Galaor Carbonell

La Habana, Cuba

Pintores, Críticos

Abstracto, Objetos

 

Galaor Carbonell

pintor, escultor

Recuento
 

La reconstrucción sensible y lírica de una geografía

colombiana. Es indispensable en el caso de

Galaor Carbonell, tomar en cuenta el enfoque, el

punto de observación de un paisaje, que ha sido abordado,

o captado, en sus más recientes trabajos, como

visto desde arriba, con el ojo de

DÍOS.

por Mario Rivero

En lo que concierne al género "paisaje", se supone que implica siempre una descripción. Que solicita siempre un referente real y que a él se remite. Es decir, que el paisaje, como género, carga sobre sí un lastre inmenso, en términos de anécdota, de aspectos específicamente informativos, difundidos por el Academismo, de tal manera, que casi nunca se le llega a deslindar de la noción de realismo, así se le añada algunas veces y casi pudo rosamente el calificativo de mágico.

Pero el objeto del arte, dice Francastel, "no es producir duplicados en dimensiones reducidas de la realidad, sino fijar conductas e interpretaciones humanas". Es por eso que ante la obra de Galaor Carbonell, me gustaría igualmente para frasear a Nietzsche cuando dice: "no hay hechos, sólo interpretaciones", para decir en un primer acercamiento: no hay paisaje, sólo interpretación. Y por interpretación se entiende aquí, un acto consciente de la mente que ilustra un cierto código. Que comporta un principio de proceder, de observar, de mensurar, y que supone, no tanto expresar lo real, sino ex poner un modelo selectivo de percepción, de ordenación de las sensaciones visuales.

Intérprete romántico del paisaje colombiano, en su particularidad, su representación tiende a parcelarlo mediante un sistema de horizontes y de franjas, que corresponde a estratificaciones libres, aunque nacidas de una reflexión sobre la curvatura de la tierra, abajo, y la curva de las nubes, arriba. Con la sombra de esas nubes proyectada en trama, en trabazón, sobre una tierra que se redondea sin cesar, condenada a una perpetua flotación en la virtualidad de un espacio infinito. Ver es una acción, nos dice Galaor, haciendo un paisaje a mitad de camino entre lo real y lo imaginario. Que no es un reflejo sino una invención. Dialécticamente situado entre lo real, lo percibido y lo imaginario. La reconstrucción sensible y lírica, (un asunto geo-político nostálgico, dirá él, ante ámbitos que no coinciden con una naturaleza geográfica sino que se explican por otros motivos), de una geografía colombiana. En realidad el artista es libérrimo para crear a su arbitrio imágenes, de acuerdo a su voluntad expresiva, pues lo que cuenta como obra de arte, no es de ningún modo, el registro mecánico de esos elementos inherentes a la actividad selectiva del pintor, como árboles, montañas, nubes, ríos, sino el montaje, el manejo en forma significativa del esquema relacionado de las partes. Y para captar este esquema de integración, es indispensable en el caso de Galaor Carbonell, tomar en cuenta el enfoque, el punto de observación de un paisaje, que ha sido abordado, o captado, en sus más recientes trabajos, como visto desde arriba, con el ojo de Dios, o desde la perspectiva de un avión en vuelo.

Cuando se admite que los vínculos que existen entre los elementos de un cuadro, no se miden en términos de exactitud sino de coherencia. Que el espacio y el tiempo plástico no remite a la estructura del universo físico sino a la estructura de lo imaginario. Si aceptamos que en definitiva el significado estético equivale siempre a la organización de la obra. Es decir, cuando se juzga un logro artístico, no por el grado de exactitud de la tras posición sino por su grado de ilusionismo; el ilusionismo de la visión sustituido por el ilusionismo de lo imaginario, se le devuelve, entonces, al paisaje una dignidad cósmica que lo rescata de su prostituido destino de tarjeta postal, o de "reclame" para turistas.

La aspiración pues de esta pintura de Galaor Carbonell es alcanzar conceptos de espacio, de escala, un punto de vista desasido de las compartimentaciones heredadas de paisaje horizontal, sacando provecho de ángulos de visión novedosos y realmente atrevidos: las cordilleras, por ejemplo, vistas como desde las puntas, o estableciendo el área visual en el sentido de verticales y diagonales, u operando en un espacio fuera de escala con el en torno que lo rodea, y que tiene su fundamento en sólidas bases de perspectiva, que le permiten retirar los ojos del frente, instalándonos imaginativamente en un nuevo punto de mira.

El modo de acercamiento de Carbonell a su paisaje no es pues de ningún modo trivial o arcaizante. Lo proyecta en un espacio-tiempo específicamente moderno, lo lleva a una "visión aérea", en relación estrecha con el carácter verídicamente excepcional de una civilización que ha conquistado el espacio. Que ha "salido" literalmente del espacio creado por el renacimiento y en cuyo seno se movieron cómodamente las generaciones durante 5 siglos. Pues como sabemos, hay épocas históricas deducibles a partir de estas ideas de espacio, de las cuales las sucesivas generaciones de pintores se han sentido deseosas de dar, durente un tiempo determinado, una visión tangible.

Pero hay además un último sentido que cabe destacar en esta obra pues ha desempeñado en el arte de Galaor un papel capital. Es el deseo de intro ducir un matiz eminentemente nacional. De agramparse irreversiblemente en una dimensión social, más específica y comunal, en el intento de aprisionar características colombianas reconocibles que nos definen y califican, en una aguda observación sobre el orden físico y el orden del grupo humano que lo rodea, desde su llegada al país, procedente de Cuba, en 1966.

El medio físico tiene así para este pintor una realidad envolvente. A través de la obsesiva presencia del medio físico, a través del acto perceptivo mismo, aspira a poseer y penetrar la dimensión sicológica que nutre nuestras tensiones y nuestras introspecciones. Se esfuerza por dar la experiencia como individuo y artista de un medio que le exige un juicio de valor y un desciframiento. La naturaleza, el paisaje, indeciso y equívoco, incluso de sus límites, le permite llegar a une realidad potencial más amplia y significativa, que remite a la provisionalidad, la fragilidad, la incertidumbre, como significados permanentes encarnados en los hombres.

De aquí que este paisaje de Galaor Carbonell se recargue, aun por el color, de esa comunicación simbólica que nos introduce de lleno en el reino de la metáfora. De aquí su voluntad de trasponer lo real: el paisaje aparente se compromete con el imaginario y los elementos simbólicos están potenciados y transferidos a lo pasional, en su voluntad de ampliar en el espectador el sentido perceptivo. De encontrar resonancias en la imaginación y en la sensibilidad. O de hacer visible, en fin, "aquello, que sólo puede ser visto a través de la pintura", para decirlo con sus propias palabras.

Tomado de la Revista Diners No.138, septiembre de 1981