Nelly Peñaranda

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 Nelly Peñaranda

curadora

 
 


 ARTICULOS 

Exposición Trayectos III: En la línea

Abordar la línea como hilo conectar de una muestra de arte contemporáneo bien podría parecer una redundancia, especialmente cuando de su uso y práctica se derivan los procesos habituales y de iniciación para la concreción de ideas y la estructuración de contenidos; llevando entonces a pensar que la gran mayoría de propuestas bien podrían estar inscritas dentro de lo que significa una exhibición referida a la exaltación de la línea y por lo tanto, lejos de ser una aproximación a su importancia bien podría entenderse, a esta exposición, como un intento -fallido y especialmente pobre-, de aglutinar cuatro propuestas disímiles del arte colombiano de hoy, representando posibilidades de mantener al borde, en el límite o a la espera, o también, con intenciones de continuar en un determinado camino y seguir en la línea.

Pero más allá de la simpleza de su significado y lo común de su utilización, "en la línea" pretende reunir maneras de representación a través de las cuales se establece su manejo y comprensión.

I. En una relación cotidiana, la línea se familiariza con la puesta en escena del dibujo como técnica, sirviendo como su elemento gráfico y por ende, protagonice Al describir, es ella quien concreta, define y da cuerpo a una idea. En el dibujo, la línea se asocia con el estado más íntimo y espontáneo de la creación, sin embargo y ante sus requerimientos de precisión, es en el virtuosismo y tras el conocimiento de su manejo, donde se logran cumplir las exigencias que permitirán alcanzar las condiciones inherentes a su utilización: ligereza y definición.

II. En su naturaleza delimitadora la línea se refiere a todo; y de manera inconsciente es ella quien posibilita la representación. Las adhesiones espaciales, superficiales y volumétricas se hacen posibles en la sugerencia del contorno que da la línea, pero en sí, su existencia es irreal. La contradicción entre la representación de realidad y la irrealidad del elemento que la representa es un juego mental hacia la síntesis y la ilustración de lo intangible.

En cualquiera de las maneras, la aproximación a su uso se plantea ahora desde cuatro manifestaciones actuales: Ana Mercedes Hoyos, Catalina Ortiz, Lucas Ospina y Adriana Ramírez, demostrando que aún en diferentes posturas en el soporte, medio, concepto e idea, la común referencia a un elemento pasó de ser inconsciente, primario, limitante o estructurador de presentación, para dejarlo serfundamentoyesenciade representación.

Curaduría: Nelly Peñaranda
Tomado del folleto Trayectos III, En la línea, Galería Espacio Alterno, Uniandinos, 2010

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El heroico arte del performance / Columna sin título

 

La actividad en torno al performance en el país no es nueva ni, mucho menos, corta.

Si el arte –cualquiera que este sea– es para valientes, los que se dedican al performance son los héroes entre esos valientes.

Haciendo la salvedad de que un verdadero artista pone todo en juego, hay que reconocer que en las artes visuales los performistas son los únicos que hacen de su cuerpo su herramienta de trabajo, a sabiendas de que al final de la presentación lo que queda no es material sino sensorial: un cúmulo de experiencias para quienes pudieron presenciarla. En el mejor de los casos, quedan registros en video y fotografía.

La actividad en torno al performance en el país no es nueva ni, mucho menos, corta. La primera edición del Festival de Performance en Cali, creado por Helena Producciones, fue en 1997 y, progresivamente, otros espacios, entidades y los mismos artistas se la han jugado por apoyar este tipo de manifestaciones. Algunos ejemplos son: la Fundación Calle Bohemia, de Armenia; la bienal PerfoArtNet, gestionada por el artista Fernando Pertuz, y los festivales Comuna 4, en Medellín.

Estos últimos, una iniciativa del colectivo artístico El Cuerpo Habla, integrado por estudiantes y docentes de la Universidad de Antioquia.

Sin embargo, es innegable el desafío que plantea la realización de estas prácticas en un contexto como el nuestro, en el que el arte es, generalmente, asociado con un objeto; y en donde es difícil conseguir quién financie una manifestación de este tipo que, a veces, requiere meses de preparación.

Por eso, acciones como las presentadas hace pocos días por Hermann de la Parra, en la Fundación Universitaria del Área Andina; Nadia Granados, ‘La Fulminante’, en Desborde Galería, ambas en Bogotá, y María José Arjona –tal vez más conocida en los últimos años– en Armory Show, de Nueva York, son muestra de disciplina y compromiso con el trabajo que han desarrollado por años. Que artistas visuales como ellos se hayan sostenido en este medio es razón suficiente para que sus obras sean vistas con más atención.

NELLY PEÑARANDA
Crítica de arte

Publicación www.eltiempo.com 16 de marzo de 2014 

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Artbo le cambió la cara al arte del país / Columna sin título

El certamen también ha sido plataforma para el surgimiento de otros eventos feriales en la ciudad.

A comienzos del 2005, la Cámara de Comercio de Bogotá invitó a diferentes miembros del sector artístico de la ciudad a la presentación del proyecto de la Feria Internacional de Arte de Bogotá, Artbo. Una idea que fue vista como una locura por unos y como una esperanza por otros.

Dentro de los argumentos de los escépticos estaba la historia de tres intentos fallidos de feria durante los años noventa (Fiart 91, ArtFi 92 y Mirarte 96), el distanciamiento entre el gremio, y la duda que planteaba un certamen que hablaba de ser internacional. Decían entonces que no se sabía qué era menos probable: que los extranjeros vinieran a comprar arte local o que los colombianos estuvieran interesados en comprar arte extranjero, si ya era poco probable que compraran el nacional.

Los más positivos le apostaban a la confianza en el auge ferial mundial de la época y a la posibilidad de establecer un evento de esta clase que, organizado por especialistas en el crecimiento empresarial, prometía estrategia y larga duración. Nueve años después y celebrando la décima versión de la feria, se sabe que Artbo le cambió la vida al arte en el país. Solo en los últimos cuatro años, la cantidad de espacios expositivos con fines de lucro en Bogotá se ha incrementado en más del 60 por ciento cifra similar a la del crecimiento de espacios independientes y de entidades sin interés comercial, todos ellos de origen privado.

El certamen también ha sido plataforma para el surgimiento de otros eventos feriales en la ciudad y este año se verán las segundas ediciones de Sincronía y la Feria del Millón, la cuarta versión de Odeón y la primera de Barcú.

Alrededor de Artbo se han fortalecido las actividades que conmemoran a octubre como ‘Mes del arte’ y para este año se cuenta con 120 espacios abiertos dedicados a las artes plásticas y visuales en Bogotá (17 por ciento más que en 2013). El registro de estos espacios se podrá consultar a través del proyecto Bogotá Artecircuito, realizado en alianza por la Cámara de Comercio de Bogotá, el instituto Distrital de las Artes (Idartes) y la Fundación Arteria con el apoyo de Invest in Bogotá; se trata de un mapa, un directorio y una aplicación descargable a través de bogotartecircuito.org.

Dentro de las transformaciones que han llegado de la mano de Artbo se incluye, por supuesto, la relacionada con la economía de la ciudad. La rentabilidad del sector ha impulsado la generación de ingresos no solo para quienes hacen la obra o quienes la promueven, sino también para otros sectores. El arte se postula como un renglón más en la economía del país.

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