Guillermo Wiedemann

Munich, Alemania

Pintores

Abstracto, Figura Humana

GUILLERMO WIEDEMANN

 


Wiedemann: un extranjero en su tierra

por Ana Maria Duran Otero

No han sido pocos los artistas que han sufrido el exilio durante los años de la guerra. Pintores, escultores, músicos alrededor del mundo que, condenados por su pasión, por su humanidad y su sensibilidad, han tenido que apartarse de su patria, embarcándose hacia un lugar más seguro, hacia una nueva vida alejada de la infamia del conflicto.

Ese es el caso del alemán Guillermo Wiedemann, quien debido a la situación política fundada por el terror y la crueldad del régimen hitleriano, llegó a Colombia a los 34 años de edad, dejando de lado a un país atormentado por la fatalidad de la Segunda Guerra.

Estudiante de artes en la Academia de Münich, Wiedemann se codeó, durante los años veinte, con la gran van guardia europea de la primera mitad del siglo, y es por esta razón que al llegar a Colombia su experiencia artística alemana no coincidió con las tendencias italianas, españolas y francesas de los pintores y artistas plásticos colombianos de aquella época.

Este hombre menudo, pálido e introvertido, arribó en .septiembre de 1939 "con expresión noble y veinte marcos en el bolsillo". Su interés por los paisajes tropicales y exóticos del país se convirtió en su mayor obsesión; .recorridos por los puertos del Magdalena y del Chocó lo fueron guiando como artista y le revelaron cómo encaminar sus proyectos venideros.

Sin embargo, a pesar de su gran afecto y amor por Colombia, Wiedemann nunca dejó de ser un extranjero en estas tierras suramericanas. Tratando de conservar sus raíces, siempre se sintió más cómodo con sus compatriotas y amigos centroeuropeos.

Entre sus acuarelas, pinturas, fotografías y notas de viaja se ve claramente a un observador cuidadoso e inteligente, atento a los detalles. Su interés por la cultura afroamericana se refleja a lo largo de su obra, siendo él mismo el creador de vínculos cercanos con las otras comunidades. Según Cristina Lleras, curadora del Museo .Nacional, "uno de los aportes más importantes de la obra de Wiedemann para Colombia es el hecho de que un extranjero como él sea quien nos acerque y nos traiga más de cerca las regiones olvidadas afrocolombianas de nuestro país".

Junto a artistas de la talla de Alejandro Obregón, Enrique Grau, Édgar Negret, Eduardo Ramírez Villamizar, entre otros, Guillermo Wiedemann perteneció a la generación que rompió en los años cincuenta con la concepción clásica del arte en Colombia.

Por eso Wiedemann es, sin lugar a dudas, uno de los artistas más representativos y destacados de la vida  artística nacional de todos los tiempos.

Este año, con el propósito de conmemorar el centenario de su nacimiento (Munich, 1905), el Departamento de Arte de la Universidad de los Andes y el Ministerio de Cultura, a través del Museo Nacional de Colombia, presentan la exposición Wiedemann en Colombia: la mirada de un artista, en donde se exhibirán 76 bocetos inéditos, 5 acuarelas, 2 óleos, 22 fotografías, libros y cartas inéditas escritas a su es posa Christina, en las que relata sus memorias de viaje y su aproximación a la selva, la población y la cultura colombianas entre 1940y1959.

Una vez más, con esta exhibición, el Museo Nacional de Colombia busca que los colombianos se aproximen a la diversidad y multiplicidad de las culturas colombianas, así sea bajo el lente extranjero de un hombre que logró ahondar entre mundos escondidos y desconocidos para muchos colombianos.

Tomado del periódico El Espectador, 30 de octubre de 2005

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CRITICA 1

Por María Elvira Iriarte

ANTES DE COLOMBIA. INTERROGANTES.

Lo que conocemos de Guillermo Wiedemann antes de su llegada a Colombia es, realmente, muy poco.

Walter Engel nos dice en su breve estudio monográfico sobre el artista, publicado en 1959, lo siguiente:

¡...! trajo el imponderable patrimonio de una grande cultura artística. Esta se había iniciado en estudios de varios años, en la Academia de Munich, bajo la enseñanza del renombrado maestro Hugo von Hahermann en pintura, y de Adolf Schinnerer en grabado.

Von Habermann, vigoroso y personal en muchos de sus cuadros, era netamente académico como profesor. Después de su muerte, Wiedemann se independizó y experimentó la primera vehemente reacción en su desenvolvimiento. En beligerante oposición contra el academismo se dedicó durante dos años a un expresionismo radical y exasperado. Luego, sobrevino la segunda reacción: la ansiosa búsqueda de lo pictórico, de un arte consciente y depurado. Esta etapa significó para el artista un nuevo comienzo, la reconstrucción de su mundo desde su base.

Empujado por una permanente inquietud, Wiedemann emprende extensos viajes. Una vez separado de la Academia, vive dos años en Berlín. Es allá donde experimenta la disolvente fiebre expresionista. Luego va a París, Viena, Budapest, viaja a Italia y los Balcanes. Cuando se embarcó para Suramérica, en 1939, ya había vivido y trabajado en íntimo y prolongado contacto con el arte europeo y lo conocía a fondo, tanto en sus aspectos históricos como en sus corrientes contemporáneas.

Las breves líneas citadas en los párrafos anteriores, tan escuetas, tan parcas; fueron quizá dictadas por el mismo Wiedemann, al amigo más que al crítico, Walter Engel. Esta misma información, resumida si cabe, se repite una y otra vez en los datos biográficos de diversos catálogos del artista, en el Diccionario de artistas en Colombia, de Carmen Ortega Ricaurte, y hasta en el libro editado gracias a su viuda, Cristina Wiedemann, en 1970. Por someros que sean, permiten algún análisis y unas cuantas suposiciones.

Volvamos al comienzo. De la infancia y primera juventud del pintor no tenemos hasta hoy más datos que la fecha de su nacimiento en Munich, 1905, en el seno de una familia de la alta burguesía católica de la ciudad. Podemos intuir, apenas, una educación bastante estricta en una ciudad cosmopolita y una situación económica suficientemente sólida para que el único hijo varón escogiera el campo de las artes v no el manejo de los negocios de su familia.

Wiedemann contaba catorce años cuando se fundó en Weimar la escuela de la Bauhaus. Según algunos testimonios, quiso estudiar allí al finalizar su Gymnasium o escuela secundaria, pero la familia consideró que la nueva escuela, alejada de Munich, era demasiado vanguardista, de manera que el joven estudiante de arte ingresó a la escuela oficial de su ciudad, bajo la tutela de profesores respetados y ampliamente reconocidos en ese entonces. La historia universal del arte guarda escasa memoria de los beneméritos profesores de la Academia de Munich, maestros Vón Habermann y Schinnerer. En cualquier caso, allí aprendió Wilhem Egon Wiedemann los secretos de la pintura al óleo y el manejo de la acuarela, sus principales vehículos expresivos, así como algunos rudimentos de grabado.

Por su parte, Marta Traba nos recuerda cómo el artista.

¡...! formado en los grupos jóvenes de Munich que correspondieron a la Neue Sezession de 1920, ¡...! aprendió la pintura combinando un estilo que terminaba pero que no había perdido del todo su vigencia, el Impreaionismo, y otro que comenzaba a con energía avasalladora, el expresionismo.

El estudio de W. Engel alude a la "violenta reacción" de Wiedemann contra el academismo impuesto por el primero de estos maestros. Tratemos de interpretar sus palabras, reconstruyendo algunos rasgos fundamentales del clima artístico de la ciudad natal de Guillermo Wiedemann, entre 1920 y 1 930 (el artista tendría entonces de quince a veinticinco años).

Carecemos de la información precisa sobre las techas en que nuestro pintor frecuentó la academia oficial, pero debió de ser en el transcurso de ese decenio, probablemente a mediados del mismo.

Como siempre, o casi siempre, podemos suponer que la vanguardia estaba razonablemente alejada de la enseñanza oficial en Munich. Es decir que, a través de esa formación atenta a estrictas lecciones de dibujo, iluminación, color, composición y técnicas, las novedades de la pintura de los fauves, la revolución del cubismo, el estallido del primer expresionismo de su propio país, el surgimiento del arte abstracto y el detonante del surrealismo, debieron llegar apenas como eco, quizá perturbador, pero mantenido a distancia extracurricular por los celosos maestros de la academia. El carácter fundamentalmente curioso y abierto de Wiedemann hace suponerque al menos la información sobre esta vanguardia fue ávidamente buscada por el joven estudiante.

En algún momento que siguió al deceso de su maestro Von Habermann - no sabemos si Wiedemann era todavía estudiante de la Academia de Munich, o sería ya un joven artista egresado, se produjo una primera reacción contra las formas expresivas aprendidas en la escuela de artes: " ¡...! se dedicó durante dos años a un expresionismo radical y exasperado".

El expresionismo tenía para entonces más de quince años de historia en la misma ciudad de Munich. Los grupos de El Puente y El Jinete Azul, núcleos gestadores de las varias formas de expresionismo germánico, datan de antes de la Gran Guerra. Ya a mediados de la década del veinte, el expresionismo que se consolidaba tenía más bien que ver con la llamada Nueva objetividad, centrada, para Alemania, en la espléndida figura de Max Beckmann. Además, la tendencia más virulenta en la década de los veinte en Alemania ya no era el expresionismo. Este lugar lo ocupan los surrealistas, a quienes no podemos de ninguna manera reducir a conceptos formales. ¡Schwitters fue seguramente tanto más agitador y polémico que Kokoschka!

¿Qué fue lo que vio y vivió Wiedemann en Berlín, durante dos años, al lado del poeta Erich Arendt, su gran amigo? ¿Quizá el fin de la Bauhaus, trasladada a Berlín después de Dessau? ¿ Los manifiestos surrealistas, esos happenings avant la lettre que la intuición de algunos artistas lúcidos llevaba a concretar como premonición aterradora de los tiempos porvenir? El único indicio de esos momentos queda en los rasgos del lenguaje que reverdecen en la pintura del alemán pasado su primer deslumbramiento en el trópico, cuando el grafismo se impone como voluntad de forma y de color, por encima del tema, de la composición y hasta del equilibrio de sus óleos y acuarelas.

"Luego sobrevino la segunda reacción: la ansiosa búsqueda de lo pictórico...".

El sentido real de esta frase resulta casi imposible de alcanzar. ¿Quiso decir el escritor que el expresionismo no es pictórico?

¿O que el artista estaba distraído de su quehacer por motivos extrapictóricos? Podemos avanzar otra interpretación. El ambiente cada vez más tenso de los medios artísticos alemanes y su manifestación lógica, ya sea en el expresionismo, ya sea en el surrealismo o los surrealismos, convenía muy poco al carácter profundo de Guillermo Wiedemann. Su naturaleza, más inclinada a la búsqueda que a la acción, a interrogarse que a sentar cátedra, debió de sentir un profundo rechazo por cualquier imposición ideológica o artística del momento. Años más tarde, rechazaría igualmente las estrechas tesis estéticas impuestas por el nazismo, pero desde antes fue un rebelde contra la moda, la vanguardia o cualquier otro criterio que no surgiera de su más íntima convicción personal e inalienable.

"Luego va a París, Viena, Budapest, viaja a Italia y los Balcanes... " Ignoramos todos los detalles referentes a la anterior afirmación. Fueron viajes cortos, un ir y venir entre su país y diversos sitios o, al contrario, periplos más extensos, permanencias de varios meses en alguna capital? ¿Dedicó más tiempo a los museos, a la contemplación y al estudio de la historia, o al contrario, se interesó primordialmente por las manifestaciones más recientes del arte? No lo sabemos.

En cuanto a exposiciones, sólo se conoce su participación, en 1933, en la colectiva de la Nueva Secesión de Munich. Ninguno de los comentaristas reseña otras muestras, aduciendo razones ideológicas para explicar su retiro de las salas de exposición, a partir de la toma del poder por Hitler.

Sobre cómo fue la pintura de Guillermo Wiedemann antes de su viaje a América, en 1939, tenemos, en resumen, más intuiciones que certezas. Apenas seis, o siete obras, parte del limitadísimo equipaje que acompañó al artista en su salida de Alemania, pueden servirnos como guía y apoyo en el estudio de su obra.

La mayoría son acuarelas, sin duda más transportables que los óleos. Paisajes, floreros, personajes. Están fechadas entre el 36 y el 38. Los colores apagados, con una carga de introspección y melancolía, son la nota dominante de estas pinturas. No es fácil discernir en ellas ninguna de las fuentes estilísticas academia, impresionismo, expresionismo que nutrieron la formación de Wiedemann. La pincelada amplia, la mancha a la vez fortuita y controlada y la presencia de grafismos que apuntalan aquí y allá la definición de las formas, explicitan un lenguaje ya bastante personal, una figuración sintética por completo ajena a las tendencias vanguardistas de la década del treinta.

 

ENCUENTRO CON EL TRÓPICO

En el año 1939, casi en vísperas de la segunda guerra mundial, desembarcó Guillermo Wiedemann en el puerto colombiano de Buenaventura. Llegó en buque directo desde Hamburgo, después de haber vencido un sinnúmero de obstáculos para poder abandonar a Alemania, cuya atmósfera de "cultura dirigida" bajo el nacionalsocialismo le resultó invivible, como hombre de profunda raigambre filosófica y humanista.

En una nota sobre el artista publicada en 1980, aclaro que el hecho de que Wiedemann escogiera a Colombia como refugio se debió en buena medida a la amistad iniciada algunos años antes con un colombiano de ascendencia alemana, el señor Otto Moll, que realizó estudios de ingeniería en Alemania.

Paralelamente, aprendió fotografía de arte, y de esa coyuntura surgió la amistad con el pintor, a quien luego animaría a emprender su aventura americana.

De Buenaventura, el pintor alemán pasó a Bogotá. No hablaba entonces español lengua que, dicho sea de paso, nunca logró hablar sin un muy marcado acento. Se instaló modestamente en casa del fotógrafo Mandowsky, y muy paulatinamente se fue rodeando de un grupo de amigos, la gran mayoría alemanes o centroeuropeos radicados desde hacía algún tiempo en el país. Recién instalado, comenzó a trabajar paisajes, anotaciones a la acuarela, en las cuales la manera pictórica que traía de su iniciación alemana reaccionó velozmente a la inmediata fascinación ante el trópico. En pocos meses reunió suficientes obras para realizar su primera muestra individual, en la Biblioteca Nacional, a mediados de 1940. No se conserva el catálogo de esta exposición, presentada por Enrique Uribe White, pero una pequeña crónica publicada por la Revista de las Indias señala ya el gran talento y capacidad del pintor y ante todo del colorista.

Desde esos primeros años los cuadros de Wiedemann fueron apreciados y comprados por algunos miembros del cuerpo diplomático, además, claro está, del círculo de sus amistades personales.

Antes de consagrar unas líneas a la etapa inicial en la obra del pintor, vale la pena recordar, grosso modo, cuál era el clima artístico de Bogotá por esa época. El primer Salón Nacional estatal se realizó en el 40 (sin contar, desde luego, las grandes colectivas del final del siglo XIX y las dos primeras décadas del presente siglo). Este certamen, como los de los años subsiguientes, consagró con sus premios la posición de los artistas "nacionalistas", llamados también, erróneamente, Bachués, que integran la generación más debatida y problemática en la historia del arte nacional.

Ignacio Gómez Jaramillo, Pedro Nel Gómez, Luis Alberto Acuña y Carlos Correa, para mencionar sólo algunos, pertenecen a la misma generación cronológica de Guillermo Wiedemann, pero no fueron nunca ni sus colegas ni sus amigos.

La pintura a la moda (entre los artistas, que no entre el público, que la encontraba demasiado "modernista"), esa ruptura con el academicismo tardío que dominó buena parte de los primeros decenios de nuestro siglo XX, se orientó hacia la vociferante defensa de un "arte nacional", concepto más que debatible, heredado del gran momento contestatario que agitó el campo artístico americano a partir de la revolución mexicana.

Lienzos y lienzos se dedican a las leyendas indígenas, a la revuelta de los comuneros y las gestas libertarias, a la problemática del naciente proletariado urbano. Sin embargo, las formas expresivas que se constituyeron en recurso estilístico de este núcleo de artistas y especialmente de sus pintores no están a la altura de las intenciones que los animaban. Con honrosas excepciones, la pintura es más literatura o discurso demagógico que pintura, en los mejores casos, o simple ilustración, en los más débiles.

La primera etapa figurativa de Wiedemann, que cubre la década 1940-50, resulta así exactamente el opuesto de la posición de los colombianos. En ningún caso porque Wiedemann se hubiese propuesto semejante antinomia. Simplemente porque su pintura, motivada no por ideas preconcebidas sino por vivencias, acota con ojo lúcido datos esenciales del mundo que lo fascina sin ninguna presión ajena a la pintura misma.

A ello alude la voz ponderada de Eugenio Barney Cabrera cuando escribe:

¿...! pintores venidos del Viejo Mundo como Wiedemann desbrozan los caminos de la realidad absoluta para obtener la esencia definitiva, permanente, exacta, abstracta y general de la circunstancia, sin mengua, empero, de los únicos valores que califican como tal a la obra artística: los pictóricos para el caso particular de la pintura.

El color, apenas sensible en sus acuarelas de 1938, vuelve a imponerse como elemento determinante. Se instala en follajes y vestidos, como mancha que concentra la sugestión de la luz. Aun en las escenas nocturnas, fiestas, reuniones ante la puerta abierta de un recinto, bailes o tertulias, la mancha cromática es la encargada de transmitir el tono emocional sentido por el artista. De este mundo que nos transmite, Wiedemann no fue un observador pasivo. Rió, bailó, vivió en el mundo de los negros del valle del Magdalena, del Saldaña o del Cauca. (Más tarde conocería la selva chocoana y los palenques de Cartagena). Pudo franquear el abismo de la raza, del idioma, de la cultura.

¿...! Wiedemann llega a comprender de manera profunda el espíritu de los negros; vive con ellos, los examina, los admira, reconoce cualidades puras, ternuras insospechadas, rasgos de humanidad que lo conmueven, un instinto estético elemental ¡...! Este mundo va tomando forma en él hasta que descubre las leyes que lo rigen y el espíritu fundamental que, bajo formas más o menos caóticas, lo anima y lo dota de sentido, llegando a las esencias, las vierte y las incluye en su pintura.

Guillermo Wiedemann expuso individualmente por segunda vez en 1945, volviendo a la Biblioteca Nacional. La exposición se llamó "Motivos tropicales" y estuvo integrada por sesenta y tres óleos; el catálogo incluye un texto del profesor Antonio María Bergmann, alemán como el artista, quien hace énfasis en el carácter tráscendente y "metapolítico" de las pinturas exhibidas: estos óleos están, dice, por encima de todo "provincialismo europeo, tropical u otro cualquiera".

La creación de Wiedemann es "pintura", no "naturaleza pintada"; es "forma", en ningún caso "naturaleza estilizada

Muchos títulos del catálogo mencionan lugares geográficos específicos: El Guamo, Ambalema, Purificación, Chicoral, Melgar, Puerto Tejada. Nos sirven como guía de las incursiones que el artista, cada año, emprendía a las tierras calientes que se extienden bordeando los cursos del Magdalena y del Cauca, o de sus afluentes, tierras que acogieron ya hace más de un siglo a las comunidades negras emancipadas de su condición esclava. El pintor se ocupa del paisaje y de sus habitantes. Unas veces, una silueta se adentra en un sendero apenas distinguible en la masa de vegetación; el asunto es pretexto para ajustar todo el equilibrio de la composición mediante una mancha roja que amarra los elementos caóticos del verde y el azul. Otras veces, un rostro a la vez genérico y personal, minuciosamente estudiado y no obstante sintético y esencial, habla de las vivencias del artista. Nunca se pierde la preeminencia de la pintura.

Veintitrés de estos óleos y nueve acuarelas fueron exhibidos en el Museo de Zea de Medellín muy poco después de clausurada la muestra en Bogotá. Al comparar los dos catálogos (uno y otro indican apenas los títulos de las obras), se evidencia uno de los escollos que dificultan la catalogación precisa de la obra del pintor: una misma pintura aparece mencionada con títulos diferentes, según la inspiración del director de la galería.

Wiedemann concedía muy poca importancia a este aspecto, como también al hecho de firmar y fechar sus obras. Muchos trabajos fueron firmados al salir del estudio y no al terminarse su realización. Esto explica, especialmente para el último período activo del artista, manifiestas incongruencias entre la fecha indicada y el momento estilístico de ciertas obras, a más de la ausencia de fecha o de firma de ambos en gran número de trabajos.

Al año siguiente, 1946, Guillermo Wiedemann se nacionalizó colombiano. Y también viajó: "Durante una visita de nueve meses a los Estados Unidos de América, expuse en Nueva York, San Francisco, Los Ángeles y Pasadena"".

Tampoco de este viaje ni de las exposiciones mencionadas tenemos más detalles. Suponemos que la estadía, al prolongarse por varios meses, permitió al artista la visita de las grandes colecciones y las galerías de vanguardia norteamericanas, en el momento que corresponde a la época formativa del expresionismo abstracto.

De regreso a Colombia, Wiedemann retomó su trabajo disciplinado y metódico, alternando los períodos tropicales con las etapas de taller bogotano. Al lado del tema negro y del paisaje selvático, se sitúa el desnudo femenino, la modelo o las modelos que el ojo agudo estudia con probada capacidad de síntesis y los pinceles forman con gesto seguro. A veces, el verde de la selva tropical ilumina con insólitos reflejos estos desnudos.

Por esos mismos años, Wiedemann reúne en su taller, ahora instalado en los altos del teatro Teusaquillo, un grupo de alumnas a quienes dedica algunas horas semanales en sus clases de pintura al óleo y a la acuarela.

En 1949, el artista realiza su tercera muestra individual en Bogotá. Muchos comentaristas se ocuparon de ella, en una escena artística que ya no era la misma del comienzo de los años cuarenta. Varios hechos indican modificaciones, aperturas y un carácter menos provinciano.

En primer término, en los Salones nacionales, se hace presente hasta con algunas distinciones la "generación de los veinte". Enrique Grau, Alejandro Obregón, Edgar Negret, más tarde Ramírez Villamizar y Botero, inician sus trayectorias con aportes que no pasan inadvertidos para la crítica.

Obregón ocupa la dirección de la Escuela de Bellas Artes (1948-49).

En 1947 se organiza la Exposición de artistas jóvenes de Colombia (Biblioteca Nacional) y, un año más tarde, el Museo Nacional, recién instalado en su sede actual, alberga el famoso Salón de los 26, que "agrupó a todos los creadores importantes del arte moderno en Colombia", según informa Carmen Ortega Ricaurte.

Wiedemann participó en la segunda de estas colectivas, en las que la crónica contemporánea o ligeramente posterior (los escritos de Walter Engel especialmente) destaca ante todo el carácter "moderno" de las obras expuestas.

Igual mente en 1948, se funda la primera sala de exposiciones comercial del país, las Galerías de Arte, que durante unos cuantos años ocuparon la delantera en el terreno de la divulgación artística. Allí expusieron no sólo artistas nacionales bien conocidos Acuña, Correa, Gómez Jaramillo y debutantes como Ramírez Villamizar y Marco Ospina; también pudieron verse algunas obras de Picasso, Modigliani y Chagall.

La tercera exposición individual de Wiedemann se organizó desde la sección de extensión cultural de la Universidad Nacional. La integraron veinticinco óleos (tres, fuera de catálogo).

¡...! Motivos tropicales prevalecen también en la muestra actual. Pero antes que representaciones de mujeres negras y mestizas, antes que documentos del trópico americano, estos cuadros son, seca y triunfalmente: "pintura!".

¡...! La obra más reciente de Wiedemann revela todavía su pasión por el color, pero con un sentido más firme de estructura. La forma aparece como una conjugación de tintes, siendo las líneas mismas no tanto un expediente divisivo como un signo de unión en el esquema cromático...

La exposición en las Galerías de Arte fue, como ya se dijo, ampliamente comentada. De una a otra nota, encontramos como hilo conductor el reconocimiento a la sabiduría del colorista. Luego, unos elogian la capacidad de integración del europeo al trópico; otros, valores más específicamente pictóricos. Una nota del maestro Acuña, que reconoce el talento de Wiedemann, le reprocha, sin embargo, el que "este pintor ¡...! no haya aún tenido ojos para ver esta rica temática colombiana, tan exótica, tan tropical y tan nuestra...".

No requiere comentario el comentario de Acuña.

El proceso que se evidencia al estudiar algunas de las obras fechadas entre el 45 y el 49, especialmente los óleos, es la paulatina dislocación de forma y color, la sustitución de la pincelada monocroma, corta y vibrante, por zonas trabajadas en tonalidades extrañamente refinadas, que contrastan con la espontaneidad del grafismo de color puro. Aquí se inicia, al menos vista retrospectivamente, la lenta evolución hacia el período abstracto.

 

VARIACIONES EN TORNO AL TEMA NEGRO

1950 - Guillermo Wiedemann visita a Francia, Holanda, Alemania. La guerra ha dejado un mundo en ruinas. El choque para el artista debió de ser profundo y doloroso, pero, una vez más, estamos ante suposiciones, no ante hechos documentados. Wiedemann llevó sus acuarelas a la galería Hielscher de Munich, en donde se organizó una exposición. El texto del director de la galería compara las acuarelas mostradas con las flores de una planta que hubiese sido felizmente transplantada de su tierra natal a un clima exótico. Y luego, una vez restablecido el contacto con su tierra de origen, Wiedemann expondrá muchas veces en la Casa del Arte (Haus der Kunst) de Munich.

En mayo del año siguiente, 1951, el Museo Nacional exhibe casi ochenta obras, entre acuarelas y óleos. El marco de referencia geográfica se centra ahora en el territorio chocoano.

La figura negra vuelve a prevalecer en la pintura del artista, cada vez más referida a problemas exclusivamente pictóricos. Pescadores un tema amplísimo, músicos, escenas urbanas. La paleta recurre con frecuencia al azul profundo, al morado. Y en los años siguientes, esenciales en la carrera del artista, esa paleta, justificada apenas por los asuntos pintados, va a servir como instrumento preferente del pintor. Cada vez más, Wiedemann es esencialmente un colorista.

Más de diez exposiciones, entre colectivas e individuales, nacionales y realizadas fuera del país, se escalonan con regularidad entre 1952 y 1957. El tema negro, trabajado ahora con profundo conocimiento de causa, es apenas pretexto para unas pinturas más y más desligadas del asunto. Cierta nota descriptiva, presente en las etapas anteriores, acaba por desaparecer. Una cabeza, una o varias figuras se manejan ante todo como masas cromáticas que animan las superficies de telas y papeles. El espacio se acota sin recurrir a ninguna pauta de perspectiva, y la línea, pintada o raspada con el cabo del pincel, se hace estructura. Las zonas cromáticas son planos en los que la modulación apenas si interviene.

¿Qué esta pasando, durante esa época, en la plástica del país? El hecho más relevante es la aparición paulatina del arte abstracto, gracias a la tenaz labor de un puñado de artistas: el pionero fue Marco Ospina; después, el más destacado, Eduardo Ramírez Villamizar.

Pero no sólo la abstracción es una novedad. Cuando, en 1957, se reanuda la serie de los Salones nacionales interrumpida años antes, el conjunto de la exposición muestra un cambio evidente también en el campo figurativo. Obregón, Grau, Botero, Lucy Tejada abren el camino a una nueva etapa pictórica que en forma muy clara ha cortado los amarres, con el pasado. La gran lección - asimilada, desde luego parece provenir de las evoluciones del cubismo.

El campo de la difusión y de la crítica también se amplía considerablemente. Varias galerías - Buchholz, El Callejón, Arte Moderno - realizan una valiosísima tarea. La radio y la televisión abren sus canales a programas de comentarios y orientaciones plásticas. Junto a Walter Engel, a Casimiro Eiger, la voz de Marta Traba gana rápidamente un puesto de excepción. Desde 1956 se publica Plástica, la primera revista de arte editada en Colombia.

Resumiendo, las circunstancias que enmarcan la pintura de Guillermo Wiedemann durante los primeros años de la década del 50, difieren tremendamente de las que conoció a su llegada a Colombia. Incluso en el campo personal hay cambios sensibles: el artista contrae matrimonio en 1953 con Cristina Szalay Chalupezynsky, antigua embajadora de Polonia, radicada en el país años atrás.

 

HACIA LA ABSTRACCIÓN

Tanto W. Engel como Marta Traba sitúan el comienzo del período propiamente abstracto en la obra de Wiedemann en 1957, año en que exhibió veintidós acuarelas en la galería El Callejón

Esta tendencia (la abstracción) cristaliza con toda claridad, primero en la exposición de acuarelas de 1957 ¡...!

No estamos ante un viraje de estilo, como hemos visto otros en los últimos tiempos con resultado incierto o desdichado, sino ante la instalación del estilo en una zona mucho más luminosa y más independiente de las ataduras de la realidad.

Si n embargo, el tránsito de una figuración muy esquemática a la plena abstracción es bastante lento. Acuarelas de 1957, óleos de 1958 (como la Figura roja con que participó en la Bienal de Venecia) dejan translucir una silueta - apenas un punto y un triángulo, que han reemplazado la cabeza y el torso, o la presencia discreta de arquitecturas. Cuando estos elementos ya no son significantes por su contenido figurado, entonces podemos hablar con propiedad de arte abstracto. Y esto ocurre en torno a 1959.

Ese año, en el que no expone individualmente, Wiedemann es punto focal de varias colectivas memorables: 15 pinturas, en la Biblioteca Luis Ángel Arango; el Salón de Arte Moderno, en el Museo Nacional; la Exposición Panamericana, en Cartagena. Junto con Obregón, Grau, Botero, Negret, Ramírez Villamizar y Villegas, representa al país en la V Bienal de San Pablo, certamen en el que la delegación colombiana, en conjunto, obtuvo un Reconocimiento Especial. Además, la Pintura en rojo enviada por Wiedemann al XII Salón Nacional, recibe el segundo premio de pintura, ratificando así, al fin, un puesto más que meritorio en el arte nacional.

El estudio monográfico de Walter Engel, que hemos mencionado varias veces, uno de los primeros libros de arte contemporáneo ilustrados editados en el país, se publica igualmente en octubre de 1959.

 

OLEOS, ACUARELAS Y COLLAGES. LA ABSTRACCION

Los cambios siguen sucediéndose aceleradamente en la escena artística colombiana. La generación de "los grandes" llega, triunfalmente, a la primera línea. Y "el maestro", como lo llaman con cariño y admiración sus colegas más jóvenes, es uno de ellos.

Pero todavía en 1960 se presentan incidentes con los representantes de la vieja guardia nacionalista, como la agria polémica suscitada en torno al envío colombiano para la Bienal de México. Marta Traba, comisionada por los organizadores mexicanos, propuso los nombres de Obregón, Ramírez Villamizar, Wiedemann y Botero. Empero, sus obras nunca llegaron a la Bienal. Tras largo debate, el ministerio de educación, responsable del envío, cambió la nominación inicial por otra más acorde con el gusto "patriótico" de Gómez Jaramillo y Ariza. ¡Flaco servicio para el arte nacional! Los salones de la Biblioteca Luis Ángel Arango acogieron el fallido envío que, naturalmente, constituyó una de las mejores muestras colectivas del año 1960.

En abril, Wiedemann mostró su producción de óleos recientes, en la galería Buchholz. W. Engel comenta: "de la abstracción primordialmente decorativa, el artista ha crecido hacia la abstracción trascendental".

En seguida expone el comentarista cómo Wiedemann, todavía en esa fecha, parte de elementos de la realidad para lograr productos que son hechos plásticos puros. En la sostenida producción del artista, esta etapa, corta, es la más débil. Se diría que los sujetos figurativos se niegan empecinadamente a abandonar el escenario de la pintura, que el artista teme el enfrentamiento con formas y colores puros. Como no es un racionalista a la manera de quienes se expresan con la geometría, debe asumir la tarea de transferir sus símbolos habituales a otro código de representación, no figurativo, que le permita lograr el mismo grado de emoción, de vivencia hecha arte.

El medio más suelto de la acuarela facilita la búsqueda. El color, disperso en amplias zonas, intenso, fijado aquí y allá con una escritura gráfica de increíble agilidad es, per se, el gran protagonista de obras magistrales fechadas en 1961 y 1962.

Un comentario, escrito seis años antes, parece todavía pertinente: "el color es completamente libre, anega la tela, pero el dibujo sigue ahí, superpuesto, como un esqueleto fino y cerrado que vive en el cuadro, en total independencia".

En la pintura al óleo del 61 aparece, además, otro interés: las texturas, expresadas en pastas altas, en superficies grumosas que comienzan a desempeñar un papel cada vez más determinante.

Durante este período de evolución acelerado, Wiedemann expone con mucho éxito fuera del país, en la Unión Panamericana (Washington, 1961 ) y en la galería Light (Boston, 1962).

1963 es el año de los collages. Y el mismo artista dice:

En los años 61 y 62 trabajé casi exclusivamente en acuarelas y en el año 63 en la técnica del collage. Mientras la acuarela ofrece contornos borrosos y suaves, propios de la naturaleza de esa técnica, el collage presenta principios muy diferentes. El collage constituye una forma peculiar de la pintura, ya que reúne color y relieve. La elección del material como elemento constitutivo y de texturas es decisiva. El espacio requiere una vivencia plástica y la relación del relieve con el color debe ser captada en una forma netamente sensitiva para no dificultar la composición. Los materiales, a diferencia de la acuarela, presentan contornos duros y delimitan siluetas precisas. Por ello es indispensable una conformación más concreta de lo creado, eliminando todo lo borroso y fluido.

La pluma elocuente de Marta Traba es la mejor guía para adentrarnos en estos trabajos del artista, que todavía hoy desconciertan a un amplio público. Y es la misma voz alerta la que nos señala en forma categórica cómo Wiedemann es, indiscutiblemente, el pintor más joven que trabaja actualmente 1963 en Colombia.

Pocos artistas logran mantener el difícil equilibrio entre madurez artística y disponibilidad de espíritu, entre conciencia de sí mismos y flexibilidad creativa. Y uno de esos pocos es Guillermo Wiedemann.

Con trapos y costales, alambres, cuerdas, latas, cartones, paja, cabuya, papeles acuarelados, yeso, blanco de zinc, arenas y delgadas maderas, imagina, y nos invita a imaginar, un mundo formal insólitamente refinado, muy distante de los hábitos visuales, de los entrenamientos y hasta de los esnobismos de turno. "Varios de sus admiradores ya no le alcanzan, o no quieren acompañarlo"

En 1 964 expone otra vez pintura al óleo. Estas composiciones, a la vez rigurosas y poéticas, retornan al color como elemento primordial. Rojos, rosas, verdes se enfrentan al negro, que asume ser el fiel de la balanza. Los grafismos esporádicos sirven como atadura al mundo expresionista que se va quedando atrás. De la etapa inmediatamente anterior, de las obras construidas con elementos sólidos, parece fluir con toda naturalidad la búsqueda de un lenguaje que coquetea con la geometría. ¿El camino de su coterráneo Hans Hofmann, pero al revés? Los planos de color no son sólidos, son sugestión de sólidos. Y el color triunfa, sirviendo de estructura, de plano, de elemento constructivo y construido...

Sólo nos queda, con Marta Traba, lamentar que se hubiera interrumpido abruptamente un proceso ejemplar, "que tuviera que morirse en vida un hombre tan puro y diáfano que nos había enseñado a todos, sin una sola palabra explicativa, la inefable felicidad de entregarse a una vocación concebida como un proceso de trabajo y de rigor investigativo, para sorprender la belleza, donde quiera que ella se ocultara".

La obra de Guillermo Wiedemann representa hoy uno de los más altos valores de la plástica nacional. Sea esta exposición un testimonio de admiración y reconocimiento.

Wiedemann - María Elvira Iriarte
 

NOTAS

Walter Engel, Wiedemann, publicaciones de la División de extensión cultural del distrito especial de Bogotá, 1959.

Marta Traba y Hernán Díaz, Seis artistas contemporáneos colombianos, Bogotá, Alberto Barco. editor, 1964. Sin paginar

No "comenzaba", como dice el texto de Marta Traba ya citado

Walter Engel, op. cit., pág. 5.

Arte en Colombia núm. 13, pág. 68.

En varios documentos, esta exposición aparece fechada en 1941

C., "La exposición Wiedemann", Revista de las Indias, núm. 20, Bogotá, agosto de 1941 , pág. 135.

E. Barney Cabrera, Geografía del arte en Colombia, 1960, Bogotá, Ministerio de Educación, Biblioteca de autores contemporáneos, 1963, pág. 257

Marta Traba, op. cit., sin pág.

Antonio María Bergmann, catálogo de la exposición Wiedemann, galería Buchholz, Bogotá, 1951.

G. Wiedemann, catálogo de la exposición en la galería Hielscher Munich, 1950.

Carmen Ortega Ricaurte, Diccionario de artistas en Colombia, Plaza y Janés, Bogotá, 1979, pág. 237

Walter Engel, "Wiedemann", El Tiempo, suplemento literario, Bogotá, 19 de junio de 1949.

Howard Rochester, "De Munich al Magdalena", El Espectador, Bogotá, 22 de julio de 1949.

Luis Alberto Acuña, "La exposición de Wiedemann", El Tiempo, Bogotá, 6 de julio de 1949

En su nota crítica sobre esta muestra W. Engel dice: "¡...! fruto de dos viajes, el primero a Buenaventura y el segundo al Chocó ¡...! " El Tiempo, Bogotá, 20 de mayo de 1951.

Walter Engel, op. cit., pág. 11.

Marta Traba, "Wiedemann", El Tiempo, Bogotá, 30 de marzo de 1957 .

Ver nota 1 ¿ Walter Engel, "Naturaleza abstracta", El Espectador domimcal, Bogotá, 10 de abril de 1960.

Marta Traba, "Exposición colectiva en El Callejón", Plástica, núm. 1 , Bogotá, 1956. Wiedemann, revista Nova, num. 1, Bogotá, junio de 1964.

Federico Hecht, catálogo de la exposición de Wiedemann, Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá, 1968.

Marta Traba, "¡Adiós, Wiedemann!" El Espectador, magazín dominical, 2 de febrero de 1969.

Tomado del Folleto: El Arte Descubre un Mundo - Retrospectiva G.W. 1937 - 1965, Biblioteca Luis Angel Arango - 1965, Banco de la República - Subgerencia Cultural.