Dilsa Jimenez

Tunja, Boyaca

Pintores

Figura

Dilsa Jiménez

pintor

 

 
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de Mónica Copete

Historia del Arte, Universidad de la Habana, Cuba

Artículo, libro Pintura Colombiana Contemporánea, editorial Panamericana, Bogotá D.C. 2006   

En 1947, el pintor Mark Rothko expresó: “Un cuadro cobra vida ante la presencia de un espectador sensible, en cuya conciencia se desarrolla y crece” Dilsa nos brinda todo un panorama en el cual nuestra sensibilidad es capaz de navegar sin limites, pero con una bitácora dictaminada en cada trazo, y la ruta es un viaje interior, propio e individual, a través de texturas, colores en tensión y fragmentos que exploran más en ese inconciente, que hasta el momento de pararse frente a uno de estos cuadros ha estado dormido, y responde al suave llamado de esta experiencia abstracta, la cual, con gran pericia expresa de la manera mas sencilla  los pensamientos más complejos. 

La profundidad en esas superficies planas, la osadía en revelarnos como es la nada, la intemporalidad, la soledad, nos puede hacer pensar que provienen de un espíritu maduro, sabio y con compromiso, así mismo la vitalidad en cada lienzo, nos devela la juventud de quien maneja el pincel. Es la mezcla perfecta que solo la logra el verdadero artista, quien su única misión es mostrarnos el mundo a través del prisma de sus convicciones convirtiéndolo en un espejo que refleja el interior que esconde nuestro propio universo, o que simplemente ha dejado de lado por vivir en un contexto lleno de una vana materialidad que nos ahoga. Entonces nos detenemos frente a estos cuadros, obsequiándonos sin reparos la posibilidad de oxigenar el espíritu en medio de espacios acuosos, entre seres indefinibles que nos invitan a compartir su soledad, su silencio, protegidos por texturas adheridas a su propia piel, extasiados entre grafías sugestivas que los proveen de la fantasía necesaria para seguir habitando en el no- espacio de la imaginación, alimentados por una simbología acordada entre ellos y la artista: es un secreto guardado en el vacío.

Esta es una obra dotada de sus propias significaciones explorando la nostalgia de un infinito metafísico, surreal y a la vez nos presenta la magnificencia del arte abstracto en su forma mas perenne y sutil.

La fuerza y la expresividad del color, características propias de la más pura abstracción, en la obra de Dilsa se despliegan, con la fluidez de quien maneja la técnica y el concepto al unísono, permitiéndole evolucionar en el ejercicio diario de la pintura, adquiriendo mayor claridad a través del estudio de grandes maestros, y generando su propia dialéctica en cada mancha, en cada adaptación armoniosa que disfrutan los elementos del cuadro.

Cuando Dilsa se enfrenta a un lienzo virgen, sabe que su principal reto es lograr que la simplificación de las formas,  le permitan al color expresarse: que le hable y la guíe, que sea su oráculo, su mapa en este viaje que viene de adentro hacia fuera, durante el cual se aprovisiona de una intuición plena de sentimiento y emoción impregnada de la más absoluta feminidad.

El contraste simultáneo de colores confiere a sus cuadros, un equilibrio irrompible, una calma sospechosa, en medio de un juego de formas, en el que no hay  reglas controlables ni lógicas y la subjetividad es nuestro mejor aliado para descifrar el enigma que hay entre el lienzo y el pincel.

Esta experiencia pictórica, se centra en el análisis de sus propios componentes, que están en constante retozo con dimensiones no referenciadas, y con masas informes que delimitan ese no-espacio, que provoca en el observador desprevenido la necesidad de liberar a su espíritu; es un dulce llamado a cambiar la actitud frente a una verdadera obra de arte. Ante a estas obras, hoy, comienzos del nuevo milenio, gozamos el privilegio de poder afirmar que el concepto de belleza y de obra de arte ha cambiado, pues recordemos que la abstracción libró una fuerte batalla frente a los cánones establecidos en el quehacer artístico, saliendo triunfante la autentica reflexión sobre el arte, reafirmando su verdadera esencia: materializar lo inmaterial.

Dilsa posee la destreza de plasmar sin temores, ni reservas un mundo sensible al dolor y a la alegría, no teme exhibir incluso su propia vulnerabilidad, que nos dice que están humana como cualquiera, y que el mundo no es como debería ser, sino simplemente como es: un escenario contradictorio, en donde se encuentran soledades y cada aliento de vida se refleja en un vacío sublime que solo el alma dispuesta podrá llenar.

La espontánea expresividad de estas obras, denotan la plenitud y el derroche de luz  que  consiente irradiar una tranquilidad sublime contenida en composiciones pulcras, cargas de tensión, en donde uno siente como la tela absorbe el color con sed insaciable, para finalmente ofrecer múltiples variaciones cromáticas, que componen un caos armonioso, dentro de una estructura casi simétrica, que la vez se expande, se escapa de los límites del marco, como las emociones humanas mas elementales: se desbordan cuando llegan a un punto climático.

El acrílico, el pincel y la tela, son solo las herramientas para lograr manifestar a una realidad trascendente y única en palabras de la artista: En mis Pinturas es clara la búsqueda de gestos y manchas que poco a poco se develan como luz: rayos dibujados que han detenido el movimiento y congelado el tiempo –facciones que no pueden leerse en un minuto. Y es imposible, estar tan solo un minuto en estos espacios meditativos que Dilsa nos ofrece, hay que detenerse y sentir, son palpables en una dimensión interior, subjetiva que nos revela mil verdades que solo son comprobables a nivel inconciente. Cada gesto convertido en trazo o en mancha, nos hace más tangible el misterio, las letras nos invitan a inmiscuirnos en lo oculto, y quedar dulcemente atrapados en atmósferas que palpitan, vibran y nos estremecen. Es el entramado de las sensaciones tan abstracto como ellas, y tan real como la propia esencia humana.

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Sensación, arte y espíritu

Curaduría y textos exposición individual “Entre Líneas”, 2006, Tunja 

Pareciera que el arte abstracto es un cúmulo insensato de trazos y manchas, donde el azar es el mentor principal, los referentes no existen y la falta de coherencia es la razón para llenar un marco de medidas indefinidas.

Pero estamos ante una nueva ordenación de superficies, en las que se armonizan planos de luces, colores y texturas, donde tales referentes existen de manera subjetiva en un mundo interior, lo cual puede hacer que muchos se pregunten ¿como este tipo de arte puede responder a las expectativas que la propia pintura demanda?. Hace poco más de un siglo han existido muchos artistas que han respondido a tal inquietud. Dilsa nos brinda una respuesta mas sin agredir, ni contradecir a los estilos tradicionales que en pintura se aprecian. Su expresión claramente enaltece la formación de la sensibilidad de nosotros los espectadores que requerimos en el arte, un placer honesto de la contemplación en cada obra expuesta.

Estamos, pues, ante un reto compartido ya que no solo es la artista enfrentándose al acrílico, sino a nosotros los espectadores que asumimos, o no, vivenciar la experiencia de sumergirnos en los espacios que Dilsa nos propone como atmósferas únicas y sin limites, caóticas pero equilibradas. Además nos da la licencia de respirar en ambientes acuáticos sin temor a ahogarnos en un océano de manchas incoherentes, por el contrario dentro de cada marco, existe el suficiente oxigeno como para poder habitar en él, el tiempo que cada espíritu lo necesite.

En medio de atmósferas de colores maleables, las sensaciones se desprenden del mundo exterior y se atreven a flotar en un concierto de tonos solitarios que se mezclan entre si buscando aparearse, suscitando a la mancha que devenga paisaje; permitiendo que el espectador se sublime a una danza apacible pero sin limites. 

Dilsa nos invita a respirar bajo el agua, sin miedos, sin torturas; nos advierte que la soledad es nuestra mejor amiga, y que el otro (si lo hay) también existe en soledad, la misma que nos une hasta tal punto que explota en gamas de verdes, azules, violetas, rojos o naranjas, explosión guiada por la suerte del instinto y el azar de las emociones.

¿Cómo entender estos escenarios cromáticos? Sumérjase respirando cada una de las fibras de que están hechas sus sentimientos, intérnese en cada obra y escuche la sinfonía que la artista le brinda, para que comparta en meditación con los personajes, que en apacible regocijo, establecen un dialogo interno dentro del cuadro, en los cuales corrobora de manera contundente que el arte abstracto es la muestra mas concreta del juego de las sensaciones y su hábil paleta logra crear los ambientes mas profundos en los que sublima personajes que parecieran salir de nuestro propio inconciente.

Permitámonos entonces, aceptar la gustosa invitación que hoy esta joven y talentosa artista nos ofrece para entender, a través de su obra, la verdadera esencia del arte.

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de Álvaro Acosta

Arquitecto Universidad Nacional de Colombia,
Doctor en Teoría de la Arquitectura del Politécnico de Torin, Italia,
Profesor e investigador
 

Escritura, vacío, memoria, figura, materia

Curaduría y textos exposición individual “Entre Líneas”, 2006, Tunja

 

“Scrivere, significa ritrarsi... dalla scrittura. Arenarsi lontano dal proprio linguaggio, emanciparsi o sconcertarlo, lasciarlo procedere solo e privo di ogni scorta. Lasciare la parola...lasciarla parlare da sola, il che essa può fare solo nello scritto. "J.D.   

Entrelineas llama a pensar antes que todo, en las relaciones situadas entre escritura y vacío; horizonte colmado de sentidos posibles, lugar para el encuentro de miradas y a la vez para su desafío, polisemia segura, que determina el espacio de relación entre ausencia y presencia de la escritura: grafos y logos; escritura caracterizada por la ausencia casi total del sujeto, grafía vital que goza de vida propia e independiente y permanece desafiante a cada mirada. La forma escrita, al sustraer el texto de su entorno original, desvelado y ofrecido mas allá de su propio tiempo y lugar, propone una legibilidad ilimitada y una distancia entre escritura y el logos que reemplaza; - la différance Derridiana-; dejando a la vista un vacío, una entrelinea que no puede ser llenada fácilmente, solo nos deja unas huellas del tránsito de los sentidos y las miradas, nos reenvía inevitablemente a un campo difuso de significantes. Las huellas y los trazos a la manera de un framework, proponen un distanciamiento entre el objeto ausente del texto y la mirada; un saber definido, que se construye entorno a la figura, al material de la memoria; mirada profunda en la cual el sentido evanesce como transfiguración; la figura en el teatro antiguo es la máscara del actor; la conciencia de la figura como acto de recepción, como momento reflejo de la experiencia, como horizonte en espera de la mirada; en la memoria, también la narración de la historia deviene, parte de un proceso figurativo más complejo, es medida para un potencial narrativo que busca probablemente una inconciente relación entre objeto y sujeto; Evocación, citación y fragmento, construcción del vacío, figura perenne que evoca lugares y memorias, situarse en el sentido de la figura es estar adelante del proceso, esperando la inminencia de una revelación y se enfrenta frágil a su destino. Fugaces personajes y secretas geometrías que van tejiendo un equilibrio solemne, casi teatral pero sobretodo que auscultan en la forma y el color una secreta tensión, un nudo; rehace una memoria que no se despliega en el tiempo ni en un espacio absoluto, pero si, en el suceder de sus transformaciones. Cada interioridad subjetiva no puede más que proyectarse en una interioridad objetiva, en la profundidad y en la densidad de la materia para descubrir una condición de pertenencia y de especificidad del proceso creativo. Materia y escritura, sujetos a una forma de metabolismo, como transmisión simbólica de la forma originaria, materia y espesura como Nudo,  arquetipo de cada forma construida, instrumento de ligazón entre superficies diversas,  revestimiento, urdimbre, tejido; Nudo emancipado del material a modo de reproducción simbólica de la forma originaria, imprimiendo a en las huellas el sello interior  y encontrando en ello su destino; secuencia rítmica de nudos, pasaje de la escritura a la figura y de la figura a la mirada, delegando en la memoria un instrumento de orientación, al interior de una dinámica cíclica entre signo y cosmogonías: Mnemosyne, comprensión del sentido de los valores expresivos  conservados en la memoria, a través de la restitución de su forma primitiva. Conducir la escritura a la imagen, la imagen al signo de la memoria, es recurrir a una doble fuga, un tránsito entre el fragmento del Yo y una memoria sin titulo.

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de Pedro Gómez-Egaña

Universidad de Londres-Goldsmiths Collage, compositor, artista sonoro y performance

Curador VI Salón LAP, UPTC, 2005, Tunja     

Esta pieza es una idea sólida y sugestiva que aprovecha los límites de la pintura y las posibilidades técnicas de la artista. En este trabajo es clara la búsqueda de gestos que dan como resultado una experiencia consistentemente cercana a lo decorativo, pero que logra también seducir al espectador a leer una dimensión compleja y sugestiva en su interior. Existe una cualidad teatral, escenográfica casi, que enriquece la experiencia. Esta obra refleja la posibilidad de concretar piezas que logran jugar con varias dimensiones de lectura sin subestimar la capacidad de dialogo con el espectador. Esta relación entre sensualidad y contenido es un logro importante en este trabajo.

Textos suministrados por la artista, 2007

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En Escena una obra pintada y escrita por Dilma

Dilma Jiménez presenta su obra En Escena. Una muestra compuesta por los personajes que hacen parte de la vida diaria, que se dejan ver en medio de la explosión de color, de la veladura que deja la pintura capa tras capa, rodeados de palabras y mensajes, que parecieran en clave.

"La idea es lograr que la misma escritura se convierta en mancha para dar paso a la obra gestual y ubicar a los personajes que construyen las historias de familia, como cuando uno ve los retratos de los abuelos o bisabuelos: allí los personajes en medio de una atmósfera grande", explica la artista.

Según Dilma, va entrelazando texto, color, sentido y pequeños retratos.

"Me gustan los colores vivos porque son luminosos, transmiten energía, vida. Equilibro tonos, matices, texturas, me dejo llevar por la libertad que permite lo abstracto y más que poner en mis obras palabras o textos sueltos, dejo en ellas el mensaje que me entregan los libros que siempre me acompañan cuando pinto" asegura.

Así autores como T.S. Eliot, Gertrude Stein, Anaís Nin o Goethe, inspiraron una buena parte de su trabajo.

Tomado del periódico ADN, 15 de julio de 2013 

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