva élite. Surgieron así plazas como la Tomás Pérez, Benjamín Herrera y la Jorge Isaacs3, y "un conjunto de obras arquitectónicas de arquitectura doméstica pero también de orden institucional como el Cementerio, el Hospital, la Escuela Modelo, la cárcel Anayanci, el Hospital y el Colegio Carrasquilla, entre otras. Obras de gran valor, diseñadas entre otros por el propio Luis Llach, que introdujeron nuevas formas arquitectónicas, conceptos espaciales, procesos técnicos y materiales que se sobrepusieron a la endeble arquitectura de madera, paja y zinc, que había predominado hasta el momento". Cinco de las cuales forman parte del Conjunto de Inmuebles de Arquitectura Republicana, declarados como Bienes de Interés Cultural de la Nación.

Son los años de Reinaldo Valencia, cabeza visible de los intelectuales desde el periódico A.B.C., que se mantuvo como diario entre 1914 y 1944, y del impulso a intelectuales como Daniel Valois Arce y Rogelio Velásquez (el primer antropólogo negro en Colombia) y políticos como Diego Luis Córdoba, Ramón Lozano Garcés, Adán Arriaga Andrade o Manuel Mosquera, entre otros, que determinaron la configuración de una "conciencia de la personalidad colectiva" chocoana, definida desde un "ser geográfico, étnico, histórico y político bien diferenciado".

CAPITAL DEPARTAMENTAL Y PREDOMINIO ÉTNICO EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX

Este proceso tiene un periodo de transición entre 1947 y 1966, dos mojones fundamentales: la primera fecha es la de la departamentalización del Chocó y la segunda el incendio de la zona comercial de Quibdó a orilla del río; una marca el ascenso definitivo de la élite política negra, y la otra el fin del dominio comercial de buena parte de los comerciantes "blancos". No era la primera vez que la ciudad se incendiaba pues había sufrido otros tres incendios importantes (1882, 1891 y 1893), con los que se transformó su arquitectura y estructura urbana. Ahora era muy significativo para la mayoría negra pues se concentraba en la parte del poder económico, así no fuera sino en una octava parte de la extensión territorial. Marcaba el cambio de aquella ciudad que fuera el escenario de la novela Las estrellas son negras del escritor chocoano Arnaldo Palacios.

El periodo comprendido entre 1947y 1966, fue el de los años de la construcción del primer edificio en altura de la ciudad (el "ocho pisos") y de los primeros ejemplos de arquitectura racionalista y funcionalista, entre ellos el Hotel de Turismo, en los que tuvo mucho que ver el arquitecto negro chocoano, Camilo Mayo Caicedo, el primero en graduarse en la Universidad Nacional. Con el incendio de 1966 se planteó la renovación urbana del área afectada, que incluyó la apertura de la ciudad hacia el río con un gran Malecón, la consolidación de la parte baja con los rellenos sobre las zonas pantanosas dentro de la estructura urbana definida y la construcción de grupos de vivienda y barrios de arquitectura moderna, que trataron de insertar a las condiciones del trópico húmedo, aunque con serias limitaciones.

Ya desde finales de los años setenta el perímetro de la zona baja es desbordado por los grupos migrantes rurales desplazados por la violencia, que ocuparon las riberas de los ríos y quebradas aledañas (el río Quito, las quebradas La Yesca, la Aurora y el Caraño) o los bordes de las carreteras que salían de la ciudad hacia Pereira o Medellín, cuando Quibdó cambió su dinámica de relación económica fluvial con Cartagena, por la carreteable con el interior del país, especialmente con la capital de Antioquia, a partir de la apertura en la segunda mitad de los años cuarenta, que llevó al dominio económico de los comerciantes paisas en la segunda mitad del siglo XX. La expansión urbana comenzó a tomarse las colinas al oriente, lejos de la orilla fundacional. Proceso que se incrementó en los años noventa por el desplazamiento forzado, debido al conflicto entre el Estado, las guerrillas y el paramilitarismo. Abajo y "afuera", en la antigua zona pantanosa, quedó el centro de la ciudad con su estructura reticular, en donde se implantaron sus oficinas administrativas, edificios institucionales (alguno que otro nuevo como el de la Fiscalía), los locales comerciales y su zona rosa; "arriba", en el "adentro" de la selva, los nuevos barrios formales e informales, en un urbanismo concéntrico, siguiendo las crestas de las colinas como determinante fundamental, donde se consolida la nueva ciudad con obras como el campus de la Universidad Tecnológica del Chocó. La ciudad donde simbólicamente el año de 1993 el gobierno firmó la Ley 70 o de Negritudes, donde por primera vez el Estado reconocía la identidad étnica de los afrodescendientes y su derechos sobre los territorios ancestrales.

Hoy, la afrópolis del Atrato y el gran claro urbano en la selva, con sus más de 100 mil habitantes, el 92% urbanos, se debate entre la alegría anual san pachera y las dramáticas condiciones de subsistencia. Las fiestas patronales de San Pacho, son el hilo conductor con el proceso fundacional atribuido a los franciscanos, a la vez que el espacio de resignificación en lo urbano, con la participación de los 12 barrios básicos, en donde se combina lo religioso cristiano con lo pagano, lo hispano (aportado por los claretianos en los años veinte) con lo mestizo y lo afro, en un espacio ritual que empieza el 3 de septiembre y culmina el 4 de octubre. Un interregno festivo que no oculta el más del 90% de las necesidades básicas insatisfechas de sus alegres pobladores.

BIBLIOGRAFÍA

Echavarria Córdoba, Jaime, Aprender a leer a Quibdó. Universidad Tecnológica del Chocó Diego Luis Córdoba, Quibdó, 2000.

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Jiménez Meneses, Orián, El Chocó: un paraíso del demonio: Novita, Citará, y El Baudó, siglo XVIII. Medellín, Editorial Universidad de Antioquia, Colección Clío, 2004.

Mosquera, Sergio A., De esclavizadoresy esclavizados en Citará. Serie Mamawu no. 2 - Promotora Editorial de Autores Chocoanos, 1997.

Vargas Sarmiento, Patricia (Coordinación y compilación), Construcción territorial en el Chocó. Vol. I Historias Regionales, Santa Fe de Bogotá, Programa de historia local y regional del Instituto Colombiano de Antropología ICAN - PNR, con la organización OBAOI 1992-1993, enero de 1993.

Villa Rivera, William, "San Francisco de Asís o la poesía de la calle", en Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República. Vol. XXVI núm. 19, Bogotá, Biblioteca Luis Ángel Arango, 1989.

Tomado de la Revista Credencial Historia, Edición 227, noviembre de 2008