Carolina Rodriguez Romero

Pintores, Escultores

Figura Humana

Carolina Rodríguez Romero

http://www.carolinarodriguezart.com/

pintora

 

 
CRITICA 

 

 

Vida en colores 

Por Conrado Uribe 

1. OBJETOS A PARTIR DE LOS CHOCOLATES

Una de las series que más reconocimiento local y nacional le dio a Carolina Rodríguez fue Choco Break. De hecho, ese fue el título de una muestra realizada en la galería Alonso Garcés en 2006. La serie estuvo compuesta, principalmente, por trabajos tridimensionales en los que la artista propuso toda una colección -como si se tratara de una diseñadora de modas- de vestidos para niña, sobretodos para niño, bolsos, zapatos y sombrero (que servían para complementar cualquiera de los ajuares infantiles presentados), y hasta un conjunto de ositos que, por los materiales en los que fueron confeccionados, ya no eran de peluche. Es que Carolina realizó todos esos objetos empleando los empaques de los chocolates que le dieron el nombre a la serie. Las piezas anteriores se complementaban con unos dibujos en los que también se establecían evidentes relaciones entre el vestido de los niños y el chocolate, bien fuera por la aparición de la marca inserta en las ropas, por la representación de los mismos dulces o por la presencia constante de sus colores y diseños en los trabajos en general, situación que evidencia la alta incidencia que tiene la publicidad.

La infancia y la publicidad, o mejor, los usos y relaciones que la última ha derivado de la primera, es uno de los ejes transversales en la producción de Carolina Rodríguez. Ella afirma que su llegada a estos asuntos es consecuencia de un intento por comprender ciertas problemáticas del país desde su mismo fundamento y que por eso mismo explora la infancia como el lugar en el que se enraízan los problemas. Su mirada no es romántica ni mucho menos escapista, Carolina no considera que los niños sean la evidencia perdida de la buena condición natural del ser humano, inherente a éste antes de Ilegar a la adultez o a los procesos de urbanización.

En Choco Break, Carolina pretendía evidenciar una situación que, a pesar de que pueda resultar cotidiana en un país como Colombia, es también indignante y, en esa medida, chocante: el trabajo infantil. Sin buscar analizar las complejas razones que se encuentran detrás del hecho de miles de niños que laboran en las calles de las ciudades colombianas vendiendo dulces, o realizar juicios de valor que a nada conducirían, Carolina decide trazar puentes de conexión simbólica con unas realidades que de tanto verlas y vivirlas pueden volverse parte normal del paisaje urbano de este país y otros tantos. El arte aquí adquiere un efectivo nivel de comunicación. Los vestidos y demás objetos, hechos en los tamaños correspondientes a los vestidos y objetos originales, evidencian un medio de subsistencia. Del mismo modo en que Van Gogh realizó sus famosos Comedores de Patatas en colores terrosos y de formas patéticas -puesto que de ese modo el autor marcaba tanto un oficio, el del cultivo de la tierra, como la fuente primordial para la sustentación de aquellos personajes-, Carolina encuentra la mejor manera de relacionar una práctica económica con sus actores. Es como si dijera al mismo tiempo que el hábito hace al monje, pero que el monje, en su oficio, define el hábito. Estos son los vestidos de los niños Choco Break, niños que se visten y se alimentan con to que venden: golosinas.

En esta serie, Carolina invierte toda una serie de valores aso ciados con la ropa y con los materiales empleados. Por un lado, le hace un guiño irónico a la producción en masa de la industria de la moda al confeccionar unas piezas de manera artesanal (indistintamente de que hayan sido realizadas por la misma artista o no) que resulta en unos productos únicos. Pero para hacer dichas piezas, la artista se apropió de un material que, como los estuches de los chocolates, es impreso y producido masivamente. De otro lado, sublima esos mismos materiales en un producto que adquiere, así, unos usos simbólicos nuevos al tiempo que una renovada tasa de cambio.


2. DIBUJOS

Como se ha dicho, la serie a la que nos referimos en una primera instancia estuvo acompañada por unos dibujos en pequeño formato, tamaños determinados quizás por la necesidad percibida de no romper con la dinámica formal marcada por unas piezas que seguían los tamaños de unos objetos diseñados originalmente para niños.

Luego de la primacía histórica que tuvo la pintura en la modernidad, del privilegio de ese medio de producción artística en particular por sobre otros -evidente en cualquiera de los relatos magnos [historias] elaborados en torno a este tipo de productos que conocemos culturalmente como obras de arte-, los artistas de la contemporaneidad han visto en la escultura y el dibujo dos formas de acercarse a la producción de obras que han terminado por privilegiarse. Es así como Arthur Danto habla del protagonismo y renovado papel de lo escultórico en la posmodernidad como una manera más de marcar las diferencias existentes entre los que, para el autor, son dos momentos con características particulares. Sin embargo, el dibujo ha adquirido también un lugar de privilegio en el mundo contemporáneo. Ambas situaciones son quizás el resultado de una resistencia de corte poscolonial al empleo colonialista a impositivo de un medio que, como la pintura, dominó durante la modernidad.

Dejando las especulaciones de índole cultural a un lado, el dibujo en Carolina es fundamental para aproximarnos a su trabajo. Desde que estaba en la universidad supo que el dibujo le atraía como lenguaje plástico. En él reconocía unos valores que no encontraban sus profesores, por to que guardó durante un tiempo unos bocetos que, posteriormente, fueron valorados por una artista de la capacidad artística y el rigor conceptual de Delcy Morelos. A pesar de que la clase que dictaba era de pintura, Delcy le patrocinó el dibujo y la invitó a que empleara el tiempo de su taller dibujando. Posteriormente en 2004 fue uno de aquellos bocetos, reelaborado en una pieza de mayor tamaño (160x80 cm.), la razón del premio en el que, para la época, se llamaba Concurso de Pintura del BBVA. Un dibujo ganador de un concurso de pintura. La contemporaneidad ya nos ha acostumbrado a este tipo de posturas en las que se exploran y se fuerzan los límites que parecen definir las especificidades de un determinado lenguaje artístico.

En la obra de Carolina, el dibujo es el camino más expedito para conocer de manera amplia el tenor de sus reflexiones. Es el lenguaje con el que la artista ha materializado plásticamente gran parte de sus preocupaciones. Del mismo modo en que se mencionó más arriba para el caso de los objetos tridimensionales, los dibujos de Carolina evidencian un elevado nivel de coherencia entre la estrategia de formalización escogida y las problemáticas abordadas, entre el modo particular según el cual se trabajan unos determinados medios o recursos (colores) y los asuntos que le ocupan. El use de los colores en su trabajo está íntimamente relacionado con las figuras de infantes que representa, no sólo por el empleo de un material tan caro a los niños como los lápices de colores, sino también por la manera en la que realiza los trazos. Y ese use particular de formas y medios, se deriva en Carolina del conocimiento de primera mano que tuvo cuando, siendo estudiante, trabajó en un hogar infantil para niñas en situación de riesgo. Esta experiencia le sirvió a Carolina para afianzar unas intuiciones iniciales en torno a una serie de situaciones que le interesaban, y para conocer de cerca toda una problemática social.

3. INFANCIAS, TEENS, BUSCANDO A ANNA

Sin embargo en la obra de Carolina no sólo se reconoce el afán, la fuerza y la impetuosidad amorfa de los trazos infantiles. En su dibujo se evidencia la presencia de una artista que conoce el medio y to domina con la seguridad sensible de los buenos dibujantes. El resultado parece acercarse o remitir a una versión sofisticada de los cuadernillos para colorear ya pintados por infantes, en los que hay un dibujo de fondo correcto y bien proporcionado, pero sobre el cual se han superpuesto toda una serie de líneas y rayones que unas veces respetan los contornos, pero en otras ocasiones ensucian el soporte. La buena dibujante subyace en la construcción general de la obra y permanece incluso cuando, por medio de la apropiación, hace use de trazos que semejan los infantiles.

Estas características están presentes en la series Teens y Buscando a Ana, series ambas en las que la artista continúa una línea de trabajo ya definida y explora situaciones y problemáticas propias del mundo preadolescente y adolescente.

En Teens, Carolina explora el use y el abuso de unos cuerpos, en proceso de maduración sexual, por parte de la publicidad, situación que tiene lugar como producto de una sociedad hiperconsumista que desplaza, cada vez más, su objeto de deseo hacia los territorios de los y las jóvenes. Por medio de recursos plásticos en los que se puntualizan y marcan ciertas características (ojos, bocas, maquillaje y posturas corporales) de las -casi siempre- niñas que posan ante las cámaras publicitarias del mismo modo en que to haría una modelo adulta, Carolina genera esos espacios de elevada densidad simbólica que permiten que tomemos consciencia de la manera en la que están siendo usados esos infantes.

Sin ese énfasis que propicia el arte muchas de esas estrategias publicitarias pasarían como algo más dentro de la normal impunidad visual que conforma nuestros entornos. Con una serie como estas, Carolina señala unas conductas actuales del mercado de la imagen que pueden llegar a favorecer realidades como el abuso infantil.

Buscando a Ana constituye la última serie de Carolina. Siguiendo con una línea de trabajo clara y constante, la artista continúa explorando situaciones conflictivas en las preadolescentes, las cuales se pueden derivar de la introducción de ciertos cánones de belleza por parte de la publicidad y la moda.

La anorexia es evidentemente la conducta en la que derivan este tipo de tensiones, pero lo que realmente constituye el punto en el que la artista quiere concentrarse es el estado de vacío previo que subyace en las niñas y anticipa el acceso a este tipo de patrón estético del cuerpo. Igualmente, Carolina explora la manera en la que la anorexia ha devenido en una conducta fashion que llega a ser incluso deseada por muchas niñas por encima de los 13 años de edad. Es así como ellas mismas se refieren a la enfermedad de manera eufemística como Ana (apelativo que denota el interés por desprenderla de toda una serie de connotaciones desagradables tradicionalmente asociadas con la enfermedad) y se marcan a sí mismas con pulseras rojas, situación que ilustra patéticamente la relación enfermedad-moda en este caso.

La misma artista se refiere a estas conductas como "el gusto por la muerte que se esconde tras unas imágenes aparentemente bellas". Una situación semejante es una muestra clara de to que los psicoanalistas conocieron como Eros y Thanatos, las dos fuerzas pulsionales instintivas, gemelas y opuestas que atenazan la conducta humana.

Tomado de la Revista Mundo No. 27, 2007

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Los sueños siempre son dulces

Cada vez con mayor frecuencia en nuestras ciudades se repite la escena de niños que abordan a peatones y conductores para venderles dulces. Una situación que para muchos es irrelevante debido a que ya nos encontramos insensibilizados o acostumbrados a percibir a los menores como actores urbanos que repiten mecánicamente sus acciones.

Sin embargo, esa escena ha ocupado la atención de Carolina Rodríguez, una joven artista que desde su temprana trayectoria profesional se ha interesado por hacer un estudio riguroso, casi antropológico, del niño como elemento básico de la sociedad para contraponer los cánones clásicos de este actor social con la realidad de muchos de los infantes que recorren día a día las calles de nuestro país.

Se trata de un trabajo serio, riguroso, que inicio desde su serie de dibujos "Jugando conmigo" realizada en el año 2001 en donde Rodríguez buscaba denunciar a través de la copia fiel de imágenes publicitarias encontradas en revistas infantiles de moda, la visión objetual de deseo que el adulto crea alrededor de los pequeños, usándolos como herramientas para desvirtuar su identidad y despertar el interés de los lectores.

Desde esa oportunidad, Carolina encontró no solamente el potencial que tenia el niño como objeto de estudio, sino una manera muy inteligente de aproximarse al espectador de sus trabajos; articulando el medio y el contenido de su propuesta a través de dibujos de trazos muy gestuales y colores intensos que hacen que la conexión con el mundo infantil sea inmediata, llegando incluso a establecer relaciones tan intensas que los niños que han visto sus dibujos le encuentran "errores" de forma y composición, en la medida en que los sienten familiares y ese vínculo les genera autoridad crítica.

Pero ese encuentro afortunado entre forma y concepto no solamente sirvió como punto de partida para la elaboración de un trabajo investigativo más complejo, sino que adicionalmente se acopló a la forma de expresión con que la artista se siente más cómoda: con el dibujo, con los trazos rápidos y ligeros de colores penetrantes; con ese ejercicio que desde niña siempre ha disfrutado tanto y que a la vez tantos problemas le ocasionó cuando pasó por los formalismos de la academia.

Encontró que en algunos casos se trataba de niños que desde muy temprana edad tenían que enfrentarse a responsabilidades tradicionalmente otorgadas a adultos como: el cuidado de sus hermanos, la preparación de la comida a incluso la obligación de realizar aportes económicos para el sustento de su hogar. Detectó que de nuevo muchos son utilizados como objetos, pero esta vez como herramientas de sensibilización encaminadas a ablandar el corazón de los transeúntes.

Sin embargo, lo que más llamó la atención de la artista fue el condicionamiento que esta situación -cualquiera que sea la causa que la motive- generaba en la capacidad de proyección de los individuos.

Descubrió que sus proyecciones de vida, incluidas las satisfacciones de necesidades básicas tales como el techo, el vestido o el alimento se encontraban fuerte mente condicionadas a cada dulce que se encontraba en su bolsa o en sus improvisadas vitrinas de madera.

Su realidad era esa, sus cuentas y sus sueños se estructuraban en una sola unidad: número de dulces vendidos, resultando paradójico cómo la dulzura de un caramelo puede llegar a ser tan amarga como para limitar las posibilidades de muchos; aunque esas limitaciones jamás logren restringir o contener los sueños y anhelos de un niño, lo cual finalmente es lo más importante para cualquier ser humano.

Con esa motivación, Rodríguez volvió a trabajar en su taller, buscando de nuevo la congruencia entre medio y concepto y encontró entonces la manera de hacer efectiva la metáfora de "me visto con mi trabajo" y empezó a ensamblar las envolturas de populares chocolatines para dar forma a vestidos, zapatos y objetos que de alguna manera narran la naturaleza y las historias de estos niños urbanos.

Así surgió su serie "ChocoBreak" que hoy presenta y que nos remite inteligentemente al mundo infantil, haciendo importantes señalamientos sobre los paradigmas de la niñez, aunque sin dejar de recordarnos que "los sueños siempre son dulces".

Carlos Andrés Hurtado 
Tomado del folleto publicado por Alonso Garcés Galería, 200
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Trazos infantiles controlados

Los dibujos de Carotina Rodríguez remiten inmediatamente a los trazos burdos y libres propios de la infancia. Sin embargo, al mismo tiempo crean un dibujo controlado, hecho con lápiz de color y crayón.  Los retratos son de niños que aparecen en las revistas de moda y señalan esa línea en la que los pequeños adquieren características de adultos, como la sofisticación y la sensualidad. Interesantes dibujos sin pretensiones. 

Tomado del periódico El espectador, 27 de junio de 2012 

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Es muy interesante pasar a revisar los nuevos portafolios exhibidos en Ilustradores Colombianos.com y leer las mini biografías de quienes hacen parte de ese extenso catalogo, si hay un punto en común en muchas de ellas es esa inquietud por el dibujo desde temprana edad, lo curioso es ver como ese inicio similar desemboca en destinos artísticos tan diferentes, algunos con un estilo oscuro, otros con tendencia hacia el comic, otros con la necesidad de recrear mundos infantiles y otros que siguen buscando en la ilustración la forma de expresar lo inexpresable, ese es el caso de CAROLINA RODRÍGUEZ FUENMAYOR, joven artista dedicada a explorar nuevas formas y en búsqueda de su estilo en la ilustración, de su portafolio nos gusta mucho el apartado de Digital painting, donde se apropia del collage y la pintura digital hasta encontrar formas y colores que le ayuden a expresar eso que ella llama lo inexpresable.
Esta es una muestra de la grafica de CAROLINA RODRÍGUEZ FUENMAYOR, imágenes tomadas de su portafolio y perfil en Ilustradores Colombianos.com, pueden conocer más de ella en

 http://www.anniemate.com/ilustradorescolombianos/ilustradores_amateur/carolina_rodriguez.html

Leer más: http://www.colectivobicicleta.com/2010/02/ilustradores-colombianos-carolina.html#ixzz23u9qvyn2 

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