Leticia Ciudad Capital

Ciudades y sitios

Paisaje Urbano

 

 

Leticia

capital de Amazonas

 
Por ser el Amazonas uno de los lugares más apasionantes del mundo, Leticia es visitado por miles de turistas nacionales y extranjeros. Es una ciudad en medio de la selva que cuenta con el poder del río Amazonas (el más caudaloso del mundo y el segundo más largo), y que lo convierte en un verdadero destino exótico. El clima es cálido y húmedo, y la región muy lluviosa. Sólo se puede llegar por avión y cuenta con buena infraestructura hotelera y gastronómica. Está ubicada al lado de Brasil y al frente del Perú, países a los que puede acceder por vía fluvial. Es el punto de partida para conocer los atractivos de la selva.

Parque Santander y Orellana. Cada tarde el espectáculo es la gran cantidad de pericos y loros con llamativos colores que cuando se reúnen forman un alegre con cierto revoloteando por el cielo y los alrededores del parque. Es considerado como el punto turístico más importante de la ciudad.

Museo Etnográfico del Hombre Amazónico. Recoge en su sede un significante número de objetos representativos de las etnias indígenas del departamento. Ubicado en el Banco de la República.

Serpentario de Leticia. Expone a los visitantes diferentes especies de serpientes que habitan la selva amazónica. Se encuentra en reubicación.

Muelle. A este punto arriban la mayoría de las lanchas que se transportan por los diferentes municipios de la región y sus lugares turísticos.
 

Tomado del libro Guía de Rutas por Colombia, Puntos Suspensivos Editores, 2007



   

LETICIA: Puerta de Colombia sobre el río Amazonas

por Elizabeth Riaño Umbarila

Leticia la capital del departamento de Amazonas, está enclavada en el vértice meridional del país conformando el pivote donde convergen los límites de Colombia con Perú y Brasil. Leticia es centro geopolítico importante junto con Manaos en Brasil a 1.700 km , e Iquitos en Perú a 418 km . Dista de Bogotá 1.140 km desde donde se llega por vía aérea en un recorrido de una hora y cincuenta minutos.

ATECEDENTES PREHISPÁNICOS

La ciudad está localizada al sur del denominado Trapecio Amazónico Colombiano, cuya historia en los siglos XVI al XX, está estrechamente ligada al proceso de ocupación del alto río Amazonas. La zona comprendida entre el bajo río Napo (Perú) y la región de São Paulo de Olivença (Brasil), fue ocupada en el siglo XVI por los Aparia o Aricana. La Aparia Grande , su poblado principal, se situaba cerca de la boca del río Javarí. Algunos autores afirman que podría situarse cerca de la actual Leticia (Grohs, 1974). A mediados del siglo XVI, la várzea amazónica presentaba una población numerosa, estratificada y asentada en poblados extensos, producía excedentes que alimentaban un significativo comercio intertribal y tenían un patrón de asentamiento lineal casi continuo a lo largo de kilómetros (Porro, 1996).

En el siglo XVII este mismo territorio se encontraba ocupado por los grupos Omagua, pero en los últimos años de aquel siglo, debilitados por las epidemias y reducidos por la evangelización, comenzaron a sufrir incursiones desde la tierra firme , sin ofrecer la antigua resistencia. Antes de la ocupación europea eran ellos quienes dominaban y disfrutaban los abundantes recursos de la várzea. Tras los repetidos intentos por poblar el Alto Amazonas, los misioneros españoles, en conflicto permanente con los soldados y esclavistas portugueses, incorporaron a la administración jesuítica de Mainas 38 aldeas de indígenas ribereños, labor liderada por el Padre Samuel Fritz. Las actividades de los misioneros españoles promovieron la reacción de los portugueses del Pará, quienes enviaron expediciones con el fin de retomar las posiciones del Alto Amazonas. En 1766 crearon el fuerte militar de São Francisco Xavier de Tabatinga materializando de esta forma sus conquistas.

En 1767 se fundó la reducción de Nuestra Señora de Loreto de Ticunas, el bastión más oriental de los jesuitas españoles, muy cerca a Tabatinga. Pero, en 1768 fueron expulsados, generando según el informe del comisario de límites (1785), don Francisco de Requena, “el abandono de las misiones por parte de sus sucesores, pues si bien éstas aumentaban en número, disminuían en duración y población”. Entre los grupos indígenas que hacían parte de las reducciones misionales estaban los Ticuna, los Cocama y los Yagua, quienes mantuvieron relaciones muy activas durante los primeros años de la presencia misionera, incluyendo intercambios comerciales y guerreros, pues existía también una larga tradición de intercambio chamánico entre los tres grupos (Chaumeil, 1994).

Ante la indefinición de las fronteras entre las coronas de España y Portugal, en los nuevos territorios, en 1777 se firmó el Tratado de San Ildefonso, mediante el cual se dieron reglas claras para su delimitación y Portugal se comprometió a devolver los territorios usurpados en el Alto Amazonas, hasta el lugar donde este recibe las aguas del río Negro. No obstante, las conversaciones se dilataron y el gobierno republicano heredó los problemas de esta indefinición (Gobernación del Amazonas, 1999).

El comisionado Requena propuso a la corte española que las Misiones de Mainas deberían ser administradas por el Colegio de Ocopa, es decir, los Franciscanos de la Propaganda Fide con sede en Perú, quedando supeditadas las misiones de Quito y Popayán al arzobispado de Lima. Esto se hizo efectivo por una Real Cédula de Madrid el 15 de julio de 1802. Esta cédula no pudo cumplirse por haberse promulgado poco antes de las guerras de independencia. Sin embargo, fue la base para varios conflictos con el Perú, debido a que los gobiernos posteriores pretendieron que el gobierno religioso y el civil eran semejantes y que por ello los territorios amazónicos del Virreinato de la Nueva Granada , le pertenecían al Virreinato del Perú. Aduciendo un uti possidetis que no existía, la República de Perú se enfrentó a la Gran Colombia en 1829, para quedarse con la Provincia de Mainas, pero fue vencida por el Mariscal Sucre en la batalla del Tarqui, debiendo entregar ese territorio. Nuevamente los invadió por el resto del siglo XIX, hasta que las riquezas caucheras condujeron a los enfrentamientos con Colombia y con Ecuador (Gobernación del Amazonas, 1999).

Los peruanos al mando del capitán Benigno Bustamante crearon el 25 de abril de 1867 el puerto quinero de Leticia, inicialmente Puesto Militar de San Antonio, cerca del fuerte de Tabatinga.

Entre 1850 y 1930 se desató en el mundo industrial una creciente demanda de productos silvestres tropicales. Entre estos estaban las gomas como el Hevea brasilensis o siringa verdadera, que se da en el valle inundable del Amazonas y en Colombia se registra en las vegas cercanas a Leticia (Domínguez y Gómez, 1990). La disputa por el dominio de la fuerza de trabajo indígena y por el caucho silvestre existente en el área del Putumayo, fue la principal causa de los conflictos que se desatarían entre empresarios peruanos y colombianos, estos últimos expulsados o asesinados por hombres de la Casa Arana , empresa originalmente peruana con capital inglés, que mantuvo cautiva a la población indígena bajo un sistema de terror, ante la indiferencia del gobierno colombiano.

En 1922 se firmó el tratado Lozano-Salomón que fijó los límites entre Perú y Colombia y estableció la soberanía colombiana sobre el Trapecio Amazónico. El 17 de noviembre de 1928 mediante la Ley 96 se delimitó la comisaría especial del Amazonas y se erigió a la población de Leticia como municipio y capital de la misma. La población de entonces estaba conformada por peruanos de Loreto, lo cual sumado a los intereses de Julio César Arana y otros políticos de Iquitos, produjo el levantamiento y la toma de Leticia el 1 de septiembre de 1932, dando origen al Conflicto Peruano-Colombiano. La situación quedó indefinida por dos años hasta 1933, cuando se firmó el Protocolo de Río, que favoreció a Colombia. En ese momento el Gobierno realizó grandes inversiones en obras de infraestructura generando un incremento notable en el poblamiento y estructurando la nacionalidad colombiana en la Amazonia (Domínguez y Gómez, 1994).

En 1930 el Comisario Especial del Amazonas describía el asentamiento de Leticia así: “…existen 24 casas de mezquina construcción, todas de paja y en un completo deterioro las que pertenecen a particulares, dos edificios de la Estación de Radio, y cinco más un garaje de madera y ruberoy, levantadas por el Coronel Acevedo; todas estas que enumero se encuentran situadas en la margen izquierda y a orillas del Amazonas, formando una calle de estención (sic) de unos 700m…”. El municipio de Leticia contaba con 581 habitantes, “…estos en su generalidad indios de raza pura (peruanos) mestizos un veinte por ciento, brasileros un dos por ciento y colombianos contadísimos…”. (Archivo General de la Nación , 1930).

LAS ECONOMÍAS EXTRACTIVAS

Después del boom del caucho los “productos” a extraer del bosque fueron las pieles y la fauna, la balata–chicle, la madera y el pescado. Durante las décadas de los sesenta y setenta, la venta de pieles y animales vivos fue una de las actividades económicas más importantes de la región. Un negociante norteamericano, hizo de Leticia un centro exportador de pieles y animales vivos (caimanes negros, capibaras, micos, tigres, aves, etc.), que compraba a los indígenas. Esto se podía realizar porque no existían medidas en contra de tal actividad. Durante ese periodo la extracción y venta de madera también constituía un renglón importante destinado a mercados fuera de la región. Esta situación se mantuvo hasta principios de los noventa cuando se estructuró la legislación ambiental colombiana. No obstante, algunas de estas prácticas persisten soterradamente.

A partir de la década del setenta las mismas rutas utilizadas para la extracción de pieles, animales y madera fueron utilizadas para el tráfico de drogas. Las transacciones comerciales de Leticia y Tabatinga resultaron seriamente afectadas al ser incorporadas en la ruta de exportación de cocaína, vía río Amazonas-Atlántico y punto de entrada de precursores químicos a Colombia. Entre 1976 y 1982 el mercado regional estaba determinado por el mercado de las drogas y el costo de vida se incrementó de forma alarmante. El procesamiento de la pasta base llevó a Leticia a comprar energía a Tabatinga para satisfacer la demanda. Entre 1990 y 1997 aumentó la represión al tráfico de drogas llevando a la disolución del cartel de Leticia y a la confiscación de los bienes de los narcotraficantes locales (Steiman, 2002).

La pesca es una actividad que hace parte de la cotidianidad de los pobladores ribereños, pero la presencia de comerciantes e intermediarios, ha hecho de ella un negocio que significa buenos dividendos para los dueños de la infraestructura de frío y de la red de transporte, aunque los pescadores no obtengan más beneficio que la posibilidad de comprar unos kilos de azúcar, arroz o aceite. En esta área de aguas internacionales se presenta el contrabando de pescado pues muchos de los intermediarios colombianos le compran a los pescadores brasileños su producto y lo reportan como obtenido en aguas colombianas.

EL CRECIMIENTO CONURBADO DE LETICIA Y TABATINGA

La historia de Leticia como ciudad es relativamente reciente, con la particular característica originada por la presencia de la vecina Tabatinga. Este tipo de ciudades se conocen como ciudades gemelas o ciudades pares fronterizas y entre ellas se tejen redes de carácter económico, social, cultural y funcional. Presentan un proceso de conurbación que se evidencia en el trazado urbano mostrándolas como un solo sistema. En este caso, la jerarquía de las ciudades se ha alternado dependiendo de las condiciones económicas dominantes.

El asentamiento inicial de las dos ciudades se localizó muy cerca a la quebrada San Antonio que desemboca en el Amazonas y define el límite internacional. El crecimiento se dio en sentido opuesto a la frontera, hacia el interior de los respectivos países. Poco a poco se ha ido restringiendo su posibilidad de expansión, dada la presencia de predios estatales y figuras territoriales que las limitan. Ambas ciudades ocuparon el sector de inundación del río Amazonas de manera inapropiada. El potencial atractivo natural de esta zona es subvalorado por el deficiente manejo del sistema de servicios públicos que le lanza sus aguas negras, además de las basuras y los aceites de los botes. Agravando el problema se localizan allí viviendas en forma desordenada sin detenerse a considerar el proceso de erosión que presenta la orilla; lo mismo sucede al interior de la ciudad en las áreas aledañas a los caños o humedales que la atraviesan.

Inicialmente la comunicación entre las dos ciudades se hacía por vía fluvial y posteriormente terrestre cuando se abrió la Avenida Internacional (Leticia) ó “Avenida da Amizade” (Tabatinga). Estos ejes constituyen los elementos estructurantes del par urbano. Sobre la “Avenida da Amizade” se localizan las instituciones político administrativas y comerciales principales. La Avenida Marechal Mallet hasta los ochenta era el principal eje comercial de la ciudad en el centro antiguo de Tabatinga. En Leticia, la Avenida Internacional se destaca por una intensa actividad comercial, pero el centro político administrativo se localiza en las manzanas fundadoras de la ciudad, sobre la Carrera 11 entre calles 7 y 117. En los demás sectores, que corresponden a barrios de formación reciente predomina el uso residencial y se presentan algunos establecimientos de comercio a muy pequeña escala. En la zona del centro, sobre la calle 7 entre el puerto y la carrera 11, se instala el mercado local de productos procedentes de las chagras indígenas.

En el aspecto socioeconómico y funcional , si bien es cierto que Leticia se articula con Tabatinga y ambos son instrumentos de la soberanía de cada uno de los Estados, se evidencia la similitud de las difíciles condiciones de vida de los habitantes en los dos países. Se destaca el papel que cumple el Estado en Leticia, como el principal empleador. El comercio y los servicios públicos y privados constituyen los sectores más dinámicos de la ciudad a nivel económico, pero con bajo desarrollo tecnológico. Carece de una estructura manufacturera más desarrollada, y depende en gran medida del ciclo natural de la pesca en el río Amazonas. La promoción y fomento del turismo de cobertura nacional e internacional no termina de consolidarse.

La población residente en Leticia conforma un heterogéneo escenario constituido por habitantes colombianos, brasileños y peruanos que viven y/o trabajan en la ciudad. Algunos de ellos proceden del interior de sus respectivos países pero la mayoría son indígenas o descendientes de los indígenas que tradicionalmente han habitado la región. Ticunas, Cocamas, Yaguas y tanto de Colombia como de Brasil y Perú, hacen parte de este sazonado caldero intercultural, que permanece vivo gracias a la intensa movilidad entre países que históricamente han mantenido.

Esta zona de triple frontera es bilingüe –español, portugués- esto, sin considerar la lengua ticuna que mantiene un fuerte proceso de vigorización. La presencia de otros grupos como los Uitoto en áreas aledañas a la ciudad también contribuye para enriquecer y complejizar la dinámica sociocultural. La población no indígena, es reflejo del país interior. En informe del CES, se indica que para el año 1995 el 81% de la población residente en el área urbana de Leticia había nacido en la ciudad o en otras poblaciones del departamento de Amazonas. Un 5% procedía de Bogotá y Cundinamarca, un 3% de Perú y Brasil y el 11% restante provenía de otros departamentos del país. Agrega que el 74.9% de la población, había vivido de forma permanente en Leticia.

De los migrantes residentes, la mayor proporción 30.6% llegó entre 1990 y 1993. El 29.9% llegó entre 1980 y 1989. Estos periodos se incluyen dentro de la llamada bonanza del narcotráfico. El Censo DANE 2005, reportó que en el área urbana de Leticia el 90.61% de la población dijo no pertenecer a algún grupo étnico, en tanto que en el área rural el 72.54% si lo manifestó. La población que dijo ser indígena en el área urbana fue del 5.76%. Los habitantes del área urbana sumaron 23.811 y 14.021 los del área rural, para un total de 37.832 equivalentes al 55,86% del total departamental que fue de 67.726 personas. En cuanto a Tabatinga el IBGE estableció la población del municipio en 45.293 para el año 2007.

La tasa de crecimiento poblacional de la ciudad ha venido en descenso. El crecimiento entre 1973 y 1985 fue del 8,87%, disminuyendo a 2.76 para el periodo 1985-1993, situación que se explica por el fin de la “bonanza coquera”. Entre 1993 y 2005 la tasa fue tan sólo del 1,92% coincidiendo con un periodo muy débil en su economía y una fuerte inestabilidad política y administrativa. Para el año 2000 la situación financiera de Leticia y del departamento de Amazonas era crítica por el alto déficit fiscal, a lo que se sumó la suspensión del alcalde y del gobernador del momento por corrupción y malos manejos.

Manifestaciones de la integración fronteriza se dan con la celebración anual del Festival de la Confraternidad Amazónica del 15 al 20 de julio y el Festival Internacional de Música Amazonense “Pirarucú de Oro” en noviembre. Son muy bien recibidos estos eventos a nivel local, pero se requiere que los ejercicios de integración se fortalezcan y materialicen, redundando en mejores condiciones de vida para sus habitantes más allá de las festividades.

REFERENCIAS

República de Colombia. Archivo General de la Nación. Sección República. Tomo 1005. Folios 332 a 335.1930

Colombia. Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y Universidad Nacional de Colombia. Mercado laboral y migraciones en Leticia, Amazonas . Santafe de Bogotá, D.C.: copia de computador, 1995.

Chaumeil, Jean Pierre. “Los Yagua”. En Guía etnográfica de la Alta Amazonía , Vol. I, Quito: Fernando Santos y Frederica Barclay Editores, Flacso, 1994.

Domínguez, Camilo y Gómez, Augusto. La economía extractiva en la Amazonia colombiana, 1850-1930 . Bogotá: Tropenbos Colombia – Corporación Araracuara, 1990.

Gobernación del Amazonas, Universidad Nacional de Colombia. Departamento del Amazonas, el hombre y su medio . Santafé de Bogotá, D.C.: 1999.

Grohs, Waltraud. Los indios del Alto Amazonas del siglo XVI al XVIII , Poblaciones y migraciones en la antigua Provincia de Maynas . Bonn: 1974.

Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística. http://www.ibge.gov.br.

Porro, Antonio. O Povo das águas, Ensaios de Etno-história Amazônica . Petrópolis: Editorial Vozes, Edusp, Petrópolis 1996.

Riaño, Elizabeth. Organizando su espacio, construyendo su territorio. Transformaciones de los asentamientos ticuna en la ribera del Amazonas colombiano . Universidad Nacional de Colombia, Sede Leticia. 2003.

Steinman, Rebeca. A Geografia das Cidades de Fronteira: Um estudo de caso de Tabatinga (Brasil) e Letícia (Colômbia) . Dissertação do Programa de Pós-Graduação em Geografia da Universidade Federal do Rio de Janeiro. 2002

Tomado de: Revista Credencial Historia. (Bogotá - Colombia). Edición 233, Mayo de 2009