Beatriz Gonzalez

Bucaramanga, Santander

Pintores

Figura Humana, Figura

BEATRIZ GONZALEZ

 
ENLACES INCLUIDOS
Hoja de vida Critica Enlaces  
Recuento

Recuento 1

Varios 
Marta Traba y varios  
Fausto Panesso  
María Teresa Guerrero: Colándose en la historia del arte, 1986
Luis Carlos Aljure: Beatriz pinta el color
Alvaro Robayo: Exposición Dolores  
Alvaro Burgos: La pintura por metros 
Ivonne Pini: Los suicidas del Sisga 
Ana María Escallón:  Un mérito sostenido 
Antonio Montaña: Patada en el trasero 
Javier Nieto: Columbarios del cementerio
 
Gustavo Cobo Borda: Beatriz Gonzalez: A más muerte,mayor arte 
La mirada desbordada 
Crítica incansable: por Jaime Andrés Monsalve 
Historia del país en caricaturas 
Una risa de 200 años 
El temperamento de Beatriz: Humberto Junca 
La retrospectiva es un examen de conciencia: Angélica Gallón Salazar 
Manuela Lopera: No deja de mirar 
Liliana López Zorzano: Los nexos de Beatriz González 
Años de Formación (Revista Arcadia - 2015 
Me Salva la autocrítica, por Alejandro Aguirre, Revista Diners


 
BLAA

ColArte

 

 

CRITICA

por CAROLINA PONCE DE LE�N

La trayectoria art�stica de Beatriz Gonz�lez no sigue un curso lineal. La suya es una obra que apunta en varias direcciones, estableciendo corrientes alternas. El seguimiento cronol�gico de su desarrollo podr�a ceńirse al desenvolvimiento de sus obras "mayores": las pinturas, objetos, muebles, telones, esculturas. Pero la corriente alterna se entreteje: sus dibujos, eliograbados, xilograf�as y serigraf�as son parte de un proceso creativo que registra el dictado de su intuici�n, de su sensibilidad, de su conocimiento subconsciente. Estas obras son puntos de apoyo para su reflexi�n art�stica, piezas del engranaje creativo. Si para la artista "el dibujo es la conciencia del artista", es porque en el dibujo hay una carga de espontaneidad, de visi�n intuitiva y subjetiva que busca configurar la revelaci�n. A pesar de su discreci�n, estas obras paralelas son indispensables para la comprensi�n global de su obra, para entender la importancia que ella le atribuye a la intuici�n, a la disciplina met�dica, a la realizaci�n de "obras importantes" que adquieren este status por el trabajo que la artista hace en profundidad.

Una serie de dibujos de gran formato, inicia un nuevo ciclo en su obra. Son dibujos en pastel que muestran un inter�s inexplorado hasta ahora en su obra: el espacio. Cuando en obras anteriores el espacio se resolv�a en dos dimensiones, traduciendo adem�s sus referencias art�sticas - l�minas populares o fotograf�as de prensa - en colores planos, los dibujos actuales presentan un espacio imbrincado que conjuga diferentes fuentes en una misma obra, como Seńor Presidente que honor estar con usted en estos momentos del cual existen dos versiones que se complementan por la equivalencia que se establece entre los elementos que modifica: el florero de anturios del uno se convierte en un cad�ver mutilado en el otro, volviendo expl�cita la iron�a del t�tulo. La asociaci�n de im�genes ha sido recurrente en su obra (el plat�n para Degas, la toalla para Boticelli, etc.).

En estas �ltimas im�genes la asociaci�n es de otra orden. Adem�s de explorar un espacio m�s complejo, la asociaci�n crea una relaci�n subjetiva y simb�lica entre sus elementos. Se introduce as� un ingrediente nuevo en su obra: la creaci�n de im�genes que se componen a partir de su propia imaginaci�n, que se independizan de las im�genes dadas sobre las cuales se desarroll� toda su obra anterior. Esta faceta abre un espectro insospechado para su obra futura y confirma su vitalidad. Confirma tambi�n la insuficiencia de la cr�tica de arte que s�lo puede vaticinar a posteriori, discerniendo las pautas de un desarrollo, y describi�ndolas como si fueran las huellas de un destino que sigue un curso inevitable. Pero no es as�. Afortunadamente el destino es incierto, y los pron�sticos: un azaroso compromiso de la vanidad.

CAROLINA PONCE DE LE�N

Tomado del Folleto: Beatriz Gonz�lez

Carlos Valencia Editores, con la colaboraci�n de Pavco

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Mujeres en el arte

Beatriz Gonz�lez comenz� por leer los peri�dicos de modo diferente. Recort� la foto de los suicidas del Sisga y la recre� con su sabia formaci�n en Historia del Arte, desde la encajera de Vermeer hasta el pop norteamericano. Pero nunca se detuvo: sembr� muebles y objetos con los rostros de Francisco de Paula Santander o Rafael Puyana, como si ellos fueran la prolongaci�n del pasaje Rivas, y rompi� el esquema frontal con �ngulos en torsi�n y colores apagados para mostrar f�retros y cad�veres, ind�genas solitarios navegando en canoas precarias y la quietud desolada de un pa�s perplejo ante su otra cara brutal.

Juan Gustavo Cobo Borda - Camandula
Tomado de la Revista Fucsia No. 11, julio de 2001

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Controvertida, mamagallista y pop

por Antonio Morales Riveira

Se aburr�a mucho. Pasaba desde nińa como persona extrańa, como si estuviera marcada para cierto tipo de circunstancia marginal. Era una nińa consentida, admirada, que escuchaba todos los d�as m�sica cl�sica, se burlaba de lo cursi emp�ricamente, llena de hast�o en un club social de una ciudad de provincia.

No fue de esas artistas signadas por la tragedia porque desde un principio tuvo la cr�tica de su lado, la prensa la ensalz� y toda su situaci�n vital era la de placentera nińa bien de Bucaramanga. Ese �mbito le permiti� sentir cierto desprecio por la b�squeda de posiciones en �l medio art�stico del pa�s. Ella misma sabia que nada ten�a que ver con las historias de los artistas que se hacen a pulso, comiendo una vez al d�a, mendigando un poco aqu� y all� para conseguir los materiales. Por el contrario, su padre cuando no era senador, era gobernador, su madre una mujer repleta de sentido del humor y ella, Beatriz Gonz�lez, la jovencita prometedora de la familia de quien ańos m�s tarde Alejandro Obreg�n dir�a que era la gran esperanza del arte colombiano. Cuando Beatriz cogi� fama se le acerc� un d�a a Obreg�n y le agradeci� las elogiosas palabras. Obreg�n le contest�: "Y si te dije que eras la esperanza, żpor qu� no lo fuiste?". Todav�a le suena la respuesta de ese seńor de bigotes que se bebe el ron y el mar de Cartagena.

MANDARINAS CON LAS "PACHAS"

Beatriz Gonz�lez creci� aqu� y all�. En los campos de Santander, en las tardes lluviosas de Bogot�, con el calorcito de Bucaramanga. Su madre ten�a todo arreglado para que la vida familiar fuera lo m�s parecido al para�so terrenal. All� la pintora aprendi� a nunca sentir la ansiedad del arribismo art�stico, pero de su infancia le quedaron las ganas de no haberla perdido nunca. Una vez en el colegio como las dem�s nińas, pintaba mandarinas mientras una monja alemana brincaba por el sal�n diciendo: "Ha nacido una gran artista". Beatriz no se daba cuenta que sus mandarinas (que ella cre�a iguales a las de sus compańeras) ten�an los colores perfectos, las sombras, las protuberancias de la piel que las hac�an mandarinas y no tristes frutos de mala acuarela. Al regresar del colegio en su casa se encargaba de fijarle a�n m�s su condici�n est�tica: "Como t� eres artista, vamos a ver el atardecer", le dec�a su padre. Pero las cosas tienen su l�mite. En la adolescencia toda esa catarata de elogios empez� a molestarle. Hab�a demasiada sensibilidad en tomo a ella. Y un d�a se vio en casa de sus t�as en Bogot� absolutamente convencida de estudiar matem�ticas, idea que se disolvi� en la facultad de arquitectura de la Universidad Nacional. Ven�a de las familias liberales, de la Sant�sima Trinidad, un colegio condenado por el obispo de Pamplona porque a las monjas suizas, las "gachas", algunas de Westfalia, no les importaba ser franciscanas y boy scouts al mismo tiempo. Beatriz ven�a del final de la Segunda Guerra Mundial, del alboroto que se arm� en Bucaramanga porque dizque las "gachas" ten�an una emisora clandestina para hacerla apolog�a del Fuhrer en una regi�n del mundo que alguna vez pobl� Nicol�s de Federman. Y en Bogot� las clases de arquitectura resultaban un ladrillo en el sentido m�s estricto del t�rmino.

BOTERO,  EMPOBRECIDO VITALMENTE

Beatriz ve�a que el profesor pintaba un ladrillo en el tablero y con bostezos saludaba su equivocaci�n. Dos ańos de puro tenaz en la UN, hasta que se vio en un avi�n rumbo a Europa. Los clubes sociales de Bucaramanga quedaban bien lejos, all� no pasaba por persona rara y finalmente otra vez en Bogot�. Siempre en contradicci�n con su indudable vocaci�n de artista, Beatriz Gonz�lez decidi� estudiar bellas artes en Los Andes, pero con el prop�sito de convertirse en publicista a la vuelta de unos semestres. Para afirmar su necesidad parad�jica de no ser artista, le revolvi� al dibujo las humanidades y tom� largos y complicados cursos de metaf�sica (por ciertas necesidades interiores) con Danilo Cruz. Pero las lecturas, el contacto con Marta Traba ("una de esas personas que se reflejan dentro de uno y van diciendo cosas que te hacen pensar"), el hecho de compartir la vida con sus compańeras (Camila Loboguerrero, Gloria Mart�nez), le oblig� a dejar de sacarle el cuerpo a la pintura y confirmar con la vida diaria los presagios de las monjas, sus padres e inclusive la propia sensaci�n de dedicar la vida a algo, alguna vez, tan borroso y desagradable como el arte. Era la �poca en que Fernando Botero era el objeto p�nico del arte nacional. Botero lo hab�a hecho todo, nadie era mejor que �l, Botero era lo que ser�a. "Ahora sigo pensando que Botero es el gran artista colombiano, pero le ha ocurrido que ha fracasado como ser humano. A diferencia de Roda, que entre m�s ańos, m�s rico interiormente, Botero, el que dec�a cosas sensacionales, cada d�a se empobrece m�s vitalmente", dice Beatriz.

A Marta Traba la conoci� en un curso en la Universidad de Am�rica. Beatriz, en su condici�n de persona de provincia, no hab�a venido a la capital a perder el tiempo. Y Marta Traba ten�a precisamente la dimensi�n universal que ella no conoc�a, pues en Bucaramanga lo �nico que se conoc�a de la cultura eran las zarzuelas, las compań�as de comedia y los recitales de arpa de Nicanor Zabaleta.

El origen de su pintura, la que ella considera de verdad, se desprende de un viaje de su profesor Antonio Roda. El maestro Roda se fue a los Estados Unidos y para llenar el tiempo de trabajo de sus alumnos (estar�a ausente un mes), les encarg� a cada uno un cuadro. Beatriz hizo uno que desde un principio consider� espantoso. "Era un �leo que se llamaba `Los cretinos del pam-pam, un sitio al lado de la universidad. Yo estaba enfurecida por que unas personas que trabajaban en el coro con Amalia Samper -ese coro de gente dando palmaditas y cantando `carb�n-, no nos dejaban redondear las important�simas conversaciones que manten�amos. Los pint�, pero cuando supe que Roda regresaba, me di cuenta de lo malo que era. Tom� un afiche de Vel�squez, le ech� trementina, lo chorri� todo y listo".

A Roda y sus compańeras el nuevo cuadro les pareci� excelente. "Los cretinos" quedaron ocultos para siempre y Beatriz Gonz�lez sinti� que desde ese momento le iba a tocar ser pintora y olvidarse de paso de la academia. Hab�a que tener un sitio d�nde trabajar, que no fuera el aula. Adem�s sus t�as no la dejaban casi salir de casa, manteniendo una de esas vigilancias castrenses a que se acostumbraron la mayor parte de las colombianas. Con cinco compańeras camin� todo el centro de Bogot� buscando un estudio." La escena era invariable. Seis mujeres frente a un casero con cara de asombro y al fondo un letrerito: "Se arrienda pieza". Nunca lograron nada. Pero todo se solucion� cuando la universidad les entreg� una casita dentro del campus. Se acaba la academia, pintaban lo que quer�an, Marta Traba iba a hacerles cr�ticas, una que otra vez rodaba la botella, aparec�an los noviecitos, ella se sent�a de verdad pintora. Por �ltimo les dieron un s�tano enorme, llevaron muebles -material de desecho- y el grupo aument� con la llegada a la universidad de un tipo t�mido, que para espantar el rubor, se sentaba en los prados y le le�a La ll�ada a sus compańeras. Era Luis Caballero, el �nico compańero entre 90 mujeres, el muchacho que se com�a las uńas y a quien le temblaban las piernas cuando hablaba. Lleg� la disciplina sin necesidad de maestros; las tardes y las nochecitas con tarros de leche condensada, emparedados y una que otra rumba.

LOS CRITICOS:
UN PAPEL "DESTACADITO"

Marta Traba la marc�, como a tantos. De los Serranos y los Galaores, prefiere no hablar. Beatriz cree que los cr�ticos, por m�s inteligentes que sean, pierden el placer est�tico. Pero Marta la marc�. Lo primero que le dijo, la primera cr�tica escrita que hizo sobre el trabajo de Beatriz, se reduc�a a una frase: "Permanece en la neutralidad del color". Las compańeras le dijeron que Marta Traba le estaba dando palo. Beatriz en ese momento no entend�a muy bien qu� era neutralidad. Ahora sabe que los cr�ticos (salvo San�n Cano) han tenido "su papel destacadito". De ah� viene la frase que titula esta nota: "Controvertida, mamagallista y pop". Siempre se lo han dicho, se lo repiten como nosotros se lo repetimos. Ella sabe que son niveles de comprensi�n para el p�blico, no para ella. Le parece agresivo que le digan mamagallista, porque ella bien sabe que nada de lo que hace en el campo de humor, es a conciencia y muchos menos a ultranza. "Me siento muy normal haciendo y diciendo cosas, pero de pronto, la gente se mira asombrada. Casi que en el div�n de Freud, me he preguntado de d�nde sale el humor. Pienso que viene de mi condici�n de santandereana, la mirada cr�tica como la de Serrano Blanco que se pas� toda la vida dici�ndole pesadeces a la gente. Yo digo pesadeces y en las exposiciones, la gente cree que he bebido. No soy amiga del trago. Simplemente siento la necesidad de decir lo que pienso y parece que eso no est� muy bien. Adem�s tuve una educaci�n en un medio de buen gusto, donde me mostraban lo graciosas que pod�an verse unas nińas con su vestido y su lacito de primera comuni�n en la cabeza".

LOS SUICIDAS DEL SISGA

Al terminar sus estudios en Los Andes y los buenos momentos del s�tano convertido en estudio, Beatriz Gonz�lez regres� a Bucaramanga con el firme prop�sito de observar qu� era lo que hab�a aprendido. Vinieron las ofertas para que se quedara en Bogot�, monitora, profesora. Un buen d�a recibi� una carta de Marta Traba en la que le dec�a que el Museo de Arte Moderno hab�a tomado la decisi�n de impulsar artistas j�venes y que la primera escogida era ella. Hab�a pintado ya 15 cuadros, hab�a ganado un premio en Cali, en un sal�n de mujeres pintoras, y ese mismo ańo se cas� y gan� un premio en el sal�n Intercol. "Todo muy bien, todo muy bien y de un totazo".

Pero nuevamente la duda. Pintaba por pintar, como jugando ("cualquier d�a me podr�a volver como Omar Rayo"). Hac�a rayitas, puntos, sab�a c�mo poner la pincelada, sab�a colocar el color y gustar a la gente, pero en el fondo sent�a el hast�o de pintar por pintar bien. Fue entonces cuando aparecieron "Los suicidas del Sisga", en 1965, en la p�gina roja de los diarios. Dos enamorados se hab�an lanzado al Sisga porque no soportaban el mundo. La historia era de por s� tr�gicamente hermosa, pero Beatriz sinti� un inmediato inter�s por la imagen, por los tonos grises de la foto de prensa. Por eso despu�s har�a su serie de Turbayes, no por lo gordo del personaje, ni su corbat�n, sino por lo plano. En 1965 gan� el premio del Sal�n Nacional y todo result� tan bien, que decidi� irse del pa�s para no engolosinarse. Lleg� a Holanda "ese pa�s tenaz" en unos retiros espirituales de corte calvinista en un pueblo lleno de nieve, con su marido arquitecto becado, ella de dama acompańante, curti�ndose bajo el fr�o. Pero apareci� un cr�tico muy importante, Jansen, quien hoy "est� en el museo de cera" y sigue siendo amigo de los Provos. El tipo se fascin� de que una colombiana pudiera saber tanto de pintura holandesa y Beatriz lo encarret� con su afilada lengua bumanguesa-sabanera. No pod�a creer que una latinoamericana sin ser argentina, supiera esas cosas. Jansen dirig�a la academia de Rotterdam. All� Beatriz trabaj� en lo que quer�a, con sus colores planos. Le dijeron que ten�a nostalgia patria por pintar de ese modo. Cuando regres� a Colombia, para fortuna suya, el ambiente cargante que aseguraba que ella era la artista del futuro, se hab�a serenado. Hab�a otros: Salcedo, por ejemplo.

CURESE LAS AMIGDALAS SIN OPERACION

Luego, ańo tras ańo, vendr�a su gran trabajo, el encuentro con la seguridad como pintora, decenas de exposiciones, Beatriz Gonz�lez convirti�ndose en otro tipo de persona, con el humor m�s para adentro y luego para afuera en cada uno de sus vol�menes, de sus colores. Como que le anda sonriendo a todas esas cosas bellas que tiene el pa�s. El dibujo del Libertador que rueda por todo el pa�s sobre los buses del Expreso Bolivariano, los camiones de "Rojas trasteos" con todo y foto del seńor Rojas. Sus �lbumes de colecci�n se desbordan y solamente de Turbay ha repletado tres. Colecciona peri�dicos, boletines amarillentos, trasnochados, objetos indescifrables, muńecas viejas, fotos dańadas, mal impresas, rotas. Des de "Los suicidas del Sisga" dej� la pintura fina y lleg� a la pintura sucia, la que la gente del com�n considera mala. Le fascina la mala impresi�n, los grises corridos, los chorriados le llaman tremendamente la atenci�n. Los datos se los env�a la realidad a trav�s de la prensa, pero afirma tener contacto con la naturaleza. Corta, selecciona y empieza a trabajar. Para desligar su raz�n de su pasi�n explica: "Fotos como la de Marujita la nuestra bailando con Turbay no me interesan. Est�n demasiado bien impresas.

No hay en su trabajo una selecci�n ideol�gica deliberada, pues le interesa la imagen. Sin embargo al componer, cuenta cosas, narra, como con la cortina que cubre las ventanas de su apartamento, trabajo basado en una foto de una fiesta tras la posesi�n de Turbay, en casa de Zoraida Jaramillo, o su Bol�var acostado en la cama. Tal vez le recuerdan la propaganda de Leona Pura --esa limonada azul- donde se ve�an botellas metidas entre botellas. Y parece tener lo que ella llama "intuici�n art�stica". Su cortina cobr� actualidad, porque la acab� justo cuando el obispo de C�cuta recriminaba a Turbay por la desatada rumba de C�cuta. Sin embargo ella no quiere molestar "a todas esas seńoras distinguidas e inocentes". M�s a�n, le da pena tener que ponerlas en sus telas. Le da risa cuando dicen que Beatriz Gonz�lez sali� de Andy Warhol, por que mucho antes del pop, ella se interesaba por los avisos de prensa que dec�an "c�rese las am�dgalas sin operaci�n". Sabe que no hay tal. Todo estaba en el aire, aunque en los Estados Unidos fuera una escuela y le dijeran pop o kitsch.

PASION POR PALACIO

Ha sido una apasionada de los hombres que se sientan en Palacio. Su trabajo sobre la figura adiposa de Turbay es bien conocido y en �l sigue camellando. Los discursos de Valencia, sus actos p�blicos, todos est�n en su cabeza y en su mano. Dice que Pastrana se le ha quedado entre el tintero aunque un d�a lo pint� al lado de Turbay. Hace un tiempo escuchaba los discursos de Valencia y, como si fueran la mejor melod�a, la estimulaban mientras pintaba. "ĄEra tan maravilloso Valencia! Me permit�a pintar y sonre�r al mismo tiempo".. Considera que los discursos de Belisario Betancur son el summum. Dice que de �l se debe hacer un gran video, cuando no sea irrespeto. "Es un gran legado del doctor Betancur. Su actividad en relaci�n con la cultura es sensacional. El quiere la paz, quiere salvar al pa�s, pero como posibilidad est�tica, cuando m�s me entusiasma es cuando se mete con la cultura. Eso s� es verdaderamente fuera de serie. Hay que reivindicar su obra, llevarlo a la tela, al video. Ya me imagino: "Belisario emocionado por la poes�a", "Belisario recitando a Cavafis". "Belisario con Porfirio", "Belisario prometiendo cosas".

Desde la retrospectiva en Cali en 1976 no se hab�a visto en su conjunto la obra de Beatriz Gonz�lez. Todo el Museo de Arte Moderno estar� lleno hasta los manteles. Tras un largo trabajo se logr� localizar la mayor parte de los �leos y como Beatriz anda metida en trabajos de investigaci�n se investig� a ella misma y en 1976 hizo su propio inventario de casi 400 obras. Habr� �leos, latas, muebles, telones, cortinas y las grandes telas que se vendieron por retazos. Entonces desde el 26 de abril, en los tres pisos del museo, Beatriz Gonz�lez en toda su perspectiva, con sus cambios, sus reflexiones, sus mujeres muertas no identificadas, su vocaci�n por la p�gina roja, sus carcajadas en tono bajo, su alegr�a del subdesarrollo y sus ganas de joder a los que se sientan aludidos.

Tomado de la Revista Cromos No.3458, 24 de abril de 1984

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Quiero intensificar el dolor

por Paola Villamar�n, redactora de El Tiempo

Despu�s del atentado al club El Nogal, en Bogot�, la artista Beatriz Gonz�lez (Bucaramanga, 1938) tuvo que cambiar el nombre de la exposici�n que ahora presenta.  La hab�a titulado Todos somos Fredy refiri�ndose a ese "Fredy -dice- que el Ej�rcito confundi� con el guerrillero n�mero uno de Cali y que result� siendo su hermano".

Ese problema de identificaci�n inquiet� a la artista, pero el nuevo Freddy, esta vez con doble `d, de apellido Arell�n y quien seg�n la Fiscal�a introdujo el carro con explosivos al club El Nogal, modific� sus planes. "Tuve que cambiarlo porque `Todos somos Freddy era como `Todos somos asesinos, que es distinto", agrega.

A pesar del cambio de nombre de la exposici�n, Gonz�lez, una de las grandes artistas colombianas y cuyo trabajo se basa, en la mayor�a de los casos, en im�genes y noticias que aparecen en los peri�dicos, persisti� en la problem�tica de la identificaci�n y decidi� titular la muestra, Ver�nica, el nombre de la mujer que sirvi� como veh�culo para que Jes�s dejara impresa su imagen en un sudario.

El tema de la identificaci�n est� abordado desde dos caminos. Gonz�lez parti� de las impactantes fotograf�as de los indigenistas muertos, en las que sobresale el destello de sus ojos abiertos por las manos de un desconocido. "Ese fue el punto de partida de la exposici�n", agrega. Los rostros est�n abordados con los colores Beatriz Gonz�lez -vivos, fuertes, chillones y llenos de contrastes- y el fondo de las pinturas est� tratado con cruces.

Gonz�lez pens� que si hab�a un sistema de identificaci�n importante eran las mascarillas, de las mismas con las que se busca recordar a pr�ceres o politicos fallecidos. Se mand� a hacer varias para convertirse en su propia modelo e hizo que alguien le tomara fotograf�as mientras estaba acostada en un sof� con el yeso sec�ndosele en la cara. El resultado son las series Autorretrato con mascarilla y Ver�nica. En esta �ltima, explica la historiadora de arte Carmen Mar�a Jaramillo, confluyen la muerte de los otros y la de. s� misma.

"Quiero intensificar el dolor -agrega Gonz�lez- porque lo que se ha hablado siempre es que la prensa registra, pero vuelve todo tan cotidiano que la gente ya no siente nada. Yo retomo la prensa y lo vuelvo m�s perenne. La prensa es temporal, de cierta manera la labor del artista es no permitir que se olviden la muerte y el dolor".

Para Gonz�lez tener una posici�n art�stica es importante y estar comprometida, tambi�n. Inclusive los nombres de otras series de esta muestra hablan de nuestro pa�s: P�senlos a la otra orilla se refiriere a la orden de Romańa de asesinar a los indigenistas y Yo les dije que no fueran retoma las palabras del abuelo que les pidi� a los j�venes, que fueron asesinados en el Macizo Colombiano, no ir a acampar a ese lugar.

La artista reitera la importancia de la �tica en el trabajo art�stico, de saber hasta d�nde se puede trabajar un tema, y recuerda una an�cdota vivida con la cr�tica colombo-argentina Marta Tra ba, que fue su gran impulsora.

"Yo ten�a en mi es tudio -dice- dos Suicidas del Sisga. El primero, con el que gan� el premio de pintura en 1965 no me satisfizo porque debajo ten�a otro cuadro. El segundo no me gust� por el color. Decid� hacer un tercero, que era chiquito. Marta Traba fue a mi taller y me dijo: `T� no te la vas a pasar toda la vida pintando Suicidas del Sisga. Yo estaba en una lucha interna por encontrar el perfecto, pero ella ten�a raz�n".

Tomado del peri�dico El Tiempo, 11 de noviembre de 2003

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Una estrella del "pop"

por Hern�n D�az

Con la misma importancia y en el mismo ańo en que surge el arte pop en los Estados Unidos, aparece en Colombia Beatriz Gonz�lez. Cuando vino a mi estudio hace 43 ańos para hacer esta fotograf�a donde est� sosteniendo una de sus pinturas, ni ella ni yo sab�amos de la existencia de Tom Wesselman, James Rosenquist o Andy Warhol.

Tampoco sab�amos que se estaba gestando en el mundo la m�s controvertida escuela del siglo despu�s de Picasso y los cubistas. Los americanos se inspiraban en los desechos de la sociedad de consumo y Gonz�lez en los iconos dom�sticos cotidianos. Beatriz Gonz�lez descubre un arte POPular en las l�minas del Sagrado Coraz�n o de La Virgen del Carmen y las �nimas del Purgatorio entre las llamas, y vierte esa imaginer�a sobre objetos de fabricaci�n primitiva, camas met�licas, mesitas de noche, cunas y bandejas y tambores de juguete con una genialidad imposible de emular ni siquiera por el artesano original. Nada escapa a su selecci�n: los pr�ceres, los santos, el �ngel de la guarda, los buses rurales y las postales ingenuas. En 1965 y 1967 recibe el Primer Premio en el Sal�n de Artistas Nacionales con sendas obras como "Los suicidas del Sisga" y una pintura sobre objetos de hojalata que titul� "Apuntes para la historia extensa de Colombia". Por reducir a Bol�var y a Santander a la condici�n de ornamentos recibe el repudio un�nime de los acad�micos.

No solo se convirti� en la m�s nacionalista de nuestros artistas sino que invent� la profesi�n de gu�a de exposiciones de arte y por ańos se le conoci� en el Museo de Arte Moderno de Bogot� y en el Museo Nacional como la persona m�s autorizada para comentar a instruir a los visitantes sobre las obras de arte de nacionales y de invitados extranjeros. El fruto de esta labor se ver� muy pronto en dos libros que tiene en preparaci�n: Historia del Arte colombiano a Historia de la caricatura en Colombia.

La influencia de Beatriz Gonz�lez en sus alumnos es enorme. No porque intente perpetuar una era de la cual fue indiscutiblemente la protagonista, sino porque como gu�a y profesora de Arte es objetiva a imparcial. Admira y estudia apasionadamente a sus colegas y no le intimida cambiar de opini�n si el artista analizado no corresponde a sus expectativas. Hace un ańo decidi� retirarse de la actividad docente porque quiere regresar a sus lienzos y pinceles, pero las directivas del Museo Nacional le pidieron "silencio y unos meses m�s" hasta tanto no hubieran conseguido un reemplazo; lo hallaron en Cristina Lleras, una estudiante graduada en Historia del Arte de la Universidad de Georgetown. As� como Beatriz Gonz�lez produjo para el Museo Nacional de Colombia el libro m�s importante sobre jos� Mar�a Espinosa (abanderado del Arte en el Siglo XIX) es hora de que otro artista investigue y produzca un libro sobre Beatriz Gonz�lez, la m�s sobresaliente estrella del POP en Colombia.

Tomado de la Revista Credencial No.207, febrero de 2004

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Beatriz Gonz�lez: Provocaci�n ir�nica

Por Nolland Cotter,  Columnista de arte de The New York Times

Este art�culo recuerda cuando Beatriz Gonz�lez hizo su primera presentaci�n en Nueva York. Ahora abre el libro sobre la artista de Villegas Editores con auspicio de Seguros Bol�var

El multiculturalismo es un fen�meno complejo, tan dulce como amargo. Durante la �ltima d�cada del siglo, artistas e incluso culturas enteras, que hab�an sido excluidas e ignoradas por la tendencia en boga, ganaron admisi�n, por lo menos tentativa, al mercado del arte contempor�neo controlado por E.U. y Europa. Sin embargo, las condiciones de entrada han sido a menudo caprichosas y limitantes.

En un momento dado la demanda institucional se inclina por estilos "internacionales" basados en modelos occidentales; un instante despu�s por trabajos que se consideran suficientemente espec�ficos desde el punto de vista cultural para ser "aut�nticos". En el primer caso el riesgo estriba en la creaci�n de una cierta homogeneidad global; en el segundo, en una nueva versi�n de exotismo.

Como en cualquier �poca, los artistas m�s interesantes logran superar las opciones con vencionales y establecer sus propias reglas. Tal es el caso de la pintora colombiana Beatriz Gonz�lez (1938), cuya obra conoc� en una muestra de 30 ańos de su trabajo, organizada por Carolina Ponce de Le�n en El Museo del Barrio, que marc� el debut individual de la artista en Nueva York.

El t�tulo mismo de aquella muestra, `Qu� honor estar con usted en este momento hist�rico, capta la t�nica de la pintura figurativa de Gonz�lez: entre burlona y formal, ocultando reservas de emoci�n tras una fachada p�blica dif�cil de leer. La ambig�edad est� presente en todo: en im�genes que combinan dramas de follet�n con �conos de arte can�nico; en un estilo pict�rico dom�sticamente acogedor, y hasta en su propia descripci�n -medio insolente, medio resignada- de su trabajo como "una pintura subdesarrollada para pa�ses subdesarrollados".

No hay duda de que su trabajo, con esa cantidad de referencias a t�picos espec�ficos, est� �ntimamente ligado a un tiempo y a un lugar. Ella creci� en Colombia en los ańos cuarenta y cincuenta y se form� durante un periodo calamitoso que hoy d�a se denomina sencillamente como `la violencia. En Bogot�, estudi� pintura e historia del arte, pese a que la ciudad en s� no pose�a una colecci�n de arte europeo.

Pero, en cambio, ten�a una vibrante cultura multirracial y una prensa popular �vidamente sensacionalista. Estos elementos se convirtieron en fuente de algunas de las obras tempranas de la artista, incluyendo Los suicidas del Sisga 1(1965), con que se abri� la muestra. El pequeńo lienzo es directo: all� aparecen, de medio cuerpo, un hombre y una mujer j�venes, tomados de la mano, sonriendo distra�damente. Con sus formas sencillas y sus colores llamativos, este cuadro podr�a ser f�cilmente un cartel popular: algo as� como un anuncio de tienda, que de manera rom�ntica tratara de exaltar las ventajas de la vida conyugal. De hecho, la imagen se basa en la fotografia que una joven pareja se hizo tomar antes de suicidarse, ahog�ndose. En una carta de despedida, explicaban que se hallaban profundamente enamorados pero que, debido a sus profundas convicciones religiosas, hab�an preferido morir a mancillar la pureza de la joven.

El cuadro es uno de varios pintados a fina les de los sesenta, en los que Gonz�lez explor� la incisiva violencia de la sociedad colombiana. Por esos mismos ańos, produjo tambi�n una serie extraordinaria de dibujos en tinta sobre el mismo tema. Algunos basados en fotograf�as de cr�menes pasionales y asesinatos pol�ticos, aparecidas en tabloides; otros en propagandas de fisicoculturismo y remedios para el dolor de cabeza. Es muy diciente que, en manos de Gonz�lez, los dos tipos de imagen sean totalmente inconfundibles.

A lo largo de los sesenta y los setenta, la artista continu� trabajando con im�genes de reporter�a gr�fica, un movimiento radical en una Am�rica Latina donde "gran arte" significaba tradici�n acad�mica europea. Luego comenz� a darle la vuelta al asunto, adaptando libremente obras maestras cl�sicas de la pintura europea a formatos vern�culos.

De esta �poca data un grupo de obras imaginativas e irreverentes que Gonz�lez pint� o agreg� a muebles de producci�n masiva o a utensilios dom�sticos encontrados en los mercados callejeros de Bogot�. La �ltima cena de Leonardo aparece pintada en colores llamativos y figuras numeradas sobre una mesa de comedor de madera falsa. Una bańista de Degas en el fondo de un plat�n de aluminio.

Forma y funci�n se mezclan espectacularmente en varias obras de tamańo mural no incluidas en la muestra. En una, Gonz�lez re construye una pintura panor�mica de nen�fares de Monet sobre 20 metros de pl�stico para cortina de ducha. En otra, pint� Le Moulin ale la Galette, el himno de Renoir al ocio de la clase media, sobre un rollo largo de papel que puso a la venta por cent�metros, como cualquier tela de pieza.

Estos ejemplos de pintura "subdesarrollada" representan muchas cosas: homenajes a artistas que Gonz�lez admira verdaderamente, pero tambi�n una mezcla ingeniosa de trabajo burocr�tico oficial e ilustraci�n hist�rica. Estos trabajos le permitieron a Gonz�lez, que expone regularmente en Colombia y ha enseńado all� por ańos, traer al pa�s obras maestras europeas, incluso de segunda mano. Y ellos mostraron el gran cambio que experimenta cualquier arte cuando es trasladado de una cultura a otra: cambian las formas, los significados y las valoraciones.

Aunque tales ideas resultan perfectamente v�lidas hoy d�a, cuando Gonz�lez present� estas obras en la Bienal de Venecia de 1978, pasaron pr�cticamente inadvertidas. En los ochenta, ella cambi� el rumbo de su arte, volviendo de nuevo hacia donde habla empezado, como la pintora de la historia de su propio pa�s. Otra vez recurre a los sucesos actuales, s�lo que ahora los frasea en t�rminos forma les m�s complejos fragmentados, expresionistas, surrealistas- como resulta evidente en dos pinturas �ntimamente relacionadas que ella produjo en respuesta a una cat�strofe c�vica.

En noviembre de 1985 guerrilleros arma dos ocuparon el Palacio de Justicia en Bogot�, tomando como rehenes a decenas de magistrados. El grupo guerrillero, uno de los muchos que hay en Colombia, hab�a estado activo por ańos y hab�a ganado un apoyo p�blico considerable. Es imposible saber si el incidente hubiera podido terminar pac�ficamente. Seg�n se inform�, los militares bombardearon el edificio, matando por igual a guerrilleros y civiles.

Las pinturas de Gonz�lez, ambas tituladas Seńor Presidente, qu� honor estar con usted en este momento hist�rico, describen el incidente a trav�s de una lente alucinante. En uno de ellos, hecho en colores brillantes, el sonriente presidente y su gabinete, flanquea dos por soldados uniformados, se sientan en una mesa que tiene como adorno central un ramo de flores de color rojo sangre. En la otra, hecha en un sombr�o grisaille de peri�dico, las figuras sentadas siguen ah�, pero las flores han sido reemplazadas por un torso humano calcinado.

Como siempre, la intenci�n de Gonz�lez no es tanto encontrar culpables -cosa pr�cticamente imposible en este caso- como sugerir que la violencia en s� es una condici�n existencial, cuyo poder se refleja a trav�s de todo su trabajo siguiente, incluyendo una serie de pinturas de comienzos de los noventa -ejemplo de las cuales es el cuadro La isla del conejo de la suerte (1993)- en la que cuerpos masculinos vestidos con traje y corbata flotan, como Ofelia, en un agua oscura. No resulta claro si sus muertes fueron violentas o accidentales, pero todos encontraron el agua por tumba.

En sus m�s recientes pinturas de figuras femeninas solas, confluyen la pol�tica, la historia del arte y lo personal. Las figuras son adaptadas de dos fuentes: las ex�ticas im�genes de mujeres polinesias de Gauguin y las fotograf�as que los noticieros mostraron de las madres de soldados colombianos secuestrados, destrozadas de dolor. En dos de las pinturas, las sollozantes mujeres morenas lucen faldas decoradas con escenas de un para�so tropical perdido. En una tercera, la artista se pinta a s� misma desnuda, su piel de un azul muerte, con sus manos cubriendo la cara como si estuviera mirando por entre los dedo cosas que dif�cilmente resiste ver.

Gonz�lez ha dicho que su pintura es "un arte provinciano que no puede circular universalmente sino acaso como curiosidad". Y esto, sin duda, presenta problemas. Su estilo pict�rico decididamente �spero y anti-acad� mico -formas extrańas y superficies ordinarias-no ser� para todos los gustos. Y sus referencias, culturalmente enraizadas, pueden dificultar la interpretaci�n de sus juegos de humor, desespero y afecto.

No obstante, la din�mica de su trabajo sugiere muchas cosas y ofrece puntos de comparaci�n interesantes, as� sea de manera indirecta, con algunos de sus contempor�neos neoyorquinos. Por ejemplo, su trabajo tiene paralelos con el de Andy Warhol. Ambos manejan material popular similar, desde tragedias de prensa amarilla hasta �ltimas Cenas. Ambos plasman sus im�genes en formas de arte menor (Warhol en seda de screen industrial, Gonz�lez en muebles baratos). Ambos esconden un arte de apasionada observaci�n social, tras una fachada de estudiada neutralidad.

Warhol, desde luego, fue una ficha clave en el mercado institucional internacional. Gonz�lez no. Ella decidi� forjar un universo art�stico a partir de su propia realidad, de notable riqueza y profundidad. As� pues, no sorprende saber que cuando en 1984 se preparaba en Colombia un cat�logo de sus obras, ella insisti� en que el libro se titulara Beatriz Gonz�lez: una pintora de provincia. Como muchos de sus colegas del mundo en los multiculturales comienzos de siglo, ella ha convertido su esta tus "perif�rico", en una escarapela de orgullo.

Tomado del peri�dico El Tiempo, 29 de octubre de 2005

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BEATRIZ GONZ�LEZ 

Por Eduardo Arias, Editor de cultura de Revista Semana

Artista, historiadora, con su mente l�cida y cr�tica ha sido capaz de reinterpretar la historia de Colombia y, del arte universal.

La toma del Palacio de Justicia parti� en dos la vida de Beatriz Gonz�lez. Hasta ese momento su trayectoria como artista hab�a estado marcada m�s que todo por el humor, la cr�tica festiva y la irreverencia. Pero desde ese d�a ella decidi� no burlarse m�s, no volver a re�rse de la realidad del pa�s y se dedic� a plasmar el tema de la muerte en un pa�s sometido a la cultura de la muerte.

Beatriz Gonz�lez naci� en Bucaramanga el 16 de noviembre de 1938 y estudi� arquitectura en la Universidad Nacional, y bellas artes en la Universidad de los Andes.

Su madre, que la llevaba por los pueblos de Santander, la hac�a caer en cuenta del `mal gusto de lo popular: esos colores estramb�ticos en paredes y tejidos, esos vestidos con lazos de seda de las nińas de pueblo. Pero ella, en vez de escandalizarse como pretend�a su madre, comenz� a gustarle todo aquello y se alej� del formalismo y la elegancia de sus primeras obras.

Su b�squeda la llev�, por un lado, a reinterpretar las obras del arte universal en el contexto de un pa�s perif�rico que las recibe de tercera mano. Por el otro, a buscar material en las cr�nicas rojas de los diarios y as�, en 1965, encontr� la historia de una pareja de enamorados que se suicidaron en el embalse del Sisga. En ese momento, dice ella encontr� su v�a.

Sin embargo, algo le fallaba: los materiales. El �leo y el lienzo eran demasiado finos. Comenz� a explorar materiales impensados en las academias de arte, como superficies de metal y esmaltes sint�ticos; en objetos met�licos que consegu�a en bazares populares, como camas de metal, mesas de noche, bandejas y platones donde realiz� versiones de Vermeer, Manet, Da VineĄ; pint� papas, h�roes de la historia patria y de la Biblia, y del metal pas� a soportes tan ins�litos como pl�stico verde para invernadero, toallas, cortinas para bańo, lona costeńa, acabados de cielorraso....

Fue una labor tit�nica, pues aprender a trabajar estas t�cnicas le exig�a un gran esfuerzo y, una vez dominado, se aburr�a y buscaba un soporte nuevo y volv�a a empezar casi de cero. Su �ltimo mueble data de 1981, un televisor al que le pint� en la pantalla la cara de Turbay

Fue precisamente durante el gobierno de Turbay que Beatriz Gonz�lez se acerc� a las im�genes de los pol�ticos, que comenz� a plasmar no s�lo en algunos de los materiales antes descritos, sino tambi�n en soportes gr�ficos comerciales como los carteles callejeros, que les daban una connotaci�n perturbadora a las anodinas fotos sociales de personajes que publicaba la prensa.

Pero Beatriz Gonz�lez no s�lo se ha dedicado a pintar. En 1975 pudo aproximarse a fondo al Museo Nacional (del cual fue curadora de las colecciones de arte e historia entre 1989 y 2004) y esto le despert� una nueva pasi�n: la investigaci�n hist�rica, la escritura y, con el paso de los ańos, se convirti� en una experta en el siglo XIX.

No es f�cil encontrar en Colombia una mente tan l�cida como la de Beatriz Gonz�lez. A esto se suma su constante inter�s por investigar y evolucionar, su gran capacidad para combinar humor y rigor, su pasi�n por lo universal y lo local y, sobre todo, su talento excepcional para reinterpretar el arte, la historia, el periodismo y la pol�tica.  Tantos artistas y proyectos que triunfan hoy con sus exaltaciones de lo popular tienen una inmensa deuda de gratitud con Beatriz Gonz�lez, quien alguna vez se defini�, a mucho orgullo y mucho honor, como "una artista de provincias".

Tomado de la Revista Semana Edicion No. 1224, 17 de octubre de 2005

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Beatriz Gonz�lez, en su tinta

por Mar�a Paulina Ortiz, Redactora de EL TIEMPO

Una tarde, despu�s de almorzar, Beatriz Gonz�lez camin� sola hacia uno de los locales que hay cerca del Cementerio Central. Entr� y la petici�n que hizo dej� sorprendido al empleado.

-Quiero que me haga una m�scara mortuoria.

No era algo usual, reconoce Beatriz. Pero el tema que ven�a trabajando en sus cuadros lo exig�a. Ya hab�a pintado muchas escenas de muerte, s�, pero no la suya.

-Necesitaba la experiencia de mi propia muerte.

Me dice la artista en su estudio, piso 19 de un edificio del centro bogotano. De mańana, el sol decembrino entra fuerte por las ventanas.

El primer cuadro que me muestra, con orgullo, no es ninguno suyo. Es de su nieta de 6 ańos. La abuela le est� enseńando a pintar al �leo.

Ah� cerca est� su m�scara de yeso. La toma sin reparo y me seńala los detalles, le qued� incluso uno que otro pelo pegado en los bordes.

-Lo terrible es que pens� que me iba a morir. Fueron 20 minutos eternos.

Dice la artista al recordar el momento en que se la realizaban. Ahora esta imagen aparece en sus �leos sobre tela y papel, en diferentes colores, en su serie Ver�nica.

Pocas veces Beatriz Gonz�lez - una de las artistas pl�sticas m�s reconocidas en el pa�s- ha usado su propio rostro para sus cuadros. Una o dos veces no m�s, durante su trayectoria de 42 ańos.

En su obra, como en pocas otras, ha aparecido reflejada la historia del pa�s. Esto que da claro al recorrer las pinturas del libro que acaba de editar Seguros Bol�var y Villegas Editores. Casi 200 obras, desde sus primeras creaciones reci�n egresada de Bellas Artes de la Universidad de los Andes, hasta hoy.

Seguros Bol�var y Villegas Editores dedicaron su libro anual de artista a la obra de la pintora Beatriz Gonz�lez. Cuatro d�cadas pintando al pa�s.

Tomado del peri�dico El Tiempo, 6 de diciembre de 2005

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Una luz sobre la oscuridad

Obras que abordan la violencia desde distintos �ngulos.

por Mar�a Cristina Pignalosa, redactora de El Tiempo

La sombra es una forma metaf�rica que la artista Beatriz Gonz�lez utiliza para dejar constancia del velo violento que cubre a Colombia. A partir de registros reales de hechos violentos, desarrolla su obra, que es conmovedora. La muestra, en la Galer�a Alonso Garc�s, se titula `Donde la misma claridad es sombra y re�ne tres series.

La primera se llama Piedad. Realizada en 2004 y 2005, est� inspirada en una obra de Giotto, que est� en la Capilla Scrovegni de Padua, Italia. La imagen le inspir� reflexiones, luego de- un comentario de su esposo "La Virgen tendida sobre el cuerpo del Cristo parece un �guila". Son seis obras de mediano y gran formato.

En la serie Vistahermosa, de este ańo, asocia su trabajo a la masacre ocurrida en esa zona y relaciona con dos fotos del peri�dico que documenta el hallazgo de fosas comunes cerca de Medell�n y las consecuencias de un ataque de la guerrilla al municipio caucano de Caldoso. La serie Domingo de Resurrecci�n, esta compuesta por pinturas y dibujos horizontales donde se repiten sobrepuestos rostros, caras, manos y los maderos de un carguero capturado por un fot�grafo que cubri� la matanza en Taraz�, (Antioquia).

Tomado del peri�dico El Tiempo, 2 de septiembre de 2006

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Historia de una carta furtiva

Ondas de Rancho Grande

por Diego Guerrero

Ondas de rancho grande, como se titula la pieza, no es una obra intocable que Beatriz Gonz�lez enviar� a los colombianos que quieran coleccionarla, sino una pieza que cada cual podr� usar y alterar a su gusto. "La gente la va a poder colorear o enmarcar a esta santa in�dita, que no est� en el santoral.

Creadora de �conos a partir de fotos de prensa, Gonz�lez consider� que esa foto ten�a un principio que parec�a suyo. "Hac�a mucho que no encontraba una imagen tan poderosa", dice una de las artistas m�s trascendentales del arte colombiano.

Pero en realidad la imagen no le pertenec�a, hab�a sido tomada por el periodista �lvaro Sierra en la hacienda Santa Paula, en C�rdoba, de donde Izquierdo y 700 familias hab�an sido desplazadas despu�s de haber vivido y sido beneficiarias de una reforma agraria del jefe paramilitar Fidel Castańo Gil.

Reun�a elementos como la "simplicidad" y la "sencillez". Ten�a el valor de la concreci�n. Esa que tienen las im�genes de las ventanas posteriores de los buses para que quienes van detr�s, en la carretera, las identifiquen r�pidamente.

Pocos d�as despu�s vio la misma imagen, pero en color. Se identific� m�s con ella: "Ten�a un verde y un amarillo que yo trabajo. Eran colores de los que yo pod�a apropiarme f�cilmente: el verde lim�n del campo, el azul de su ropa y el color de su cara, que se puede transformar en un rosa o un lila". Entonces llam� a Sierra para que le permitiera usarla. "Uno de los m�ritos de lo que hizo fue aprovechar un documento period�stico para volverlo arte", comenta el periodista.

Mientras pensaba en esa bella imagen de una m�rtir, de una "santa moderna" (asesinada por un sicario despu�s de avisar a las autoridades en repetidas ocasiones que la iban a matar), Gonz�lez recibi� una propuesta del curador Juan Andr�s Gait�n para que participara con su proyecto Transmisiones, organizado por �l, Mar�a Clara Bernal y Fernando Escobar para el Sal�n Nacional del Ministerio de Cultura.

La b�squeda del proyecto era que Gonz�lez y otros artistas pudieran transmitir su obra a trav�s de medios masivos. "En primer lugar, quer�a que esa imagen se fuera transformando y difundiendo como las ondas de radio. Por otro lado, que la imagen se deb�a repetir, repetir y repetir", agrega Gonz�lez para explicar por qu� su �cono, que viene despu�s de tantos otros de su creaci�n, como sus suicidas del Sisga o sus mujeres empalizadas, est� compuesto por la imagen repetida de la misma mujer, que cuando sea impreso por EL TIEMPO volver� a repetirse. La idea es que los lectores la coleccionen y se apropien de ella dibuj�ndola, poni�ndole velas o enmarc�ndola.

Gonz�lez pens� en la necesidad de enmarcarla. Se acord� de que ten�a unas impresiones de unas carpetas de pl�stico, comunes en los 70. "La �nica manera de volver a este �cono una santa era enmarc�ndola en algo popular. Es que en Colombia hay una serie de santas que luchan por algo que no solo las va a beneficiar a ellas, sino a todos", agrega. Podr�n ponerle velitas y flores". As� Yolanda Izquierdo seguir� en la memoria de los colombianos no solo como una luchadora por los desplazados de C�rdoba, sino como una imagen bella, permanente y propia de cada casa. Y as� Beatriz Gonz�lez seguir� construyendo im�genes para recordarnos y hacernos pensar en qu� pa�s vivimos.

Tomado de http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-4201377# 

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La artista Beatriz Gonz�lez interviene los columbarios
del Cementerio Central de Bogot�

En los columbarios del Cementerio Central de Bogot�, la artista Beatriz Gonz�lez ha cubierto los tenebrosos, solitarios y abandonados nichos de los NN con dibujos que invitan a acercarse. Al hacerlo se observan las figuras de cargueros, pero no de aquellos que durante el siglo XIX transportaban gente por trochas y precipicios. Los cargueros del presente cargan muertos.

Los temas de la artista bumanguesa siempre han detonado por alguna nota de prensa y este, titulado Auras an�nimas, no es la excepci�n. En 2003, el proyecto de erradicaci�n manual de plantas de coca en Vistahermosa (Meta) parec�a un buen ejemplo de trabajo mancomunado entre campesinos y combatientes reinsertados, pero todo se vino abajo cuando fueron asesinados por la guerrilla. Solo un grupo de hombres se resisti� al miedo y fue a buscar sus restos desperdigados.

Esa imagen, captada por la prensa, movi� las entra�as de Gonz�lez, quien de ah� en adelante se dedic� a dibujarlos y convertirlos en �conos del presente de Colombia.

Los dibujos de estos hombres que cargan la muerte hoy decoran 9.000 l�pidas olvidadas en el cementerio de los pobres y restituyen su memoria. "Que sean tantos tiene una intenci�n �explica la artista� en este pa�s hay que repetir las cosas mil veces, pero con ojos de presente y no de pasado". Y es que para ella es muy distinto hacer un parque con estatuas neocl�sicas, que no apelan a la memoria colectiva pues nadie puede reconocerse en ellas, a hacerlo con una imagen que es s�mbolo de una �poca triste y que no le es ajena a los colombianos.

Eso fue lo que, de hecho, ocurri� con el dibujo que hizo de la l�der comunitaria Yolanda Izquierdo, basado en una foto que le fue tomada por un periodista mientras denunciaba el despojo de sus tierras. La gente intervino la obra, se apropi� de ella, la volvi� s�mbolo de una tragedia. "En lugar de morir en la basura luego de ser le�a en el peri�dico, esa imagen, esta noticia, adquiri� otra dimensi�n y se fue a otros ambientes m�s amplios �recalca Gonz�lez�. M�s que el artista como persona, es la obra la que resuena".

La doble faz

Pero m�s all� de ser un trabajo de arte p�blico de dimensiones monumentales, Auras an�nimas marca el final de un cap�tulo de la larga puja entre quienes buscan la conservaci�n de los columbarios y quienes pretenden demolerlos para levantar un parque de recreaci�n pasiva, destino id�ntico al que corri� el costado occidental del cementerio, hoy convertido en el Parque del Renacimiento.

El tema se remonta a 2002, cuando ya hab�an sido retirados los restos humanos que quedaban y se hab�a decretado que la estructura no ser�a m�s un cementerio. El cambio de uso dio origen a discusiones acaloradas entre funcionarios de la Administraci�n Distrital y acad�micos, artistas y profesionales de patrimonio.

Los primeros dec�an que hab�a que mirar la ciudad con ojos de progreso, aduc�an la debilidad de la estructura y segu�an la recomendaci�n del arquitecto Rogelio Salmona de demoler los columbarios porque carec�an de valor arquitect�nico y dejar solo los techos dentro de un parque. Los otros, por su parte, replicaban que no era admisible borrar de esa manera el pasado y argumentaban que bastaba reforzar la estructura para mantenerla en pie. Al final, fueron tumbados dos columbarios. Hoy sobreviven cuatro.

Indignada por la forma como el gobierno local pretend�a arrasar con la memoria, la artista Doris Salcedo propuso destinar esa parte del cementerio a intervenciones art�sticas que duraran de dos a tres a�os e invitaran a la reflexi�n. La idea tuvo gran acogida al comienzo, pero se fue diluyendo con el paso de los d�as. El �nico que realmente hizo algo art�stico en dichas estructuras fue el entonces alcalde Antanas Mockus, quien escribi� una frase que acompa�� a los bogotanos por a�os: "La vida es sagrada".

De modo que los columbarios quedaron abandonados, se llenaron de pasto y se convirtieron en morada espor�dica de uno que otro habitante de la calle. Incluso dieron origen a la leyenda de que hab�a un hombre de negro que los cuidaba de forma espectral.

Un problema estructural

Sin embargo, la proximidad del Bicentenario de la Independencia ha inclinado el debate a favor de quienes quieren conservar las estructuras. 

Conectada con la tendencia mundial de hacer monumentos que recuerden a las v�ctimas de las guerras y de los reg�menes autoritarios, la Secretar�a de Gobierno convoc� a un concurso arquitect�nico para construir all� el Centro del Bicentenario para la Memoria, la Paz y la Reconciliaci�n. El ganador fue el arquitecto Juan Pablo Ortiz, quien dise�� un edificio que se levantar� al lado de los columbarios, se incrustar� en la tierra y penetrar� las entra�as de un lugar que est� lleno de memoria de la ciudad. 

Seg�n el director del centro, Camilo Gonz�lez Posso, es importante que este lugar sea reconocido e identificado como espacio de memoria y reflexi�n: "No puede olvidarse que all� fueron enterradas muchas personas por m�s de un siglo. Lo que queremos hacer no es invocar la tragedia, sino dignificar la memoria de los que se fueron".

Para �l, la discusi�n t�cnica de si las b�vedas pueden soportar el peso de los a�os es un asunto que le concierne a la ingenier�a y tiene f�cil soluci�n. "Desde la perspectiva de memoria es importante que queden b�vedas all�, y no solo hacer unos techos con columnas, que es lo que muchos pretenden �a�ade Gonz�lez Posso�. Yo dir�a que si hay una tensi�n entre t�cnica y memoria, debe primar la memoria".

Una opini�n plenamente compartida por Beatriz Gonz�lez, que de hecho la motiv� a participar e inaugurar el proyecto. "La presencia de la muerte exige una ceremonia �puntualiza la artista�. Querer borrarla de la memoria colectiva es ir en contra del ser humano que necesita preservar el recuerdo de sus muertos". Despu�s de todo, piensa Gonz�lez, una ciudad que pierde sus lugares ceremoniales es una ciudad que borra su pasado. De all� la importancia de reiterar su existencia e importancia. Su obra en el Cementerio Central demuestra que, al menos por ahora, le han dado la raz�n.

Foto: Javier Nieto / www.cambio.com

Tomado de http://www.orbiarte.com/articulo.php?id_articulo=158  , 2009

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En el Cementerio Central de Bogot�

Gonz�lez y Salcedo, unidas por la memoria

Una cruzada para evitar que sean tumbados los columbarios -sitios con nichos para guardar osarios- del Cementerio Central de Bogot� hizo que se reunieran dos de las artistas colombianas m�s reconocidas: Beatriz Gonz�lez y Doris Salcedo, que son, respectivamente, maestra y alumna. Dos de los columbarios ya fueron derribados y, al parecer, est�n a punto de tumbar el tercero. Los dem�s ostentan la obra Auras an�nimas, hecha por Gonz�lez en los espacios que alguna vez tuvieron l�pidas con epitafios y que siguen sentenciados a ser demolidos.

Su reuni�n con Salcedo, que era abierta al p�blico, se hizo un mes antes de la inauguraci�n de la muestra, que ser� el 22 de septiembre pr�ximo. Desde el 2005, los columbarios quedaron vac�os. Gracias a la intervenci�n de Gonz�lez, las l�pidas de 8.957 nichos ostentan figuras negras, hechas en serigraf�a, de un par de personas que transportan un cad�ver.

Gonz�lez explic� que el proyecto viene de a�os atr�s, cuando se enter� de que iban a tumbar los columbarios para construir un campo de f�tbol y un patin�dromo. Movida por el respeto hacia los lugares ceremoniales, decidi� proponer la intervenci�n art�stica de esas construcciones. Y Salcedo -explic� Gonz�lez- acudi� a la Alcald�a, en pos de salvar ese lugar, que era sitio de peregrinaci�n de la memoria y, en los �ltimos a�os, se convirti� en escenario de brujer�a, de desplazados y de abandono. "Mockus se conmovi� mucho -recuerda- Doris hizo un proyecto por su cuenta, con un seminario para pensar seriamente qu� pod�an hacer all� los artistas y c�mo trabajar estas obras".

El proyecto qued� en el aire con el cambio de alcald�a. Y una noche, al pasar frente del cementerio, Gonz�lez pens� que deb�a ponerles l�pidas a los recept�culos sin luz, cuya visi�n era tr�gica. Y pens� en que "antes los cargueros transportaban gente viva (...) en este momento nosotros estamos viendo c�mo transportan cad�veres en hamacas, otras veces simplemente amarrados con cuerdas; otras, en pl�stico. Es muy s�rdido, pero es la realidad colombiana".

De im�genes de prensa, que Gonz�lez suele recortar, salieron las ocho figuras. El proceso dur� m�s de un a�o. La artista busc� el taller que se encarg� de reproducir las im�genes empleando serigraf�a manual, pues no quer�a que fueran hechas en computador.

En diciembre, las lozas estaban listas para ser puestas.

La obra es el resultado del sentimiento que despert� en la maestra el ver en las noticias a tantas mujeres buscando a sus muertos, algunos con palas y azadones que van por los pueblos y cuyas historias a veces salen en las noticias y luego se olvidan.

La artista resalta el contraste de un cementerio vac�o "teniendo necesidad de encontrar d�nde guardar tantos muertos". Por eso afirma: "Pens� en un sitio para guardar las auras, cada persona tiene un aura que no se acaba, y la forma de sellar las auras es con una l�pida. Por eso la obra se llama Auras an�nimas".

Las im�genes puestas all�, opin� Salcedo, "son una forma muy bella de retratar la guerra sin mostrarla (...) sobre todo para nosotros los colombianos que s� tenemos memoria de estas im�genes porque las vemos en los peri�dicos y la televisi�n todos los d�as".

Tomado del peri�dico El Tiempo, 25 de agosto de 2009

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1 / 500

A estas alturas de 1992, la gente parece ya cansada con las mil historias del Descubrimiento de Am�rica. Con las mil posiciones ideol�gicas, filos�ficas y pol�ticas que se han dado alrededor de la celebraci�n de los 500 a�os del evento. Tal vez por eso la artista Beatriz Gonz�lez decidi� darle un giro de 180 grados al asunto y abord� el tema de una manera bastante original. Se tom� el sal�n principal de la Galer�a Garc�s Vel�squez, de Bogot�, e instal� all� las 500 serigraf�as que realiz� sobre papel de algod�n, con el motivo de un remero ind�gena que observa con extra�eza a quienes lo miran.

El remero de la pintora santandereana se sale de los esquemas desgastados que han dominado la producci�n art�stica a lo largo del �ltimo a�o, cada vez que se pretende "defender la identidad", "atacar la invasi�n espa�ola", "recuperar las ra�ces", "exigir disculpas por el genocidio ind�gena" y todas las dem�s frases de caj�n que se han empleado para ocultar una enorme falta de imaginaci�n.

De hecho, este remero que se tom� la Garc�s Vel�squez no tiene plumas en la cabeza, ni guacamayas trepadas en los hombros, ni est� cambiando espejos por oro. Es la figura central de una pintura, y no el protagonista de un debate. Por eso mismo, este ind�gena de rasgos esbeltos no dice nada. Absolutamente nada. Por el contrario, con esa mirada de curiosidad y de iron�a, lo que hace es preguntar.

Eso era lo que pretend�a la artista. Y para hacer m�s enf�tica la pregunta decidi� repetir 500 veces la misma imagen. As�, cuando el espectador se ubica en el centro del sal�n, y descubre que un mismo hombre lo mira, con mil ojos, desde todos los �ngulos, comprende que en lugar de estar debatiendo sobre los protagonistas de la historia hace 500 a�os, lo que debe es cuestionar su origen. Esa es, al fin y al cabo, una posibilidad que ofrece la verdadera pintura: la de permitirle al espectador que termine el cuadro en su cabeza, a partir de los sentimientos, las pasiones y las dudas que puedan generarle unas manchas de color plasmadas sobre el papel o sobre el lienzo.

Por cierto, en "1/500" (as� se llama la exposici�n) se advierte un cambio en el tratamiento crom�tico de la santandereana. De los tonos c�lidos, en ocasiones casi fosforescentes, ha pasado a colores m�s fr�os, m�s sobrios. Pero permanece el contraste como uno de los puntos esenciales de su obra.

Era de esperar que si Beatriz Gonz�lez se met�a con el tema del Descubrimiento lo hiciera de una manera at�pica. No hay que olvidar que fue ella quien decidi� ridiculizar a la clase pol�tica del pa�s pintando presidentes sobre telas de cortina de ba�o, y quien ha convertido televisores viejos, camas de lat�n y llantas desgastadas en el soporte de sus motivos pict�ricos.

Tomado de la Revista Semana No.547, 27 de octubre de 1992