Carmen Ortega

Críticos

Personaje

 


 Carmen Ortega Ricaurte

investigadora

Diccionario de artistas de Colombia

 
A ColArte

 

 


 Una obra que hacía falta 

por Lucy Nieto de Samper

Ocho años de trabajo, más de 400 biografías, y un grueso volumen de 448 páginas, tal es el balance presentado por Carmen Ortega Ricaurte, en la reunión organizada por Tercer Mundo, para saludar la aparición de su libro "Diccionario de Artistas en Colombia", que agrupa a los pintores, escultores, arquitectos coloniales, ingenieros militares, ceramistas, orfebres, plateros, caricaturistas y dibujantes, que han figurado desde la Colonia hasta nuestros días, en las artes plásticas del país.

Esta obra, la primera en su género en Colombia, no es un estudio crítico, sino un trabajo informativo y objetivo; por ello la autora advierte en el prólogo que no todos los artistas mencionados han producido obras maestras, pero que les tuvo en cuenta no por la calidad de sus trabajos, "sino por la actividad y entusiasmo desplegados por ellos en la enseñanza, desarrollo, divulgación y orientación de nuestro arte".

Aunque el título del libro lo advierte, Carmen Ortega explica tambien la inclusión de artistas extranjeros, "algunos de los cuales ni siquiera pisaron territorio colombiano, porque sus obras han sido significativas dentro del panorama del arte nacional", como el caso del escultor italiano Pietro Tenerani, que trajo a Colombia el neo-clasicismo. Los escultores que no habían salido a otros mundos, tuvieron que estudiar la obra de Tenerani para hacer algo. Y el caso también de Francois Desire Roulin, que vino a Colombia, para dictar una cátedra de ciencias naturales. Pero como le incumplieron el contrato, tuvo que buscar otras fuentes de entrada, y fue así como se dedicó al dibujo. Emprendió diversos viajes por el país en actividades investigativas y realizó varios dibujos de especímenes desconocidos de nuestra fauna y nuestra flora. Fue autor también de dos perfiles de Bolívar que sirvieron posteriormente a Tenerani para realizar las famosas esculturas del Libertador que hay en el país. Por esos trabajos, bien merece la inclusión en la obra de la señorita Ortega Ricaurte.

Antes de iniciar el diálogo con la autora, es interesante conocer el concepto de Marta Traba, expresado en el prólogo de la obra: "En la introducción a su Diccionario de Artistas en Colombia, Carmen Ortega explica claramente los propósitos y alcances de la obra. Seria superfluo, pues, que yo los repitiera. Lo que quiero subrayar es la importancia que un trabajo de tal naturaleza, en apariencia impersonal y árido, tiene para una cultura tan nueva como la nuestra donde, a defecto del documento inexistente, siempre se echa mano de la fantasía o de la improvisación. Una cultura comienza a ser seria, cuando va acumulando sus libros de consulta, cuando el creador de tesis originales acerca de las formas de expresión de un país, puede apoyarse sobre el investigador y el recopilador de datos y estadísticas.

"Carmen Ortega ha querido mantener la mayor neutralidad en su tarea de recopilación y evitar los enjuiciamientos personales. Hay que subrayar esta condición en un país emocional como Colombia, como un dato positivo, que relieva la seriedad de su investigación.

"La dificultad de confeccionar este diccionario no es menor; pintores casi desconocidos, artistas sin bibliografía de ninguna especie cuyas actividades no han sido consignadas ni archivadas por nadie, son cuidadosamente rescatados por el diccionario para incorporarlos al bloque general del arte en Colombia. Este bloque se ve, en peso, mucho más grande de lo que suponíamos. Lo cual no autoriza, desde luego, a considerar que número es igual a calidad y que por lo tanto el arte colombiano ha sido extraordinario; por el contrario, la extensión inusitada del diccionario prueba una vez más la rareza del genio y demuestra que se necesita un enorme "background" de gente anónima, oscura y mediocre, para que una cultura llegue a expresarse con alguna originalidad".

DATOS DE LA AUTORA.-

En una caseta prefabricada, instalada en una colinita del quebrado terreno que sirve de sede al Colegio Mayor de Cundinamarca, conversamos con Carmen Ortega. Ella es la directora de la Escuela de Idiomas (para secretarias bilingües y traductoras) y tiene 150 alumnas a su cargo.

Pertenece a una típica familia santafereña, hija de don Alfredo Ortega Díaz y de su señora, María Teresa Ricaurte de Ortega, y desde niña recibió de sus padres una esmerada educación. Con su padre visitaba museos, exposiciones y nuestros tesoros coloniales, y en su propia casa, conoció y ha disfrutado de un ambiente muy refinado. "Cuando todo el mundo empezó a vender sus muebles de estilo, para reemplazarlos por los muebles modernos, nosotros nos horrorizamos. Conservamos todo lo que heredamos de nuestros antepasados; los que entonces vendieron sus cosas buenas tratan de recuperarlas ahora", comenta Carmen. En realidad ese detalle muestra lo auténtico de su gusto y de su conocimiento por los objetos de valor. Después de haber terminado su bachillerato en el Colegio Alvernia, Carmen entró a la Universidad Nacional a estudiar filosofía y letras. Luego obtuvo una beca para estudiar en Alemania e ingresó a la Universidad de Munich. De allí viajó a Egipto y en la Universidad de El Cairo siguió un curso sobre arte egipcio.

El Departamento de Estado de los Estados Unidos la invitó a hacer otros cursos e ingresó por eso a la Universidad de Wyoming. Esos viajes de estudio los aprovechó también para visitar muchos países: ha recorrido Europa, América Central y los Estados Unidos.

Ha dictado en Colombia varias cátedras, entre ellas la de dibujo arquitectónico, en el Instituto Femenino de la Universidad Jorge Tádeo Lozano.

Naturalmente la pregunta es obvia y se la formulamos: como surgió la idea de realizar el trabajo que acaba de publicar?

"Cuando estudiaba en Alemania una especialización, en Historia del Arte, me preguntaban por Colombia, y francamente no podía darles una información adecuada. Comprendí que no sabía nada y que quizá, por averiguar primero el arte del mundo, había olvidado dar el primer paso, es decir conocer la historia del arte colombiano. Por eso al regreso, me dediqué a estudiar y a conocer lo nuestro. Compré los pocos libros colombianos que se ocupaban del tema y empecé a coleccionar informaciones sobre nuestro arte y nuestros artistas, que aparecían en periódicos y revistas. Empecé a hacer fichas, pero en una forma muy desordenada. Volví a la Universidad Nacional para terminar los estudios v recibir el doctorado en filosofía y letras, pues sólo tenía la licenciatura, y como tesis de grado presenté el diccionario. Lo aprobaron. Y el doctor Jaime Jaramilo Uribe, mi presidente de tesis, y bajo cuya dirección realicé el trabajo, me animó para que lo publicara .

Carmen cuenta que durante los ocho años que le llevó la realización de su trabajo viajó a Cartagena, San Agustín, Popayán, Tunja y cuanto lugar rico en monumentos artísticos. Ha sido una apasionada del arte colonial, pero en el libro se abstiene de hacer comentarios, ya que su información es objetiva e imparcial.

Su afición por la música ha hecho adelantados estudios de violín-, quedó a un lado mientras terminaba su diccionario. También fue alumna de pintura de Vika Marotti y formó parte de grupos corales.

Confiesa que no sirvió para la pintura, no obstante los deseos de su padre de que se dedicara en serio a esa actividad. "Sin embargo esas clases me sirvieron mucho para apreciar la pintura y sus distintas técnicas".

LA EDICIÓN DEL LIBRO: ESFUERZO COLOSAL.-

Cuando se decidió a publicar la obra con que había obtenido su grado de doctora en filosofía y letras, encontró muchos problemas. Editar un libro es en Colombia una verdadera aventura, porque todavía es un trabajo laborioso y costoso. Y para ellaque emprendió la tarea sola, fue todavía mas difícil. Reuniendo sus ahorros, acudiendo a todos los miembros de su familia, financió el trabajo que lo empezó a realizar el señor Isaac Celnik. Cuando el libro estaba a medio hacer, el señor Celnik vendió su imprenta. La compró Tercer Mundo. Mas tarde Tercer Mundo se asoció con Antares y de este último taller salió terminado el diccionario.

"Debo agradecer, dice ella, la colaboración de empresas y artistas colombianos. Gracias a ellos el diccionario cuenta con 17 hermosas láminas a colores de obras de Obregón, Restrepo Peláez, Rasmussen, Luciano Jaramillo, Carlos Rojas, Wiedemann, Astrid Alvarez, Montealegre, Roda, Pizano, Acevedo Bernal, García Hevia, Edgar Negret, Andrés Santamaría, Eugenio Zerda; entidades particulares como Atlas Publicidad, Ecopetrol, Shell, y Central de Seguros, me ayudaron a financiar también esas láminas. Y el Banco Panamericano colaboró en mi aventura, prestándome $30.000 para empezar. Yo tengo todo hipotecado y les debo a todos los de la casa. Pero estoy satisfecha al ver cristalizado el trabajo y el esfuerzo de ocho años". Carmen opina que ahora estamos viendo como un "renacimiento" cultural del país. "Hace 20 años, dice, nadie hacía exposiciones y la crítica no era crítica, ni nada, sino una reseña, salpicada siempre de toda clase de adjetivos calificativos para el "artista consagrado", o "la pintora de finas manos blancal.  Rebuscando en los periódicos y revistas de entonces, no he encontrado datos sobre si tal o cual obra eran buenas o malas. Nadie las criticaba en el exacto sentido de la palabra. Por eso me parece tan importante la labor que ha realizado Marta Traba. Sin estar completamente de acuerdo con ella, no se puede desconocer que este impulso que han recibido los movimientos artísticos contemporáneos, se le debe en gran parte a ella. Su actitud es valerosa y siempre está diciendo cosas. Las mismas polémicas que suscita, son importantes para el arte. Ella ha despertado una inquietud, y ha removido un mundo que estaba prácticamente dormido".

"Yo, añade Carmen, no podría ser crítica de arte. No serviría, porque siempre encontraría algo qué elogiar: el esfuerzo, la tenacidad, el entusiasmo. Yo soy por eso una investigadora que observo las obras con un sentido objetivo y desapasionado".

Carmen Ortega, sencilla, discreta, le ha prestado al país un gran servicio y ha sacado del anonimato a multitud de artistas. Su obra, fruto de su esfuerzo y su entusiasmo, es la primera en su género en el país, y será fuente de consulta obligada de quienes quieran saber la pequeña historia de los artistas nacionales.

Tomado de la Revista Cromos No.2515, 22 de noviembre de 1965