Opera General

2008

Opera (Musica culta, Opera)

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 Opera en Colombia

historia

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Libro Ópera de Colombia reconstruye la historia del género en el país

COLOMBIA, A DIFERENCIA de otros países latinoamericanos, no tuvo movimientos masivos de inmigrantes europeos que cultivaran el gusto por el bel canto lo cual, en cierta medida, dificultó el desarrollo inicial de la ópera en el país. En Argentina, por ejemplo, la llegada de los italianos dejó la herencia del lunfardo, un dialecto que mezcló fonemas del español con el italiano y se convirtió en un lenguaje propio de los rioplatenses, el mismo con el que años después Ástor Piazzolla se valiera para matizar su ópera-tango María de Buenos Aires. A pesar de ello, tímida e intermitente fue colándose en Colombia  donde se decidiría cultivar el gusto por la ópera muchas décadas después.

Según cuenta Francisco, Pacho, Barragán, apasionado del género de la ópera, los responsables en introducirla en Colombia fueron Mario Lambardi, Americo Mancini y Adolfo Bracale, tres inmigrantes italianos que desde 1910 empezaron a dar a conocer este género inexplorado con dos obras, entonces, relativamente nuevas: La bohemia y Madama Butterfly de Puccini.

Pero fue Bracale quien a mediados de la década de los 30, con su compañía itinerante, organizó las primeras temporadas de ópera con montajes de títulos como Thais de Massenet o Tosca de Puccini y, además, trajo a los teatros de Bogotá y Medellín tenores de la talla de José Palet y Eduardo Fatticanti, algo asombroso para el país. Esto sucedía cada cinco ó seis años y así fue durante las cuatro décadas subsiguientes, hasta que a principios de los años 70, y debido a los prolongados recesos, el género se vio amenazado y lanzó su alerta de extinción.

No obstante, 1976 fue el año del rescate, cuando empezó a gestarse un proyecto de ópera con una nueva generación de artistas, una Orquesta Sinfónica reorganizada, gracias a que Gloria Zea, como directora de Colcultura, empezó una cruzada para abrirle un espacio permanente y acercarla al común de los mortales por medio de la compañía Ópera de Colombia.

A partir de ese momento, vestuarios, escenarios y coreografía tomaron su lugar en los montajes, logrando en 1978 lo que parecía imposible: mostrarle al público colombiano a Carmen tal y como la concibió Bizet. Durante años habían intentado llevarla a escena pero uno y otro motivo se cruzaban en su contra, y se creó el mito de que en el Teatro Colón jamás se llegaría a presentar.

Y aunque es cierto que sigue siendo un espectáculo más bien para conocedores que para neófitos, lo cierto es que en los últimos 30 años ha habido temporadas hasta de 65 funciones en un sólo año con obras como La traviata, El barbero de Sevilla, Aída y El trovador, para sólo mencionar algunas; montajes experimentales para popularizar el género, como en la temporada de 2003 con La Flauta Mágica y en 2004 con La Cenerentolla, artistas colombianos de talla internacional y una compañía establecida. Como demuestra Barragán en su libro, hay razones más que suficientes para hablar de ópera en Colombia.

Tomado de: http://www.cambio.com.co/culturacambio/753/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_CAMBIO-3847031.html , 2011


 
   

Destellos del libro La Opera en Colombia
por José Ignacio Perdomo
Litografía Arco, Bogotá, 1979

 

 
 

 

En lo que se refiere a la ópera en Colombia, no se presenta nada fácil al investigador una labor creadora. La mayoría de la documentación la componen los programas. No hemos tenido coleccionistas. Mas de un espectador comienza por doblarlos en el teatro y ala postre van a la cesta de los papeles. Las colecciones de los teatros son muy incompletas. Fragmentarias. Las misceláneas Quijano Otero, Pineda, etc., guardan ejemplares aislados, jalones perdidos, que muy difícilmente permiten urdir una posible reconstrucción del pasado perdido.

El recorrido de la prensa no es menos dispendioso. Para buscar un dato concreto hay que disponer de tiempo y paciencia. Fojear páginas con remitidos, artículos de polémica, folletines, necrologías, poemas, avisos de remedios, remates. Recorrer con la vista, de arriba a abajo, hojas de abigarrada letra diminuta. De tarde en tarde encuentra, eureka! el aviso de una función de teatro, la crítica de una presentación. El hallazgo fortuito compensa el paso isócrono de muchas horas en busca del dato ansiado.

La bibliografía es pobre: Cordovez Moure, Caicedo Rojas, Ortega Ri-caurte, Juan Francisco Ortíz. Se copian unos a otros, haciendo valedera la frase, de que aquel que copia a otro es un plagiario y el que copia a varios es un investigador, entre comillas.

La Bibliografía del Teatro Colombiano de Héctor H. Orjuela trae, en lo que respecta a música, algunas noticias, mas bien escasas.

Estos apuntes no pretenden ser completos. Como se expresó arriba son un mero asomo.

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Don José Caicedo Rojas nos da una primera noticia, al hablar del Concierto dado en el Palacio de San Carlos, por don Juan Antonio Velasco el 17 de noviembre de 1826, con ocasión de la llegada de los Libertadores del Perú. En esta presentación, se tocaron por primera vez en la capital de la Gran Colombia, las oberturas de Rossini, que se hallaba en el cénit de su carrera, entre ellas la de Tancredo, arregladas por Velasco. Por esta misma época, se oyeron también arias del mismo autor, de algunas de sus obras en boga, ejecutadas por los músicos Nicolás Quevedo Rachadell, Henry Price y Mariano de la Hortúa.

Por 1833, hizo FRANCISCO VILLALBA su primera venida, con una compañía menos que mediana.

En 1847 volvió Villalba, de regreso de Chile y el Perú esta vez, con la primera compañía de ópera que se atrevió a remontar estos riscos andinos, compuesta por el venezolano Fernando Hernández, contra-tenor muy flojo, pero que causó impacto, Francisco Torres, barítono español, Juliana Lanzarote prima donna ya muy gastada, Romualdo Díaz su esposo, Antonio Chirinos y veintitrés artistas.

Se estrenaron entonces las óperas: El Trovador, El Califa de Bagdad, El Barbero de Sevilla, La Italiana en Argel, Lucia, Cenerentola.

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En junio de 1848 arribó la segunda compañía de ópera: la de Rossina Olivieri de * Luisia, que fue patrocinada por el doctor Lorenzo María Lleras, quien desde 1853 había acometido la empresa de formar una Compañía Dramática Nacional

Para la temporada de ópera se puso a la tarea de traducir al castellano, los argumentos de las obras que iban a ser representadas.

La Compañía que nos ocupa estuvo compuesta por Rossina Olivieri de Luisia, soprano lírica; Marieta Polonio de Mirándola, contralto; Enrique Rossi Guerra, primer tenor-, Jorge Mirándola, bajo; Eugenio Luisia, primer barítono. Los papeles secundarios estuvieron a cargo de Fernando Hernández, tenorete venezolano; ya conocido y el bogotano don Honorato Barriga, actor muy popular en todo género de representaciones teatrales.

Varias óperas dio a conocer esta compañía: Romeo y Julieta, Norma, Lucrecia Borgia, Marino Faliero, Hernani, Atila, El Barbero de Sevilla, Macbeth. María de Rohan, Lucia de Lammermoor, La Hija del Regimiento, El Domino Negro de Lauro Rossi Guerra. La temporada se mantuvo hasta el 23 de junio de 1859, noche del día del Corpus Christi, en que se celebró la última función y vino la disolución por disensiones y disputas de bastidores.

Eugenio Luisia y Enrique Rossi Guerra hicieron venir a dos bellas y jóvenes actrices italianas Asunta Mazetti y Luisa Riva de Visoni, esposa del director de orquesta Pedro Visoni. A estas se unieron posteriormente la hermosa Eugenia Bellini, que viajó en la compañía de Egisto Petrilli y de Oreste Sindici y un poco después la cantante Matilde Cavaletti de Del Diestro.

El día 20 de julio de 1864 debutó la Mazetti con Julieta y Romeo. El 31 del mismo mes la "Compañía Lírica Italiana" presentó en función extraordinaria El Trovador.

Esta comparsa había presentado en Bogotá en el año de 1864 con las artistas Mazettiy Luisa Riva de Visoni La Traviata, de la que se editó en la imprenta de Echeverría Hermanos el libreto en castellano e italiano.

Un año después, en el 65, tenemos a la Compañía de Egisto Petrilli. El día patrio, el 20 de julio, presentó a Rigoletto. El reparto fue este:

Duque de Mantua: Oreste Sindici 
Rigoletto:
Egisto Petrilli
Gilda: Eugenia Bellini 

Disparafusil:
Eugenio Bellini 
Magdalena: Ana
de Bellini
Conde de Monterone: Leovigildo Ramírez 
Conde
de Ceprano: Epifanio Garay 
Condesa
de Ceprano: Virginia Navarrete
Borsa:
Alejo García 
Juana: Petro de Colombo 
Manilio: Antonio Espina

El 4 de abril de 1866 arribó la Compañía de Juan del Diestro (padre) con su mujer la célebre Matilde Cavaletti, el tenor Octavio Tirado y Enrico Campagnoli.

Esta comparsa estrenó a Poliuto o los Mártires de Donizetti, de la que se publicó el libreto de Cammerano (Imprenta Ortiz Malo, 1866) ejecutado por Enrico Campagnoli en Severo; Juan Domínguez en Felicio; Octavio Tirado en Poliuto; Matilde Cavaletti en Paulina; un cristiano por José María Bohórquez y Nearco por Alejo García.

El 11 de junio tuvo lugar el beneficio de la Cavaletti en que fueron presentados varios números: el drama Amor de madre de don Ventura de la Vega; el terceto final de Hernani y una petipieza: El Sistema Homeopático. El señor Campagnoli presentó en su beneficio La Traviata, el señor Tirado a Lucía en que concluyó la función con el jocoso dúo de El Caramba.

El 11 de enero de 1874 debutó con El Trovador la compañía en la que sobresalió la diva VIRGINIA FLORELLINI DE BALMA. El empresario fue el señor Eugenio Luisia, ya conocido cuatro lustros atrás en los tiempos de Rossina. La orquesta fue dirigida por el señor Dario DAchiardi y el grupo del Sexteto de la Armonía. Además los artistas Forlivesi, Marina Barbieri de Thiolier, Giovanni Colucci, Giovanni Zucchi, Augusto Pelleti y los músicos: Emilio Conti, Francisco Gaiglioli, Buonafede Pettini y Mancini.

Entre las obras nuevas hechas a conocer del público sobresalieron Ruy Blas, Marta, y lone de Enrico Petrella, presentada ésta el día 6 de abril, en beneficio de DAchiardi. De ella se editó el libreto en la Imprenta del Diario de Cundinamarca. Actuaron en el papel de Ione: La señora Thiolier; Nidia: la señorita Forlivesi; Guaco: el señor Colucci; Arbaca: el señor Succhi; Burbo: el señor Pelleti.

El jueves 2 de julio de 1874 se presentó por primera vez, la ópera Ester, del autor colombiano José María Ponce de León (1845-1882) quien había regresado laureado de sus estudios musicales en. Francia. La ejecución tuvo lugar con el siguiente elenco:

Azuero: Giovanni Colucci.
Ester: Virginia Florellini de Balma 
Mardoqueo: Augusto Peletti 
Aman: Giovanni Zucchi 
Asaph: Juan Domínguez 
Director de Orquesta: Darío DAchiardi

En esta época hasta la década del 90 viene un período flojo en materia de teatro y de ópera. La mala situación política alejó los artistas. Petrilli trajo la Pocoleri que debutó el 21 de noviembre de 1874 con Juan de Sanctis. Presentó una parte de Fausto, que no gustó por lo mal interpretado y la Cavalleria Rusticana. La compañía se disolvió en 1880.

Este conjunto estrenó en Bogotá la ópera Luisa Miller de Verdi, de la que se editó el libreto en edición de Echeverría hermanos (1878). Fue ejecutada con este reparto:

El conde de Walter: Antonio de Sanctis. 
Rodolfo, su hijo: Pio Ponserggi 
Federica, sobrina de Walter: Julia Pocoleri 
Wurm: Eugenio Luisia 
Miller,
veterano: Egisto Petrilli 
Luisa, su hija: Elisa DAponte 
Laura: Matilde Bentivoglio 
Un aldeano: Juan Domínguez 
Maestro director: E. Cuevas 
Maestro de piano: S. Díaz

Don Guillermo Uribe Holguín (Bogotá, 1880—1971) compuso una ópera: Furatena (Op. 76) en que sigue la inspiración de la línea Debussyana de Pelléas et Méllisande, en largo recitativo diluido en la masa orquestal. La escena pasa a mediados del siglo XVI durante la conquista y se basa en una leyenda de los indios muzos, no rigurosamente histórica. El libreto es debido a la pluma del mismo compositor.

El 15 de febrero (1890) fue inaugurado el Teatro Municipal de Bogotá que sucedió al Coliseo Maldonado. El Telegrama al hablar de aquel mal denominado Coliseo lanza este apostrofe: "Oh triste y antiguo Teatro Maldonado, lluvioso y frió toldo llamado teatro".

Se estrenó por la compañía Zenardo-Lambardi con este elenco que ejecutó El Trovador:

Leonor: Ida Poli Rosa
Conde de Luna: Alfredo Guardenti
Manrique: Emilio Guardenti
Fernando: Emilio Lambardi

Las señoritas: Ricci, Magni, los señores Cavaletti, Castellani, Ariani y la orquesta dirigida por Francisco Rosa. Director de Coros: Arturo Malanchini.

La temporada de la Compañía Zenardo-Lambardi para 1891 se extendió de junio a octubre. Fueron primeras damas: absolutas: Aniña Orlandi de Alberti, Rosa Aymo, primer tenor absoluto: Arnaldo Ravagli; primer barítono: Achile Alberti; primer bajo: Ezio Fucili; primer tenor ligero: Pietro Osti; barítono de medio carácter: Pietro Bugamelli; segundo tenor: Felipe Benincore; Director de escena: Luigi Bergami; Director de orquesta: Augusto Azzali y Fernando Mancini. Repertorio: Fuerza del Destino, Favorita, Aida, Ruy Blas, Guaraní, Baile de Máscaras, Fausto, Gioconda, Marta, Barbero de Sevilla, Norma, Cavalleria Rusticana, Hugonotes, Carmen.

Para continuar ....

Apartes tomados directamente del libro La Opera en Colombia
por José Ignacio Perdomo
Litografía Arco, Bogotá, 1979 


 
  2003

La Ópera de Colombia ha alcanzado su madurez. Hace 27 años, desde la dirección de Colcultura, le dimos vida y, temporada tras temporada, la vimos crecer y robustecerse, hasta llegar a un nivel de calidad indiscutible. Sin embargo, al cabo de algunos años, por ese afán destructivo e insensato que ha caracterizado a menudo nuestra historia cultural, el Gobierno Nacional en 1986 tomó la determinación de acabarla. La revivimos, y después de un tiempo, -1991-, y en un lento proceso que nos ha costado sangre, la levantamos de nuevo: la crianza de un hijo no habría necesitado mayores cuidados. No es una metáfora: el amor y el esfuerzo que pusimos en esta tarea han sido desmesurados.

Ha sido una experiencia arriesgada, sufrida y bella y aquí está el resultado: a los 27 años de edad, la Ópera de Colombia es una empresa artística madura, cuyas producciones descollan a nivel internacional por sus elevados estándares de calidad. Su personal, artístico y técnico conforma un equipo eficiente y preparado, hábil y profesional, con capacidad de sortear cualquier reto. A fuerza de trabajo, de intentos y equivocaciones, aprendimos a hacer ópera. Y hoy podemos decir que hemos logrado un nivel de excelencia que nos llena de orgullo y satisfacción.

El público que asiste a esta Temporada tendrá la prueba más significativa y diciente del nivel que hemos alcanzado; la producción de la "Flauta Mágica", una de las obras cumbres, más exigentes y complejas del repertorio lírico universal, segundo título de nuestra Temporada 2003, se constituirá en un verdadero hito en nuestro devenir musical, ya que se trata de una producción totalmente colombiana, en la cual sus 16 solistas, sus directores escénicos y musicales, son jóvenes talentos nacidos en nuestro país, y formados, en su mayoría, por la Fundación Camarín del Carmen.

Los colombianos estamos recobrando lentamente la confianza en nuestro país, miramos al futuro con actitud positiva, convencidos que uno de los capítulos más dolorosos de nuestra historia está llegando a su fin. La Ópera ha crecido en tiempos difíciles, acosada por mil dificultades, pero no ha renunciado jamás a su función esperanzadora.

Sin embargo, el aire nuevo que circula entre los colombianos no ha disipado las amenazas que asedian el quehacer artístico y cultural de nuestro país. La insensatez y la destructividad no han dejado de rondar por nuestro medio. Colombia es un país culto, así se le tilda internacionalmente, pero esto no quita que existan fuerzas oscuras empeñadas en demostrar lo contrario.

La Ópera es un patrimonio nacional, fruto del trabajo y la tenacidad, del talento y la inteligencia: sus dividendos" son de todos los colombianos.

Por ello, no podemos permitir que ella vuelva a desaparecer de nuestra vida cultural. Esta es una conquista que es de todos, de ustedes y de nosotros, de nuestra historia, de nuestro país. Defendámosla, protejámosla. Permitamos que siga creciendo. Su existencia, su continuo crecimiento, nos ayudará a construir un país mejor, más lejos de la barbarie, más justo, más civilizado.

Gloria Zea, Directora

Tomado del folleto Opera 2003, La Flauta Mágica, Fundación Camarín del Carmen