Carlos Barreiro

tumaco, Nariño

Críticos (Musica)

 


Carlos Barreiro

crítico de música, investigador

 
A ColArte

 

 

 

   

Barreiro era economista, pero se desempeño como crítico de música, investigador y productor.

Un Quijote de la música llamado Carlos Barreiro

El domingo pasado se cumplió un mes de la muerte de este tumaqueño universal, que dedicó toda su vida a investigar la música colombiana y contemporánea.

por David Feferbaum G.

En 1975, a raíz del fallecimiento de la compositora Jacqueline Nova, escribí en la desaparecida revista Pluma lo trágica que resultaba la perspectiva de perder partes enteras de nuestro patrimonio musical, ante la ausencia de entes que velaran por su conservación y su futuro.

Por aquella época, a quienes hoy somos ya mayores y teníamos algún vínculo con el mundo musical nos invadía además la angustia de saber que cada diciembre otra parte de ese patrimonio literalmente desaparecía en "átomos volando".

Por razones desconocidas para todos, los famosos "voladores" navideños eran armados entonces en papel de partitura, sacado quién sabe cómo o de dónde. Años más tarde, gracias a la modernización, este insumo fue reemplazado por papel de computador.

Como consecuencia de aquella nota en Pluma, Colcultura creó el Centro Colombiano de Documentación Musical, que con Hjalmar de Greiff tuvimos el privilegio de fundar y dirigir.

Hoy, ante la triste desaparición de Carlos Barreiro Ortiz, el más audaz conocedor y divulgador de la música de vanguardia en el país, cabe preguntarse si la situación actual será igual o peor que hace casi 40 años.

La valiosa contribución de Carlos Barreiro al medio musical del país no solo incluye sus numerosos escritos al respecto en la prensa escrita -cuyo inventario ameritaría formar parte de una investigación más extensa-, sino los programas radiales y las notas y ensayos específicos sobre compositores nacionales e internacionales.

Escribió en EL TIEMPO con alguna frecuencia y en la revista Número consignó muchos de sus comentarios sobre novedades discográñcas. También realizó entrevistas serias e ilustrativas para diversos medios.

Bajo su mecenazgo (y no dudo en usar la palabra) vieron luz varios CD con obras de músicos colombianos.

Guardadas las obvias proporciones, todo lo que produjo, en medio de una callada y discreta dedicación, permite pensar que Carlos Barreiro hizo más por la difusión de la música colombiana y de vanguardia en general que las entidades que tienen a su cargo la responsabilidad específica de hacerlo.

Vale la pena repasar con algún detalle el alcance de su trabajo. Desde el punto de vista radial, por buen número de años colaboró con la Radiodifusora Nacional de Colombia, y se me ocurre pensar que, de pronto, ni él mismo sabía con certeza cuántos programas había producido.

Por fortuna José Perilla nos lo aclara en una nota en Fonoteca, Memoria Sonora de Colombia, al señalar que de su obra "la Fonoteca de RTVC conserva un total de 1.358 cintas de carrete abierto que corresponden cada una a un programa. El conjunto no ha sido digitalizado, razón por la cual aún no figura en el catálogo de Internet. Al igual que los registros de la Biblioteca Nacional, los títulos de los programas dan una idea panorámica de los intereses que tuvo Barreiro en su desempeño profesional, y la vasta cantidad le constituye en uno de los principales acervos del archivo".

No podemos omitir aquí su capacidad para organizar eventos musicales específicos sobre música contemporánea. Asunto nada fácil, dado que en la mayoría de casos se trataba de estrenos, es decir, obras que no eran de repertorio, lo que de entrada implicaba conseguir las partituras y convencer a los intérpretes de estudiarlas y trabajarlas para la presentación de marras.

Quienes alguna vez hemos tratado de desarrollar este tipo de actividad, sabemos el esfuerzo que implica parir cada uno de esos eventos.

Barreiro produjo cerca de 40 estudios sobre compositores colombianos y norteamericanos del siglo XX, uno para cada uno de los conciertos que se llevaron a cabo en la sede del Centro Colombo Americano de Bogotá, aparte de otro ciclo, en la misma entidad, sobre compositores colombianos jóvenes, en el que todas las obras ejecutadas fueron estrenos. En el primer ciclo se escucharon, para mencionar solo irnos nombres, obras de Cage, Rorem, Ivés y Crumb.

Recuerdo lo que significó para la pianista Cecilia Casas montar, si mal no recuerdo, el Makrokosmos I de George Crumb, una de las figuras más importantes de la música norteamericana del siglo XX.

Pero fue gracias a esta actividad que pudimos tener en Bogotá al propio Crumb, que participó no solo en charlas y conversatorios sino en el estreno en Colombia de su obra Music for a Summer Evening - Makrokosmos III, para dos pianos amplificados y percusión, pieza que difícilmente tendrá una segunda audición en nuestro medio.

Barreiro promovió también la creación de la Asociación Colombiana de Música Electroacústica (Acmé), entidad que permitió lograr la participación de compositores colombianos en festivales de Europa (España, Francia, Suecia, Italia), Corea, Cuba y Bolivia, y en los tres concursos nacionales de música electro- acústica, auspiciados por la Alianza Colombo Francesa.

Como si esto fuera poco, ya lo mencionamos, su quijotismo lo nevó a producir, por su propia cuenta, cuatro CD (y entiendo que tenia listo un quinto). El primero. Onda electro- acústica en Colombia, con piezas de Catalina Peralta, Germán Toro, Juüo Reyes, Rodolfo Acosta y Fernanda Triana.

El segundo, Colombia: Piano en el siglo XX, con obras de Guillermo Uribe Holguln, Jesús Pinzón, Jacqueline Nova, Guillermo Rendón, Claudia Calderón, Julio Reyes y Luis Carlos Espinosa.

El tercero. El cine en Colombia en música, resultado de otra de sus tercas investigaciones, incluye obras de Olav Roots, Luis Antonio Escobar, Fabio González Zuleta, Myriam Arroyave / Alejandro Gómez Upegui, Bernardo Ossa / Gabriel Ossa, Blas Emilio Atehortúa, Nicolás Uribe, Luis Pulido, Germán Arrieta / Gonzalo de Sagarmínaga, Iván Benavides, José Femando Garrido y hasta una composición electrónica de este servidor, que logró así recuperarla, pues el máster original se había deteriorado por completo.

El cuarto, desde Rusia- Notas sinfónicas de Colombia, con Uribe Holguín, Álex Tobar, Luis Carlos Figueroa, Manuel Benavides y Jesús Pinzón.

Por supuesto que Carlos Barreiro no era una persona sencilla, cómo iba a serlo. Pero, lo que sí puede afirmarse es que, en medio de su timidez y su discreción, era un ser entregado sin reservas al universo de la música. Siempre me sorprendía su conocimiento, su información, su tenacidad para buscar y hallar novedades. En mi último encuentro con él, no hace mucho, quería saber si yo tenía información sobre María Rodrigo, una compositora española que Jorge Orlando Meló había mencionado en uno de sus artículos, y de la cual él no tenía referencia alguna.

Espero que este recuento nos ubique ante el hecho de haber perdido a un ser humano excepcional. A un individuo que tuvo, como pocos, la capacidad de marcar, callada pero profundamente, nuestro medio musical, sin esperar por ello compensación alguna.

Todo en Barreiro era vocación, deseo de saber y de encontrar. Es obligación de todos nosotros velar porque sus aportes no se esfumen. Que yo sepa, Carlos Barreiro no contó con apoyos oficiales, y de seguro nunca los pidió. ¡Su legado es fruto de una enorme quijotada!

Echaremos de menos su compromiso misional con la música de Colombia. Nos harán mucha falta sus curiosas observaciones y sus sorpresivos descubrimientos.

Tomado del periódico El Tiempo, 16 de abril de 2013 

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