Beatriz Gonzalez

Bucaramanga, Santander

Pintores

Figura Humana, Figura

Beatriz Gonzalez

pintora

 
 
ENLACES INCLUIDOS
Hoja de vida Critica Enlaces  
Recuento

Recuento 1

Varios 
Marta Traba y varios  
Fausto Panesso  
María Teresa Guerrero: Colándose en la historia del arte, 1986
Luis Carlos Aljure: Beatriz pinta el color
Alvaro Robayo: Exposición Dolores  
Alvaro Burgos: La pintura por metros 
Ivonne Pini: Los suicidas del Sisga 
Ana María Escallón:  Un mérito sostenido 
Antonio Montaña: Patada en el trasero 
Javier Nieto: Columbarios del cementerio
 
Gustavo Cobo Borda: Beatriz Gonzalez: A más muerte,mayor arte 
La mirada desbordada 
Crítica incansable: por Jaime Andrés Monsalve 
Historia del país en caricaturas 
Una risa de 200 años 
El temperamento de Beatriz: Humberto Junca 
La retrospectiva es un examen de conciencia: Angélica Gallón Salazar 
Manuela Lopera: No deja de mirar 
Liliana López Zorzano: Los nexos de Beatriz González 
Años de Formación (Revista Arcadia - 2015 
Me Salva la autocrítica, por Alejandro Aguirre, Revista Diners


 
BLAA

ColArte

 
 


Exposición Dolores

Octubre de 2001


PRESENTACION

Desde los suicidas del Sisga, de 1965, el tema de la muerte es a tal punto recurrente, que casi podríamos calificarlo de obsesivo . . . Durante la última década, el tema de la muerte ya no es sólo recurrente sino que se convierte en tema principal. En 1995, la Galería Garcés Velásquez, reconociendo este hecho, presenta una exposición titulada "El color de la muerte".

La muerte es esa realidad última a la que todos damos la espalda, de la que desearíamos no acordarnos y de la que quisiéramos huir, aun que sea imposible. La negación y el olvido de la muerte resultan inauténticos y empobrecedores para el hombre  y hacen parte de la actitud del tapen, tapen y maquillen, maquillen que nos han impuesto los paradigmas anglosajones de la publicidad y el consumismo. El llamado a la autenticidad del arte de Beatriz González retrotrae al hombre a la realidad tremenda de la muerte. Además, parecería apenas natural que en un país tan violento como el nuestro los creadores aborden con frecuencia este tema; pero no, en la producción de los demás artistas colombianos, el tema de la muerte no tiene la presencia que cabría esperar. La insistencia de Beatriz González en este tema debe tener, entonces, una explicación distinta a la de su nacionalidad.

Empezaríamos a encontrarla si tuviéramos en cuenta que la muerte es uno de los temas favoritos del artista transgresor. Y lo es sobre todo por su valor simbólico. El ciclo cósmico que da lugar a la producción del universo y al surgimiento de la vida lo hace al precio de la existencia de la muerte y al de la nada. Toda regeneración o renovación auténticas pasan por la aniquilación de lo caduco y, en ese orden de ideas, la muerte no es sólo negativa, es también posibilidad de vida. Como sabemos, el arte transgresor no es estrictamente destructivo: busca también salvar aquello que lo inspira. Pero, dentro de estos planteamientos, la muerte no resulta positiva sino cuando de alguna u otra forma se la asocia con el renacer y la vida.

Esta última etapa de la producción de Beatriz González permite echar una mirada hacia atrás para precisar el camino recorrido. Muy temprano en su carrera comprende el análisis de loa valores reinantes en la sociedad a través de un estudio del "buen gusto" y del "mal gusto". Se trata de una investigación que, gracias a un trabajo cada vez más riguroso y coherente, le permite concluir que lo que con insidiosa presunción niegan estos mecanismos que acartonan, dividen, excluyen y clasifican, es la vida misma. La obra de la artista se convierte entonces en una creación a favor de la vida al denunciar lo que la amenaza. Y de inmediato choca brutalmente con la muerte. La parábola de su producción es, por consiguiente, un viaje hasta lo que constituye para el hombre el fundamento de toda realidad: su propia vida, y aquí la artista subraya que, por desgracia, dicho fundamento se despliega únicamente a través de una corporeidad precaria. En los últimos trabajos, las imágenes de la muerte no aparecen solas: a su lado se instalan los símbolos de la vida, recordando esa relación de mutua dependencia entre la vida y la muerte. Y es hacia la problemática inherente a esta relación hacia donde se dirigen las producciones más recientes de Beatriz González. Pero, como sucede siempre con el gran arte, cuando de éste se intenta trazar la evolución de los contenidos que pueden ser conceptualizados, parece empobrecerse: se deja de lado la inmensa y variada riqueza presente en las obras en los demás niveles de significa do. Sin embargo, no por ello puede el crítico dejar de subrayar las reflexiones presentes en los trabajos estudiados, como es el caso de la reflexión sobre la violencia y la muerte que la artista hace a través de su obra. Tienen las inquietudes que expresa Beatriz González en los distintos momentos de su producción respuestas concretas? Seguramente no. Pero, en cambio, permiten entender, aunque muy parcialmente, por qué es Beatriz González una gran artista.

Alvaro Robayo Alonso
Tomado de: La crítica a los valores hegemónicos en el arte colombiano. Bogotá: Convenio Andrés Bello, Ediciones Uniandes, 2001.
Folleto para exposicion Dolores, Obra Reciente, Fondo Cultural Cafetero, 2001