Christian Padilla

Críticos

 

 

Christian Padilla

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LOS READY MAKERS

De vez en cuando aparecen frases que cambian el destino de la humanidad y defenestran el sentido común de toda una generación. Una de esas salió de la pluma del escritor Isidore Ducasse cuando planteó en el absurdo y el azar las nuevas posibilidades de un arte que se aprovechaba de lo cotidiano: “bello como el encuentro fortuito entre un paraguas y una máquina de coser en una mesa de disección",

La maravilla de la frase está en evocar la disposición de un bodegón e introducir objetos agresivos y de extraña belleza, contundentes y malintencionados, La plancha atravesada de puntillas de Man Ray (El regalo, 1921) viene a nuestra mente como un objeto de inaudita violencia e imposible función.

Pero Marcel Duchamp se tomó bastante en serio el absurdo de Ducasse, El portabotellas de 1915, y La fuente de 1917 abren el camino a todo un nuevo siglo de experiencias donde el “ready-made” se convierte en protagonista del arte. Duchamp retoma los objetos y les otorga un valor simbólico que trasciende a su función original, por medio de la intervención, trasgresión o descontextualizacíón del objeto. De esta manera, convierte la vanguardia y la ruptura en una tradición.

Cumplidos los 100 años del primer ready-made, son innumerables los artistas que han convertido en actitud la intervención al objeto, donde hay una graciosa relación entre ios inauditos ensambles de objetos que sus obras reúnen, generando en su imagen nuevas poéticas propias de esa ridicula transición entre la utilidad y el ocio. Sin embargo, sus trabajos pretenden decir más de lo que a primera vista aparentan.

El colectivo Después las manos (Cesar Casas y Julián Saganome) y el artista Wilman Zabala proponen su mirada desde la cotidianidad de Boyacá, y la aparente inocencia del juego como una consecuencia de las políticas de Estado que parecerían estar tan ajenas a la realidad delhombre de a pie. Otro tanto sucede con la obra de Fernando Pertuz, que lleva las armas a la cotídianeidad de nuestrg alimentación, mostrándonos en los vínculos turbios de nuestras acciones más banales.

Angélica Vanegas llama la atención de la versatilidad de un objeto de culto que ha sido convertido en artefacto y Luis Fernando Ramírez pone ante nosotros una imagen que parece incrustada en nuestra memoria histórica, pero no es más que un artificio suyo que nos muestra la fragilidad de lamente. Los trabajos de Andrés Marías Pinilla y Lorenzo Freydeii son construcciones manuales, donde los objetos se intervienen para perder su sentido aun cuando una extraña lógica Íes permita continuar erguidos, en el caso de Plnilla, o sus criticas se refuercen con una agresiva introducción de objetos punzantes como en la Physlca curiosa de Freydell.

En la obra de Mario Vélez y de Nicoiás Gómez Echeverri queda latente la labor del pintor y el escultor, confrontada ante el objeto ya hecho (ready-made), implícita en la duda que abre Gómez entre la representación y la realidad en sus dos trabajos, y evidente en la coherencia con que Vélez sigue persiguiendo la forma abstracta que lo aqueja desde hace décadas, y que encuentra en la presencia de sus piedras.

Por su parte. Ana Miaría García saca el objeto de la fotografía, trasfiriendo el erotismo de sus imágenes al objeto secretó que es custodiado y ocultado entre collares de perlas. Otro ready-made de Duchamp viene acá a la mente: Un ruido secreto.

Aunque la Imposición del titulo Ready-makers puede no causarles agrado a los artistas -como cualquier catalogación-, es evidente que sus actitudes son legado de una tradición de rupturas donde el objeto ha ganado la carrera de regresarle a la vida cotidiana el estatus de arte. Esa es su actitud, y es innegable. Y aunque sus preocupaciones superen al objeto mismo, acá sus objetos hablan por ellos y eso hoy los hace ready-makers.

Christian Padilla Curador, 2015