Miguel Alfonso Sopo Duque

Zipaquira, Cundinamarca

Escultores, Pintores

Figura Humana


 Miguel Sop�

pintor, escultor
 

Miguel Sopo: escultura en el sector de Teusaquillo, Bogot�
 


El maestro naci� en Zipaquir� (Cundinamarca) en 1918. Estudi� en la Escuela de Bellas Artes de Bogot� (hoy Escuela de Artes Pl�sticas de la Universidad Nacional), donde recibi� los t�tulos de dibujante, en 1940, y de su sociedad. Como lo expresa Sop�: "Mi mente y mis manos, forjadas por los golpes de quienes entregaban su vida y sudor en los socavones de Zipaquir�, no pueden descansar, tienen que seguir labrando un homenaje silencioso a los humildes, la raz�n y el sentido de mi creatividad".

El Cristo

Clavado a un  madero que preside el Altar Mayor se encuentra Cristo crucificado. Sop� plasma todos los sentimientos de amor, dolor, sacrificio y fe en su complaciente rostro inclinado hacia el hombro derecho, queriendo capturar ese segundo antes de su �ltimo suspiro, al igual que "con las manos enormes muy abiertas, a la manera del crucificado de Gr�newald", expresa sentimientos de perd�n y comprensi�n, paz y redenci�n, como seńala Germ�n Rubiano en su libro Escultura colombiana del siglo XX

"En mi estad�a en Nueva York tuve la oportunidad de aprender con maestros italianos la t�cnica de la fundici�n. Entonces arm� un taller para realizar el proyecto. E1 Cristo fue fundido en bronce y clavado a una cruz de madera silvestre, eucalipto, conservando la corteza. Mide 4 metros de alto por 3,8 metros de ancho y tiene peso aproximado de 550  kilogramos.

Como fundici�n, ofrece la ventaja de tener todos los detalles modelados en la estructura original, cuenta el maestro Sop�.


El V(a crucis

Se trata de una representaci�n de la Pasi�n de Jesucristo en su camino al Calvario. Son 14 estaciones, de pequeńo formato, realizadas en bronce y adosadas a los muros laterales de la capilla. El escultor plasma, con una sorprendente simplificaci�n y econom�a de forma hasta ahora no conocida en su proceso, una composici�n din�mica, conmovedora y audaz que se define a trav�s de la esquematizaci�n de vol�menes en alto y bajo relieve, acentuados por el juego de la luz y de la sombra, lo que permite que estas figuras traten de salir de esa pequeńa caja que logra contener el impulso de sus movimientos. Relata el maestro Sop�:

"El padre Miranda y yo estudiamos la Biblia, bregamos de una forma ardua, discutimos y casi peleamos en la realizaci�n del diseńo del dibujo del V�a crucis. Porque cuando yo quer�a hacer una figura en s�ntesis, un pedazo de una figura, �l quer�a que se hiciera toda en un formato pequeńo, ya de terminado por el arquitecto �dgar Burbano. Bueno, eso fueron discusiones tremendas, pero al fin se realiz�".

El mural

La obra representa a Jesucristo resucitado en postura humilde, de rodillas (para respetar las proporciones del lugar), rodeado por los evangelistas con sus respectivos s�mbolos: Mateo y el rostro humano (porque el evangelio comienza con la narraci�n del origen de Cristo); Marcos y el le�n (por comenzar la narraci�n con la predicaci�n de Juan en el desierto); Lucas y el toro (presenta el sacrificio de Zacar�as), y Juan y el �guila (comienza su narraci�n desde la generaci�n del verbo divino).

Seg�n el maestro, "all� en el mural hay que reconocer que existe una pobreza de color. Yo hice un dibujo policromo, se lo present� a Obras P�blicas y hubo discusi�n, en el sentido en que si un escultor se pon�a a hacer un mural de color, entonces ten�a que llamar a un pintor. Yo dije, no, yo me defiendo como dibujante. Hice el dibujo y me dijeron: siga adelante. Sin ser pintura, es un dibujo ilustrativo; es decir, tiene sensaci�n de relieve sin ser relieve, como es el dibujo del escultor".

Tomado UNPeri�dico, publicaci�n de la Universidad Nacional de Colombia, 2 de julio de 2006

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La producci�n escult�rica de Miguel Sop� Duque durante las d�cadas de 1940 y 1950 se centr� en escenas populares donde hombres, mujeres y nińos son representados en pleno vigor y en diversas situaciones de la vida diaria.  

A diferencia de otros escultores latinoamericanos de las d�cadas de 1930 y 1950, el trabajo de Sop� no fue una respuesta a las corrientes mexicanas y argentinas que intentaban reivindicar al campesinado y a la clase obrera. El verdadero punto de partida de su obra fue su origen, una regi�n minera en la que creci� rodeado de personajes trabajadores donde resultaba evidente la mezcla del ind�gena, el negro y el europeo. Sus grandes temas fueron las figuras femeninas y la maternidad, en los que se destaca un volumen compacto que llama la atenci�n m�s por su forma que por los temas que representa. Sin embargo, sus figuras siguieron vinculadas a procedimientos de tradici�n europea como la talla en madera o piedra y el modelado en arcilla.

Dentro del programa expositivo ?Nuevos nombres del pasado?, el Museo Nacional invita a recobrar y reconocer el valor y la calidad de Miguel Sop�, un escultor con 68 ańos de carrera art�stica y quien, como seńal� el caricaturista y periodista Jorge Moreno Clavijo, se destac� por haberse apartado de la escultura conmemorativa y trabajar en dar movimiento y volumen a sus figuras*. 

*Jorge Moreno Clavijo. ?El V Sal�n de Artistas Colombianos?. En Revista Cromos, 21 de octubre de 1944.

Texto gentilmente suministrado por el Museo Nacional de Colombia, 2008 

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PRESENTACI�N


Al evaluar mi gesti�n profesional he quedado perplejo al apreciar que el tiempo transcurrido desde que obtuve, en la Escuela de Bellas Artes de la ciudad de Bogot�, hoy Universidad Nacional, el t�tulo de Maestro, han transcurrido sesenta ańos. Toda una vida de absoluta dedicaci�n a las artes, en particular a la escultura, teniendo como complemento el dibujo y la pintura, que siempre han sido el soporte b�sico, sin el cual se hace dif�cil a veces poder plasmar la figura tridimensional en que se expresa la primera. El ejercicio que actualmente me ocupa ha permitido revisar ampliamente el contexto de mi obra, desde los diferentes �ngulos de su creaci�n. He podido revisar, recrear los detalles m�s �ntimos de los anteproyectos, dibujos, bocetos, fotograf�as y, en fin, en toda la metodolog�a aprendida que ha hecho de mi el ser dedicado al arte que hoy soy.

Para un escultor, no es f�cil mantener un archivo f�sico de su obra. El tamańo de las obras hace, con frecuencia, imposible lograrlo. Nuestros productos, enormes en peso y volumen, realizados en piedra, m�rmol, granito, arcilla o madera, se convierten, como realizaci�n de nuestro trabajo, en grandes monumentos, como los que se encuentran en las inmensas urbes; alegor�as, estatuas y murales que las decoran, generando espacios que la humanidad guarda en su retina.

El esfuerzo intelectual y f�sico que exigieron las obras que he realizado desde 1944 hasta la fecha tienen el mejor reconocimiento cuando veo que muchas de mis creaciones han entrado a formar parte del patrimonio urban�stico y cultural del pa�s.

Esta sencilla obra que presento tiene por objeto compartir con los lectores lo que ha sido mi trasegar por el mundo de la escultura y el arte. Mi mayor deseo es que, quien no puede desplazarse por los diferentes lugares de Colombia y del exterior en donde se encuentran ubicadas gran parte de mis obras, puedan conocerlas aqu�. Igualmente me anima la intenci�n de contribuir a la divulgaci�n de algunas de las t�cnicas y procedimientos que han acompańado mi consagraci�n a poner en materiales perdurables mi amor por la vida y mi profundo respeto por quienes desde su humilde condici�n de trabajadores han contribuido a construir esta Naci�n.

Tomado de http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/todaslasartes/vida/vida3.htm   , 2012

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