Fausto Panesso Robledo

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Personaje

 

 


Fausto Panesso Robledo

crítico de arte, escritor

 
A ColArte

 

 


 

GRANDES DEL ARTE

Cuando este joven periodista con ambiciones literarias y futuro de novelista comenzó su carrera, hace ocho años, la juventud en él era más acentuada por un ambiente infantil y un semblante de niño consentido que en poco reflejaba su personalidad preocupada y abierta a un estilo que superaba la frivolidad y se encaminaba hacia campos más arduos y difíciles.

Se ha debatido, de ayer a hoy, en el complicado terreno del periodismo. Unas veces con suerte, otras con desesperanza. El anuncio de que escribiría un libro sobre Fernando Botero, Enrique Grau, Negret, Obregón y Ramírez Villamizar despertó una risa escéptica y pensamiento negativo. Esa fue la respuesta que recibió de quienes escucharon este difícil propósito. Si lo lograba, pensábamos, sería una repetición de estilo crítico profesional o la copia de lo que tanto se ha dicho sobre estos pilares del arte colombiano. Copia y repetición de lo que tanto se ha dicho y comentado sobre tres grandes pintores y dos colosos de la escultura.

Pero no, la entrega de los originales que los lectores van a devorar con pasión, demostró que había conseguido eso que tantos iniciados en la literatura han tratado de lograr, excelentes reportajes, con cinco personalidades exprimidas hasta el máximo y zarandeadas por todos aquellos que sienten inquietud y curiosidad ante las complejas facetas que componen la calidad humana de estos seres vivientes, superdotados por la naturaleza para realizar en el campo de su actividad una obra de tales condiciones, que es famosa en el país e igualmente célebre en el exterior. Y Fausto Panesso lo consiguió. Elaboró el reportaje. La especialización más difícil en una profesión que a veces tiene características frívolas y otras de profundo contenido.

Personajes al desnudo Para comprender el mérito de lo que ha hecho Fausto Panesso hay que analizar un poco lo que es un reportaje. No se trata de la simple tarea de relatar un hecho común, sino profundizarlo, estudiarlo, analizarlo y después presentarlo al lector en tal condición, que sin perder su ligera y aparente capa superficial vaya penetrando lentamente hasta su conciencia y se compenetre en tal forma el ávido lector con el personaje que se le va descomplicando gracias, eso sí, a quien lo describe, lo desmenuza y lo ofrece a la luz pública.

No es una tarea que pueda realizarse en breve tiempo. Requiere ella condiciones de estudio sicológico y conocimiento de causa a más de un buen estilo literario que preste a todo este conjunto el requisito indispensable intelectual, sin el cual lo que se conoce por gran reportaje deja de serlo .

Los que lean el complicado penetrar de Panesso en la exuberancia humana y extrovertida de Alejandro Obregón, la introversión silenciosa de Fernando Botero, el silente humorismo de Grau, la sutil personalidad de Negret, y la seriedad de Ramírez Villamizar, podrán entender más y mejor el contenido de sus obras, porque hablan ellos al autor con una sinceridad, pocas veces frecuente. Se empelotan , por decirlo así, y se dejan mostrar en la organizada inquisitoria de Panesso con los ribetes sencillos de todo aquel hombre que en algún momento abandona su pedestal profesional para caminar con la sencillez de quienes contemplan sus trabajos con admiración, envidia y muchas veces sin entenderlos a cabalidad.

De los cinco artistas que entrevista Panesso, conozco a dos bien. Alejandro Obregón y Fernando Botero. Infortunadamente a Grau, Negret y Ramírez Villamizar, me ha ligado la admiración por sus condiciones artísticas, sin haber tenido el placer de intimar en su vida privada, única forma de poder hablar sobre ellos.

La obra de Obregón dramática en su Violencia es diferente a su personalidad. Nada más extrovertido a la vez que tímido, extraña culminación en Alejandro. Su personalidad mediterránea se le escapa por los dedos; pinta, muchas veces como habla, a velocidades sorprendentes. Captando un color que el ser normal no alcanza a desarticular. Con Obregón las horas se pasan volando y comenzar a conversar con él, entre trago y trago de ron Tres Esquinas , es comprender que hay que entregarse totalmente. Se olvida del trabajo, las obligaciones y solo la resistencia física obliga a desprenderse de su magnetismo. Nada es más emocionante que cuando se encuentra frente a su cuadro La Violencia. Parece querer arrojarse sobre él y tocarlo. Lo observa, siempre, guardando un silencio preocupante, para después comenzar a palparlo, a resaltar ciertos toques de pincel y algunas veces a tratar de borrar otras. Pero todo lo que sobre él se puede hablar, lo cuenta Alejandro en este libro mucho mejor que lo que puede hacerlo quien esto escribe.

Fernando Botero, a diferencia de ese humor negro que contienen sus obras, es callado, introvertido y curiosamente carente de timidez. No ha dejado de ser un paisa integral y también comienza uno a entender su gigantismo muchas veces anormal, al mirarle fijamente los ojos cuya profundidad tiene que hacerle ver las cosas con un tamaño desproporcionado.

Diálogo inimaginable Cuentan quienes conocieron a esos dos grandes pintores de jóvenes, que se diferenciaban por la locuacidad de Fernando Botero y el silencio de Obregón, lo que con el paso de los años se trastrocó. Una vez hace pocos años y después de que habían dejado de verse por largo tiempo se encontraron sorpresivamente. Obregón salía de su taller, embadurnadas las manos y el rostro con los colores de sus cuadros y sorpresivamente abrió la puerta a Fernando Botero. Fue un diálogo inimaginable, El Cóndor sobrevolaba sobre la Señora Rubens y el Caballero Mateo se trenzaba amistosamente con Pedrito.

Es lástima que no pueda contribuir con detalles anecdóticos de Grau, Negret y Ramírez, por lo antes citado y haber así aportado un pequeño grano a la composición humana que de ellos ha hecho Panesso.

Los cinco componen, y yo agregaría a Norman Mejía, Felisa Burstyn y Bernardo Salcedo, lo más grande del arte moderno en esta gran época de la pintura y la escultura colombianas. Gracias a su genialidad, Colombia salió del anonimato artístico y su nombre se corea con los de los grandes artistas de otros países en las más famosas exposiciones mundiales.

No será esta la última obra de Fausto Panesso. Dio el gran paso y ya no podrá detenerse en un camino que inició con suerte. Porque esto de meterse en la mentalidad de Alejandro Obregón, de Fernando Botero, Enrique Grau, Edgar Negret y de Ramírez Villamizar no es cosa fácil, cuando los que lean este libro, lo terminen, así lo habrán entendido.

Hernando Santos, en una corrida en el 84, con sus grandes amigos Alejandro Obregón y Manuel Piquero, también ya fallecidos.

Publicación www.eltiempo.com  
Sección: Lecturas fin de semana,
Fecha de publicación 9 de mayo de 1999
Autor:  HERNANDO SANTOS CASTILLO

Tomado de http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-906694 , 2010