Florencia Ciudad Capital

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Florencia, Caquetá

por Efraim Medina Reyes (parcial)

En Italia no existe una ciudad llamada Florencia, y para el veterinario, profesor a historiador Arturo Salas la fundación de Florencia (Caquetá) está en entre dicho; según él, sería más legítimo llamarla La Perdiz, que es como la conocieron sus verdaderos fundadores. Desde esa perspectiva mi crónica sobre las dos Florencias perdía todo sentido ya que, luego de recorrer una y otra, la única cosa que parecían tener en común era el nombre. Firenze es como los italianos de hoy llaman a la cuna del Renacimiento y su fundación se remonta a los tiempos del Imperio Romano a incluso antes si consideramos las ruinas prehistóricas encontradas cerca del río Mugnone. Por su parte, aún llamándose La Perdiz o Ciudad Hacha, el origen de nuestra Florencia no iría más allá del siglo XVIII. Según la Enciclopedia Práctica Planeta, Florencia (Caquetá) fue fundada en 1908, la misma fecha aparece en la Gran Enciclopedia Ilustrada Círculo. En ambos tomos las referencias históricas se agotan en cuatro líneas y en eso está de acuerdo el profesor Salas: "Florencia no tiene historia". Del otro lado del atlántico un fiorentino, que abordé en un bar frente a la Piazza del Duomo, ante mi inquietud sobre la importancia que los italianos les daban a Roma y Firenze contestó risueño: "Roma es el pasado y Firenze la historia". Y no exageraba, las calles de Firenze estaban repletas de referentes históricos y artísticos de incalculable valor para la humanidad. Por esas calles se había paseado el formidable poeta cuyos versos sintetizaban la industria y el horror de la Edad Media. Por supuesto que nuestra Florencia también tiene poetas y mientras recorro la calle principal en compañía del profesor Salas uno de ellos lo saluda. El profesor nos presenta y luego de una breve charla el poeta se despide. Acordé con el profesor una nueva cita al final de la tarde y caminé hasta el hotel. La presencia militar era intensa, la gente parecía tranquila y al mismo tiempo expectante. Las calles del centro estaban invadidas de almacenes. No era una  ciudad fea ni sucia, tenía cierto orden, pero se respiraba ese aire impersonal y fronterizo de los lugares de paso. En el lobby me esperaba, cámara en mano, Camilo Rozo. Habíamos acordado hacer juntos una visita a los principales monumentos de la ciudad para las fotos de rigor.

Florencia está situada al suroeste de Bogotá, justo al lado de la cordillera Oriental. Llegamos un martes al mediodía; desde el pequeño avión de Satena, antes de aterrizar, tuve la impresión de que se trataba de un improvisado campamento perdido en medio de la selva. En el aeropuerto fuimos recibidos por hoscos militares. Un destartalado taxi nos llevó hasta el hotel Caquetá, que el taxista había asegurado era "el mejor que tenemos". Después de registrarnos fuimos al restaurante, donde ocupamos mesa en medio de una algarabía de lenguas indígenas. El mesero nos informó que tenían copada casi la totalidad del hotel por una convención de tribus. Algunos indígenas tenían penachos y camisas blancas de lino adornadas con signos tribales, pero el gusto de la mayoría sin duda se inclinaba por desgastados zapatos Nike y descoloridas camisetas Tommy Hilfiger.

-¿Qué van a comer? -preguntó el mesero. -Algo típico -dije-. ¿Cuál es el plato típico de Florencia? -La bandeja paisa -dijo el mesero-. O, si prefieren, el sancocho costeño.

El calor y la humedad se imponían al aire acondicionado; los indios devoraban bandejas paisas y sancochos costeños. Camilo me propuso salir y buscar otras opciones. Después de visitar cuatro restaurantes entendimos que Florencia no tenía un plato típico y él se resignó a una carne a la llanera y yo a una sopa de fríjoles. Tampoco había librerías ni museos, a menos que contemos como tal el Museo de Antropología (una escueta sala con vitrinas de tienda donde la curia había metido objetos de los pueblos huaques y andaquíes que habitaron ese territorio hasta su exterminio por parte de los encomenderos a mediados del siglo XVI). En cuanto a monumentos, el panorama seguía siendo triste; no había estatua del supuesto fundador, tan solo una escultura en homenaje a los colonos y en la plaza principal dos horribles obeliscos recordaban el reciente centenario de la ciudad que, contrariando las enciclopedias y complaciendo intereses políticos, se había celebrado en 2002. El monumento más importante de Florencia está en el parque Santander. Se trata de una gigantesca escultura llamada Diosa del Chairá (más tarde, de regreso al hotel, le pregunté a uno de los indígenas de la Convención por esa diosa y él respondió molesto que la tal Diosa del Chairá era un "cuento de blancos" porque en la mitología de sus pueblos nunca había existido ese personaje). Ni siquiera una placa del cura Doroteo Pupiales pudimos encontrar. Al profesor Salas le parecía lo más justo porque "ese cura sólo estuvo aquí unas horas y si bautizó (no fundó) la ciudad, hasta entonces llamada La Perdiz, como Florencia fue para congraciarse con un comerciante italiano de apellido Ricci".

Tomado de la Revista SoHo No57, 2004



 

Fundada el 25 de diciembre de 1902 por habitantes del caserío La Perdiz, ubicado a orillas del río Hacha. Con una temperatura promedio de 24 grados C y una altura sobre el nivel del mar de 242 mt, Florencia soporta su economía en la ganadería y la siembra y comercialización de productos como arroz, plátano y yuca.

LUGARES PARA VISITAR

Monumentos de Florencia. Varias esculturas se aprecian en un recorrido por las principales calles de la capital caqueteña. Del maestro Emiro Garzón predominan "Los colonos", "La ciencia, el hombre y la manigua" y "La diosa del Chairá". Mientras que de Gonzalo Orozco sobresale "Makatañu". Y aunque no es un monumento, y con 100 años de sembrado, el inmenso palo de mango en el Parque Santander, es una reliquia de la ciudad.

Edificio Curiplaya. Declarado patrimonio cultural y bien de interés nacional, fue construido en la década de los 50 como hotel para la atención de turistas. Con el tiempo se convirtió en sede del gobierno municipal y actualmente funciona allí el Instituto Departamental de Cultura y Turismo. Cuenta con una concha acústica para eventos culturales y es sede de la única biblioteca pública de Florencia.

Catedral Nuestra Señora de Lourdes.  Construcción de principios del siglo XX que concentra la tradición católica de la región, heredada de los primeros colonos huilenses que la habitaron, en especial de Urbano Gutiérrez, un cauchero que se estableció en la región y que prometió comprar una estatua en honor a la Virgen de Lourdes como gratitud a la cura de una enfermedad. Gutiérrez encontró apoyo en el prefecto apostólico Fidel de Montclar.

Museo Etnográfico y Centro Indigenista de Caquetá.  Funciona con el objetivo de promover, capacitar y organizar a las comunidades indígenas para que ellas mismas promuevan su desarrollo y su bienestar.

Tomado del libro Guía de Rutas por Colombia, Puntos Suspensivos Editores, 2007


 

   

FLORENCIA: Conectora de regiones

por J. Mauricio Chaves Bustos

Pese a ser una de las ciudades de más reciente fundación en el país, Florencia, ubicada al occidente del Caquetá, se ha constituido en el eje que comunica el inmenso océano verde de la Amazonía con el interior del país, principalmente con los departamentos del Putumayo, Huila y Cauca; al norte, los llanos del Yarí limitan con el Meta, suele decirse que esta sección del departamento es una cuña de la Orinoquía en el sistema amazónico. Florencia es el enclave que une tres de las regiones económica y naturalmente más ricas del país y del continente. Florencia está localizada a los 137´03” de latitud norte y 7537´03” de longitud oeste, tiene una altura promedio de 242 metros sobre el nivel del mar y una temperatura media de 24.8 C, una precipitación media anual 3840 mm . Dista de Neiva 250 Kms, Popayán 340 Kms, Cali 430 Kms y de Bogotá 550 Kms. El rico sistema hidrográfico es importante dentro del renglón de las comunicaciones, especialmente la carretera troncal que une San Vicente – Florencia – Curillo, que recorre el piedemonte desde el norte, hasta el río Caquetá al sur.

EL SABIO Y GUERRERO PUEBLO ANDAKÍ

El célebre historiador e investigador colombo-ucraniano Juan Friede, en el célebre libro Los andakí, 1538-1947; historia de la aculturación de una tribu selvática (1953), inicia profesionalmente el estudio de las tribus indígenas del oriente colombiano, especialmente de las del Huila, Caquetá y Putumayo. Los Andakí fueron un pueblo que se ubicó sobre las laderas del Río Hacha, que pasa por Florencia. La leyenda dice que la flor del Borrachero fue fecundada por el yajé , para así convertirse en el Sol. Este es el pueblo que aprendió los secretos de este mágico bebedizo, y a quienes las tribus de la región reconocieron como verdaderos maestros y sabios de la naturaleza. Celosos de su territorio, conforman primero la liga de resistencia indígena Pijao, para sublevarse en 1721, junto con los indígenas del Putumayo, contra los colonos, especialmente contra las misiones de los doctrineros franciscanos. Conocedores de la importancia del sitio que comunica la selva con los andes, ejercieron también una resistencia pacífica frente al intercambio comercial tan importante para las dos regiones, así como con el empleo de sus saberes chamánicos y de curandería para detener el avance de los invasores.

UNA ETERNA CONQUISTA

Florencia es el epitome del coloniaje. Los colonos han sido el sustrato de su génesis y de su desarrollo. Desde los tiempos en que la codicia arrastraba al europeo tras la búsqueda del metal sagrado, llega el alemán Georg Hohermuth, conocido por los españoles como Jorge de Espira, buscando El Dorado, siguiendo la ruta que lo llevó de la Uribe (Meta), a Florencia, hasta los límites con el Cauca, enfrentando los rigores del clima, pobres, desnudos y hambrientos, asediados por los indígenas Choques, él y sus cuatrocientos hombres vagaron por la región desde 1534 a 1539, año en que regresan a El Coro, poco menos de cien hombres de los que habían partido, en donde conoció su destitución como Gobernador de dicha ciudad, quizá debido a su reconocida crueldad para con los nativos americanos.

A Espira le sigue el hermano del mismísimo adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada, Hernán Pérez de Quesada, encargado del gobierno de Santafé, la encomendó nuevamente a Gonzalo Suárez Rendón, con el propósito de seguir buscando el anhelado Dorado, que tanto desvelaba al fundador de Bogotá; sale de ésta en 1541, con 270 españoles, más de cinco mil indígenas muiscas y unos 200 caballos, constituyéndose en una de las empresas más numerosas hasta entonces llevadas a cabo. Enfrentados también al clima, a la defensa de sus territorios por parte de los indígenas, Macos, Guaipis y Chiras, que dieron al traste la expedición de Espira, no hicieron sino alentarlos para que avanzaran por la selva hasta prácticamente perderlos. Éstos llegaron al país de la canela, en la región que denominaron Sacramento; de ahí, por el río Orteguaza, hasta llegar a la Fragua , donde pudieron acampar un tiempo; en esta zona fueron perseguidos y atacados por los indómitos Andakís, célebre nación guerrera. Finalmente llegan al río Caquetá, para dirigirse de ahí a Sibundoy salir finalmente a San Juan de Pasto. En año y medio de recorrido perdieron la vida más de 4000 indígenas, 80 españoles y 110 caballos. A Santafé retornaron en 1543, donde prácticamente los creían muertos. Procedentes de Quito, con Pedro de Ursúa y Díaz Pineda, inician también la exploración de los territorios del oriente andino.

LA FUNDACIÓN DE LA CIUDAD

Siguiendo el ejemplo de muchas ciudades hispánicas en nuestro territorio, también Florencia no tiene claros ni el nombre de su fundador ni la fecha de fundación. Los Andakíes fueron sus primitivos pobladores; luego se inician actividades misionales que condujeron a muchos europeos al lugar, después la epopeya del caucho inunda la región de colonos provenientes de los Andes colombianos. Sin embargo, es preciso reconocer algunos nombres que permitieron el surgimiento de la ciudad Puerta de Oro de la Amazonía , imprescindible hoy en día en el desarrollo global.

LA VORÁGINE : MISIONEROS Y CAUCHEROS.

Fueron las misiones franciscanas las que iniciaron el poblado hispánico. Un informe misional de 1773 reconoce la presencia de un reducido poblado andakí, y en 1778 se funda un pequeño poblado que se llamó Canelos –en mención quizá al célebre País de la Canela-, pero tras dos intentos fallidos, ante los ataques indígenas, la fundación se abandonó. A finales del XVIII nuevamente los religiosos intentan fundarla con el nombre de Pueblo Andakí de Río Hacha , siendo abandonada en 1801.

La conquista que se inició tras la búsqueda del sudor del sol, se perpetúa a finales del siglo XIX tras el sudor del árbol de caucho. Ya antes, durante el periodo comprendido entre 1854 y 1868, se había presentando el coloniaje fruto del cultivo de quina, finalizando con la caída en sus precios en 1881. En 1894 se inicia quizá una de las gestas que llevaron más dolor y miseria que ninguna otra, la época de los caucheros, resumida fantásticamente por Rivera en la gran novela de la selva, La Vorágine. Procedentes de Antioquia, inician su empresa cauchera los hermanos Gutiérrez, en asocio con Pedro Antonio Pizarro, exactamente en la hacienda La Perdiz , situada en el centro del casco urbano de la actual Florencia. Sin embargo, ya había asentamiento de colonos en la zona, especialmente las familias de Juan Urbano, Cenón Maveso y Juan Ventura Cuellar. Los caucheros colombianos ya mencionados, además de los Pérez, Larrañaga, entre otros, inician tratos con los peruanos, especialmente con la consabida Casa Arana , verdadera representante de una explotación laboral cercana al esclavismo, y que serviría luego a Rivera para denunciar los atropellos en forma novelada, pero que en el transfondo revela una situación social que marcó por muchos años el derrotero de esta importante región del país, conocida entonces como El Paraíso del Diablo.

El joven misionero nariñense Fray Doroteo de Pupiales –José de Jesús Vallejo Belalcázar-, parte en 1902 a cumplir su misión apostólica en el Caquetá. Arrancando de Puerto Limón, pasando por Tres Esquinas, llega finalmente el 3 de diciembre al sitio conocido como La Perdiz , antiguo nombre del asentamiento que después tomaría el nombre de Florencia, quizá en honor al lugar de nacimiento de Paolo Ricci, un cauchero que seguramente auspició económicamente a la misión. Junto con los colonos procedentes de Antioquia, Huila, Cauca y Nariño, principalmente, fray Doroteo inicia el trazado de la ciudad el 25 de diciembre de ese mismo año. A otro fraile se le atribuye nuevamente el trazado de la ciudad, Fidel De Montclair, quién retomando los ríos San Miguel y Putumayo, llegó hasta La Tagua , luego por los ríos Caquetá y Orteguaza, hasta llegar a Florencia, por allá en 1908.

Lo cierto es que la fundación oficial de la ciudad se llevó a cabo el 17 de junio de 1912, con la asistencia de familias de colonos, curas doctrineros y una pequeña comisión estatal, dando cumplimiento al decreto 642, que estipulaba la erección de Florencia como Municipio y capital de la Comisaría Especial del Caquetá, siendo su primer alcalde el señor Isaías Cerquera.

EL COLONIAJE DEL SIGLO XX, LA NUEVA VORÁGINE

Con la desaparición del auge cauchero en 1912, las principales casas comerciales quebraron y salieron de la zona. Fueron pocos los que se aventuraron por las selvas del Caquetá y otros pocos los que se quedaron poblando Florencia. Su desarrollo hasta más allá de mediados del siglo XX fue nimio. Se reducía a unas cuantas explotaciones naturales que se comercializaban con el pie de monte andino; el abandono estatal se hizo más manifiesto que nunca, como queriendo ocultar tras de si la responsabilidad por todos los atropellos y negligencias cometidas durante la época de las caucherias. De esta época data la denominada colonización dirigida, en donde es el propio estado el que decide nombrar una comisión de ingenieros, topógrafos y agrimensores para abrir carreteras e iniciar un proceso de explotaciones, demarcación de lotes agrícolas, plantaciones de praderas y construcción de edificaciones.

En 1980 el Caquetá es erigido como departamento, con capital Florencia. Es de ésta época que data el mayor desplazamiento de colonos hacia la capital, especialmente bajo el gobierno de Belisario Betancur Cuartas, cuando cientos de familias caqueteñas, que huyendo de la violencia desatada por la presencia de grupos al margen de la ley, se asentaron en los terrenos que circundaban la ciudad; éstos solicitaban la pacificación del territorio, así como la mejora en sus condiciones de vida, especialmente vivienda y la prestación de los servicios básicos. Ya en 1982 existían 26 barrios subnormales, carentes de todos los servicios, fruto de las permanentes invasiones de miles de personas que huían de los enfrentamientos de militares y guerrilleros.

Dado el aislamiento que ha detentado la región por tantos años, durante la década de los 80 y 90 se desató un auge del cultivo de coca, generando una economía emergente con base en el narcotráfico. Y con ello nuevamente la violencia, el subdesarrollo y la pobreza. Una nueva maldición natural se cernía por entre la capital del inmenso país verde que se riega por todo la amazonía. Ahí se sembraba, recolectaba y mambeaba la coca. Indígenas y nuevos colonos iniciaron un nuevo proceso que de una u otra manera les reportaba ingresos a costa de un verdadero desarrollo regional.

FLORENCIA, HOY

El principal sector de la economía de Florencia lo constituye el agro, especialmente los cultivos de arroz, que sobrepasaba, a inicios del siglo XXI, la suma de 90.000 hectáreas cultivables, con siembras de arroz mecanizado, arroz tradicional, así como de maíz y frijol. Así mismo el cultivo de plátano, caña panelera, cacao, chontaduro, piña y yuca presentan altos niveles de ingreso para la ciudad, especialmente por el envío de estos productos a los centros de acopio de ciudades como Cali y Bogotá. El territorio municipal lo conforman tres conjuntos fisiográficos: Vertientes, Piedemonte y Llanura Amazónica, posibilitando una rica variedad de productos. La ganadería ocupa un lugar especial en su economía, convirtiendo a ésta en un centro de provisión de carnes de excelente calidad, llegando a ocupar un importante renglón la exportación a países como Ecuador y Perú.

Florencia es  sede de la Universidad de la Amazonía , creada mediante ley 60 de 1982, es oficial del orden nacional, cuya finalidad es fomentar el desarrollo sostenible de la región; con sedes en los departamentos del Huila, Putumayo, Amazonas y Guaviare, es sin duda alguna la principal institución de educación superior de toda la Amazonía , permitiendo la profesionalización del aprovechamiento de recursos naturales, ubicándola a la vanguardia en estudios ambientales amazónicos, fortín no sólo regional, sino mundial frente a la conservación de lo que bien se ha llamado el pulmón del mundo.

El turismo también se constituye en motor de progreso y desarrollo de la ciudad; ubicada en la puerta del Amazonas, posee una rica variedad de flora y fauna, propias de la diversidad que le da sus pisos térmicos, que van desde los 400 msnm a los casi 3.000 msnm en el pie de monte próximo. Los ríos Hacha, Perdiz y Sardina se constituyen en verdaderos remansos para aplacar el clima en los días de verano. Superados los problemas de violencia, el coloniaje ha formado un prototipo de personas emprendedoras, luchadoras, amantes de la tierra y de entorno. La verdadera puerta de oro del Amazonas está en sus gentes, en los florencianos. Nuestra Florencia también puede ser símbolo de un nuevo renacimiento, en donde el hombre comprenda que el respeto a la naturaleza es el respeto a sí mismo. El nuevo coloniaje, con la experiencia acumulada de años, debe emprender acciones de recuperación del medio ambiente. Los Andakíes nos han dado muestra de la coexistencia pacífica entre el hombre y su entorno, es el espíritu que debe marchar desde nuestra Florencia hacia todos los rincones del mundo.

BIBLIOGRAFÍA

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Tomado de: Revista Credencial Historia. (Bogotá - Colombia). Edición 233, Mayo de 2009