Alci Acosta

Soledad, Atlantico

Interpretes

 

Alci Acosta - interprete

Alci Acosta

Alcibíades Alfonso Acosta Cervantes

intérprete bolero
 

 
A ColArte

 

 

El gran rey del bolero popular

Alci Acosta, músico de Soledad [Atlántico], uno de los invitados especiales del Festival Centro.

Alci Acosta se llama en los escenarios, pero en su casa en Soledad, población del Atlántico donde nació, es Alcibiades Alfonso Acosta Cervantes. AUá tienen muy claro que no lo pueden despertar de su siesta diaria, que es larga.

De hecho, para poder hablar con él a propósito de su presentación el próximo 12 de enero como imo de los invitados al cierre del Festival Centro, pidió que la llamada fuera a las 5 pm después de su descanso de la tarde, luego de un buen almuerzo y poco antes de emprender un viaje a Boyacá y a la grabación de El show de las estrellas, de Jorge Barón.

AIcÍ Acosta es intérprete de innumerables éxitos: La copa rota. Odio gitano. La cárcel de Sing Sing, El último beso. El contragolpe... Incluso, el año pasado Codiscos sacó un compilado con 20 temas que interpreta el soledeño -y quedaron faltando-, que no han dejado de sonar.

Con ese repertorio estará presente en este festival, un encuentro con distintos tipos de música, el cual está muy arraigado especialmente entre los jóvenes, algo que entusiasma a Acosta. “Es bueno que mi música la quieran oír los muchachos, pues la mayoría de mis seguidores son veteranos”, dice.

Lleva 49 años en la música. Nació en 1938 y luegó al mundo sonoro porque su tío Téudolo Cervantes, -“que tenía una voz hermosa, como la de Leo Marini, guardando las proporciones”, comenta Acosta-, tocaba en el grupo Los Sonoros Costeños, de Soledad. “Su fuerte eran los boleros, pero con el conjunto también hacía vallenato con guitarra y acordeón, así como porros y cumbias”.

Con él empezó su historia musical, en la que también participa el resto de músicos de su familia, que eran unos 30 y todos por el lado de los Cervantes. Además, se convirtió en pianista. Su primera profesora fue Ana Carrasquilla, que también le dio clases de solfeo.

“Cuando, a los 14 o 15 años,  me preguntaron qué instrumentó quería aprender, se me  ocurrió el más costoso. Ana era la pianista de la orquesta de Ismael Cervantes, un gran baterista, pero ya era una persona mayor y también cansada de su trabajo nocturno, así que me consiguió un cupo en Bellas Artes, en Barranquilla, y ahí seguí estudiando”, cuenta.

Su primer trabajo remunerado fue como pianista de una papayera. Sí, no hay equivocación: “Ese formato es como ver a im mariachi tocando con cachucha, pero ahí empecé, tenía como 19 años y tocábamos en un cabaret. Trabajaba de 10 p. m. a 4 a. m. y el sueldo era de nueve pesos por noche”.

Luego fue ascendido: estuvo en las orquestas de Nuncira Machado, la de Peyó Torres y en una del maestro Francisco Zumaqué, entre otros, hasta que un día “mi amigo Cristóbal San Juan, compositor de Odio gitano, me dio la oportunidad de grabar como pianista y cantante de boleros”. Era el año 1963.

Sus primeros trabajos los grabó en la disquera Tropical, de Barranquilla, y aunque estuvo un tiempo con Sonolux (ambas empresas desaparecidas), es Codiscos la que tiene la mayoría de su catálogo. “Allí, un director artístico escogía las canciones de cada producción y tuve la suerte de que de cada trabajo ‘pegaban’ cuatro o cinco”. Así se fueron produciendo sus éxitos.

Mal compositor, dice que solo ha hecho una canción, y fue para su esposa, que lo es desde hace 50 años, Ruth María Agudelo, en sus días de conquista. Se llama Eres mi amor.

El año pasado entró a estudio, a grabar dos temas con Darío Gómez, entre ellos La copa rota. También, una canción a dúo con su hijo Checo Acosta, Invierno en primavera, de Guayacán, para el disco de celebración de los 25 años de la orquesta de salsa.

De resto, dice, desde hace 15 Tío años no incluye ninguna ’ canción nueva en su repertorio. Tiene tantas y tan buenas, que no necesita más. “Mis temas son como el whisky, entre más viejos, mejor”.

Acosta y sus boleros son reconocidos en Ecuador, Perú, Venezuela, Estados Unidos y algunos países de Europa, a donde viaja varias veces al año. Y hasta hace unn tiempo cumplía contratos en Navidad y Año Nuevo.

Ahora no, esos días los pasa en su casa, con su esposa, sus hijos, sus nietos y su bisnieta, en el lugar donde es Alcibiades Alfonso. Porque cuando sube a un escenario es mucho más que don Alci.

Tomado del periódico El Tiempo, 10 de enero de 2014  

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