Eduardo Marceles Daconte

Aracataca, Magdalena

Críticos (Artes plasticas)

Personaje

 

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 Eduardo Márceles Daconte

crítico de arte

 
A ColArte

 

 


 Aracataca, Magdalena

Escritor colombiano (Aracataca, 1942). Licenciado en humanidades en la Universidad de Nueva York (EUA, 1970) y máster en artes del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de California (Berkeley, EUA), con especialidad en historia cultural de América Latina y énfasis en artes visuales y literatura. A principios de los años 70 entró a un monasterio en Sri Lanka, donde fue monje budista hasta 1973. Luego residió en Barcelona, España, donde fue traductor para diversas editoriales. Regresó a Colombia en 1975 para enseñar literatura y teatro de América Latina en el programa de posgrado de la Universidad Javeriana en Bogotá. Fue profesor visitante de estudios latinoamericanos y editor del diccionario chino-español en la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghai (China, 1986) y profesor visitante distinguido en la Universidad de Miami-Dade, Florida (EUA, 1989). Reside en Nueva York desde 1989. Ha sido conferencista universitario en la New School for Social Research y curador multicultural del Queens Museum of Art hasta 1995. Ha publicado el libro de cuentos Los perros de Benares y otros retablos peregrinos (Editorial La Oveja Negra, 1985) y el libro de ensayos La crítica de arte y las tendencias de la pintura en Colombia (Minrex, 1984). Textos suyos han aparecido en diarios y revistas de Colombia, Estados Unidos y América Latina.

Tomado de http://www.letralia.com/firmas/marcelesdaconteeduardo.htm 

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Viaje por Galerías y Museos

por Alvaro Medina*

A través de la segunda mitad del siglo XX, Eduardo Márceles Daconte ejerció en Colombia la crítica de arte con la intensidad y la dedicación que esta ambiciosa investigación nos recuerda. Al publicar sus ensayos sobre las artes visuales, presentados aquí de manera parcial ya que los ha distribuido en tres volúmenes y este es apenas uno de ellos, el autor ha preferido ser totalizador en vez de selectivo, dentro de los criterios que ha sabido fijar para dar cohesión a Los recursos de la imaginación: artes visuales de la región andina de Colombia.

Esta visión totalizadora es arriesgada pero necesaria. En general se prefiere escoger las mejores páginas de una fructífera carrera. Es el tipo de decisión que se toma teniendo en cuenta, además, que los artistas que un día prometieron aportes mayores nunca llegaron a ellos y que en toda actividad hay abandonos, si no del oficio al menos sí de los postulados, de los conceptos o de las teorías que un día le dieron la razón de ser a exposiciones y obras.

Si algunos pueden reprochar que el contenido de este volumen sea profuso, me parece innegable por otra parte que sus artículos ofrecen la ventaja de erigirse en el testimonio de un período histórico específico. Para conseguirlo, Márceles Daconte procuró abarcar ese momento en toda su extensión, casi se diría que sin dejar resquicio sin revisar, acucioso de someter a análisis a los artistas que a su juicio trabajaban dentro de los parámetros de profesionalismo que él juzgaba incontrovertibles y valederos.

Este tipo de investigación es rara en Colombia y bastante falta hace a la hora de querer elaborar una historia documentada del arte. En la actualidad, al abordarla, no basta dar los datos biográficos de un artista y definir a grandes rasgos las particularidades de su obra. Un artista también es lo que a favor o en contra se opina de lo que exhibe en determinado momento. Márceles Daconte abunda en opiniones que toca leer y evaluar, de modo que su esfuerzo es válido incluso en el caso de nombres hoy familiares a nosotros pero ante los cuales, asombrada, la posteridad indagará por la suerte que pudieron correr.

¿Cuántos artistas trabajaban en Colombia cuando los primeros artículos aparecieron en suplementos, revistas y catálogos? No es fácil precisarlo, pero es factible calcular que eran casi mil. Un siglo antes redondeaban los cincuenta. Quiere decir que Márceles Daconte intentó ponerse a tono con la cantidad, pero indagando por la calidad, hasta llegar a incluir en época reciente a un sustancial grupo de artistas más jóvenes que en su opinión se destacan en el ámbito de esta región de Colombia.

El balance es personal y pensado con la idea de comunicar la mayor cantidad de información útil, que el autor pondera con sus reflexiones sobre las diferentes posiciones conceptuales y estéticas que se iban revelando paso a paso. En cuanto a la investigación, si no es exhaustiva tiene el mérito de parecerlo y esto es algo que apreciarán mejor los historiadores de las generaciones por venir. Los recursos de la imaginación: artes visuales de la región andina de Colombia contiene algunos textos de carácter histórico, elaborados como ágiles resúmenes de lo sucedido alrededor de una determinada orientación plástica (véanse los artículos sobre el expresionismo o la abstracción, por ejemplo), o de un medio (la fotografía, la escultura, el humor gráfico), o de un tema (la flora, el bodegón, la imagen de Bolívar), a los que se agregan ensayos de definiciones regionales (las artes en Santander y de modo más específico en Bucaramanga) o de presencias activas allende las fronteras (un completo y pertinente estudio sobre los numerosos artistas colombianos residentes en el extranjero).

Es de anotar que Márceles Daconte ha escrito también sobre la actividad teatral en Colombia, que en su momento siguió de cerca con una dedicación y un interés semejantes al que lo hacía deambular por galerías y museos. Viajero incansable, narrador, cronista y crítico, las páginas de este libro cierran con una entrevista a Marta Traba que posee, por las ideas que expone y las aclaraciones que hace quien fuera nuestra más prestigiosa y acatada crítica de arte, la densidad suficiente para creer que algunas de las declaraciones recogidas serán muy citadas. Con ese jugoso diálogo entre críticos, Eduardo Márceles Daconte le estampa el sello apropiado al plan totalizador que este necesario libro pone en juego.

* Instituto de Investigaciones Estéticas Universidad Nacional.
Tomado de la Revista Lecturas, de El Tiempo, diciembre de 2009