Icaro Zorbar

Bogota

Artistas Visuales

Varios, Visual


 Icaro Zorbar

artista visual
 

 


Yo, no he estado ahí.

Ahí, donde todo gira. Donde hay que agacharse para alcanzar las cosas. Ahí donde hay centro y ahí donde no lo hay. Donde cada uno es único. Cada cosa es única. La cajita de música cautivándolo y él dejándose cautivar. Ese disco anaranjado, su estado de vida latente y ella dejándose cautivar. Ahí, en ese mundo de perfecciones ocultas. En el mundo de efectos creados. En ese mundo sin variaciones, de movimientos circulares con un principio y un fin. En ese mundo de variaciones sin fin. Ella con su disco anaranjado. Él con su cajita de música. Él con la manivela dándole vueltas a un rodillo dentado modificando su tiempo de giro. Ella regando su disco anaranjado pacientemente siendo testigo del tiempo. Darle vueltas a ese cilindro una y otra vez. Volver y volver a regar. Dar vuelta y volver. Observando los cambios. Observando el mecanismo. Viendo como surgen esos pequeños brotes procedentes de yemas durmientes. Viendo como los puntos del rodillo pulsan cada lámina de ese peine metálico produciendo un sonido. Escuchando cada instante. Apreciando cada vibración. Sintiendo cada uno el latir de sus palpitaciones, ahí, en ese mundo de perfecciones ocultas, en el mundo de efectos creados, en ese mundo sin variaciones, de movimientos circulares con un principio y un fin, en ese mundo de variaciones sin fin, ella le regaló su presente y él a la vez su pasado. Cautivado con su cajita de música, ella dejándose cautivar; cautivada con su disco anaranjado, él dejándose cautivar. Ahí, donde todo gira, donde hay que agacharse para alcanzar las cosas, ahí donde hay centro y donde no lo hay, donde cada uno es único y cada cosa es única, él con su disco anaranjado y ella con su cajita de música. Ella con la manivela dándole vueltas a un rodillo dentado modificando su tiempo de giro, él regando su disco anaranjado pacientemente siendo testigo del tiempo. Darle vueltas a ese cilindro una y otra vez, volver y volver a regar. Dar vuelta y volver, observando los cambios, observando el mecanismo, viendo como surgen esos pequeños brotes procedentes de yemas durmientes, cayendo en un sueño profundo o despertando de él, en silencio, hipnotizados por los sonidos, compartiendo un lugar sin tiempo.

Vi una imagen. Una foto. Son unas plantas gigantes. El tallo es grueso. Su color es verde claro, el color de las plantas jóvenes. Se destacan por su acanticidad. Parece como si nacieran y crecieran en una isla circular y la isla estuviera un poco sumergida. Alrededor todo se ve color naranja. No sé si es el suelo. Creo que es el aire.

Tuve la oportunidad de conocerlas, a esas plantas gigantes. Apenas las vi me volví gigante. Crecen en una isla circular. Apenas las vi su mundo naranja se volvió pequeño. Es un disco acuícola, ácrono, abaptisto: habita y se cría en el agua, no se rige por el tiempo y es insumergible.

Al lado encontré una pequeña maquinaria. Me agaché. Me detuve a contemplarla. Susurró que se encontraba detenida, la tomé en mis manos, di vueltas a la manivela. Me inundó dejándome sumergida en la melancolía.

Un encuentro nos atrae: es como estar de vuelta: estuvimos ahí.

Si encontramos y nos vamos, si el encuentro lo permite y nos vamos y volvemos, hemos vuelto. Nos atrajo. Si pensamos que el encuentro nos espera y cuando volvemos lo encontramos y de tanto ir y volver nos conocemos, y nos vamos y volvemos y el encuentro nos atrapa, no nos vamos. Si éramos dos y ahora somos uno, no podremos separarnos.

Si encontramos y volvemos, si encontramos y nos vamos y volvemos, y volvemos y nos vamos y volvemos y continuamos yendo y viniendo, el tiempo se hace más corto. Rallentando: extendemos el tiempo de los ciclos y repeticiones para poner a prueba que nada nadie nunca muere.

Si encontramos y apresamos los encuentros o nos vamos y abandonamos nuestros encuentros al olvido, podrían caer en ruinas.

Las ruinas se perciben como restos de lo que alguna vez fue un todo. Pueden ser causadas por la ausencia, por la carencia, por destrucción, por exceso de cuidados o por actos deliberados de construcción. En apariencia las ruinas son caóticas, desordenadas.

La entropía es una medida del desorden de un sistema. La entropía como medida del desorden que posee un campo de radiación es mayor a temperaturas altas dado que el número de fotones y protones proporcional al volumen de bariones cumple la condición de intervalo considerable a la radiación cósmica no primordial que puede observarse en la medida en que aumenta el poder de visión de la ilusión que se produce cuando la superficie indeterminada de una singularidad desnuda e impredecible transmuta el exceso de partículas libres conocidas por su precisión  relativa a la comprensión de los movimientos erráticos que dan lugar a la formación de un disco absolutamente circular. El orden de los armónicos se define como la relación entre la frecuencia del armónico considerado y la frecuencia fundamental. La frecuencia de salida referida al lado de bajo voltaje del transformador resultante de la armadura distribuida en el área sostenida por el ángulo diferencial tiene un efecto importante en la inversión retardante producida por el número de encadenamientos bajo un polo de densidad que puede verificarse siguiendo la derivación por saturación debido a que una gran parte de la trayectoria de los flujos de dispersión se encadenan con una resistencia igual al efecto causado por el efecto no excitado inicialmente y que es similar a la reluctancia del yugo representado por un material magnético ideal con permeabilidad infinita y resistividad infinita acoplada a la inductancia mutua entre los circuitos girando por rotaciones perdidas en el número de vueltas impulsadas por el crecimiento del estado de excitación propia de una relación que gira a una velocidad sincrónica. Los movimientos erráticos que dan lugar a la formación de un disco absolutamente circular asociados al estado de excitación propia de una relación que gira a una velocidad sincrónica nos confunde cuando no sabemos reconocer en esos movimientos las formas que se agotarían segundo a segundo si no fuera porque nos vemos obligados a oírlas en situaciones que nos resultan oportunas y a veces deseables.

Una fuerza nos atrae. No existe más que el instante presente. Y si algún día nos separamos… estuvimos ahí.

Beatriz Eugenia Díaz,
Texto suministrado por la Galería Casas Riegner, 2009

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Da sentimientos a las máquinas

por Diego Guerrero

La desgarradora aria para cámara de Vincenzo Bellini, Dolente immagine di Filie mia (Imagen afligida de mi hija), en la voz de la italiana Cecilia Bartoli, inunda un salón de exposiciones. Los que están en otras salas contiguas no pueden resistirse a buscar a la mujer que le canta a la tristeza de su hija, desconsolada por un amor perdido.

Pero al llegar al lugar de donde sale la canción no hay más que un ventilador de mesa viejo, sobre un pedestal, que lleva atornillado el mecanismo abierto de una grabadora; en el suelo, a unos dos metros, hay un casete. Mientras el ventilador gira, el reproductor jala la cinta que sale del casete. Luego de sonar, la cinta se eleva impulsada por el viento hasta que, a medida que la canción termina, tan triste como empezó, va cayendo hasta quedar enredada (y muda) en el suelo.

Así es Ventilador, una de las obras más poderosas del artista bogotano ícaro Zorbar que, a los 32 años, parece empeñado en insuflar vida y sentimientos a distintos aparatos eléctricos. "Cada obra mía es una historia -explica-. Todas tienen estructuras dramáticas, con principio y fin. No es que sea una historia literal, pero siempre pasa algo".

Es común que los que superan la primera impresión de desorden que tienen sus propuestas -pues deja cables a la vista- se queden sorprendidos al ver que están frente a máquinas que parecen expresar sentimientos.

Tomado del periódico ADN, 2 de diciembre de 2009

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Los pequeños mundos

por Liliana López Sorzano

Desarmar, romper y aprender, ese es el método de aprendizaje infantil que con conciencia de adulto utiliza Icaro Zorbar en su propuesta artística. Pareciera que ese estímulo de infancia lo extendiera a los espectadores que se enfrentan a sus creaciones, porque en vez de sacar un letrero No Tocar, tan recurrente en el mundo del arte, invita a que la gente active la obra. "Más que interactividad es como un gesto de atender la obra. Si no la atiendes, no funciona. He llamado a algunas piezas instalaciones atendidas. La idea es obligar a la gente a que tenga un poco de curiosidad y despierte la obra", sostiene Zorbar.

Describir la obra de este artista no es lo mismo que vivirla, por su carácter sonoro y por su necesidad de activación por parte de quien la observa.

La muestra que se presenta en la galería tiene por nombre Ahí estuvimos. Esta se compone de otras como la instalación Órbita cero, que consiste en unos parlantes y unos tocadiscos de donde emanan tres loops que forman una composición sonora. Canción para un amor posible es otro de los brazos articulados que hacen parte de la exposición. En éste, unos platos que giran contienen el tallo de una zanahoria que a su vez es iluminada por una pequeña luz. Justo al lado hay una cajita de música. Al final, la zanahoria como tal no importa, sino la idea de brote y de vida que subyace de este tallo acompañado de verde que gira, que tiene agua y luz. Como en una especie de experimento, Zorbar crea estas pequeñas islas que bien podrían ser unos planetas. "Esa idea de vida articulada con la máquina que da vueltas recuerda esas bailarinas musicales que giran sobre sí mismas, redondean la idea de mundo, así como el del Principito", confiesa el artista.

Para captar la obra de Zorbar es necesario aguzar el oído, la vista, agacharse, tocar y querer escudriñar lo que esconde cada uno de estos pequeños mundos. Si se mira el panorama completo, todo empieza a funcionar como un ecosistema, hay algo de remembranza de una instalación a la otra. En efecto, el hecho de dejar los cables visibles incide en el concepto de que todo está conectado.

Sobre los discos hay unos figurines de pingüinos que a cada vuelta se encuentran y se desencuentran. En toda la muestra, todas las cosas están girando, hay como una idea de orbitar en torno de repetición, de persistencia y de ecos. Quizá esta acción del círculo y los títulos sugestivos de cada instalación representen esa temática de las relaciones interpersonales tan presente en el trabajo de Zorbar. "Hay algo sobre el amor, el desamor, el encuentro , el desencuentro, la soledad... no es sólo a nivel del amor romántico, sino de las relaciones en general".

En la mayoría de su obra hay una cierta sonoridad. Para Zorbar, la música puede ser un guiño de referencia, también puede funcionar como ambientación y la letra como guión o como estructura narrativa.

Hasta el 6 de diciembre su obra estará al lado de la de Gabriel Sierra y Mateo López en Art Basel Miami, representados por la Galería Casas Riegner.»

Tomado del periódico El Espectador, 3 de diciembre de 2009

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Icaro Zorbar, artista visualMediante 42 pantallas, una instalación y proyección sobre un papel pergamino de un centímetro y medio, que gira, este artista muestra su propuesta ganadora en la pasada convocatoria del Programa Distrital de Premios y Estímulos Bogotá tiene Talento (2010), que entrega cada año la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá.

Cuando faltan pocos días para la nueva convocatoria de estos premios (serán lazados el 9 de marzo), el visitante a la galería Santa Fe puede ver como en su sala circular algo parece respirar tranquilamente en el piso, mientras en la penumbra del fondo brillan, suavemente, un sinnúmero de puntos, como estrellas o neuronas que destellan. Un televisor inclinado y la proyección, que se semeja a un holograma, completa este escenario que parece recrear un poco el inconsciente de alguien que duerme.

“Es una videoinstalación que habla de la fragilidad, de la vulnerabilidad, de lo interior y de lo exterior en un contexto onírico -dice Zorbar-. La idea era explorar la idea de escena, que es la parte más pequeña de una narración con sentido en sí misma. Yo quise fragmentarla y ponerla en distintos espacios aprovechando la sala, que es bastante compleja espacialmente”.

Texto gentilmente suministrado por la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, 2011

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Nostalgias en el videoarte

ícaro Zorbar expone Off, lejos del lugar en cuestión, en la Galería Casas-Riegner.

 

por Carlos Restrepo

Un gran espacio oscuro recibe al visitante. En una de las paredes, 42 pequeños monitores de televisión con un punto de luz en la mitad dan la impresión de un cielo estrellado. Un sutil rumor sonoro nocturno, en el que se aprecia el canto de las chicharras, se apodera del recinto. En la otra esquina, un microproyector reproduce, en una pequeña superficie que parece flotar en el aire, una ventana contra cuyo vidrio se estrella, una y otra vez, un frágil pájaro.

Icaro ZorbarSe trata de la videoinstalación Off, lejos del lugar en cuestión, que el artista bogotano ícaro Zorbar (1977) presenta en la Galería Casas-Riegner.

El artista juega con la idea de la "lejana cercanía", a partir de la imagen de ese diminuto punto de luz que quedaba en los televisores de antaño, antes de apagarse por completo. "Encierra un concepto muy romántico y nostálgico de lo que se va", explica Zorbar, al jugar con la metáfora de aquellas imágenes que ha perdido la ciudad moderna, como los cielos estrellados, que para verlos, hay que salir al campo.

Off, la instalación de los monitores, dialoga con La ventana y el pájaro-así ha bautizado Zorbar su otra videoinstalación-, en un intento por darle contexto a un gigante cielo estrellado. "Me pareció muy lindo cómo esta ventana hace las veces de polo a tierra, de punto de referencia para toda la obra".

Y, a su vez, la ventana invita a reflexionar sobre el concepto de umbral, entre lo que sucede afuera y lo que pasa en el interior del espacio. "Como el video está tomado desde adentro, parece que el pájaro, que está afuera -libre-, quisiera entrar, ser domesticado, lo que es una paradoja", agrega.

Frente a la discusión entre seguidores del arte contemporáneo y los defensores del tradicional, Zorbar opina que son posiciones respetables. "Es una discusión de tiempo, para que la gente empiece a entender que no estamos ante una guerra ni moviéndole la butaca a nadie: solamente es otro tipo de diálogo".

UNA INSTALACIÓN CON TELÉFONOS Y MOTORES (otra obra en Medellín)

Ensayos con un recuerdo, levantar la mirada y la posibilidad de caer, de Zorbar, estará hasta el 6 de noviembre en la galería de La Casa de la Música, en el parque de Los Deseos, de Medellín. Es una instalación en la que también explora el simbolismo del pasado.

Tomado del periódico El Tiempo, 9 de agosto de 2011

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