Lorenzo Jaramillo Mora

Hamburgo, Alemania

Pintores

Abstracto, Figura Humana, Figura

Lorenzo Jaramillo

pintor

Recuento
Un artista prolífico (Revista Semana - 2016)
   
   
 

1989 - La Nueva Pintura

por Plinio Apuleyo Mendoza

LORENZO CARAMILLO

La irreverencia de una obra

A propósito de la Bienal de Bogotá, Ana María Escallón, que no es precisamente una crítica benévola, dijo: "El mejor pintor, fuera de concurso, es Lorenzo Jaramillo. Maneja su lenguaje y su técnica, pinta con gran maestría sus imágenes trastocadas y su espeso color aterciopelado".

Expresionista, se le compara con frecuencia a los "Nuevos Salvajes" de Alemania. Puede tratarse de una referencia superficial, pues la vigorosa pintura de Jaramillo, provocadora en sus temas y agresiva en sus planteamientos cromáticos, tiene una dimensión muy personal que escapa a ubicaciones muy precisas dentro de una escuela determinada.

Es un arte que se parece a su autor. Agudo, travieso, inteligente, con una lengua de áspid que hace la diversión de sus amigos, Lorenzo Jaramillo se parece a Luis Caballero. La irreverencia de su obra es el reflejo de su propia actitud ante una sociedad. O quizás ante la vida. Si alguien expresa bien la ruptura de su generación frente al manierismo o a la descriptiva crítica social que han predominado en las generaciones precedentes, es él.

Tomado de la Revista Diners No. 227, febrero de 1989

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LORENZO JARAMILLO, UN ESTADIO DE EMERGENCIA

por Ana María Escallón

El arte moderno lo enfrentamos desde dos perspectivas que hacen de la expresión humana un hecho coyuntural: una que viene con el desarrollo del siglo y la otra que como fin de milenio se devuelve. Pensar por eso, en el arte de los noventa nos abre una proyección acumulativa de propuestas que simultáneamente se cierran ante la posibilidad de tener obligatoriamente que verla bajo la mira que supone una posible nostalgia, si lo juzgamos bajo el presupuesto de que alguna forma de la historia se repite.

Lorenzo Jaramillo presiente y expresa estos dos momentos en su lenguaje pictórico, en el que ha ido desarrollando y recogiendo diversas posibilidades. Unas se involucran con el positivismos cubista, que plasma más en sus rostros y por otro lado, presenta las posibilidades de un determinismo más crítico en el mundo de las figuras, que se detiene más en las diversas manifestaciones del expresionismo alemán, donde el tratamiento de la figura puede tener una referencia entre George Baselitz y Alexie Lawleriskyy un color de Emile Nolde.

Parafraseando a Kandisky, también podemos anotar que el arte, en muchos aspectos se parece a la religión. Su desarrollo no consiste en que los nuevos descubrimientos reemplacen los viejos, como pasa en el caso de la ciencia, sino que su desarrollo viene de una intuición repentina que se parece aun haz de luz. Esta clarificación nos muestra nuevas perspectivas. Las nuevas verdades están en el desarrollo orgánico de verdades anteriores que no se anulan sino que con sabiduría siguen viviendo.

De esta forma Lorenzo Jaramillo adquiere lo viejo de verdades anteriores para construir su propia verdad; la de una figuración contundente cargada de una especial fuerza que se absorbe dentro de la forma y otra que construye un espacio lleno de tensiones cromáticas.

Evidentemente, su reflexión pictórica gira alrededor de las circunstancias figurativas y su actitud tiende a la deformación - como un precedente que continúa su marcha en América Latina-. Y esta pauta, que se detiene en la figura humana, es significativa en la medida que en la propuesta no existe la desprevención de lo existencial.

Este análisis del hombre en la sociedad supone rupturas, y él no sólo las involucra a través de sus formas sino que también lo realiza bajo el dinamismo de un manejo especial de color y de la materia, donde podríamos hablar de un determinismo abstracto que se condensa en la representación densa de su imaginaria - más móvil cuando pinta sobre papel y más intensa cuando conquista las posibilidades de la tela-. Pero estas son actitudes circunstanciales quede todas maneras nos conducen a los colores expresionistas, a colores interiores, en donde en ellos mismos busca profundidad, densidad e intesidad.

Otra de las características fundamentales del trabajo de Lorenzo Jaramillo es el ritmo envolvente del hombre urbano, el que se cierra en una atmósfera viciada y que implica o un movimiento frenético o un estatismo abismal. Lo urbano individual, cuenta la definición de valores de una cultura que rebasa los límites del compromiso por la misma ambiguedad de nuestro tiempo. Su espacio tiene una extraña capacidad de cerrarse, de agotarse en su propia anécdota irónica que se dispersa ante la posibilidad de que la figura se imponga en la arbitrariedad de un movimiento o en el estado de emergencia de la materia, producto del color sucesivo que hace imposible la existencia del vacío.

Es la dinámica de las zonas de color lo que produce un especial ritmo interno, ese que por ejemplo se detiene en el contorno de un brillo o el que se esparce como un argumento libertario en la bidimensionalidad de un espacio arbitrario. Y es interno el ritmo, porque a pesar del bullicio que se infiltra a través de los contras, existe también el opaco sentido de lo silente, de una textura aterciopelada y densa, en la expresión violenta de un movimiento, en el color que se condensa, en el arbitrario significado de este mundo citadino, donde el hombre se repite en el espejo de la risa.

El trabajo de Lorenzo Jaramillo tiene la posibilidad de encontrar la nostalgia en el expresionismo y al mismo tiempo, proyectar una figuración distante que con el manejo del color dispone de un lenguaje expresivo y gestual que tendrá la vigencia no sólo de lo actual, sino de lo clásico.

Tomado del folleto Los Críticos y el Arte de los 90s, Museo de Arte Moderno de Medellín, 1990