Guillermo Wiedemann

Munich, Alemania

Pintores

Abstracto, Figura Humana

GUILLERMO WIEDEMANN

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Marta Traba
Luis Alberto Acuña: La Exposición de Wiedemann  
MarujaVieira: Treinta años de su muerte
Germán Rubiano Caballero 
Juan Hernando Herrán: El nacionalismo de Wiedemann
Ana María Durán Otero: Un extranjero en su tierra:
Jorge Gaitan Durán: La Pintura de Wiedemann 
Jorge Gaitan Durán: De Munich al Magdalena
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Wiedemann: un extranjero en su tierra

por Ana Maria Dur�n Otero

No han sido pocos los artistas que han sufrido el exilio durante los a�os de la guerra. Pintores, escultores, m�sicos alrededor del mundo que, condenados por su pasi�n, por su humanidad y su sensibilidad, han tenido que apartarse de su patria, embarc�ndose hacia un lugar m�s seguro, hacia una nueva vida alejada de la infamia del conflicto.

Ese es el caso del alem�n Guillermo Wiedemann, quien debido a la situaci�n pol�tica fundada por el terror y la crueldad del r�gimen hitleriano, lleg� a Colombia a los 34 a�os de edad, dejando de lado a un pa�s atormentado por la fatalidad de la Segunda Guerra.

Estudiante de artes en la Academia de M�nich, Wiedemann se code�, durante los a�os veinte, con la gran van guardia europea de la primera mitad del siglo, y es por esta raz�n que al llegar a Colombia su experiencia art�stica alemana no coincidi� con las tendencias italianas, espa�olas y francesas de los pintores y artistas pl�sticos colombianos de aquella �poca.

Este hombre menudo, p�lido e introvertido, arrib� en .septiembre de 1939 "con expresi�n noble y veinte marcos en el bolsillo". Su inter�s por los paisajes tropicales y ex�ticos del pa�s se convirti� en su mayor obsesi�n; .recorridos por los puertos del Magdalena y del Choc� lo fueron guiando como artista y le revelaron c�mo encaminar sus proyectos venideros.

Sin embargo, a pesar de su gran afecto y amor por Colombia, Wiedemann nunca dej� de ser un extranjero en estas tierras suramericanas. Tratando de conservar sus ra�ces, siempre se sinti� m�s c�modo con sus compatriotas y amigos centroeuropeos.

Entre sus acuarelas, pinturas, fotograf�as y notas de viaja se ve claramente a un observador cuidadoso e inteligente, atento a los detalles. Su inter�s por la cultura afroamericana se refleja a lo largo de su obra, siendo �l mismo el creador de v�nculos cercanos con las otras comunidades. Seg�n Cristina Lleras, curadora del Museo .Nacional, "uno de los aportes m�s importantes de la obra de Wiedemann para Colombia es el hecho de que un extranjero como �l sea quien nos acerque y nos traiga m�s de cerca las regiones olvidadas afrocolombianas de nuestro pa�s".

Junto a artistas de la talla de Alejandro Obreg�n, Enrique Grau, �dgar Negret, Eduardo Ram�rez Villamizar, entre otros, Guillermo Wiedemann perteneci� a la generaci�n que rompi� en los a�os cincuenta con la concepci�n cl�sica del arte en Colombia.

Por eso Wiedemann es, sin lugar a dudas, uno de los artistas m�s representativos y destacados de la vida  art�stica nacional de todos los tiempos.

Este a�o, con el prop�sito de conmemorar el centenario de su nacimiento (Munich, 1905), el Departamento de Arte de la Universidad de los Andes y el Ministerio de Cultura, a trav�s del Museo Nacional de Colombia, presentan la exposici�n Wiedemann en Colombia: la mirada de un artista, en donde se exhibir�n 76 bocetos in�ditos, 5 acuarelas, 2 �leos, 22 fotograf�as, libros y cartas in�ditas escritas a su es posa Christina, en las que relata sus memorias de viaje y su aproximaci�n a la selva, la poblaci�n y la cultura colombianas entre 1940y1959.

Una vez m�s, con esta exhibici�n, el Museo Nacional de Colombia busca que los colombianos se aproximen a la diversidad y multiplicidad de las culturas colombianas, as� sea bajo el lente extranjero de un hombre que logr� ahondar entre mundos escondidos y desconocidos para muchos colombianos.

Tomado del peri�dico El Espectador, 30 de octubre de 2005

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CRITICA 1

Por Mar�a Elvira Iriarte

ANTES DE COLOMBIA. INTERROGANTES.

Lo que conocemos de Guillermo Wiedemann antes de su llegada a Colombia es, realmente, muy poco.

Walter Engel nos dice en su breve estudio monogr�fico sobre el artista, publicado en 1959, lo siguiente:

�...! trajo el imponderable patrimonio de una grande cultura art�stica. Esta se hab�a iniciado en estudios de varios a�os, en la Academia de Munich, bajo la ense�anza del renombrado maestro Hugo von Hahermann en pintura, y de Adolf Schinnerer en grabado.

Von Habermann, vigoroso y personal en muchos de sus cuadros, era netamente acad�mico como profesor. Despu�s de su muerte, Wiedemann se independiz� y experiment� la primera vehemente reacci�n en su desenvolvimiento. En beligerante oposici�n contra el academismo se dedic� durante dos a�os a un expresionismo radical y exasperado. Luego, sobrevino la segunda reacci�n: la ansiosa b�squeda de lo pict�rico, de un arte consciente y depurado. Esta etapa signific� para el artista un nuevo comienzo, la reconstrucci�n de su mundo desde su base.

Empujado por una permanente inquietud, Wiedemann emprende extensos viajes. Una vez separado de la Academia, vive dos a�os en Berl�n. Es all� donde experimenta la disolvente fiebre expresionista. Luego va a Par�s, Viena, Budapest, viaja a Italia y los Balcanes. Cuando se embarc� para Suram�rica, en 1939, ya hab�a vivido y trabajado en �ntimo y prolongado contacto con el arte europeo y lo conoc�a a fondo, tanto en sus aspectos hist�ricos como en sus corrientes contempor�neas.

Las breves l�neas citadas en los p�rrafos anteriores, tan escuetas, tan parcas; fueron quiz� dictadas por el mismo Wiedemann, al amigo m�s que al cr�tico, Walter Engel. Esta misma informaci�n, resumida si cabe, se repite una y otra vez en los datos biogr�ficos de diversos cat�logos del artista, en el Diccionario de artistas en Colombia, de Carmen Ortega Ricaurte, y hasta en el libro editado gracias a su viuda, Cristina Wiedemann, en 1970. Por someros que sean, permiten alg�n an�lisis y unas cuantas suposiciones.

Volvamos al comienzo. De la infancia y primera juventud del pintor no tenemos hasta hoy m�s datos que la fecha de su nacimiento en Munich, 1905, en el seno de una familia de la alta burgues�a cat�lica de la ciudad. Podemos intuir, apenas, una educaci�n bastante estricta en una ciudad cosmopolita y una situaci�n econ�mica suficientemente s�lida para que el �nico hijo var�n escogiera el campo de las artes v no el manejo de los negocios de su familia.

Wiedemann contaba catorce a�os cuando se fund� en Weimar la escuela de la Bauhaus. Seg�n algunos testimonios, quiso estudiar all� al finalizar su Gymnasium o escuela secundaria, pero la familia consider� que la nueva escuela, alejada de Munich, era demasiado vanguardista, de manera que el joven estudiante de arte ingres� a la escuela oficial de su ciudad, bajo la tutela de profesores respetados y ampliamente reconocidos en ese entonces. La historia universal del arte guarda escasa memoria de los benem�ritos profesores de la Academia de Munich, maestros V�n Habermann y Schinnerer. En cualquier caso, all� aprendi� Wilhem Egon Wiedemann los secretos de la pintura al �leo y el manejo de la acuarela, sus principales veh�culos expresivos, as� como algunos rudimentos de grabado.

Por su parte, Marta Traba nos recuerda c�mo el artista.

�...! formado en los grupos j�venes de Munich que correspondieron a la Neue Sezession de 1920, �...! aprendi� la pintura combinando un estilo que terminaba pero que no hab�a perdido del todo su vigencia, el Impreaionismo, y otro que comenzaba a con energ�a avasalladora, el expresionismo.

El estudio de W. Engel alude a la "violenta reacci�n" de Wiedemann contra el academismo impuesto por el primero de estos maestros. Tratemos de interpretar sus palabras, reconstruyendo algunos rasgos fundamentales del clima art�stico de la ciudad natal de Guillermo Wiedemann, entre 1920 y 1 930 (el artista tendr�a entonces de quince a veinticinco a�os).

Carecemos de la informaci�n precisa sobre las techas en que nuestro pintor frecuent� la academia oficial, pero debi� de ser en el transcurso de ese decenio, probablemente a mediados del mismo.

Como siempre, o casi siempre, podemos suponer que la vanguardia estaba razonablemente alejada de la ense�anza oficial en Munich. Es decir que, a trav�s de esa formaci�n atenta a estrictas lecciones de dibujo, iluminaci�n, color, composici�n y t�cnicas, las novedades de la pintura de los fauves, la revoluci�n del cubismo, el estallido del primer expresionismo de su propio pa�s, el surgimiento del arte abstracto y el detonante del surrealismo, debieron llegar apenas como eco, quiz� perturbador, pero mantenido a distancia extracurricular por los celosos maestros de la academia. El car�cter fundamentalmente curioso y abierto de Wiedemann hace suponerque al menos la informaci�n sobre esta vanguardia fue �vidamente buscada por el joven estudiante.

En alg�n momento que sigui� al deceso de su maestro Von Habermann - no sabemos si Wiedemann era todav�a estudiante de la Academia de Munich, o ser�a ya un joven artista egresado, se produjo una primera reacci�n contra las formas expresivas aprendidas en la escuela de artes: " �...! se dedic� durante dos a�os a un expresionismo radical y exasperado".

El expresionismo ten�a para entonces m�s de quince a�os de historia en la misma ciudad de Munich. Los grupos de El Puente y El Jinete Azul, n�cleos gestadores de las varias formas de expresionismo germ�nico, datan de antes de la Gran Guerra. Ya a mediados de la d�cada del veinte, el expresionismo que se consolidaba ten�a m�s bien que ver con la llamada Nueva objetividad, centrada, para Alemania, en la espl�ndida figura de Max Beckmann. Adem�s, la tendencia m�s virulenta en la d�cada de los veinte en Alemania ya no era el expresionismo. Este lugar lo ocupan los surrealistas, a quienes no podemos de ninguna manera reducir a conceptos formales. �Schwitters fue seguramente tanto m�s agitador y pol�mico que Kokoschka!

�Qu� fue lo que vio y vivi� Wiedemann en Berl�n, durante dos a�os, al lado del poeta Erich Arendt, su gran amigo? �Quiz� el fin de la Bauhaus, trasladada a Berl�n despu�s de Dessau? � Los manifiestos surrealistas, esos happenings avant la lettre que la intuici�n de algunos artistas l�cidos llevaba a concretar como premonici�n aterradora de los tiempos porvenir? El �nico indicio de esos momentos queda en los rasgos del lenguaje que reverdecen en la pintura del alem�n pasado su primer deslumbramiento en el tr�pico, cuando el grafismo se impone como voluntad de forma y de color, por encima del tema, de la composici�n y hasta del equilibrio de sus �leos y acuarelas.

"Luego sobrevino la segunda reacci�n: la ansiosa b�squeda de lo pict�rico...".

El sentido real de esta frase resulta casi imposible de alcanzar. �Quiso decir el escritor que el expresionismo no es pict�rico?

�O que el artista estaba distra�do de su quehacer por motivos extrapict�ricos? Podemos avanzar otra interpretaci�n. El ambiente cada vez m�s tenso de los medios art�sticos alemanes y su manifestaci�n l�gica, ya sea en el expresionismo, ya sea en el surrealismo o los surrealismos, conven�a muy poco al car�cter profundo de Guillermo Wiedemann. Su naturaleza, m�s inclinada a la b�squeda que a la acci�n, a interrogarse que a sentar c�tedra, debi� de sentir un profundo rechazo por cualquier imposici�n ideol�gica o art�stica del momento. A�os m�s tarde, rechazar�a igualmente las estrechas tesis est�ticas impuestas por el nazismo, pero desde antes fue un rebelde contra la moda, la vanguardia o cualquier otro criterio que no surgiera de su m�s �ntima convicci�n personal e inalienable.

"Luego va a Par�s, Viena, Budapest, viaja a Italia y los Balcanes... " Ignoramos todos los detalles referentes a la anterior afirmaci�n. Fueron viajes cortos, un ir y venir entre su pa�s y diversos sitios o, al contrario, periplos m�s extensos, permanencias de varios meses en alguna capital? �Dedic� m�s tiempo a los museos, a la contemplaci�n y al estudio de la historia, o al contrario, se interes� primordialmente por las manifestaciones m�s recientes del arte? No lo sabemos.

En cuanto a exposiciones, s�lo se conoce su participaci�n, en 1933, en la colectiva de la Nueva Secesi�n de Munich. Ninguno de los comentaristas rese�a otras muestras, aduciendo razones ideol�gicas para explicar su retiro de las salas de exposici�n, a partir de la toma del poder por Hitler.

Sobre c�mo fue la pintura de Guillermo Wiedemann antes de su viaje a Am�rica, en 1939, tenemos, en resumen, m�s intuiciones que certezas. Apenas seis, o siete obras, parte del limitad�simo equipaje que acompa�� al artista en su salida de Alemania, pueden servirnos como gu�a y apoyo en el estudio de su obra.

La mayor�a son acuarelas, sin duda m�s transportables que los �leos. Paisajes, floreros, personajes. Est�n fechadas entre el 36 y el 38. Los colores apagados, con una carga de introspecci�n y melancol�a, son la nota dominante de estas pinturas. No es f�cil discernir en ellas ninguna de las fuentes estil�sticas academia, impresionismo, expresionismo que nutrieron la formaci�n de Wiedemann. La pincelada amplia, la mancha a la vez fortuita y controlada y la presencia de grafismos que apuntalan aqu� y all� la definici�n de las formas, explicitan un lenguaje ya bastante personal, una figuraci�n sint�tica por completo ajena a las tendencias vanguardistas de la d�cada del treinta.

 

ENCUENTRO CON EL TR�PICO

En el a�o 1939, casi en v�speras de la segunda guerra mundial, desembarc� Guillermo Wiedemann en el puerto colombiano de Buenaventura. Lleg� en buque directo desde Hamburgo, despu�s de haber vencido un sinn�mero de obst�culos para poder abandonar a Alemania, cuya atm�sfera de "cultura dirigida" bajo el nacionalsocialismo le result� invivible, como hombre de profunda raigambre filos�fica y humanista.

En una nota sobre el artista publicada en 1980, aclaro que el hecho de que Wiedemann escogiera a Colombia como refugio se debi� en buena medida a la amistad iniciada algunos a�os antes con un colombiano de ascendencia alemana, el se�or Otto Moll, que realiz� estudios de ingenier�a en Alemania.

Paralelamente, aprendi� fotograf�a de arte, y de esa coyuntura surgi� la amistad con el pintor, a quien luego animar�a a emprender su aventura americana.

De Buenaventura, el pintor alem�n pas� a Bogot�. No hablaba entonces espa�ol lengua que, dicho sea de paso, nunca logr� hablar sin un muy marcado acento. Se instal� modestamente en casa del fot�grafo Mandowsky, y muy paulatinamente se fue rodeando de un grupo de amigos, la gran mayor�a alemanes o centroeuropeos radicados desde hac�a alg�n tiempo en el pa�s. Reci�n instalado, comenz� a trabajar paisajes, anotaciones a la acuarela, en las cuales la manera pict�rica que tra�a de su iniciaci�n alemana reaccion� velozmente a la inmediata fascinaci�n ante el tr�pico. En pocos meses reuni� suficientes obras para realizar su primera muestra individual, en la Biblioteca Nacional, a mediados de 1940. No se conserva el cat�logo de esta exposici�n, presentada por Enrique Uribe White, pero una peque�a cr�nica publicada por la Revista de las Indias se�ala ya el gran talento y capacidad del pintor y ante todo del colorista.

Desde esos primeros a�os los cuadros de Wiedemann fueron apreciados y comprados por algunos miembros del cuerpo diplom�tico, adem�s, claro est�, del c�rculo de sus amistades personales.

Antes de consagrar unas l�neas a la etapa inicial en la obra del pintor, vale la pena recordar, grosso modo, cu�l era el clima art�stico de Bogot� por esa �poca. El primer Sal�n Nacional estatal se realiz� en el 40 (sin contar, desde luego, las grandes colectivas del final del siglo XIX y las dos primeras d�cadas del presente siglo). Este certamen, como los de los a�os subsiguientes, consagr� con sus premios la posici�n de los artistas "nacionalistas", llamados tambi�n, err�neamente, Bachu�s, que integran la generaci�n m�s debatida y problem�tica en la historia del arte nacional.

Ignacio G�mez Jaramillo, Pedro Nel G�mez, Luis Alberto Acu�a y Carlos Correa, para mencionar s�lo algunos, pertenecen a la misma generaci�n cronol�gica de Guillermo Wiedemann, pero no fueron nunca ni sus colegas ni sus amigos.

La pintura a la moda (entre los artistas, que no entre el p�blico, que la encontraba demasiado "modernista"), esa ruptura con el academicismo tard�o que domin� buena parte de los primeros decenios de nuestro siglo XX, se orient� hacia la vociferante defensa de un "arte nacional", concepto m�s que debatible, heredado del gran momento contestatario que agit� el campo art�stico americano a partir de la revoluci�n mexicana.

Lienzos y lienzos se dedican a las leyendas ind�genas, a la revuelta de los comuneros y las gestas libertarias, a la problem�tica del naciente proletariado urbano. Sin embargo, las formas expresivas que se constituyeron en recurso estil�stico de este n�cleo de artistas y especialmente de sus pintores no est�n a la altura de las intenciones que los animaban. Con honrosas excepciones, la pintura es m�s literatura o discurso demag�gico que pintura, en los mejores casos, o simple ilustraci�n, en los m�s d�biles.

La primera etapa figurativa de Wiedemann, que cubre la d�cada 1940-50, resulta as� exactamente el opuesto de la posici�n de los colombianos. En ning�n caso porque Wiedemann se hubiese propuesto semejante antinomia. Simplemente porque su pintura, motivada no por ideas preconcebidas sino por vivencias, acota con ojo l�cido datos esenciales del mundo que lo fascina sin ninguna presi�n ajena a la pintura misma.

A ello alude la voz ponderada de Eugenio Barney Cabrera cuando escribe:

�...! pintores venidos del Viejo Mundo como Wiedemann desbrozan los caminos de la realidad absoluta para obtener la esencia definitiva, permanente, exacta, abstracta y general de la circunstancia, sin mengua, empero, de los �nicos valores que califican como tal a la obra art�stica: los pict�ricos para el caso particular de la pintura.

El color, apenas sensible en sus acuarelas de 1938, vuelve a imponerse como elemento determinante. Se instala en follajes y vestidos, como mancha que concentra la sugesti�n de la luz. Aun en las escenas nocturnas, fiestas, reuniones ante la puerta abierta de un recinto, bailes o tertulias, la mancha crom�tica es la encargada de transmitir el tono emocional sentido por el artista. De este mundo que nos transmite, Wiedemann no fue un observador pasivo. Ri�, bail�, vivi� en el mundo de los negros del valle del Magdalena, del Salda�a o del Cauca. (M�s tarde conocer�a la selva chocoana y los palenques de Cartagena). Pudo franquear el abismo de la raza, del idioma, de la cultura.

�...! Wiedemann llega a comprender de manera profunda el esp�ritu de los negros; vive con ellos, los examina, los admira, reconoce cualidades puras, ternuras insospechadas, rasgos de humanidad que lo conmueven, un instinto est�tico elemental �...! Este mundo va tomando forma en �l hasta que descubre las leyes que lo rigen y el esp�ritu fundamental que, bajo formas m�s o menos ca�ticas, lo anima y lo dota de sentido, llegando a las esencias, las vierte y las incluye en su pintura.

Guillermo Wiedemann expuso individualmente por segunda vez en 1945, volviendo a la Biblioteca Nacional. La exposici�n se llam� "Motivos tropicales" y estuvo integrada por sesenta y tres �leos; el cat�logo incluye un texto del profesor Antonio Mar�a Bergmann, alem�n como el artista, quien hace �nfasis en el car�cter tr�scendente y "metapol�tico" de las pinturas exhibidas: estos �leos est�n, dice, por encima de todo "provincialismo europeo, tropical u otro cualquiera".

La creaci�n de Wiedemann es "pintura", no "naturaleza pintada"; es "forma", en ning�n caso "naturaleza estilizada

Muchos t�tulos del cat�logo mencionan lugares geogr�ficos espec�ficos: El Guamo, Ambalema, Purificaci�n, Chicoral, Melgar, Puerto Tejada. Nos sirven como gu�a de las incursiones que el artista, cada a�o, emprend�a a las tierras calientes que se extienden bordeando los cursos del Magdalena y del Cauca, o de sus afluentes, tierras que acogieron ya hace m�s de un siglo a las comunidades negras emancipadas de su condici�n esclava. El pintor se ocupa del paisaje y de sus habitantes. Unas veces, una silueta se adentra en un sendero apenas distinguible en la masa de vegetaci�n; el asunto es pretexto para ajustar todo el equilibrio de la composici�n mediante una mancha roja que amarra los elementos ca�ticos del verde y el azul. Otras veces, un rostro a la vez gen�rico y personal, minuciosamente estudiado y no obstante sint�tico y esencial, habla de las vivencias del artista. Nunca se pierde la preeminencia de la pintura.

Veintitr�s de estos �leos y nueve acuarelas fueron exhibidos en el Museo de Zea de Medell�n muy poco despu�s de clausurada la muestra en Bogot�. Al comparar los dos cat�logos (uno y otro indican apenas los t�tulos de las obras), se evidencia uno de los escollos que dificultan la catalogaci�n precisa de la obra del pintor: una misma pintura aparece mencionada con t�tulos diferentes, seg�n la inspiraci�n del director de la galer�a.

Wiedemann conced�a muy poca importancia a este aspecto, como tambi�n al hecho de firmar y fechar sus obras. Muchos trabajos fueron firmados al salir del estudio y no al terminarse su realizaci�n. Esto explica, especialmente para el �ltimo per�odo activo del artista, manifiestas incongruencias entre la fecha indicada y el momento estil�stico de ciertas obras, a m�s de la ausencia de fecha o de firma de ambos en gran n�mero de trabajos.

Al a�o siguiente, 1946, Guillermo Wiedemann se nacionaliz� colombiano. Y tambi�n viaj�: "Durante una visita de nueve meses a los Estados Unidos de Am�rica, expuse en Nueva York, San Francisco, Los �ngeles y Pasadena"".

Tampoco de este viaje ni de las exposiciones mencionadas tenemos m�s detalles. Suponemos que la estad�a, al prolongarse por varios meses, permiti� al artista la visita de las grandes colecciones y las galer�as de vanguardia norteamericanas, en el momento que corresponde a la �poca formativa del expresionismo abstracto.

De regreso a Colombia, Wiedemann retom� su trabajo disciplinado y met�dico, alternando los per�odos tropicales con las etapas de taller bogotano. Al lado del tema negro y del paisaje selv�tico, se sit�a el desnudo femenino, la modelo o las modelos que el ojo agudo estudia con probada capacidad de s�ntesis y los pinceles forman con gesto seguro. A veces, el verde de la selva tropical ilumina con ins�litos reflejos estos desnudos.

Por esos mismos a�os, Wiedemann re�ne en su taller, ahora instalado en los altos del teatro Teusaquillo, un grupo de alumnas a quienes dedica algunas horas semanales en sus clases de pintura al �leo y a la acuarela.

En 1949, el artista realiza su tercera muestra individual en Bogot�. Muchos comentaristas se ocuparon de ella, en una escena art�stica que ya no era la misma del comienzo de los a�os cuarenta. Varios hechos indican modificaciones, aperturas y un car�cter menos provinciano.

En primer t�rmino, en los Salones nacionales, se hace presente hasta con algunas distinciones la "generaci�n de los veinte". Enrique Grau, Alejandro Obreg�n, Edgar Negret, m�s tarde Ram�rez Villamizar y Botero, inician sus trayectorias con aportes que no pasan inadvertidos para la cr�tica.

Obreg�n ocupa la direcci�n de la Escuela de Bellas Artes (1948-49).

En 1947 se organiza la Exposici�n de artistas j�venes de Colombia (Biblioteca Nacional) y, un a�o m�s tarde, el Museo Nacional, reci�n instalado en su sede actual, alberga el famoso Sal�n de los 26, que "agrup� a todos los creadores importantes del arte moderno en Colombia", seg�n informa Carmen Ortega Ricaurte.

Wiedemann particip� en la segunda de estas colectivas, en las que la cr�nica contempor�nea o ligeramente posterior (los escritos de Walter Engel especialmente) destaca ante todo el car�cter "moderno" de las obras expuestas.

Igual mente en 1948, se funda la primera sala de exposiciones comercial del pa�s, las Galer�as de Arte, que durante unos cuantos a�os ocuparon la delantera en el terreno de la divulgaci�n art�stica. All� expusieron no s�lo artistas nacionales bien conocidos Acu�a, Correa, G�mez Jaramillo y debutantes como Ram�rez Villamizar y Marco Ospina; tambi�n pudieron verse algunas obras de Picasso, Modigliani y Chagall.

La tercera exposici�n individual de Wiedemann se organiz� desde la secci�n de extensi�n cultural de la Universidad Nacional. La integraron veinticinco �leos (tres, fuera de cat�logo).

�...! Motivos tropicales prevalecen tambi�n en la muestra actual. Pero antes que representaciones de mujeres negras y mestizas, antes que documentos del tr�pico americano, estos cuadros son, seca y triunfalmente: "pintura!".

�...! La obra m�s reciente de Wiedemann revela todav�a su pasi�n por el color, pero con un sentido m�s firme de estructura. La forma aparece como una conjugaci�n de tintes, siendo las l�neas mismas no tanto un expediente divisivo como un signo de uni�n en el esquema crom�tico...

La exposici�n en las Galer�as de Arte fue, como ya se dijo, ampliamente comentada. De una a otra nota, encontramos como hilo conductor el reconocimiento a la sabidur�a del colorista. Luego, unos elogian la capacidad de integraci�n del europeo al tr�pico; otros, valores m�s espec�ficamente pict�ricos. Una nota del maestro Acu�a, que reconoce el talento de Wiedemann, le reprocha, sin embargo, el que "este pintor �...! no haya a�n tenido ojos para ver esta rica tem�tica colombiana, tan ex�tica, tan tropical y tan nuestra...".

No requiere comentario el comentario de Acu�a.

El proceso que se evidencia al estudiar algunas de las obras fechadas entre el 45 y el 49, especialmente los �leos, es la paulatina dislocaci�n de forma y color, la sustituci�n de la pincelada monocroma, corta y vibrante, por zonas trabajadas en tonalidades extra�amente refinadas, que contrastan con la espontaneidad del grafismo de color puro. Aqu� se inicia, al menos vista retrospectivamente, la lenta evoluci�n hacia el per�odo abstracto.

 

VARIACIONES EN TORNO AL TEMA NEGRO

1950 - Guillermo Wiedemann visita a Francia, Holanda, Alemania. La guerra ha dejado un mundo en ruinas. El choque para el artista debi� de ser profundo y doloroso, pero, una vez m�s, estamos ante suposiciones, no ante hechos documentados. Wiedemann llev� sus acuarelas a la galer�a Hielscher de Munich, en donde se organiz� una exposici�n. El texto del director de la galer�a compara las acuarelas mostradas con las flores de una planta que hubiese sido felizmente transplantada de su tierra natal a un clima ex�tico. Y luego, una vez restablecido el contacto con su tierra de origen, Wiedemann expondr� muchas veces en la Casa del Arte (Haus der Kunst) de Munich.

En mayo del a�o siguiente, 1951, el Museo Nacional exhibe casi ochenta obras, entre acuarelas y �leos. El marco de referencia geogr�fica se centra ahora en el territorio chocoano.

La figura negra vuelve a prevalecer en la pintura del artista, cada vez m�s referida a problemas exclusivamente pict�ricos. Pescadores un tema ampl�simo, m�sicos, escenas urbanas. La paleta recurre con frecuencia al azul profundo, al morado. Y en los a�os siguientes, esenciales en la carrera del artista, esa paleta, justificada apenas por los asuntos pintados, va a servir como instrumento preferente del pintor. Cada vez m�s, Wiedemann es esencialmente un colorista.

M�s de diez exposiciones, entre colectivas e individuales, nacionales y realizadas fuera del pa�s, se escalonan con regularidad entre 1952 y 1957. El tema negro, trabajado ahora con profundo conocimiento de causa, es apenas pretexto para unas pinturas m�s y m�s desligadas del asunto. Cierta nota descriptiva, presente en las etapas anteriores, acaba por desaparecer. Una cabeza, una o varias figuras se manejan ante todo como masas crom�ticas que animan las superficies de telas y papeles. El espacio se acota sin recurrir a ninguna pauta de perspectiva, y la l�nea, pintada o raspada con el cabo del pincel, se hace estructura. Las zonas crom�ticas son planos en los que la modulaci�n apenas si interviene.

�Qu� esta pasando, durante esa �poca, en la pl�stica del pa�s? El hecho m�s relevante es la aparici�n paulatina del arte abstracto, gracias a la tenaz labor de un pu�ado de artistas: el pionero fue Marco Ospina; despu�s, el m�s destacado, Eduardo Ram�rez Villamizar.

Pero no s�lo la abstracci�n es una novedad. Cuando, en 1957, se reanuda la serie de los Salones nacionales interrumpida a�os antes, el conjunto de la exposici�n muestra un cambio evidente tambi�n en el campo figurativo. Obreg�n, Grau, Botero, Lucy Tejada abren el camino a una nueva etapa pict�rica que en forma muy clara ha cortado los amarres, con el pasado. La gran lecci�n - asimilada, desde luego parece provenir de las evoluciones del cubismo.

El campo de la difusi�n y de la cr�tica tambi�n se ampl�a considerablemente. Varias galer�as - Buchholz, El Callej�n, Arte Moderno - realizan una valios�sima tarea. La radio y la televisi�n abren sus canales a programas de comentarios y orientaciones pl�sticas. Junto a Walter Engel, a Casimiro Eiger, la voz de Marta Traba gana r�pidamente un puesto de excepci�n. Desde 1956 se publica Pl�stica, la primera revista de arte editada en Colombia.

Resumiendo, las circunstancias que enmarcan la pintura de Guillermo Wiedemann durante los primeros a�os de la d�cada del 50, difieren tremendamente de las que conoci� a su llegada a Colombia. Incluso en el campo personal hay cambios sensibles: el artista contrae matrimonio en 1953 con Cristina Szalay Chalupezynsky, antigua embajadora de Polonia, radicada en el pa�s a�os atr�s.

 

HACIA LA ABSTRACCI�N

Tanto W. Engel como Marta Traba sit�an el comienzo del per�odo propiamente abstracto en la obra de Wiedemann en 1957, a�o en que exhibi� veintid�s acuarelas en la galer�a El Callej�n

Esta tendencia (la abstracci�n) cristaliza con toda claridad, primero en la exposici�n de acuarelas de 1957 �...!

No estamos ante un viraje de estilo, como hemos visto otros en los �ltimos tiempos con resultado incierto o desdichado, sino ante la instalaci�n del estilo en una zona mucho m�s luminosa y m�s independiente de las ataduras de la realidad.

Si n embargo, el tr�nsito de una figuraci�n muy esquem�tica a la plena abstracci�n es bastante lento. Acuarelas de 1957, �leos de 1958 (como la Figura roja con que particip� en la Bienal de Venecia) dejan translucir una silueta - apenas un punto y un tri�ngulo, que han reemplazado la cabeza y el torso, o la presencia discreta de arquitecturas. Cuando estos elementos ya no son significantes por su contenido figurado, entonces podemos hablar con propiedad de arte abstracto. Y esto ocurre en torno a 1959.

Ese a�o, en el que no expone individualmente, Wiedemann es punto focal de varias colectivas memorables: 15 pinturas, en la Biblioteca Luis �ngel Arango; el Sal�n de Arte Moderno, en el Museo Nacional; la Exposici�n Panamericana, en Cartagena. Junto con Obreg�n, Grau, Botero, Negret, Ram�rez Villamizar y Villegas, representa al pa�s en la V Bienal de San Pablo, certamen en el que la delegaci�n colombiana, en conjunto, obtuvo un Reconocimiento Especial. Adem�s, la Pintura en rojo enviada por Wiedemann al XII Sal�n Nacional, recibe el segundo premio de pintura, ratificando as�, al fin, un puesto m�s que meritorio en el arte nacional.

El estudio monogr�fico de Walter Engel, que hemos mencionado varias veces, uno de los primeros libros de arte contempor�neo ilustrados editados en el pa�s, se publica igualmente en octubre de 1959.

 

OLEOS, ACUARELAS Y COLLAGES. LA ABSTRACCION

Los cambios siguen sucedi�ndose aceleradamente en la escena art�stica colombiana. La generaci�n de "los grandes" llega, triunfalmente, a la primera l�nea. Y "el maestro", como lo llaman con cari�o y admiraci�n sus colegas m�s j�venes, es uno de ellos.

Pero todav�a en 1960 se presentan incidentes con los representantes de la vieja guardia nacionalista, como la agria pol�mica suscitada en torno al env�o colombiano para la Bienal de M�xico. Marta Traba, comisionada por los organizadores mexicanos, propuso los nombres de Obreg�n, Ram�rez Villamizar, Wiedemann y Botero. Empero, sus obras nunca llegaron a la Bienal. Tras largo debate, el ministerio de educaci�n, responsable del env�o, cambi� la nominaci�n inicial por otra m�s acorde con el gusto "patri�tico" de G�mez Jaramillo y Ariza. �Flaco servicio para el arte nacional! Los salones de la Biblioteca Luis �ngel Arango acogieron el fallido env�o que, naturalmente, constituy� una de las mejores muestras colectivas del a�o 1960.

En abril, Wiedemann mostr� su producci�n de �leos recientes, en la galer�a Buchholz. W. Engel comenta: "de la abstracci�n primordialmente decorativa, el artista ha crecido hacia la abstracci�n trascendental".

En seguida expone el comentarista c�mo Wiedemann, todav�a en esa fecha, parte de elementos de la realidad para lograr productos que son hechos pl�sticos puros. En la sostenida producci�n del artista, esta etapa, corta, es la m�s d�bil. Se dir�a que los sujetos figurativos se niegan empecinadamente a abandonar el escenario de la pintura, que el artista teme el enfrentamiento con formas y colores puros. Como no es un racionalista a la manera de quienes se expresan con la geometr�a, debe asumir la tarea de transferir sus s�mbolos habituales a otro c�digo de representaci�n, no figurativo, que le permita lograr el mismo grado de emoci�n, de vivencia hecha arte.

El medio m�s suelto de la acuarela facilita la b�squeda. El color, disperso en amplias zonas, intenso, fijado aqu� y all� con una escritura gr�fica de incre�ble agilidad es, per se, el gran protagonista de obras magistrales fechadas en 1961 y 1962.

Un comentario, escrito seis a�os antes, parece todav�a pertinente: "el color es completamente libre, anega la tela, pero el dibujo sigue ah�, superpuesto, como un esqueleto fino y cerrado que vive en el cuadro, en total independencia".

En la pintura al �leo del 61 aparece, adem�s, otro inter�s: las texturas, expresadas en pastas altas, en superficies grumosas que comienzan a desempe�ar un papel cada vez m�s determinante.

Durante este per�odo de evoluci�n acelerado, Wiedemann expone con mucho �xito fuera del pa�s, en la Uni�n Panamericana (Washington, 1961 ) y en la galer�a Light (Boston, 1962).

1963 es el a�o de los collages. Y el mismo artista dice:

En los a�os 61 y 62 trabaj� casi exclusivamente en acuarelas y en el a�o 63 en la t�cnica del collage. Mientras la acuarela ofrece contornos borrosos y suaves, propios de la naturaleza de esa t�cnica, el collage presenta principios muy diferentes. El collage constituye una forma peculiar de la pintura, ya que re�ne color y relieve. La elecci�n del material como elemento constitutivo y de texturas es decisiva. El espacio requiere una vivencia pl�stica y la relaci�n del relieve con el color debe ser captada en una forma netamente sensitiva para no dificultar la composici�n. Los materiales, a diferencia de la acuarela, presentan contornos duros y delimitan siluetas precisas. Por ello es indispensable una conformaci�n m�s concreta de lo creado, eliminando todo lo borroso y fluido.

La pluma elocuente de Marta Traba es la mejor gu�a para adentrarnos en estos trabajos del artista, que todav�a hoy desconciertan a un amplio p�blico. Y es la misma voz alerta la que nos se�ala en forma categ�rica c�mo Wiedemann es, indiscutiblemente, el pintor m�s joven que trabaja actualmente 1963 en Colombia.

Pocos artistas logran mantener el dif�cil equilibrio entre madurez art�stica y disponibilidad de esp�ritu, entre conciencia de s� mismos y flexibilidad creativa. Y uno de esos pocos es Guillermo Wiedemann.

Con trapos y costales, alambres, cuerdas, latas, cartones, paja, cabuya, papeles acuarelados, yeso, blanco de zinc, arenas y delgadas maderas, imagina, y nos invita a imaginar, un mundo formal ins�litamente refinado, muy distante de los h�bitos visuales, de los entrenamientos y hasta de los esnobismos de turno. "Varios de sus admiradores ya no le alcanzan, o no quieren acompa�arlo"

En 1 964 expone otra vez pintura al �leo. Estas composiciones, a la vez rigurosas y po�ticas, retornan al color como elemento primordial. Rojos, rosas, verdes se enfrentan al negro, que asume ser el fiel de la balanza. Los grafismos espor�dicos sirven como atadura al mundo expresionista que se va quedando atr�s. De la etapa inmediatamente anterior, de las obras construidas con elementos s�lidos, parece fluir con toda naturalidad la b�squeda de un lenguaje que coquetea con la geometr�a. �El camino de su coterr�neo Hans Hofmann, pero al rev�s? Los planos de color no son s�lidos, son sugesti�n de s�lidos. Y el color triunfa, sirviendo de estructura, de plano, de elemento constructivo y construido...

S�lo nos queda, con Marta Traba, lamentar que se hubiera interrumpido abruptamente un proceso ejemplar, "que tuviera que morirse en vida un hombre tan puro y di�fano que nos hab�a ense�ado a todos, sin una sola palabra explicativa, la inefable felicidad de entregarse a una vocaci�n concebida como un proceso de trabajo y de rigor investigativo, para sorprender la belleza, donde quiera que ella se ocultara".

La obra de Guillermo Wiedemann representa hoy uno de los m�s altos valores de la pl�stica nacional. Sea esta exposici�n un testimonio de admiraci�n y reconocimiento.

Wiedemann - Mar�a Elvira Iriarte
 

NOTAS

Walter Engel, Wiedemann, publicaciones de la Divisi�n de extensi�n cultural del distrito especial de Bogot�, 1959.

Marta Traba y Hern�n D�az, Seis artistas contempor�neos colombianos, Bogot�, Alberto Barco. editor, 1964. Sin paginar

No "comenzaba", como dice el texto de Marta Traba ya citado

Walter Engel, op. cit., p�g. 5.

Arte en Colombia n�m. 13, p�g. 68.

En varios documentos, esta exposici�n aparece fechada en 1941

C., "La exposici�n Wiedemann", Revista de las Indias, n�m. 20, Bogot�, agosto de 1941 , p�g. 135.

E. Barney Cabrera, Geograf�a del arte en Colombia, 1960, Bogot�, Ministerio de Educaci�n, Biblioteca de autores contempor�neos, 1963, p�g. 257

Marta Traba, op. cit., sin p�g.

Antonio Mar�a Bergmann, cat�logo de la exposici�n Wiedemann, galer�a Buchholz, Bogot�, 1951.

G. Wiedemann, cat�logo de la exposici�n en la galer�a Hielscher Munich, 1950.

Carmen Ortega Ricaurte, Diccionario de artistas en Colombia, Plaza y Jan�s, Bogot�, 1979, p�g. 237

Walter Engel, "Wiedemann", El Tiempo, suplemento literario, Bogot�, 19 de junio de 1949.

Howard Rochester, "De Munich al Magdalena", El Espectador, Bogot�, 22 de julio de 1949.

Luis Alberto Acu�a, "La exposici�n de Wiedemann", El Tiempo, Bogot�, 6 de julio de 1949

En su nota cr�tica sobre esta muestra W. Engel dice: "�...! fruto de dos viajes, el primero a Buenaventura y el segundo al Choc� �...! " El Tiempo, Bogot�, 20 de mayo de 1951.

Walter Engel, op. cit., p�g. 11.

Marta Traba, "Wiedemann", El Tiempo, Bogot�, 30 de marzo de 1957 .

Ver nota 1 � Walter Engel, "Naturaleza abstracta", El Espectador domimcal, Bogot�, 10 de abril de 1960.

Marta Traba, "Exposici�n colectiva en El Callej�n", Pl�stica, n�m. 1 , Bogot�, 1956. Wiedemann, revista Nova, num. 1, Bogot�, junio de 1964.

Federico Hecht, cat�logo de la exposici�n de Wiedemann, Biblioteca Luis �ngel Arango, Bogot�, 1968.

Marta Traba, "�Adi�s, Wiedemann!" El Espectador, magaz�n dominical, 2 de febrero de 1969.

Tomado del Folleto: El Arte Descubre un Mundo - Retrospectiva G.W. 1937 - 1965, Biblioteca Luis Angel Arango - 1965, Banco de la Rep�blica - Subgerencia Cultural.