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El aleteo de dos titanes del teatro de marionetas

Iván Darío y César Álvarez, fundadores del teatro La Libélula Dorada, que el  empieza temporada en el Teatro Mayor, hablan de su trayectoria

por Yhonatan Loaiza Grisales

Iván Darío y César Álvarez no solo son hermanos sino que llevan trabajando casi 40 años juntos en el delicado arte del teatro de títeres.

También es difícil distinguirlos, los dos tienen voz suave, barba y pelo blancos y tratan con el mismo cuidado y recelo las cerca de mil marionetas que poseen, que en su gran mayoría han diseñado y construido.

Mientras se preparan para la temporada de un mes que desde este domingo realizarán con su grupo La Libélula Dorada en el Teatro Estudio del Teatro Mayor, de Bogotá, los Álvarez coinciden en que un titiritero debe ser, ante todo, un buen actor.

"Uno de los problemas que tienen algunos titiriteros es que carecen de elementos de actuación y aunque puedan ser muy buenos animadores o constructores, si no son buenos actores no logran transmitirles esas emociones a los muñecos", dice Iván Darío.

Por eso, antes de dedicarse a darles vida a las elaboradas marionetas que protagonizan sus montajes, tomaron talleres de actuación para lograr la versatilidad que, según ellos, requiere su oficio.

Un oficio al que le han dedicado mucho tiempo y que, pese a su larga experiencia, les brinda la posibilidad de seguir explorando mundos desconocidos.

"El titiritero es una especie de demiurgo (alma universal según los gnósticos) que siempre está concibiendo criaturas e inventando paisajes y universos fantásticos, que, de alguna manera, son una posibilidad de recuperar la infancia", insiste Iván Darío.

Desde que nació este grupo, en 1976, sus obras han logrado cautivar al público infantil, pero los directores son enfáticos en afirmar que el objetivo es llegar a toda clase de público. "Detrás de una historia muy sencilla hay una cantidad de símbolos y subtextos que van dirigidos al joven y al adulto. Eso hace que haya un puente generacional muy interesante", remarca César.

Los artistas destacan que producciones como Los espíritus lúdicos y Ese chivo es puro cuento -que se podrán ver en el Teatro Mayor- han sido vistas hasta por tres generaciones de una misma familia.

Justamente, tener un público fiel es uno de los grandes logros de La Libélula Dorada, meta que se valoriza más cuando los Álvarez argumentan que el teatro de títeres es un género que fue subvalorado.

"La gente del gremio veía a este género como el hermano pequeño, a veces como el hermanito bobo del teatro de actores. Pero nosotros hemos tratado de cambiar esa mentalidad consolidando creadores con cierta sensibilidad y filosofía artística para hacer productos de calidad", dice César.

A pesar de que el grupo tiene un repertorio conformado por más de 20 obras, hay producciones de sus primeros años que todavía se presentan, como La rebelión de los títeres y los héroes que vencieron todo menos el miedo. Y no es por un antojo de sus creadores que siguen en cartelera, es porque el público las pide.

"No han perdido su vigencia, siempre sentimos el mismo brillo en los ojos de los niños al verlas. Se emocionan con las mismas cosas con las que se emocionaban los niños cuando comenzamos", dice Iván Darío.

Y las marionetas de La Libélula Dorada también se conservan intactas, tienen la capacidad de seguir reluciendo sin importar la oscuridad de la sala.

Para los Álvarez, una de las grandes ventajas del teatro de títeres es esa intimidad que supone la construcción de los muñecos: "En el teatro convencional, uno crea los personajes de adentro hacia afuera. En cambio, en este caso el personaje nace de afuera hacia adentro, uno lo construye, lo modela y empieza a dialogar con él", remata Iván Darío.

Una sede abierta para todas las artes

En 1997, La Libélula Dorada inauguró su sede en el barrio Galerías [cra. 19 No. 51- 69], de Bogotá. Además de la divulgación del teatro de títeres, también ha abierto las puertas a otras manifestaciones artísticas, como el ‘blues’, el ‘jazz’, la danza contemporánea y la narración oral. "Hemos querido que este espacio conserve esa línea de lo alternativo e invitar a los jóvenes que carecen de lugares donde mostrar sus trabajos artísticos", dice César Álvarez, uno de los directores del grupo.

Tomado del periódico El Tiempo, 3 de agosto de 2012 

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