Omar Rayo Reyes

Roldanillo, Valle

Pintores (Abstraccion geometrica)

Abstracto, Figura

OMAR RAYO

pintor

CRITICA

de Samuel Cherson

El conocido artista colombiano Omar Rayo (1928) es para el grabado contemporáneo lo que el suprematista ruso Kasimir Malevich (1878-1935) ha sido para la pintura de nuestro siglo: ambos han explotado hasta el máximo el hipnótico poderío y pureza del blanco sobre el blanco. A partir de 1960, Omar Rayo desarrolló una innovativa técnica de intaglio (incisión, del italiano) por medio de la cual imágenes grabadas en una plancha son transmitidas a un papel dúctil y texturado, presionando éste con la ayuda de pequeños instrumentos lisos dentro de la ranura de la plancha; de esta manera, las formas aparecen en bajo relieve, con cualidad escultórica y ausencia de tintas sobre el plano del papel. Es de notar que en esta técnica repujada la textura del papel plano permanece inalterada, a diferencia de los métodos convencionales de relieve que emplean planchas positivas y negativas.

El ilusorio realismo de estos intaglios cuyos temas se componen de formas cotidianas colocadas en un contexto sorpresivo, expresa su mágico juego exclusivamente a través de las albas texturas del papel y el relieve, junto a las sombras que estos producen.

Al ascetismo de los intaglios blancos ("El blanco es terrible en su pureza; es la realidad sin mentiras", ha expresado el artista), se ha sumado paralelamente al empleo de color, aplicado con extensil luego de ejecutado el relieve, primero en dramáticos negros ("el blanco y el negro son los padres del contraste y la paradoja, de la imágen misma") y luego en brillantes rojos, azules, verdes y naranjas, usados singularmente o en caleidoscópicas combinaciones. . .

En la secuencia Saritas Zoo emergen graciosas estilizaciones animales algunas provenientes de series anteriores ("formas de granja") con frescos toques de color, otras de reciente invención, reunidas en homenaje de su pequeña (3 años) y única hija, resolviendo así el dilema entre su impulso paternal por usarla como fuente de inspiración creativa y la dificultad, experimentada por tantos artistas, de incorporar a su arte con objetividad estética a personas tan intimamente allegadas.

Las obras más fascinantes son "sus papeles doblados" inspirados en la técnica del Origami japonés, intrigantes metáforas sobre un ilusorio papel, ejecutadas en papel real; ilusión y realidad se entrecruzan aquí en un hipnotizante intercambio.

No importa el tema tratado, es asombrosa la elegancia y precisión de la ejecución, tanto en la creación de los diferentes planos y líneas como en la cuidadosa aplicación del color. Aquí la técnica es mas que un vehículo expresivo, es fuente de placer estético de por sí. Dentro de este magistral oficio, el color aunque, aplicado con parquedad adquiere su máximo realce. Sí, como una vez dijera este artista "el color es una enfermedad", Omar Rayo la ha contraído magníficamente.

El arte de Omar Rayo es profundamente geométrico, sin que esto lo aleje totalmente del mundo natural hacia la abstracción pura. Por el contrario, según Rayo "la geometría expresa una verdad básica de la materia y una necesidad básica de! hombre. Dios es un creador geométrico". Para Rayo, pues, la geometría es el ordenamiento metafísico de la real dad, es la superrealidad.

Cuán latinoamericano es el arte de Rayo? El geometrismo de contorno afilado y preciso pudiera parecer a algunos una emanación del vanguardísmo europeo de este siglo; pero, en la calurosa acogida acordada al geometrismo y concretismo en latinoamérica, hay profundas raíces autóctonas que se remontan al arte precolombino, con su. afinidad por la símplificación y estilizacíón de estructura geométrica. El arte de Rayo refleja estas esencias precolombinas, así como un sentido de la ironía y del humor muy de nuestros pueblos, en sus paradojas visuales. Después de todo, es más que mera coincidencia que el nudo o quipu, medio de comunicación visual precolombina, sea también el medio escogido por Omar Rayo en su serie "Nudobilia" que su intaglio Muisca produzca reminiscencias, más allá del nombre indígena, del preciosismo artesanal de la orfebrería de las tribus autóctonas colombianas.

Otra medida de latinoamericanismo de este artista quien ha residido en New York en las últimas décadas es su fanática devoción a la creación del museo Rayo en su ciudad natal, Roldanillo, Colombia, ardua empresa que ha absorbido gran parte de su tiempo y energía en los últimos años, tanto en lo organizativo como en lo constructivo, llegando, en este último aspecto a participar físicamente en el proceso (en su última estancia colombiana, Rayo se dedicó a pintar el edificio, "cambiándose de maestro de pincel fino al de brocha gorda"). Los atractivos y geométricos volúmenes de que se compone la estructura alberga una colección de obras y documentos de su fundador, salas de exposición y un taller de artes gráficas con artistas prestigiosos dedicados a transmitir sus conocimientos a futuras generaciones.

Es un esfuerzo en favor de su pueblo y país natal que le enaltece como latinoamericano.

Samuel Cherson

Tomado del Folleto: Centro de Arte Actual - 1981

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Omar Rayo: Todavía no creo en mí

Por Alberto Duque Lopez

A los 67 años este humorista, seductor, andariego, narcisista, disciplinado y uno de los grandes artistas latinoamericanos, expone ahora 40 de sus últimas creaciones, y comparte con ALÓ algunos de sus recuerdos más vivos.

0mar Rayo es un exagerado. Le gusta soltar frases escandalosas para mirar las reacciones de la gente. Dice, por ejemplo, que mientras vive en Nueva York se siente ciego por la contaminación, y por eso pinta en blanco y negro. Pero en cambio, cuando está en Roldanillo, donde lo tratan como a un dios, y donde trabaja en medio del calor del trópico, le toca sacar a patadas los colores que le invaden su mundo, los colores ante los cuales se siente arrastrado y perdido, como los chiquillos con los dulces.

Habla con un leve dejo mexicano que se confunde con su acento español, mueve las enormes manos mientras el resto del cuerpo permanece quieto, para no arrugar la ropa elegante que lleva, y que no refleja los 67 años que tiene, mientras mira con picardía las mujeres que lo rodean y devoran sus palabras.

Le fascina hablar y si alguien le hace preguntas tontas ("Maestro, ¿usted por qué pinta?"), no se incomoda y dice que pinta ideas, pinta para expresar ideas, no abstractas sino concretas, y que el único límite, el único borde de esas ideas, se encuentra en la tela. Como le hacen otras preguntas obvias ("Maestro, ¿por qué los colores?"), dice que los colores tienen vida propia, diferente a las connotaciones que la civilización ha querido darles (El rojo es sangre; el verde, vegetación; el azul, pureza... ), y que en sus pinturas, son una prolongación de su propio ser.

Es entonces cuando afirma que mientras está en Nueva York, el color desaparece de sus retinas, y sólo lo recupera en Roldanillo. Se calla y apura una copa de Rioja, tibio y reposado.

UN RAYO EN UN FAX

Hace poco encontramos al artista mientras recorría la enorme casa del Fondo Cultural Cafetero, a pocos pasos del Palacio de Nariño. Acompañado por su directora, Rosaema Arenas, el exviceministro Antonio Lizarazo, el periodista José Bonilla y otros amigos, conoció las tres salas donde, en pocos días, colgará 40 de sus nuevas pinturas. Él mismo diseñó el catálogo, escogió los textos, el tamaño de las letras y las ilustraciones, las fotos, él mismo revisó la lista de invitados, encabezada por Jacquin de Samper. Él mismo, porque es un perfeccionista que nada deja al azar, un maniático, un viajero incansable que duerme en Nueva York (donde lleva viviendo más de 35 años), desayuna en Ciudad de México y cena en Roldanillo, alguien que vive colgado de una turbina, un capricorniano que se contempla como un rayo en la cola de un fax.

El mousse de salmón con langostinos no está servido todavía. El Rioja sigue circulando generosamente y ante una pregunta, el artista acepta que utiliza una regla de madera para sus pinturas colgadas en Quito, Guayaquil, Sao Paulo, Barranquilla, Río, Montevideo, Santiago, Ciudad de México, Medellín, Nueva York, Washington, Miami, Buenos Aires, Madrid, San Juan, París, Chicago, Caracas, Barcelona, Lodz, Cali, Bucarest, Helsinki, La Habana, Sydney, San Francisco, Bogotá y otras ciudades del mundo.

Rayo mira la fuente, los balcones y responde que sí, que pinta todos los días, con el pincel o la imaginación, doce horas desde las ocho de la mañana, después escribe cuentos, poemas y juegos de palabras, y habla mucho con su mujer, la poetisa Agueda Pizarro, hija del escritor Miguel Pizarro, amigo cercano de Lorca.

SUEGRA DE TRANSILVANIA

Los camareros colocan los primeros platos, Rayo sigue bebiendo, echa mano de su humor negro y corrosivo, recuerda personajes y anécdotas parroquiales de Roldanillo, sus caminatas por el Central Park, sus almuerzos con la mujer y la hija escapadas de la suegra, una condesa que viene directamente de Drácula, porque nació en Transilvania y vive en su propio museo.

Nunca va a teatro en Nueva York, prefiere verlo en Colombia; se encuentra con pocos amigos porque ya casi todos se marcharon: "Hubo un momento en que la ciudad reunió lo mejor de la cultura universal, llegaron artistas, se quedaron un tiempo y luego se alejaron porque no encontraron raíces. Prefiero Popayán o Medellín en vez de Nueva York".

Entonces la nostalgia hace su aparición. En 1947, a los 19 años, comienza a trabajar, dibujando e ilustrando para periódicos y revistas bogotanos. A partir de 1948 y durante seis años, expone en varias ciudades y en 1954 viaja a dedo por Latinoamérica, aprendiendo textiles, diseños, muralismo, grabados y otras técnicas durante cuatro años. Regresa a Colombia y a partir de 1959, vive y trabaja en México durante dos años. En 1961 llega a Nueva York y trabaja como free-lance en agencias de publicidad, creando la cajetilla de Viceroy y el logo del Chase Manhattan, que tiene sus pliegues característicos.

Le preguntan en qué momento triunfó en Nueva York, se voltea enseguida y responde: "Nadie triunfa en Nueva York, no existen pautas para que triunfes en Nueva York. Si alcanzas algún reconocimiento, es porque ya lo llevas de otro sitio, de Europa, por ejemplo". Fue una época sensacional, compartía con otros artistas ("Cada uno seguía siendo una isla, en una isla"), habló largamente con De Kooning y Warhol, se encontró con él mismo.

CLAVE DE LOS ESPEJOS

Camino de la mesa donde además del mousse de salmón y langostinos, compartiríamos un lomito en salsa de champiñones con verduras y arroz con espinacas, rociado con otras botellas de Rioja y coronado con un postre de café, alguien pregunta en qué momento comenzó a creer en él mismo. Rayo sonríe traviesamente: "Todavía no creo en mí".

La respuesta provoca un susurro sobre su narcisismo. Rayo está de acuerdo: es narcisista pero menos que sor Juana Inés de la Cruz. Entonces recuerda cómo una conferencia dictada por su mujer, provocó vivas reacciones porque demostró que las firmas que aparecen en las pinturas sobre la monja, son falsas, porque esos artistas nunca existieron. La monja es la única autora y todos los cuadros son autorretratos. Los espejos dieron la clave.

A las pocas semanas de estar en Nueva York, vendió sus primeras obras, 12 pequeñas piezas a dos galerías, recomendado por Liberman, curador del Museo de Arte Moderno, quien se convertiría en uno de sus principales apoyos.

Desde entonces ha expuesto su obra en numerosos países, ha ganado muchos premios, ha sido condecorado (en una ocasión le iban a entregar alguna cruz en el palacio de San Carlos, pero cuando ya estaba ante el Presidente, prefirió pedirle un puente entre Roldanillo y Zarzal; el otro aceptó sorprendido, se hizo la obra y el pintor quedó sin su cruz), en 1981 construyó el Museo de dibujo y grabado en Roldanillo, en 1983 inició una serie de Museos viales en distintos lugares de Latinoamérica, que culmina en octubre en Cartagena, con la reunión de primeros mandatarios.

Este hombre, para quien descubrir la geometría es reconciliarse con la vida... La ilusión tiene una estructura que es geométrica: Dios es un creador geométrico... En la geometría se resumen el dolor y la felicidad... Mi pintura está basada en la cinta doblada que es un objeto..., este hombre, invade con 40 obras las salas de una casa republicana que contiene patio, fuente y barandas.

Tomado de la Revista ALO No.180, junio 5 de 1995

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EL GRAN LIBRO DE HOMENAJE

por William Ospina

Walter Pater afirmó que todas las artes tienden a la condición de la música, y pocas obras como la de Omar Rayo sugieren y soportan esa analogía. AI comienzo, Rayo podía pintar oyendo música. Ahora no. Siente como si combatieran dos músicas distintas, porque su obra es básicamente un ejercicio musical. Hay movimiento en su quietud, hay tensión en su equilibrio, hay lógicas internas que no son evidentes, hay temas y armonías y disonancias, y a veces, como siempre en la música, es grato advertir el diálogo entre las notas largas de resonancia profunda y las súbitas crispaciones, los arpegios, el estremecimiento de las notas rápidas que producen de pronto un temblor en la tela, semejante a los sacudimientos que una piedra produce en la superficie del agua.

Las líneas se cruzan, se pliegan, zigzaguean, se escalonan, se estrechan, los colores se van y regresan, la geometría abandona de pronto su esbeltez, su rigidez, se oxigena, como dijo un crítico alemán, parece inflarse a nuestros ojos. Los niños, a los que Rayo considera sus mejores críticos, se acercan recelosos a esos cuadros planos donde sin embargo hay algo que parece hincharse, Ilenarse de concavidades y de volúmenes, y furtivamente, cuando creen que nadie los mira, tratan de ver las obras de perfil para sorprender esos volúmenes esquivos que están sólo en la virtualidad de la tela. Alguno de esos niños, en el propio Museo Rayo de Roldanillo, intentó pinchar el cuadro con un alfiler para ponerlo a prueba.

Estas obras tienen de las flores la delicadeza, de los cristales la simetría, de las arquitecturas la hospitalidad, de los tejidos la tendencia a hacer sentir por igual la textura del con junto y la fuerza de cada trazo. Nosotros podemos hablar de cada diamante y de cada rosa, pero es sobre todo la existencia de las rosas, la existencia de los diamantes, lo que nos asombra. Es ese manantial inagotable de posibilidades, de formas, de brillos, de destellos, de combinaciones, lo que nos deslumbra y nos embruja. Lo mismo puede decirse de la obra de Rayo. Todo lo que ha producido en tantos años nos asombra, pero también nos despierta la inquietud de que el artista haya agotado las combinaciones posibles. Y por eso cada obra nueva vuelve a sorprendernos como la primera, porque el fenómeno creador vuelve a ocurrir con la misma inspiración y, se diría, con la misma inocencia.

[...] Alguien dijo que Omar Rayo es el curioso ejemplo de un artista individual que parece producir el arte de un mundo. Como si él solo tuera una comunidad o un planeta. La obra de Rayo es un ejercicio místico de curioso sabor oriental. Todo en ella es a la vez rigor y juego, pensamiento y ritmo, austeridad y deleite sensorial. Cada cuadro está solo, pero hay un placer singular en ver el conjunto, la asombrosa sinfonía de imágenes que han brotado de la cabeza y del corazón de este hombre misterioso, inspirado, tan aplicado a su oficio como un científico o como un monje medieval; ejemplo de voluntad, de persistencia y de paciencia casi mitológicas. 

[...] "En la China descubrí que el amarillo es algo sólido", me dice. Y es que para Rayo los colores son personajes, con su carácter, con sus promesas y sus amenazas. "Le he tenido siempre miedo al color", añade pensativo. Y siento que el artista en su gabinete, cuando utiliza colores y formas está trabajando en realidad con las primitivas impresiones de esos elementos en su conciencia. Formas que son la audacia, el equilibrio, la curiosidad, el vacío. Colores que son la alegría, la confianza, la desesperación, el miedo. Tal vez por eso a Rayo no le interesa tanto lo expresivo de un color cuanto su equilibrio con otros. 

[...] Le pregunté si cree que en su obra haya una influencia indígena, y me contestó que no, pero su camino bien puede ser el mismo que siguieron los tayrona para llegar a sus diseños en blanco y negro tan serenos y diversos, y los cuna y los embera. Él mismo afirma con énfasis que los indígenas americanos "para llegar a esa geometría fueron primero figurativos". Que la conquista de la geometría fue también en ellos un proceso de depuración. Aunque no haya filiación respecto del ante de los pueblos indígenas, no es casual que obras tan afines nazcan de un mismo mundo.

Esa depuración es un elemento central en el trabajo de Omar Rayo. Si llamamos barroquismo a la abundancia de formas y recursos, a una carga extrema de figuras y emociones, él va por otro camino, pues prefiere más bien la austeridad absoluta. Pero allí surge otra paradoja, porque si cada cuadro de Rayo es un mundo de concentración, de austeridad y rigor, el conjunto ofrece una diversidad y una abundancia que más de un crítico se atrevería a calificar de barroquismo.

[...] Y en este punto es preciso mencionar un conjunto de obras de Rayo que representan su llegada a un centro de equilibrio, de austeridad y de audacia en la experimentación. A comienzos de los años sesenta el artista llegó un día a su taller y descubrió que no tenía consigo sus instrumentos, los pinceles y los óleos acostumbrados. Decidido a trabajar, pero privado de sus recursos corrientes, se dedicó a presionar el papel sobre objetos casuales y vio formarse en el papel la huella de aquellos objetos, su representación y su abstracción al mismo tiempo. Así comenzó la serie de los intaglios. Tijeras, papel doblado, fósforos de papel, "nodrizas" de metal, trampas para ratones, platos y cubiertos, guantes, mandolinas, pantalones doblados, ganchos de ropero, sobres de carta, infinidad de objetos cotidianos empezaron a aparecer en sus papeles repujados ofreciendo a un tiempo su nitidez, su volumen y esa condición ilusoria que sólo el ante brinda plenamente. Muchos piensan que son lo mejor de su obra, pero Rayo sólo los ve como un momento de la búsqueda que no sólo logró sus propias conquistas sino que enriqueció el conjunto de su pintura.

De modo que los intaglios que durante una época ocuparon su trabajo, esas finas impresiones de figuras blancas sobre fondo blanco en cuya frontera no había más gris que la sombra de los repujados, no desaparecieron de la labor de Rayo sino que se integraron a sus búsquedas pictóricas y le dieron más fuerza y profundidad a sus ricos ejercicios de mutación y de equilibrio.

[...] Omar Rayo sonríe. Cada día en el ápice de su labor creadora, seguro de su camino, no tiene tiempo para escuchar a quienes desdeñan su ante porque les parece demasiado alejado del mundo y de la sociedad, o rígido, o esquemático, o repetitivo. Parece haber leído temprano a Dante: Segui il tuo corso a lascia din la genti (sigue tu camino, y deja que la gente hable) y puede ver hoy en perspectiva su trabajo como un ejemplo rico y abrumador de eso que Borges llamaba, hablando de Valéry, "los lúcidos placeres del pensamiento y las secretas aventuras del orden". Puede ver la magia de cada obra y la magia del conjunto: esas máquinas de rezar, esas mandalas, esos objetos místicos, esas músicas detenidas, esos seres de equilibrio y misterio, esos espectros, esos tapices, ese ajedrez de nunca acabar, esas rosas de la mente, esos nudos del arco iris, esos fragmentos de la trama mental, esos trémolos, esas cascadas, esos jardines que se bifurcan, esas nubes articuladas, esos ensambles ópticos, esos repliegues, esos fantasmas eléctricos, esos segmentos del rayo universal sorprendidos en un espasmo, esas corrientes extasiadas, esos vértigos detenidos, esas crispaciones, esos estados alterados, esos prismas plegados, esas tormentas inmóviles, esas centellas abisales, ese palacio de precisos crista les... (Fragmentosf

Tomado de la Revista Diners No.441, diciembre de 2006

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Gotas de sangre

La UNESCO presenta este verano (1984) en París al pintor Ornar Rayo (1928, Roldanillo Valle). Expone 60 obras recientes en el gran salón "Los pasos perdidos" bajo el título, Papel herido (Papier Blessé).

La obra de Rayo nos lleva a constatar su riqueza de super-estructuras geométricas, capaces de idealizar la búsqueda de una nueva tecnología en las artes contemporáneas; una libre independencia de las teorías dentro de la historia del arte. En su obra, todos sus valores, dimensiones, temas y conceptos están explicados de manera simple y cotidiana, evitando así la acumulación teórica de una filosofía. El sólo objeto pictórico pareciera estar pensado para justificar su alusión óptica y hablar de pintura, de grabado, y de la suma de su arte. Rayo va al fondo de lo hermético a través de una obra que se crea al correr de sus experiencias en algo modernamente espacial y contemporáneo. Descromatiza la forma para crear esa dimensión de campos y super-estructuras monocromas con las que hace de su manera de ver, su acto de pintar. Su obra no tiende a provocar la sorpresa, sino más bien a imponer ciertos caprichos unidimensionales que sirven de pretexto para, de una forma intelectual, exclamar la obsesión por los métodos del trabajo puro.

Rayo trabaja, en efecto, a la manera de un niño que cubre una moneda con un trozo de papel y calca la impresión. Pero en esa huella profunda, el pintor agrega ese otro matiz que es su poesía personal. Papel herido tiene entonces, otro significado: la pureza del blanco manifiesta el acto intelectual de la protesta y clama un nuevo valor poético, grabados de sangre. Rayo ha dejado a la entrada de la exposición unos sobres de papel pequeños, dentro de los cuales encontramos esa gota de sangre con la cual nos quiere advertir que detrás de esos grabados que vamos a admirar, hay otros valores intangibles, pero altamente repletos de poesía cotidiana. •

Isaac Ortizar 

Tomado de la Revista Semana No.122, 4 de septiembre de 1984

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REY DE SU AUTARQUÍA 

por Gloria Inés Daza, de AICA

Ornar Rayo es inagotable en su producción gráfica. El tiene una filosofía que ha logrado manifestarse de diversas formas, inspirada muy eficazmente en el mundo de la comunicación a través de imágenes. Museo Vial, hoy una realidad en diversos puntos de Colombia. Multiplicidad de una misma imagen, en los intaglios, la forma del grabado escogida por él como herramienta. Ya en días anteriores me referí a su exposición del Colombo-Americano. Diseños muy simples y depurados, de formas fácilmente identificables. Ahora, con toques de color que denotan su buen gusto compositivo, muy en el terreno de lo ornamental.

Tomado de la Revista Cromos No. 3440, 20 de diciembre de 1983

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Geometría y color

"Lo que más conmovida me tiene es que se están yendo todos los artistas de mi generación", dijo la escultora Alicia Tafur, entre lágrimas, tras enterarse de la muerte de Omar Rayo. El artista, nacido en Roldanillo (Valle) hace 82 años, falleció ayer a causa de una dolencia cardíaca cuando era trasladado a una clínica en Cali.

Rayo y Tafur hicieron parte de un grupo de artistas que marcó su huella en el arte colombiano del siglo XX porque no tuvieron miedo al momento de romper los paradigmas vigentes hasta entonces. "Con Negret y Ramírez Villamizar, Rayo fue uno de los representantes del arte geométrico de los años 50", afirmó el crítico de arte Eduardo Serrano.

Se emparentó así con los cinetistas venezolanos y los movimientos abstracts en Argentina y le dio a Colombia un lugar en esas tendencias. "Sus pinturas eran impecables y su obra geométrica giraba alrededor de la idea de cintas que se doblan, se inflan y se recortan. Él les dio volumen -dice Serrano-. Cuando uno ve una de sus obras, parece que son tridimensionales, pero no lo son".

Gloria Zea, directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá, fue una de las expertas que pudo anticipar el éxito que tendría el artista. En 1959, cuando asumió su cargo, escogió al dibujante y escultor Ómar Rayo para que exhibiera en este espacio sus obras, como ya lo habían hecho por invitación suya el estadounidense Alexander Calder y el bogotano Andrés de Santa María.

"El era uno de los más importantes artistas que estaban surgiendo en el panorama del arte nacional, gracias a sus intaglios, y resolví que merecía mi apoyo", recordó Zea. Los intaglios se convirtieron en uno de los lenguajes preferidos de Rayo luego de su paso por México, a donde llegó en 1959. La tradición en la técnica del grabado que tenía ese país lo cautivó y escogió Nueva York para perfeccionarla.

"Fascinado por la sociedad de consumo", como él mismo dijo, recicló ganchos, sacos, serruchos y otros objetos para luego hacerlos parte de su obra gráfica a través de la generación de relieves con las formas de esos objetos. Eso es lo más impactante de esa época, dice el escultor Ricardo Villegas, quien también maneja relieves en sus obras. "Para mí, las creaciones de Rayo son inspiradoras porque siempre estuvieron ahí".

Afable, amigable y comprometido, cuando sintió que podía hacer más como artista y que estaba en deuda con su natal Roldanillo, Rayo fundó el Museo Rayo de Dibujo y Grabado Latinoamericano en 1981. La plástica nacional e internacional y sus propias esculturas, dibujos y fotografías han sido protagonistas en sus salas, así como el Encuentro Internacional de Mujeres Poetas que encabezaba su esposa, Águeda Pizarro.

Hace unos cuatro años, mientras vivía entre el Valle y Nueva York, el corazón de Ornar Rayo le envió una alarma  y lo obligó a hacer un receso que se prolongó hasta mediados de 2009 cuando inauguró, nuevamente en el MamBo, la exposición Mateos Toys (Los juguetes de Mateo), dedicada a su nieto. Esta fue, según Gloria Zea, la muestra de que Rayo fue un artista infinito que siempre evitó la repetición.

Tomado del periódico ADN, de El Tiempo, 8 de junio de 2010

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Queda su legado como artista 

por David Manzur

Se fue un gran artista que le deja mucho al país. Era uno de los mejores exponentes de un arte geométrico, que muchas veces era abstracto, con un gran sentido del color y un aporte a los efectos ópticos del arte.

Pero, en algunos momentos ese mismo arte era figurativo y se podían percibir elementos reconocibles.

Rayo comenzó con él bejuquismo, que fue un aporte interesante, porque era el acto de ver en la naturaleza lo que el artista quería reproducir por ejemplo, veía cuerpos humanos en las ramas de los árboles. Causó sensación, porque tenía cierta aproximación al surrealismo, dentro del contexto de las ramas de los árboles convertidas con cierto sentido de cuerpo humano y a veces de danza.

Poco a poco, él fue incursionando en la geometría y fue ahí donde empezó su gran obra.

En esa época nos reuníamos en mi apartamento en Nueva York. El vivía allá. Ahí Omar empezaba a aplanar los colores y a entrar en el mundo de la geometría, pero siempre muy llena de vibración y no tenía nada de frío.

Uno de los aspectos más maravillosos de esa obra es la yuxtaposición de colores opuestos, que producían efectos ópticos inimaginables.

De manera que Omar deja una gran obra y, como se dice de los grandes artistas, lo que él pensó que se podía hacer con todo eso no termina con su muerte. Eso da para muchos años; él deja un legado para que los jóvenes artistas continúen.

Su propuesta es tan rica, que da más que la vida de un hombre feliz que tenía muy buen gusto.

Es un artista que se nos va, pero deja una obra llena de color. Si bien desaparece como ser humano, como hombre, no desaparece como artista.

Tomado del periódico El Tiempo, 8 de junio de 2010

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Rayo, el generoso 

En el trabajo de todo artista siempre hay una obra icónica: esa que queda publicada en manuales escolares y en guías turísticas. Ornar Rayo también tuvo la suya, pero en un formato escaso, casi inédito: su empeño en transformar, a punta de arte, su Roldanillo natal.

Nacido en 1928, Rayo dio sus primeros trazos en Bogotá en la década de los 40. Fue ilustrador de varias revistas y caricaturista oficial de la Conferencia Panamericana de 1948. Luego salió a recorrer el continente con escalas primero en México y luego en Nueva York, "ciudad gris en la que aprendió a pintaren blanco y negro", según Gloria Alicia Chanduví, quien coordinó el proyecto El rayo que no cesa, una trilogía documental sobre su vida y obra.

Cansado del gris neoyorquino, regresó a finales de los 70 atraído por "la lluvia de luz de Roldanillo que cae blanca y vertical, como una daga que parte el cráneo en dos". Pero más que la luz, a Rayo lo movía la posibilidad de concretar una gran obra: el Museo de Dibujo y Grabado Latinoamericano.

En un terreno que le fue donado en 1971, Rayo le encomendó al arquitecto mexicano Leopoldo Gout la construcción de un espacio vivo con actividad cultural permanente, en una época en la que los museos todavía se pensaban como lugares estáticos destinados solo a la observación respetuosa de unas obras que rara vez cambiaban. Chanduví recuerda que "el maestro creía que el museo no era espacio para colgar muertos: tenía que generar vida."

El proyecto finalmente se concretó en 1981. Ese año también comenzó su lucha por lograr que el Estado se sumara a su causa. Entre batalla y batalla para conseguir recursos, por Roldanillo desfilaron obras de Picasso, Miró, Matta y José Luis Cuevas, que se sumaron temporalmente a una colección de más de 2.000 obras de su autoría y más de 500 de su colección personal, en la que figuran sobre todo artistas latinoamericanos como Lucy Tejada, Eduardo Ramírez Villamizar y Pedro Alcántara.

Pero el abolengo de las obras que han desfilado por las ocho salas diseñadas por Gout siguiendo técnicas mayas para regular la temperatura no es lo más destacado del que Rayo llamó siempre con cariño "su hijo bobo". Más importante es su actividad permanente, su política de puertas abiertas para tejer vínculos con la comunidad de un municipio que, gracias a él, hoy es destino de más de 25.000 colombianos que anualmente lo visitan.

Entre las actividades del museo se destacan los talleres de grabado, muchos de los cuales han tenido la calle como escenario. Estos espacios le permitieron a un grupo de jóvenes de la región formarse como grabadistas y luego, con el apoyo del museo, exponer su trabajo en México y Ecuador. A los talleres se suma lo hecho en otros frentes, como el editorial con Ediciones Embalaje y sus libros de autor en cartón y soga.

Un museo vial, un encuentro de mujeres poetas que ya completa 25 ediciones bajo la batuta de Águeda Pizarro, esposa de Rayo, talleres de cine y literatura para niños y un concurso infantil de dibujo permiten sugerir que mucho antes de que se acuñara el concepto, Rayo ya era un ejemplo de responsabilidad social.

Junto con sus intaglios, esculturas y pinturas con ilusiones ópticas latentes en una geometría casi siempre negra, blanca y roja, Rayo será recordado también por no haber seguido el camino de muchos cerebros y talentos fugados colombianos que una vez alcanzan cierto reconocimiento echan raíces en el primer mundo y solo vuelven para recoger la Cruz de Boyacá.

Tomado de la Revista Semana No.1467, 14 de junio de 2010