Cecilia Delgado

Cartagena, Bolivar

Pintores

Figura

Cecilia Delgado, pintora; fotografía por Olga Lucía Delgado

Cecilia Delgado

pintora

   

CRITICA

“VIDA SILENCIOSA” 

ÓLEOS

En el Museo de Arte Moderno de Cartagena, se inaugura el día 22 de diciembre, a las 7:00pm.,  la exposición de pintura de Cecilia Delgado. 

El crítico de arte, Germán Rubiano Caballero, nos comenta: “La disciplina es una de las virtudes del trabajo manual frente al lienzo en la labor diaria de pintar, de Cecilia Delgado. Esa disciplina es, en su caso, una forma de vida que aparece también en sus lienzos. Todos sus cuadros son austeros, controlados, parcos. Verdaderamente remansos en medio del bullicio y desorden y desgreño de la tremenda realidad nacional. Rincones utópicos dentro de la dolorosa verdad del país. De allí que su presencia en la pintura colombiana actual sea, no sólo estimulante, sino también ejemplar.” 

Unas pinturas tan despobladas, tan poco llamativas por sus elementos compositivos, prácticamente sea un reto para la artista que las trabaja. ¿Cómo hacer un cuadro de casi nada, de un pequeño espacio de muro, de una puerta abierta, de un zaguán que no penetra mucho en un interior solitario, de un patio con matas atomizadas por la luz plena? Y además, ¿cómo hacer una serie de cuadros en los que se reiteran estas presencias, pero no se repiten sino las definiciones de lo que hace visible la realidad material y de lo que la envuelve y acaricia? Pues bien, en estas pinturas, la luz, que hace brillar las cosas, y el ambiente , que hace casi palpable los espacios, se imponen como los elementos verdaderos y casi únicos. Lo demás es secundario. Y estos elementos bastan. Casi podría decirse que tornan superfluos a todos los objetos tangibles.” 

Otro comentario del mismo crítico Rubiano Caballero, acerca de la obra de Cecilia Delgado: “Los animales extintos provenientes de pinturas y las velas extinguiéndose, son bastante explícitos en su referencia a la caducidad, a la muerte. El nombre mismo de la naturaleza muerta, está en consonancia con el contenido de las obras. La pintora recuerda que”still” en inglés significa quieto, inerte, inanimado.

Para Cecilia Delgado, una pintora estudiosa y profunda, es claro que sus óleos de hoy, se pueden estudiar y dilucidar teniendo en cuenta el motivo de la luz y los motivos que se repiten en sus naturalezas muertas, en sus “still life”.  

Cecilia Delgado comenta sobre su propia obra: ”Cuando hay silencio en una obra como el componente atmosférico que revela paz, quietud, espiritualidad, es un llamado y alerta al caos que nos rodea, a la superficialidad, a la falta de sentido de la vida, a la algarabía y ruido de la vida moderna, en un mundo donde ya no se interioriza nada. La idea del silencio nos es angustiosa, sino de mucha paz. Quizá de la aceptación de la derrota de la muerte, de ese ir y venir cósmico de la vida”.

Texto gentilmente suministrado por la artista, 2012 

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LA PINTURA DE CECILIA DELGADO

Por: LYLIA GALLO DE BRAVO 

La pintura de Cecilia Delgado actualmente utiliza como elementos temáticos, fragmentos arquitectónicos: zaguanes, ventanas, puertas, sin que el interés se centre en la arquitectura en sí, ni constituya una finalidad representativa, siendo más bien un apoyo para lograr una finalidad plástica. Estos elementos son empleados en cuanto poseen una connotación temporal, espacial o lumínica. Reitera el mismo objeto para expresar conceptos diversos aprovechando el enriquecimiento asociativo, visual y conceptual. A través de estos elementos se encuentra latente la dimensión humana, aunque no esté explicita la figura misma. Es como una constancia tácita de la vida y del drama del hombre.

La luz se convierte en protagonista y el foco atencional del cuadro gravita en torno al elemento luz: el planteamiento de los cuadros funciona como sí se tratará de una caja luminosa, ya sea vista de dentro hacia fuera o viceversa. Espacios solos, inhabitados en ese instante, de gran riqueza cromática que producen sensación de quietud, de silencio; al detener la luz, es como si detuviera también el tiempo, porque en su concepto el tiempo es luz, captando la inmovilidad del tiempo detenido, pero al mismo tiempo el transcurrir  cíclico de la vida hasta el instante de la detención final.

Hay una escala tonal y cromática de la luz, luz refleja, luz difusa, la distancia con relación a la luz, luz, luz atmosférica, gradaciones y espacios sucesivos de luz. Pero el interés de la luz, está unido al de la sombra, tratada como elemento positivo, incluso con mayor riqueza de color y que lleva a un contrapunteo de refuerzos mutuos; dualidad luz – sombra, color – luz, fijada a un espacio y a unos límites mediante la referencia arquitectónica.

Repasando la trayectoria de Cecilia Delgado resulta evidente que se encuentra en un momento de dominio procedimental; su pintura es absorbida por claros refinamientos en cuanto al oficio, se nota un regusto en el manejo de los elementos pictóricos. Ahora el concepto de la artista es más claro. Se diría que ha logrado la identificación entre el querer y el poder: sabe lo que quiere hacer y el dominio técnico le permite efectuarlo.

Inquietud profesional, sensibilidad y elaboración mental, su obra es realizada como una propuesta visual, ya que a la postre, una pintura debe ser la solución a un problema plástico. 

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por GERMAN RUBIANO CABALLERO.     

Nada más reconfortante que visitar el estudio de Cecilia Delgado. Los objetos de trabajo aparecen en orden limpios e impecables. La decoración es sencilla y prácticamente se limita a utensilios indispensables y a algunas cuantas reproducciones de pinturas clásicas. En su mayoría son obras del realismo holandés del siglo XVII. Y es éste precisamente el mundo de su propia pintura. Puede pensarse que la artista ha procurado rodearse de un ambiente similar al de aquellas pinturas a las cuales también aluden sus propios cuadros. Porque en los interiores holandeses nunca faltan las pequeñas pinturas de personajes anónimos que realizan una sencilla labor domestica dentro de cuartos tranquilos, bañados por una luz discreta y casi mágica; o personajes dedicados a tocar algún instrumento musical o a pintar dentro de salas recatadas y silenciosas. Entrar al taller de Cecilia Delgado es ingresar al ámbito de la pintura holandesa del siglo XVII y, al mismo tiempo, acceder al universo de su propia obra.

Cecilia Delgado, pintoraLa artista considera que su pintura no puede verse exclusivamente como una presentación minuciosa de fachadas, gradas, ventanas, zaguanes, pisos, patios y plantas en flor, sino que debe considerarse como un espacio – laboratorio en el que la atmósfera y la luz son los elementos más importantes. Insistiendo en unos mismos elementos, limitando la observación a una fachada de puertas y ventanas cerradas o, cuanto más, a lo que se puede ver a lo largo de un zaguán de pisos brillantes, Cecilia Delgado quiere hacer cada vez más aparentes tanto el aire que circunda los objetos y envuelve las superficies, como la luz que penetra por donde puede y se instala como presencia dorada, en veces apagada, en veces rutilante. Y en verdad que ya lo ha logrado. La gran diferencia que hay entre sus cuadros recientes, segunda pare de 1980 y primeros meses de 1981 y los que expusiera en mayo del año pasado estriba en que sus lienzos actuales restan importancia a la descripción meticulosa de los objetos y de las superficies de las paredes, puertas y ventanas y recaban la presencia de lo que siendo impalpable de todas maneras es una realidad poderosa y definitiva. Y no porque la luz y al aire faltaran en los cuadros anteriores. Sucede que estos elementos se han vuelto los protagonistas de sus obras, mientras que los objetos y las superficies que los limitan o encierran han perdido jerarquía física. En realidad no importa que sea esta fachada o aquella pared. La referencia a una arquitectura verídica que fue fotografiada y auscultada con paciencia en un momento dado ya no interesa mucho. Los datos lumínicos y ambientales se imponen a los inventarios detallados de cosas y partes arquitectónicas.

Unas pinturas tan despobladas, tan poco llamativas por sus elementos compositivos, prácticamente sea un reto para la artista que las trabaja. Cómo hacer un cuadro de casi nada, de un pequeño espacio de muro, de una puerta abierta, de un zaguán que no penetra mucho en un interior solitario, de un patio con matas atomizadas por la luz plena? Y, además, cómo hacer una serie de cuadros en los que se reiteran estas presencias, pero no se repiten sino las definiciones de lo que hace visible la realidad material y de lo que la envuelve y acaricia? Pues bien, en estas pinturas, la luz, que hace brillar las cosas, y el ambiente, que hace casi palpables los espacios, se imponen como los elementos verdaderos y casi únicos. Lo demás es secundario. Y estos elementos bastan. Casi que podría decirse que tornan superfluos a todos los objetos tangibles.

Por eso en un cuadro pequeño, el último de su producción reciente –marzo de 1981- sólo se insinúa una pared para que sirva de pantalla incierta a algunos campos de luz intensa. Casi una pintura nofigurativa, es decir, casi una pintura sin objeto.

Para que una obra pictórica tan poco literaria llegue a llamar la atención se requiere que esté bien hecha. Luego de varios años de empeño decidido, los cuadros recientes de Cecilia Delgado están cada vez mejor realizados. La artista está convencida de que toda vía está aprendiendo, de que todavía necesita perfeccionarse más y más, pero es cierto que sus oleos de 1981 son superiores a los de hace un año y desde hace dos o tres la mayoría de sus cuadros ya son buena pintura. En efecto, es indudable que en esa lucha por superarse, por alcanzar la calidad de las pinturas de sus maestros preferidos – Chardin, Vermear, Terborch, etc., los resultados son cada día mejores.

La disciplina en entonces una de las virtudes del trabajo manual frente al lienzo en la labor diaria de pintar de Cecilia Delgado. Esa disciplina es, en su caso, una forma de vida que aparece también en sus lienzos. Todos sus cuadros son austeros, controlados, parcos. Verdaderamente remansos en medio del bullicio y desorden y desgreño de la tremenda realidad nacional. Rincones utópicos dentro de la dolorosa verdad del país. De allí que su presencia en la pintura colombiana actual sea no sólo estimulante sino también ejemplar.  

GERMAN RUBIANO CABALLERO.     

 Texto gentilmente suministrado por la artista, 2012 

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“…espacios solos, inhabitados en ese instante, de gran riqueza cromática que producen sensación de quietud, de silencio. Al detener la luz es como si se detuviera el tiempo, porque en su concepto, el tiempo es luz, captando la inmovilidad del tiempo detenido, pero también el transcurrir cíclico de la vida hasta el instante de la detención final”.   

Lilia Gallo, Critica de Arte
Profesora Asociada Departamento de Historia del Arte. Universidad Nacional.

La idea del silencio no es angustiosa, sino de mucha paz. Quizá de la aceptación de la derrota de la muerte, de ese ir y venir cósmico de la vida.  

Cecilia Delgado

Cuando hay silencio en una obra como el componente atmosférico que revela paz, quietud, espiritualidad, es un llamado y alerta al caos que nos rodea, la superficialidad, a la falta de sentido de la vida, a la algarabía y ruido de la vida moderna, en un mundo donde ya no se interioriza nada. 

Cecilia Delgado 

Silencio: recordar el silencio en una obra es recordar el placer espiritual y mental del silencio como la sustancia esencial en un ser humano.  

Cecilia Delgado 

Textos gentilmente suministrados por la artista, 2012 

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La artista Cecilia Delgado: Luz y tiempo

Esta serie “Vida silenciosa”, de la artista cartagenera Cecilia Delgado, es como ella misma lo expresa: Tiempo y luz.

Desde que empezó a pintar su obra ha sido coherente con sus obsesiones más profundas: el objeto implica también el sujeto tácito. La habitación sola refleja al habitante y no necesita hacerlo visible. La vida y la muerte persiguen con sutileza cada una de estos 25 óleos elaborados con impecable e implacable devoción a las formas y a la depuración rigurosa de la técnica.


Cecilia Delgado, pintoraCecilia Delgado, una de las quince artistas y alumnas aventajadas de Pierre Daguet,  no había expuesto en su ciudad natal, y ahora lo hace en el Museo de Arte Moderno de Cartagena, transmutando un silencio de más de una década.

En una sociedad distraída y absorta en el ruido vertiginoso de sus nuevas tecnologías, lo ausente para los habitantes del planeta es precisamente el silencio. Sin el silencio la humanidad no hubiera inventado la música, la buena literatura y las grandes catedrales para atesorar el silencio y la espiritualidad de Occidente y Oriente.

Cecilia Delgado nos recuerda que el silencio es una de las esencias de su obra. Un silencio acompañado de luz interior y exterior, de objetos, naturaleza muerta, referencias a artistas holandeses del siglo XVIII y manzanas verdes dispuestas para la contemplación y el mordizco.

Su taller se parece a su propia obra: todo parece dispuesto para ser dibujado y pintado y la luz que ella evoca de la vieja casona con patio sigiloso y florecido es la misma casa donde pinta, hoy un edificio que mira al mar de Cartagena y la devuelve siempre a sus recuerdos más antiguos: desde que era una niña seducida por la pasión del arte. Todo desde el principio, confiesa ella, es un “Vanitas: tiempo y luz”, y no los zaguajes y las casas solas que se conocen en Cartagena. Sus pinturas suscitan una profunda quietud, un santuario de soledad y silencio.

“Al detener  la luz es como si se detuviera el tiempo,  porque en su concepto, el tiempo es luz, captando la inmovilidad del tiempo detenido,  pero también el transcurrir cíclico de la vida hasta el instante de la detención final", dijo de manera precisa y visionaria Lilya Gallo en 1985. Quien  entra a estos lienzos de mediano formato puede presentir que la vida se expresa desde ese silencio en diversas dimensiones y planos. Decíamos hace poco que la ausencia y la presencia, la memoria, la naturaleza muerta y la vida laten en los nichos. recorren estas pinturas.

Precisa el crítico de arte Álvaro Medina que “testigo de los estragos que genera la incertidumbre propia de estos años en Colombia, la respuesta poética de Cecilia Delgado ha consistido en evocar el orden, la mesura y el ritmo. Es lo que descubrimos a través de la mirada que ella arroja sobre las cosas que la vida ha ido acumulando parsimoniosamente, pero sin borrar los acontecimientos dolorosos e ingratos que le dan su carácter particular a cualquier historia”.

Con una mirada que secretea las esencias, Cecilia Delgado va más allá de captar y registrar  de manera paisajística la luz.

“¿Por qué ese pequeño paisaje ha sido abandonado detrás de ese candelero? ¿Por qué vemos un cordero amarrado en una postal olvidada?”- se pregunta Medina. La pregunta del crítico es la paradoja del universo personal de Cecilia Delgado: Un reino contenido en dos o tres tiempos: realismo austero, intimista e inquietante, como el pan sobre la mesa en primer plano, dorado, recién salido del horno, y la textura del mantel. La luz no siempre viene de adentro y afuera, sino que está en el objeto y en la naturaleza muerta. Luz de la memoria que ha sido eternizada en una pintura, evocada y vivida, en un espacio que es a la vez una forma misteriosa del tiempo.

Esta magnífica exposición cuenta con el apoyo de la Fundación Arte es Colombia, que ha editado un hermoso catálogo sobre la obra de la artista cartagenera. Los silencios de Cecilia han sido fecundos. No dejen de verla.

Texto gentilmente suministrado por la artista, 2012 

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por OSCAR COLLASO 

Acabo de ver la exposición de Cecilia Delgado en el Museo de Arte Moderno de Cartagena. Al parecer, es la primera exposición individual que realiza en su ciudad natal, donde cursó sus primeros estudios de artes plásticas teniendo como maestro a Pierre Daguet. Pertenece, pues, a una generación de artistas que empezaron a pintar a partir de los años 60.

Conocía fragmentariamente su obra. Siempre me ha maravillado la coherencia de los temas, unos pocos temas que la ocupan en diferentes épocas y que ella somete a sutiles variaciones, siempre con el cuidado de no salirse de su universo: espacios interiores sobre los que se proyecta la cambiante luz del exterior.

Presto a Gaston Bachelard la expresión “poética del espacio” para referirme a las atmósferas creadas por los cuadros de Cecilia Delgado, impecables, limpias, apenas con los ingredientes necesarios a la composición. Siendo una artista indudablemente moderna, Delgado no se aparta de la tradición clásica.

En estos espacios interiores sólo hay una comunicación con el exterior: portones y ventanas que dejan filtrar la luz en paredes y suelos y, en general, en el ámbito cerrado del cuadro, extraño a la vida humana. Sin embargo, antes que deshumanizar sus temas, Cecilia les da una dimensión humana distinta, de vida y tiempo estáticos. La humanidad está fuera de foco.

Algunas de las 25 obras expuestas fueron realizadas hace más de 20 años. Sorprende que la artista retome temas de esa época, los modifique, no sé si conscientemente, y enriquezca ese universo entrañable, sin duda concebido desde la memoria visual y afectiva. Estas atmósferas son nostálgicas y evocadoras.

Luz y sombras. Hay cuadros de una luminosidad extraordinaria y otros que empiezan a ser bañados por la penumbra del atardecer. De esta forma, Cecilia da cuenta del mundo exterior, de donde viene la luz, y del tiempo que pasa y se proyecta sobre las pocas cosas que pueblan estos espacios.

La poesía es atmósfera, como en los pintores holandeses y flamencos, a quienes Cecilia parece rendir a veces un homenaje. Llama la atención que en el interior de esas atmósferas, aparezcan otros cuadros, cuadros dentro del cuadro. De esta forma, la artista homenajea a sus maestros.

Cecilia Delgado se ha protegido de dos tentaciones: el paisaje exterior y las figuras humanas. La naturaleza intimista de su pintura explica la ausencia de paisaje. ¿Cómo se explicaría la ausencia de figuras humanas? Tengo una hipótesis: esas figuras desnaturalizarían la atmósfera, restarían poesía a sus espacios interiores.

La pintura de Cecilia Delgado no tiene rasgos regionales o locales. Ni siquiera nacionales. Sabemos que estas atmósferas se crean dentro de viejas casonas coloniales, pero no hay ninguna concesión a los símbolos exteriores que caracterizarían un arte caribeño. Sin embargo, Cecilia es una artista cartagenera esencial.

Medio siglo de creatividad la han convertido en una artista cuya importancia pasa por la singularidad irrepetible de su obra. Es ella y sus símbolos, ella y una obsesiva manera de mirar el mundo y las cosas. De allí que sintamos regocijo y placidez frente a sus cuadros, un extraño vínculo con la serena belleza que emana de ellos.

Texto gentilmente suministrado por la artista, 2012 

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Los objetos, el silencio y la palabra, 

Cecilia Delgado no habla sobre su pintura. Balbucea sobre ella, o mejor, extiende una capa de silencio a través de palabras que hablan de la superficie. Pero, no tocan el tema. Es el momento en que las palabras se tornan silencio. 

Hasta ahí todo está bien. Al fin y al cabo, ella solo es la artista. De acuerdo a algunos, la pintura no habla, es un arte mudo de palabras que se tiene que defender solo. La verdad es que todo arte se defiende solo, y que los artistas pueden quedar mudos. Pero la pretensión de que nosotros no hablemos sobre el arte (y me refiero por "nosotros" a los que estamos al otro lado de la creación artística) es una pretensión pedante porque una vez que se crea algo, ese algo se vuelve socialmente apropiable, y lo socialmente apropiable significa no solo compra y venta (tendencia hacia la cual algunos se inclinan), sino idea, concepto, símbolo, es decir ideología. El hombre ha dejado de ser el animal pre-erecto que solo se guía por instintos y emociones. Ha desarrollado una cultura, y como tal, un conjunto de símbolos que no siempre son compartidos por todos, que generalmente no lo son, y que se vuelven instrumentos para que unos controlen a los otros. La obra de arte es socialmente apropiable y, por lo tanto, sujeta a la interpretación, a la discusión, a la reutilización por parte de público, o sea por parte de todos y no solo por un grupo especializado, ni por un grupo que controle la información. La cultura es de todos y todos tenemos necesidad de "hablar" nuestra cultura. Entre otras cosas, ese modo de hacerla. Y la cultura la hacemos todos, bien como actores o como víctimas. Ya ha pasado el tiempo donde se esperaba que la única reacción posible y válida frente al arte era la emocional: la dicotomía sin matices del "me gusta - no me gusta". Maniqueísmos a los que nos quieren someter algunos pintores, entre otros. El hombre no es solamente emoción. Emoción como definición del hombre, solo es una categoría académica a la cual se le agregan razón y costumbre. Pero, también, lucha, oposición y contradicción. El "me gusta o no me gusta" o el "yo no entiendo el arte" solo es una pantalla para decir "no pienso" o "no quiero que usted sepa lo que yo pienso". Cada uno de nosotros entendemos el arte desde el ángulo en el cual nos han permitido; o nos hemos resignado a entenderlo. 

Necesario es decir que Cecilia Delgado no pretende que nos quedemos callados, o que no razonemos sobre su obra, o que no la sintamos, o que no la asociemos con otras cosas. Solo que ella no tiene palabra hablada sino palabra gráfica. Y su obra es palabra gráfica. Pero no está desprovista de ideas y conceptos. 

Los cuadros que Delgado nos presenta son simples puertas, o ventanas, abiertas o cerradas, sin tercer plano, o con paisaje romántico como fondo. Son cosas que aparentemente no dicen nada. O quizás nos quieren presentar la apariencia de que no dicen nada. Son objetos, solitarios, hieráticos, quietos. Y en este mundo arrebatado por la moda hiperrealista, cualquier ojo de torpe podría pensar que Delgado es una hiperrealista que no alcanza a reproducir el objeto en forma adecuada. Pero la pintura de Cecilia Delgado está llena de trampas mortales para los que no quieren pensar, los que quieren acomodarse a lo aparente.
Qué son los objetos para ella? "La arquitectura me interesa solamente como medio, al igual que como el que hace un bodegón tiene que utilizar una botella. Pero no es esa cosa exacta de que el zaguán me interesa a mi por el zaguán mismo, sino que me da un espacio, una luz, humedad . . . un espacio que me interesa. Mañana puede ser otra cosa, pero es el mismo problema de base. Por ejemplo, de esta ventana hay una foto, pero elimino lo que no me interesa y después me muevo para hacer sobre ella, mucho" 

Las primeras obras de ésta época reciente de la artista son dos ventanas que abren o cierran sus hojas. Un visillo está cubriendo lo que puede ocurrir en el fondo. Hay quietud y paz, pero intriga sobre lo qué existe más allá de lo aparente. Estas ventanas no vuelven a ser trabajadas. Solo plantean la duda. Son una visión exterior. Hay que atreverse. La artista tiene que pasar y traspasar las puertas, los zaguanes: miradas desde fuera y miradas desde adentro. Pero nunca se ha entrado realmente, no se está en el interior. Se percibe. Se intuye lo que las palabras no pueden decir. Los que todavía creemos en la palabra sabemos que esta es descarnada, en su forma fallida o en su forma directa y por lo tanto está socialmente perseguida. Mostrar la imagen de un jardín a través de las hojas de las puertas de los zaguanes, mediatizada por las luces que chocan contra los muros y que los distorsionan, es una forma de expresar gráficamente lo que la artista sabe y no dice. No todo está en la superficie, en el objeto. 

Es ahí donde la artista se distancia, se separa y se opone al hiperrealismo. El hiperrealismo es víctima de la sociedad de hoy que confunde el objeto con el concepto, o peor aún, el objeto negado de concepto. La negación, incluso, del concepto. La cosa escueta donde no cabe la interpretación; la ausencia de posición. Es, en el fondo, la negación de la realidad, ya que para el hombre no hay realidad sin concepto. Los hiperrealistas pretenden hacernos creer que las cosas tienen vida propiar y que entre ellas se establecen relaciones sin nuestra propia intervención. Hacen parte de la batalla positivista en un estadio positivista de la sociedad y de la historia. 

Cecilia Delgado lucha contra la apariencia de las cosas: transforma las luces, las invierte en sus sentidos y junto a una claridad absoluta existe una obscuridad total. La luz niega el color y la sombra le da color a las cosas. Es, técnicamente, adoptar la postura opuesta a la corriente, para expresar la contradicción. Este juego de luces se convierte en un juego trágico ya que es la lucha mortal entre dos elementos que se niegan entre sí. "La luz de acá es menos filtrada que la otra. Es un golpe de luz. Y donde da la sombra es una sombra muy luminosa. Todo se vuelve una luz de acuario", dice Cecilia Delgado. 

En esta lucha está lo personal, la técnica pictórica se vuelve instrumento, no para reproducir una realidad irreal, sino para expresar lo que está por debajo de esa apariencia. Para decir lo que no se quiere decir personal y abiertamente. 

Por eso Cecilia Delgado, calla. No necesita palabras. Pero no teme a lo que los otros puedan decir. Los deja hablar y calla. 

Carlos Castillo Cardona
Tomado del folleto de la exposición, Garces Velasquez Galería, 1980

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Exposición en Galería Belarca, 1977

Resulta sobresaliente esta nueva exposición individual de Cecilia Delgado. No sólo por la calidad de la presentación, sino también por el desarrollo de su trabajo dentro de una rigurosa coherencia, de la cual fueron eslabones imprescindibles los cuadros exhibidos el año pasado en la muestra "Pintura Colombiana Actual" del Museo de la Universidad Nacional. Fueron ellos sus primeros óleos y sus primeros trabajos en los que las imágenes representadas evitaban las alusiones a las pinturas de las culatas de los edificios - en los últimos acrílicos con claros ingredientes surrealistas -. A partir de esos linos, Cecilia Delgado evitó las fantasías y se concentró en la observación de las paredes y de las ventanas. Con el claro propósito de destacar la humedad ambiente, las superficies de los muros y la luz mortecina que los matiza y enriquece. 

La presente muestra reune el trabajo de un año de actividad de la artista. Son 13 óleos inspirados en puertas, ventanas, techos, balaustradas y detalles decorativos de diversas casas del Barrio La Candelaria de Bogotá. Cecilia Delgado se ha basado en diversos aspectos arquitectónicos de las fachadas del antiguo sector bogota no para hacer unas bellas imágenes pictóricas, en las que lo más importante no es tanto la referencia realista - todo lo que aparece en el lino es auténtico, existe en la arquitectura de La Candelaria - cuanto la elaboración de una superficie pictural en la que se destacan la luz y la sombra, la entonación armónica y las referencias texturales a desconchados, y deterioros, así como a diversos materiales - velos, vidrios, maderas, hierros, etc -. Dicha elaboración requiere un largo proceso que se inicia con la observación de un objeto real (una fachada), la selección de uno de sus aspectos y la transformación de aquellos elementos arquitectónicos de superficie en una imagen plana válida exclusivamente por sus calidades cromáticas y por todos sus recursos pictóricos. 

Parece increíble que una artista cartagenera como Cecilia Delgado haya podido captar con tanta autenticidad, la luz y el ambiente de Bogotá. Basta una simple observación de estos óleos para descubrir cuáles son los elementos físicos que los nutren; cuál es el clima que los pro crea. De allí que estos linos sean de las obras más interesantes de la nueva pintura colombiana. En ellos no sólo se presenta una verdad nacional, no sólo se recrea una realidad local dentro de una enorme capacidad inventiva, sino que se organiza una representación absolutamente estética, irrigada además de sensibilidad y equilibrio.

Germán Rubiano Caballero 
Tomado de la tarjeta de la exposición, Galería Belarca, 1977