Martha, Marta Traba

Argentina

Presentadores, Críticos (critica de artes plasticas)

Personaje

 

Marta Traba

Martha Traba

Crítica de Arte, presentadora

   
 

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Por Alvaro Medina, escritor

Fue una de las críticas más importantes del arte colombiano y latinoamericano. Organizó el Museo deArte Moderno, de Bogotá.

"Mordaz y apasionada", como la ha llamado su biógrafa, la escritora argentina Victoria Verlichak, MartaTraba (Buenos Aires-1923) trabajó en Colombia de 1955 a 1969, a donde llegó tras contraer matrimonio con el periodista Alberto Zalamea. Colaboró con la HJCK, la Televisora Nacional, El Tiempo, Mito, Semana, La Nueva Prensa y El Espectador, y se ganó el respecto del mundo intelectual por la severidad y el rigor de sus juicios críticos sobre arte colombiano. Reconoció y explicó la jerarquía creativa de Alejandro Obregón, Guillermo Wiedemann, Édgar Negret, Eduardo Ramírez Villamizar, Fernando Botero, Enrique Grau y Antonio Roda, entre otros, pero también fustigó sus obras a la hora de registrar la decadencia de algunos de ellos. En los ańos 60 estimuló a la generación de relevo (Pedro Alcántara, Luis Caballero, Bernardo Salcedo, etc.) y escribió para reconocer el talento de sus miembros más destacados. Con esto demostró que tenía la capacidad de entender nuevos planteamientos y lenguajes.

Como historiadora se empeńó en una crítica extemporánea de los hechos abordados, reclamándoles a los artistas del pasado lo que sus respectivas épocas no alcanzaron a dar objetivamente, no obstante lo cual supo arar el terreno hasta entonces virgen del arte latinoamericano. En 1960, en la galería El Callejón de Bogotá, dictó cinco conferencias que al ańo siguiente fueron publicadas con el título de La pintura nueva en Latinoamérica. De entrada introdujo la alerta que marcó una nueva actitud: "No hay persona de mediana cultura que no esté al tanto de los movimientos artisticos y culturales europeos, y aun de los norteamericanos. América Latina, en cambio, es un terreno inédito". La disciplina de escribir la historia del arte latinoamericano había nacido al fin y Marta Traba fue la pionera.

En 1960, ańo clave, fue encargada de la participación de Colombia en la Bienal de México. Con buen criterio escogió a Wiedemann, Obregón, Ramírez Villamizar y Botero. Esto ocasionó una verdadera tempestad. No se entendía que en lugar de escoger dos docenas de artistas con una obra cada uno, prefiriera enviar cuatro, pero con un promedio de seis obras por firma. Su posición fue atacada por tener la virtud de corresponder, entre nosotros, al primer ejemplo de curaduría artística y creativa. Los seleccionados tuvieron que renunciar a la Bienal y desde entonces fueron calificados de trabistas.

Publicó un total de 22 libros y más de 1.200 artículos. Su prestancia intelectual fue tal, que en 1963 logró cristalizar un viejo y ya casi fracasado sueńo: organizar el Museo de Arte Moderno de Bogotá, del que fue su primera directora. Fue poeta, novelista, librera, profesora universitaria y fundadora de la revista Prisma, una de las raras publicaciones dedicadas al arte que aquí hemos tenido. Sin la menor vacilación, su nombre podría figurar en la lista de los cinco ensayistas y críticos más influyentes de todos los tiempos en Colombia.

Fue forzada a salir del país por su ideas políticas de izquierda, lo que la llevó a ejercer la crítica en Venezuela y Puerto Rico. Vivía en París cuando murió en un accidente de aviación (Madrid-1983) al lado de su segundo esposo, el reconocido crítico literario uruguayo Ángel Rama.

Tomado de la Revista Semana Edición 1224, 17 de octubre de 2005

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Crítica de arte y escritora oriunda de Argentina (Buenos Aires, enero 25 de 1930 - Madrid-Barajas, noviembre 27 de 1983). Hija de dos inmigrantes gallegos, el periodista Francisco Traba y Marta Taín, Marta Traba quiso ser desde siempre escritora y por eso eligió la carrera de Filosofía y Letras, que estudió en la Universidad Nacional de Buenos Aires. Mientras realizaba sus estudios, trabajó con el crítico de arte Jorge Romero Brest en la revista Ver y Estimar, donde publicó sus primeros artículos y así, rápidamente, encontró su rumbo en el mundo del arte y en la dimensión de la escritura

Desde muy joven, Marta Traba eligió una vida errante -que con los ańos se convirtió en una condición de exilio- cuando, ante la necesidad de libertad y por inconformismo ante la situación de la Argentina periodista, se lanzó al vacío: se fue a Europa en busca de otros argumentos de vida. Llegó a Roma, y vivió en París, donde estudió Historia del Arte en la Sorbona (1949-1950).

Como le sucedió siempre, necesitaba un horizonte más abierto. Sabía de su capacidad de trabajo. Tenía rigor y una estricta disciplina. Confiaba en su ritmo interior, no tenía barreras porque conocía bien sus debilidades; no presentaba la lejana distancia ni la pared del tímido, aunque sabía de su profunda timidez; y no entendió nunca la incompetencia, porque su nivel de exigencia fue siempre severo. Sus ambiciones fueron reales y por lo tanto seguras; también así vivió las frustraciones, que dentro de su autocrítica y su mirada hacia los demás, hacían parte de su realidad cotidiana. 

Tenía un inmenso don de palabra, una organización mental y unas convicciones férreas que la llevaron al éxito y a la adversidad. Se preocupaba por mantener una cultura amplia. Día a día, mantenía la alegría y el entusiasmo por adquirir una nueva dimensión de las cosas, una nueva interpretación del mundo, un entendimiento más real de las situaciones políticas: había que profundizar y asimilar los acontecimientos. Le interesaba la historia y le apasionaba el presente.

Su personalidad de líder la hizo ser más fuerte y la mostraba menos vulnerable. Dedicó la vida a su trabajo que siempre tuvo la escritura como eje y oscilaba entre la crítica y la novela. Entendió que la historia, toda biografía, toda descripción de la realidad, es una ceremonia tenida de prudencia. El historiador tiene la obligación de documentar, el novelista inventa, puede mover sus personajes y concertarlos en cualquier lugar y tiempo. Así, ella unió esas dos dimensiones: investigadora meticulosa del arte v creadora literaria.

 

Para ser consecuente con su decisión de conocer el mundo. Marta Traba vivió la Europa de la postguerra, v como la gran mayoría de los intelectuales latinoamericanos, estuvo bajo el sino de la supervivencia y la lectura, el debate y el compromiso. Todas 1as adversidades de la pobreza eran parte de esa aventura. En 1952, en París, escribió su primer libro de poemas: Historia natural de la alegría. En 1954 llegó a Colombia, casada con el periodista Alberto Zalamea, y eran entonces dos sońadores que recorrían los caminos del periodismo colombiano. Participó con otro gran modernista, Jorge Gaitán Durán, en la revista Mito.

Desde que la televisión fue un hecho en el país, realizó su programa de historia del arte, que emitía en directo, y en la Universidad Nacional obtuvo su cátedra sobre historia del arte, desde donde fomentaba la cultura de las artes plásticas con inmensa generosidad y observaba cómo los jóvenes intuían un nuevo rumbo en el arte colombiano. En la misma universidad fundó como protectora de las artes, su templo: el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Emma Araújo de Vallejo cuenta: ŤLo instaló en una pequeńa construcción de la Caja de Previsión Social; tumbó muros y surgieron salas, levantó una tapia y apareció el patio de esculturas y, aún más importante, el Museo y el departamento de extensión se convirtieron en centro cultural; mesas redondas, simposios, exposiciones de artistas colombianos y extranjeros se mezclaron de manera espontánea,>. Como era una incansable trabajadora, también daba clases de arte en la Universidad de los Andes. Ella bien lo sabía, la pedagogía era el método para salir adelante. La crítica, la forma de demoler estadios retardatarios.

Su crítica en los diversos diarios de Bogotá siempre fue aguda y severa, porque no podía aceptar el encierro de ese mundo claustrofóbico en que se encontraba el arte colombiano. Era dura, porque debía iniciar batallas allí donde no se movían las ideas, simplemente porque se llevaba el impulso tranquilo de 1as tradiciones académicas en la mitad del siglo xx. Su aguerrida lucha tenía el convencimiento de q

ue en el ambiente no se había despertado el espíritu de la modernidad, y por lo tanto existía un retraso fundamental que era intolerable. Llegó a desenmascarar la situación que cómodamente se representaba con retratos, a luchar, contra el paisajista, a instigar al movimiento de 1os Bachués, a remover la actitud tradicional en favor de la modernidad. Y eso sólo lo podía lograr a través de una concientización cultural en todos los medios.

En 1968, los militares se tomaron la Universidad Nacional. Cuando pidieron su opinión, ella declaró su inconformismo ante la ocupación y denunció los destrozos que había realizado el ejército. Esto fue motivo suficiente para que el presidente Carlos Lleras Restrepo la expulsara del país, como a extranjera que estaba interviniendo en los asuntos del país. Le dieron veinticuatro horas para salir y desde ese momento el exilio fue una imagen y un concepto que se incorporó a su vida. De una manera u otra, cada cambio de país fue un estadio en el que se mezcló el sentimiento de abandono con el de expulsión. Le quedó la marca, aunque nunca se llevó a cabo la sanción. Hubo un repudio general, y el Estado colombiano nunca suministró el dinero para los pasajes de ella y sus dos hijos, Gustavo y Fernando. Era, además, la esposa de un ciudadano colombiano, con derecho a ser colombiana.

Marta Traba conocía la magnitud de las labores que le otorgaran peso a su trabajo. Como pedagoga e impulsora de la cultura, le explicó a un público general un destino más amplio. Demostró y formó una nueva generación que estaba 1ista para lo que ella llamó "el salto al vacío", abrió caminos, explicó nuevas propuestas, subrayó la importancia de los accionistas de arte moderno latinoamericano, buscó y seńaló en cada país los hombres que hoy son pilares de las artes plásticas.

Marta Traba tenía un acertado y severo ojo crítico y hoy, la historia le da la razón. Con su crítica y su pedagogía sobre la historia del arte fue armándose de una imagen profesional de mucho peso, que podemos resumir en dos aspectos: combativa y seductora. Sus ideas tenían fundamento, proyectaba su inmensa fuerza interna y siempre encontraba grandes cómplices. Ella, desde la década de los sesenta, fue abriendo los caminos del "boom". Demostró cómo Alejandro Obregón comenzó la historia de la abstracción verdadera, explicó la deformación de Fernando Botero, explicó la dimensión de artistas extranjeros como Leopoldo Richter y Guillermo Videmann,., resumió la geometría de Eduardo Ramírez y Edgar Negret, se comprometió con la anarquía de Feliza Bursztyn o el dramatismo de Antonio Roda. En la década de los setenta asumió el mundo del arte pop y del arte conceptual. Cada época era para ella una generación que asumía la modernidad como lo que era: testigos de su historia.

En 1958 Marta Traba publicó su ensayo sobre estética, El museo vacío, donde analizó a Crocce y a Worringer y expuso la necesidad de que existiera un paralelo coherente entre el arte moderno y el hombre actual. En 1961 apareció La pintura nueva . en Latinoamérica, donde puso en evidencia el olvido en que se encontraba el arte de América Latina. Con sus libros y sus múltiples actividades se dedicó a subsanar errores profundos, que existían por el enorme desconocimiento y un público carente de opinión.

En sus libros sobre la historia del arte de América Latina, como Dos décadas vulnerables en las artes plásticas latinoamericanas, que editó en México en 1973, Marta Traba analizó el paso del 50 al 60 y del 60 al 70, época que le interesaba porque durante este tiempo aparecieron actitudes de lo que ella llamaba la vanguardia. En su último libro, Arte de América Latina I900-1980, amplió esta visión. País por país, fue seńalando los movimientos y las características individuales que el arte contemporáneo presentaba. En un sistemático orden histórico fue explicando desde la aparición de artistas que vivían la condición de la individualidad, hasta la cadena de sucesos que hacían posible la aparición histórica de movimientos, tendencias y posturas. Ella siempre vio el arte latinoamericano como un rompecabezas, donde cada pieza era tan necesaria como la de al lado para formar el conjunto y comprender cada paso.

Sin duda alguna, Colombia fue su centro. Se convirtió en colombiana con su acento porteńo en 1982, cuando el presidente Belisario Betancur le otorgó la nacionalidad. Fue su país, es el país de sus hijos y nietos. Salió de Colombia en 1969 y siguió su camino errante a vivir en Montevideo, Caracas, San Juan, Washington, Princeton, Barcelona y París. Este mundo lo recorrió junto con el crítico literario Angel Rama, su marido. Para mostrar el impulso de la creación interminable de Marta Traba, Elena Poniatowska comenta en un prólogo que escribió en marzo de 1984: ŤEn 1966, conocida por todos como crítica y por algunos como autora de un bello libro de poemas, Historia natural de la alegría (Qué bonito título), se revela como novelista. En La Habana, un jurado compuesto por Alejo Carpentier, Manuel Rojas, Juan García Ponce y Mario Bennedetti confiere a Las Ceremonias del verano el premio Casa de las Américas.

Fogosa y entusiasmada, Marta se adhiere a la joven revolución. Son ańos fructíferos, asoleados, las ramas del árbol Marta Traba se cubren de follaje y de manzanas de oro. Marta Traba publica en diversos países, en México, en Colombia, en Puerto Rico, en Venezuela. Los libros salen en tres meses, Ąni Carlos Fuentes el prolífico!ť.

Su muerte, junto con la de Angel Rama, ocurrió trágicamente. Después de haber superado un cáncer que la hizo creer en la vida y sentir próxima la muerte, murió en un accidente aéreo cerca del aeropuerto de Barajas, en Madrid, el 27 de noviembre de 1983. Viajaban a Colombia para asistir a un Encuentro de la Cultura Hispanoamericana, invitados por el presidente Belisario Betancur.

ANA MARÍA ESCALLÓN

Bibliografía

CORREA DE ZAPATA, CECILIA. "Marta Traba (193~1983)". En: DIANE E. MARTING. Escritoras de Hispanoamérica. Una guía bioBiBliográfica. Bogotá, Siglo XXI Editores 1991, pp. 543-554. MUSEO DE ARTE MODERNO. Marta Traba. Bogotá, Planeta, 1984. PONIATOVSKA, HELENA. "Marta Traba o el salto al vacío". Revista Hispanoamericana, 51 (1985), pp. 883-897.

Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías

Tomado de http://www.latinartmuseum.com/marta_traba.htm

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Colombia la marcó y ella dejó una huella imborrable en el arte nacional. Escritora y crítica de arte, la argentina Marta Traba comenzó su relación con el país cuando se casó con el periodista Alberto Zalamea, con quien llegó a Bogotá en 1954. Tenía apenas 24 ańos y aquí desarrolló parte de una aventura intelectual que comenzó como estudiante de Filosofía y Letras en la Universidad Nacional de Buenos Aires, y que luego la llevó por Roma, París -donde estudió Historia del arte en La Sorbona- además de Montevideo, Caracas, San Juan, Washington y Barcelona.

Pero la memoria de Marta Traba siempre estará ligada a los grandes del arte colombiano que ella impulsó corno Alejandro Obregón, Fernando Botero, Edgar Negret, Eduardo Ramírez Villamizar, Feliza Bursztyn y Antonio Roda, y porque con su tesón se metió a las aulas de la Universidad Nacional, creó allí el Museo de Arte Moderno de Bogotá, criticó al Gobierno, y hasta fue expulsada del país pero su castigo nunca se cumplió.

Su mirada aguda del arte colombiano se plasmó en los periódicos bogotanos y en la televisión. Aunque se fue del país en 1969, recibió la nacionalidad colombiana en 1982 y al ańo siguiente, el 27 de noviembre de 1983, luego de haber superado un cáncer, murió en el accidente aéreo de Avianca en el aeropuerto de Madrid. Venía para Bogotá con su segundo esposo, el escritor uruguayo Angel Rama, a un encuentro de cultura hispanoamericana.

Tomado de la Revista Cromos No.4733, 29 de noviembre de 2008

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a 30 años de la muerte de la crítica Marta Traba

En una palabra ...

¿Qué papel cumplió Traba en el círculo artístico del país? Reunimos algunas anécdotas sobre su vida y su trabajo en televisión y medios impresos.

por STEVEN NAVARRETE, ESPECIAL PARA EL ESPECTADOR

Marta Traba, crítica de arteHace algunos años en una clase de historia del arte me pidieron que definiera a Marta Traba en una palabra. Uno de esos clásicos ejercicios cognitivos que hacen los maestros para conectar a tierra los estudiantes que están distraídos o embelesados con otras cosas, menos con los temas de clase. Pero no era mi caso, yo estaba embelesado con su vida. Creo que me demoré mucho, sentí que el tiempo se detuvo, como le sucedía a Ben, el protagonista de Cash Back, película de Sean Ellis. Sólo que quien estaba petrificado era yo, no sólo por las miradas inquisidoras de los compañeros de curso que esperaban un simple adjetivo, sino porque la sola idea de elegir uno que no le hiciera justicia me provocaba un tremendo dolor de cabeza.

El primero fue hermosa... No sólo yo lo creo, los hombres de la época se desvelaban por ella, como su primer esposo, el escritor y periodista Alberto Zalamea, o el escritor uruguayo Angel Rama, su segundo esposo. También se rumora que tenía a medio centenar de políticos detrás de su sonrisa, hombres de todos los talantes, edades y de las más diversas tendencias políticas.

Otra palabra que podría definirla, pensé, fue moderna. Llevaba su sensualidad con elegancia: un corte de cabello algunas veces muy corto, otras, no tanto, luciendo un corte estilo “Bob”. En la misma época, en el país en que se afincaba el movimiento de liberación femenina, las mujeres podían votar, profesionalizarse, salir de las cocinas y los conventos. Emma Araújo de Vallejo, una de sus mejores amigas, cuenta en el periódico La Hoja de Bogotá: “Cambió la vida de muchas mujeres diciendo: se puede cocinar y ser intelectual, ser independiente y compartir feliz la vida con alguien. Se debe leer y ver”.

En una cafetería de una reconocida universidad de la ciudad, un día escuché a dos profesores pensionados que, entre recuerdos y nostalgias pasadas por un café, rumoraban que Carlos Lleras, cuando era presidente, expulsó a Traba no porque sospechaba que promovía el comunismo, por lo cual la acusaba, sino porque su esposa lo tenía desesperado de tanto celarlo. Esto realmente tan sólo es un chisme de pasillo. Al entrevistar a Emma Araújo de Vallejo, quien fuera su compañera de trabajo en la Universidad Nacional para la época, cuenta la verdadera historia Mientras que Traba dirigía extensión cultural de la universidad, Araújo dirigía relaciones públicas durante la rectoría de José Félix Patiño, y compartían una pequeña oficina junto a la rectoría. “A Marta se le intentó expulsar del país por unas declaraciones que dio a los medios, en desacuerdo con la entrada de tanques de guerra a la Universidad Nacional, algo que no había sucedido nunca. Estaba trabajando con ella cuando me comentó que la llamaban del DAS, que tenía que presentarse de inmediato, y me dijo que apenas supiera algo me llamaba, y así lo hizo. Tomó el carro y se fue para el DAS, luego recibí la llamada y lo primero que me dijo fue Emma, me expulsan del país, tengo tres días para salir’. Entonces le dije que se fuera para algún lugar distinto a donde vivía, y ella se fue a casa del fotógrafo Carlos Angulo, muy amigo suyo. Mientras tanto yo me comuniqué con el maestro Obregón y el secretario de la universidad, Mario Latorre Rueda, un hombre ya de avanzada edad. Entonces nos reiánimos en su casa y conseguimos a un gran abogado, Jorge Enrique Gutiérrez Anzola, el mejor penalista de la época. La única solución que se encontró fue que se casara, ya que no podían expulsar del país a una ciudadana
colombiana. Al otro día, se organizó la boda con Alberto Zalamea. Aunque ya llevaban tiempo de no ser pareja, él se prestó para la estrategia porque la apreciaba mucho y siempre fueron muy buenos amigos”.

Otra palabra que se me ocurrió para describir a Traba fue inteligencia. No hace falta mencionar que todas las mujeres lo son, pero la suya era mezcla de perspicacia, espontaneidad y rigurosidad, que le daba su formación en filosofía con su conocimiento de las artes. Pero la proyectaba de una manera afable, y eso nos lleva a otra palabra que podría describirla: segura.

Un gran olfato la llevó a reconocer de manera prematura el talento en artistas de la talla de Alejandro Obregón, Fernando Botero, Luis Caballero, Beatriz González, Edgar Negret. Norman Mejía, hasta resaltó el talento y  tesón del fotógrafo Hernán Díaz, entre muchos otros artistas que saltaron a la vista del público en el año 64. Cómo no recordar que  en El Espectador, en 1969, escribió un artículo titulado Claro que hay jóvenes con talento, en el que resaltaba el papel de Beatriz González en el campo artístico colombiano.

Laboriosa fue otra de las palabras que se me ocurrió para describir a Traba" Escribió cientos de artículos, y participaba activamente en diversas actividades, sin darle lugar al descanso contemplativo. Sus textos aparecieron en las revistas más emblemáticas de la época, como Cromos, Estampa, El Magazín, Lecturas Dominicales, Mito, que dirigía Jorge } Duran, Eco, de Juan Gustavo Cobo Borda,y la Nueva Prensa, cuyo director era Zalamea Costa; en los principales periódicos del país, como El Espectador y El Tiempo, y en sus diversas versiones, que circularon durante la censura de Rojas. Todos estos fueron reunidos en el libro que lleva por nombre Marta Traba, auspiciado por el Museo de Arte Moderno de Bogotá bajo la dirección de Gloria Zea, quien con Traba fundó ésta institución. La selección de los textos y la dirección del libro más completo que sobre la vida de la crítica de arte se tiene la encabezó Emma Araújo de Vallejo, asesorada por un comité en el que se encontraba Myriam Bautista, Beatriz González, Gustavo Zalamea, Marta Calderón, Pilar Moreno de Angel y Beatriz Salazar.

Cabe recordar el paso de Traba por la televisión, en una época en la cual sólo unos pocos tenían acceso a la misma. Como cuenta Nicolás Gómez en Blanco y Negro (2008), quien hace una extensa e interesante reconstrucción de esta faceta, su aparición en la televisión se inició en el mismo año en que llegó la televisión a Colombia, en 1954. Con su programa La rosa de los vientos, y con emisiones especializadas en el arte como El museo imaginario, Una visita imaginada y El abc del arte.

El ejercicio de la crítica es muchas veces desagradecido. Sus detractores tildaron a Marta Traba de caprichosa y engreída. Para mí, la palabra que mejor la definiría es fascinante.

Tomado del periódico El Espectador, 12 de diciembre de 2013  

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