Leila Cobo

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Personaje

 


 Leila Cobo

intérprete, pianista, editora de música latina

crítica de arte
 

 
A ColArte

 

 


La Biblia de la música latina

Cuando la muy talentosa Leila Cobo se dio cuenta de que no podría ser una de las mejores pianistas del mundo, se fijó el reto de ser la periodista mejor informada del ámbito musical latino americano y lo logró con creces. Desde hace siete años es editora de Billboard, la más poderosa revista norteamericana, la que decide la suerte de cualquier artista con sus listas de ventas y audiencias a nivel mundial, que se editan desde 1894.

Hoy su criterio y sus opiniones son de las más respetadas dentro del ámbito musical hispanohablante, gracias a su formación artística ya que se especializó en el tema antes de la llama da "invasión latina". Destaca con orgullo: "Lo que publicamos en Billboard tiene credibilidad mundial".

Después la revista y su nombre se convirtieron en el principal trampolín hacia el mercado estadounidense de nuevas estrellas. Fue la primera en destacar en sus artículos a Juanes y, más recientemente, a Fonseca y a Cabas.

¿Cómo llega esta caleña a ser tan influyente? La historia de Leila es musical. Su madre, la pianista Olga Sefair, le desarrolló esa aptitud desde pequeña. "Mi familia era muy melómana. En mi casa había dos pianos y una supercolección de temas clásicos y cubanos".

Sus clases en el Colegio Bolívar las alternaba con las del Conservatorio de Cali al que asistió varios años. Al graduarse tenía claro estudiar piano clásico, pero "por cosas de la vida" terminó estudiando Comunicación Social en la Universidad Javeriana en Bogotá.

Sin embargo, no podía desprenderse del piano y cada semestre le anunciaba su retiro al decano de la facultad. Terminó yéndose a Nueva York, donde estudió en el Manhattan School of Music y se graduó como concertista. "En esa época descubrí la pólvora. Me sentía feliz de estar en ese mundo y de estudiar lo que había querido hacer siempre".

Luego vino lo realmente difícil. Hizo conciertos y presentaciones sin alcanzar la trascendencia que soñaba. Entonces retomó su otra pasión: los medios norteamericanos, aunque por temporadas venía a Colombia a dar conciertos y clases de piano.

Viajó a California, en 1988 hizo un master en comunicación y decidió combinar sus dos profesiones. Empezó haciendo televisión y, "por un golpe de suerte", llegó a la redacción de Los Ángeles Times en el cargo de editor de copia durante dos años. Allí conoció en profundidad a la gente del mundo de la música y su cultura.

En el año 92 se casó en Colombia con el reconocido pianista Arthur Nalon, de quien se enamoró en Nueva York. A su regreso a los Estados Unidos se radicó en Miami donde fue contratada por el Miami Herald como crítica de música, desde donde se postuló en el 2000 para una plaza en Billboard.

Hoy es directora ejecutiva de contenido y programación para América Latina y está más que satisfecha: "Cuando empecé hace siete años no se cubría la música latina con tanto despliegue. Lo que hicimos fue crecerlo y hacerlo ver más grande".

Leila Cobo se convirtió en defensora de la causa de los nuevos artistas del continente y, además, es una de las promotoras de los prestigiosos Premios Billboard de la Música Latina, un evento anual al que asisten más de mil líderes internacionales de la industria y cientos de patrocinadores y periodistas. Ella siempre trabaja tras bambalinas para consolidar a estrellas que van desde Daddy Yankee y Juanes hasta Marco Antonio Solís o Los Tigres del Norte.

Estos éxitos la llevaron a abandonar su carrera como pianista, aunque no deja de practicar en casa, su escape al mundo del espectáculo. "Hice la etapa de mi piano y quede contenta. Estoy feliz escribiendo y la música siempre va a hacer parte de lo que soy". Aún así, no le encuentra sentido a la vida sin nuevas metas y ahora está empecinada en escribir novelas para televisión. Veremos cómo le va.

Tomado de la Revista Cromos No. 4663, 23 de julio de 2007

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El termómetro de Billboard

Por Juan Carlos Piedrahita

Conoce como pocos críticos las dos caras de la moneda. Su formación como pianista y concertista de la Manhattan School of Music de Nueva York es el complemento perfecto para sus estudios en Colombia y en los Estados Unidos sobre los procesos comunicativos. Con la música, la periodista se deleita y con los medios de comunicación la artista se reinventa para ir un poco más allá.

Las críticas musicales de Leila Cobo, de varios años para acá, son el faro y guía de muchos melómanos en Occidente. Su nombre es una suerte de garantía para quienes han tenido en sus manos ejemplares del Miami Herald y del Los Angeles Times, y que hoy la buscan en las páginas de la revista Billboard para que, seguramente, asesore sus próximas adquisiciones sonoras.

"Trato de ser un poco técnica, para que mi crítica musical se diferencie de otras", comenta esta colombiana, cautivada desde pequeña por las propuestas rockeras de bandas como Queen y Supertramp. "Lo más importante que me han dado el conocimiento que tengo de la música y el hecho de haber sido concertista es que me permiten hablar con conocimiento de causa, y si escribo algo es porque conozco el proceso para producir ese sonido. Antes de llegar a Billboard, hacía críticas más a la ligera, mucho más acidas; pero desde que llegué aquí soy más cuidadosa, porque me di cuenta de que mis críticas se toman muy en serio", dice la comunicadora, para quien no hay ningún disco desechable.

Una publicación como Billboard tiene la gran ventaja de sintonizarse con los charts, unos listados muy confiables y con una reputación intachable. Lo más importante de toda la gente que trabaja en esta revista es que sólo se escribe de música, lo que hace que el producto llegue a grandes conocedores. Por eso, Leila Cobo es muy cuidadosa con cualquier número o cualquier cita que suministra, pues no puede equivocarse con sus lectores.

De un tiempo para acá, su procedimiento para elaborar las columnas de opinión relacionadas con los nuevos lanzamientos ha cambiado mucho. Ahora detesta que la convoquen a una oficina para escuchar, en primicia, las iniciativas de un artista. Para Leila Cobo, lo vital es encontrar el hilo conductor del álbum, identificar sus arreglos y hablar, si es el caso, de su canción favorita. Esa labor minuciosa no se logra en una sola sentada, y eso no lo han podido entender los representantes de las industrias discográficas.

"La diferencia entre un periodista experto en música y un crítico musical ya no es clara para mí. Cuando yo empecé a escribir sobre música, se decía que la persona encargada de los artículos no podía tener la responsabilidad de la crítica porque, muchas veces, se comprometía la objetividad. Sin embargo, en la actualidad, cuando los periódicos tienen la mitad del personal de hace unos años, a la gente le toca ser multifacética", asegura Cobo, quien además de ser una estudiosa de la música, también se ha interesado por establecer los procesos de divulgación de los artistas en América Latina.

En todos estos años de trabajo, esta mujer se ha empeñado en abanderar una especie de campaña para dejar en claro que la música no puede ser un producto de distribución gratuito, lo que implica un cambio de mentalidad en todos los círculos sociales. Sin embargo, esta apuesta no la ha hecho sólo desde las páginas, sino también desde su programa de televisión Estudio Billboard, que se transmite en Colombia por Fox Life y que está en su tercera temporada.

"La entrevista que más he padecido fue con Armando Manzanero, porque desde que pisó el set del programa dijo: ah, este espacio de televisión es como todos los que me toca hacer, en todos me piden que hable de las canciones y bueno le hablaré lo mismo de lo que he hablado cien veces. Yo me controlé y lo puse a reflexionar sobre mil temas más, y la entrevista, finalmente, salió muy bien", comenta la especialista en música, que también se aventuró a escribir ficción. Tell me something true es el nombre de su primera novela, y está esperando noticias para publicar su nuevo libro.

En julio, Leila Cobo participará en el Congreso Iberoamericano de Cultura en Medellín, para hacer lo que más le gusta: filosofar con la música desde las dos caras de la moneda.

Tomado del periódico El Espectador, 12 de junio de 2010