Juan Camilo Uribe

Medellin, Antioquia

Pintores

Objetos

Juan Camilo Uribe

Pintor, visual

 


CRITICA

por Eduardo Serrano

"Proyectos" es el título de la serie de exposiciones iniciada por el Museo de Arte Moderno de Bogotá con los objetivos, bien de promover obras osadas y experimentales, o bien de hacer evidentes los procesos en la creación artística contemporánea; y en ambos sentidos esta exposición de Juan Camilo Uribe corresponde con los propósitos de la Institución. Su obra manifiesta una definición del arte como actitud creativa (más que como trabajo minucioso de exquisito terminado y posibilidad decorativa),y estos "Quinientos Telescopios", aparte de proyectar el penetrante humor de su iconografía documentan su propio advenimiento como arte, su propia trayectoria en un contexto artístico que los transforma de objetos corrientes e inclusive de mal gusto, en expresión particular.

Su trabajo es de una riqueza deducible de las múltiples nociones en las cuales la crítica se apoya para analizarlo y aprehenderlo: "Pop", "Kistch" y "Conceptual" son, por ejemplo, tres acentos que se reconocen en su obra sin sorpresa, pero ninguno de ellos la define (de la misma manera que su tema no define a Dios a pesar de basarse con frecuencia en las representaciones de su "Hijo"). Es "Pop" la imaginería de que se vale, "Kistch" la entonación que la presenta, y "Conceptual" su orientación hacia la revelación de ideas y no de una habilidad o talento artesanal. Su trabajo propone más que expone, define más que muestra y suscita el raciocinio más que la contemplación. Y por lo tanto no es fácil precisarlo mediante explicaciones formalistas, aunque parta de un lenguaje sujeto a descripciones y con características visuales específicas.

Su producción está enraizada en la indiosincracia colombiana no sólo porque incluye la reinterpretación de sus mitos religiosos más preciados, sino también porque las alteraciones con las cuales lo presenta implican una crítica punzante que no tendría el mismo sentido en otras sociedades; y especialmente porque la manera en que arregla sus "collages" hace una alusión directa a la sensibilidad de esta cultura, al estilo y al gusto detectable en, por ejemplo, los corazones de claveles rojos o las anclas de rosas amarillas que adornan las carrozas, los altares de Corpus y los Monumentos de Semana Santa en el país. Y en el caso de la presente exposición estas referencias no se encuentran sólo en los arreglos fotográficos, sino en los "telescopios" mismos, en sus colores pasteles o primarios, en sus materiales ordinarios y en sus connotaciones de "memento" popular.

El número de "telescopios" seguirá aumentando indefinidamente, registrando sus presentaciones como arte; y subrayando al mismo tiempo la apertura del artista hacia la vida, su énfasis en percepción y en actitud, y su convencimiento de que el arte puede estar en todas partes, depende del color del cristal con que se mire.

Eduardo Serrano

Tomado del Folleto: Museo de Arte Moderno de Bogotá - 1979

 

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Los 70 autorretratos de Juan Camilo Uribe

El conocido artista paisa Juan Camilo Uribe pasó de la pintura a la fotografía. De sus iconos que representan temas religiosos de manera jocosa y crítica en los años setenta, con corazones de Jesús palpitantes y vírgenes que intentan salir del purgatorio envueltas en llamas y repetidas tantas veces que asemejan a miles de pecadoras, hoy el tema es él mismo, como el símbolo a encontrar, como imagen de culto. Sus 70 autorretratos tamaño carta constituyen la muestra que se exhibe actualmente en el Festival de Fotografía de Medellín, Foto fiesta, bajo el título "70 autorretratos 70". Su obra se expone en la galería La Oficina, dirigida por Alberto Sierra.

Uribe, nacido en 1945, habla con franqueza, con la sinceridad de los títulos que les pone a sus obras, como "Yo aquí, quemándome por nada", obra de 1973 de la colección permanente del Banco de la República o como su inmersión "Entre la tetamenta", una de sus fotografías en las que se burla del erotismo y la pornografía.

Hoy se topó con el computador, descubrió las herramientas de la manipulación de la fotografía y se encuentra maravillado. ÉI, como fotógrafo aficionado, se ha dedicado a tomarse fotos y a que le tomen fotos para retocarlas, transformarlas. Por cierto, afirma que nadie sabe tomar fotos... "sólo Carmen, una niña de 9 años, ha logrado buenas fotos mías...", dice riendo, y preguntándose si es que no será lo suficientemente bello.

Así, con 70 fotos por delante que le han tomado seis meses de trabajo, con arduas jornadas en donde las cuatro de la madrugada es su mejor hora, se ha encontrado a sí mismo. "El que cambia es uno, el arte sigue siendo igual", dice luego de este trabajo, en el que además le ha hecho homenajes a sus artistas preferidos, haciéndose un autorretrato a su manera: a Melitón Rodríguez, conocido retratista del siglo XIX, que trabajaba de manera impecable la puesta en escena de la fotografía; a Andy Warhol, padre del arte pop, quien multiplicó la imagen, entre otros.

Tomado de la Revista Cromos No.4468, 29 de septiembre de 2003

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Arte con humor y sentido común

Una retrospectiva del artista medellinense Juan Camilo Uribe (1945-2005) se puede ver en la Casa de Moneda del Banco de la República, en Bogotá.

Curada por el especialista Alberto Sierra bajo el nombre Juan Camilo Uribe, Arte con sentido común, presenta sus trabajos en serie y collage, que recuerdan lo popular con imágenes religiosas. En ellos comparte espacio el Sagrado Corazón de Jesús, José Gregorio Hernández, Santa Clara y San José.

Hay obras desde los años 70 hasta la presente década. Los puentes que establece entre arte y sociedad dejan notar su carga de humor: Por ejemplo, a un Sagrado Corazón con un corbatín (1979) lo llamó La nueva Colombia; a una serie de mujeres quemándose (en el infierno) las nombró Las ricas del Poblado (barrio de Medellín). Están también sus cartas a obras de arte, como esta a la Maja desnuda:

"Señora Maja desnuda de G. Museo del Prado (...) Estimada Maja: como el problema del arte continúa sin solución, hemos decidido cerrar indefinidamente el museo. Por tal motivo las obras de arte deben abandonar el museo antes del día 15 de mayo del presente año. Le rogamos hacer extensivo este mensaje a su vecina la vestida. Atte. Juan Camilo Uribe".

Tomado del periódico El Tiempo, 11 de septiembre de 2007 

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Arte con sentido Común

por Alberto Sierra Maya

La vida y la obra de Juan Camilo Uribe marcan un momento trascendental en la historia del arte colombiano y habitan los lugares y las gentes de Medellín. Como un hecho social más que intelectual, su aparición en las galerías fue tomada como un evento que catalizaba el ambiente en la década de los 70, años en los que se gestaron sucesos tan significativos como el Museo de Arte Moderno de Medellín y las bienales de arte.

Valiéndose del humor, Juan Camilo tocó las fibras de la manera de ser colombiano: la religión, la patria, la mujer, la sexualidad y lo popular. Tomó el lenguaje esencial del pueblo y de él se valló para presentar el punto de inflexión en donde la cultura presenta contradicciones, tales como lo socialmente aceptable, la fe y lo intelectual.

Juan Camilo Uribe: Ascensor para anima solaCon todo ello creó una propuesta única, realizada desde la inteligencia y la intuición. Hasta aquel momento nadie había creado una propuesta tan propia con elementos de la imaginería religiosa y los objetos de uso común. Si bien, para el público en general la propuesta era tan simple que era difícil tomarla en serio, la respuesta de los críticos y los periodistas representó un interés creciente en su punto de vista y propuesta.

Al retomar ahora esta muestra retrospectiva y revisar aquellos años setenta, ha sido posible constatar que muchas de aquellas primeras obras han desparecido. Tener una actitud hacia lo popular y con sentido del humor, propició que algunos de los coleccionistas de la época no tomaran en serio aquellos primeros collages. Inclusive, y a través de los años, el propio Uribe hizo lo propio con su trabajo. No se trataba de darle poca valía, sino que ante todo él estaba desprovisto de esa visión sacralizante del artista, de la obra, del lenguaje.

Uribe nació en Medellín, en medio de una familia de clase alta antioqueña. Su formación fue autodidacta y aunque se inició en la cerámica, pronto trasladó su trabajo al collage y la fotografía. Su vida bien habla de su trabajo. Habitante constante del centro de Medellín, sometía sus ojos y su sensibilidad a una mirada de estímulos: los ruidos de la calle que se colaban por el balcón de su apartamento de la populosa calle Maracaibo, radio y televisión, suscripción a diversas revistas y periódicos, pero sobre todo, rodeado de amigos en medio de la fiesta y el goce de la vida.

Es por esta intensa vida cotidiana por lo que en muchas ocasiones la obra parece una recreación de lo que sucedía en el terreno personal de Uribe. Son famosas las coplas en medio de las fiestas y las anécdotas que rodean las obras. Pareciera como si su trabajo artístico fuera una nota de pie de página en torno a una manera de ver la vida desde la inteligencia y la picardía, el acontecer diario y la noticia de última hora en la vida nacional.

Otro aspecto relevante en la comprensión de la obra de Juan Camilo es su rebeldía frente a lo que el medio le impone al artista. A pesar de muchos y contra sus propios pronósticos, Uribe trabajaba a un ritmo constante y prolífico, pero ausente de la necesidad de estar inscrito en circuitos, obedecer a las modas y vivir atento a la crítica. Su personalidad y hasta su propio ego le daban pauta en la creación artística.

Desde los años setenta y hasta el año 2005, cuando murió, realizó innumerables series de trabajos en las que mantuvo un abecedario básico. Mantuvo un proceso creativo dentro de los mismos contextos y durante más de treinta años logró reunir una obra robusta y contundente. Pasó del papel, el lápiz, las tijeras y los objetos domésticos transformados, al recurso digital, del que se valió en sus últimos años y en donde dejó extensas series en las que el Corazón de Jesús fue reemplazado por otros rostros del acontecer diario nacional.

Al interior de la obra

La obra de Uribe usa la paradoja que siempre está presente en las verdades que la cultura encierra. Al mirar los elementos que se repiten en su obra: dios, patria, ley, género, Juan Camilo muestra los limites que existen entre la comprensión y la sinrazón, la duda y la certeza, la risa y la ceremonia, de todos estos conceptos fundamentales en la manera de ser de un pueblo.

Así, el vacío y la contradicción se hacen visibles al mismo tiempo en un trabajo que es autobiográfico pero que también toma lo que nos es común como nación. Desde nuestra forma de ser colombiana y hasta latinoamericana, no hay quien escape del poder del Corazón de Jesús, los milagros de José Gregorio, los martirios de las ánimas, y la belleza saturada de los puestos de revista y los parachoques de un bus. Todo esto visto desde la obra de arte misma, adquiere una nueva dignidad. Uribe usaba esa transformación que se logra a través del arte, como una forma de acercar los lenguajes y las dimensiones estéticas que aporta cada espectador, pero desde una dimensión en la que todas las miradas tienen su valía.

Un segundo aspecto fundamental en el trabajo de Juan Camilo es el humor. A pesar de que los planteamientos que él hacía en cada una de sus obras combinaban lo sagrado y lo profano, lo intelectual y lo popular, lo íntimo y lo masivo, la tensión se aligera a través del humor. Su estrategia fue hacer parecer banal lo más esencial y a través de la risa y la Ironía sacar a la luz el teatro de lo social.

Un ejemplo de todo esto se puede ver en la Ascensor para ánima sola (1974), en donde, a través de la ironía, Juan Camilo señala los poderes que la religiosidad popular le confiere a su imaginería y que son tomados por los fieles como una verdad sabida que se guarda en el terreno de lo que se da por hecho y sin cuestionar. Al no oponerse a esta creencia, Uribe adopta el milagro como una excusa para desacralizar el mensaje. Este sofisticado proceso semiótico ocurre, en todo momento, apoyado en la puesta en duda del hecho mismo, pero a través de la representación Ilana del mismo.

Otro de los asuntos que definen este trabajo es el elemento serial. Uno de los soportes más repetidos dentro de su obra viene de Gráficas Molinari, una empresa caleña que distribuía para todo el país las imágenes de santos y que hizo de su interpretación de lo divino y lo humano la iconografía católica que está en el imaginario colectivo colombiano. Como todos los objetos que hacían parte de la obra de Uribe, la distribuidora de estas imágenes estaba cerca de su casa, allí se surtía y luego en su casa, con manos de artesano, recortaba de las láminas el rostro o la figura que duplicaría en sus collages.

De esta manera, utilizó un artículo propio de la cultura de masas: la estampa religiosa, llevándola a la obra del modo en que lo hicieron los artistas pop. Por ejemplo, en el ámbito nacional, Beatriz González también toma el recurso de Molinari, pero a diferencia de Uribe, ella se las apropia a través de la pintura; por su parte, Juan Camilo lo hizo desde collages que se componen de imágenes idénticas de las que recortaba y multiplicaba en composiciones simétricas.

La realización del collage es un asunto significativo: buscaba con él simetría en la composición, a la manera de la estética popular. Repetía figuras en líneas continuas que formaban una nueva geometría. La nueva forma contenía su propio simbolismo: el poder, lo Infinito, la evolución, o simplemente aludía a las misma religiosidad popular.

Esta búsqueda de la simetría y la geometría en la obra, era un trabajo que Juan Camilo asumía con la paciencia del artesano y la rigurosidad del académico. La realización de cada uno de esos collages era bastante dispendiosa y requería de gran precisión y cálculo, pero su resultado final desdice de la complejidad de su elaboración al apuntar a una relación directa de la obra con el espectador. Es por esto que podría decirse que el artista siempre fue consecuente al conciliar forma y actitud.

Juan Camilo Uribe: Homenaje Tetas IIOtro ejemplo de ello lo aporta su participación en el Coloquio de Arte No Objetual, realizado en el Museo de Arte Moderno de Medellín en 1981. La obra que presentó fue una serie de cartas enviadas a los museos en las que les pedía a sus principales piezas (pinturas y esculturas) que a partir de la fecha su presencia en el lugar ya no era necesaria. Este trabajo, otra vez, lleno de humor, definía de una vez y resolvía el asunto de este encuentro académico y artístico. Su manera de enfrentar este tipo de situaciones y en general, la forma como lo encaraba, era la misma como lo haría la gente del común, y en ese sentido, su interpretación era llana y legitimaba los usos cotidianos del arte y la manera como un hombre del calle piensa la contemporaneidad.

En la pieza Arte telescopio (1976) nuevamente Uribe lleva el uso artístico de la fotografía al uso popular. La obra se compone de más de trescientos pequeños proyectores de positivos en los que no sólo aparecen referencias a pinturas de la plástica mundial, sino también momentos de la vida cotidiana del artista, de la ciudad, chistes y hasta fotografías de sitios de la ciudad.

Cada vista es una sorpresa que da saltos por lo común y lo extraordinario. Esta instalación es una de las más importantes que él hizo. El crítico William Zimmer afirmó que su presencia en el espacio "se parecía a la lluvia de una gran piñata". Por su parte John Stringer decía: "una fuerza especial reside no sólo en la naturalidad con que aborda temas y motivos locales, sino también en la comodidad con que emplea materiales familiares (...) Las proposiciones conceptuales se expresan claramente: la obra de Uribe es un ejercicio de auto-documentación, y los elementos plásticos ordinarios desechables con que está compuesta son cercanos en su espíritu a la noción de ready made de Duchmap: un objeto industrial transformado en arte principalmente mediante la determinación del artista".

Juan Camilo Uribe: Homenaje a la bandeja paisaSiguiendo la transformación de objetos, se encuentran una serie de instalaciones y piezas artísticas que nacieron más a la manera de un collage en tres dimensiones. El autorretrato La cabeza parlante que realizó para una muestra en la Galería La Oficina en 1975, así como la pieza Plasticana y otras que incluyen juegos de luces y movimiento, son obras que toman los objetos de la calle y a manera de pesebre resuelve no sólo lo técnico, sino también lo plástico. Por esto ha tratado de decirse que su obra es kitsch. Esta clasificación no es precisa en cuanto que Uribe no tomaba los objetos usados como baratijas ni con un cierto desprecio por lo popular, era más bien una interpretación desde la estética, una manera de abarcar el mundo.

Luego de agotar la reflexión alrededor de lo popular y lo religioso, Juan Camilo integra el tema de lo sexual desde el cuerpo femenino como objeto. Así, partes del cuerpo pasaron a ser representados a partir de cosas de uso doméstico y hacer alusión a los platos de arroz servidos en los restaurantes de comida popular. Por esto, en la serle que tituló Tetas, ídolos y santos es más conveniente hablar de un arte kitsch, ya que en este caso si se pasa a una crítica sobre la estética femenina a partir de los objetos que rodean su cotidianidad en el hogar: pequeñas ensaladeras, bisutería, carpetas y manteles tejidos.

Al final de su vida Juan Camilo regresó a la fotografía (esta vez digital) y al autorretrato. Además de una actitud irreverente y juguetona, su legado es el de la simplicidad y de fijar una mirada inteligente y mordaz sobre aquellas actitudes que definen esa forma de ser latinoamericana.

A pesar de la cercanía de su presencia y de su testimonio plástico, aún hoy sorprende y marca rutas para las nuevas generaciones de esta ciudad y del país. Su estética y su manera de comprender la creación artística desde la simplicidad y lo común, nos hace pensar en la forma como él enfrentaría el hoy del arte y de la contemporaneidad. Su obra reunida tiene la esencia de una época en Colombia: aquella marcada por la unión de lo sagrado, lo político y lo profano.

Por la cercanía de los tiempos y la multiplicidad de eventos, el tiempo y la historia dirán las conclusiones; nos queda por lo pronto develar la parodia que esta obra encierra.

Alberto Sierra Maya 
Tomado de la Guía coleccionable No.42, Museo de Antioquia, 2007 

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Juan Camilo Uribe: San José florecidoA pesar de su actitud iconoclasta y burlona, la obra de Juan Camilo Uribe es una de las más serias y coherentes del panorama actual de la plástica colombiana. Con aparente monotonía, basado en la reiteración de los iconos populares -casi siempre a base de collages de vivaz colorido y obvia intención kistch-, el artista, que suele valerse de construcciones geométricas primarias, plantea sin dejar de reír, una visión desesperanzada de la frágil cultura religiosa de su entorno, del mito ya inerte y vacío que ha tomado estérilmente el lugar de una fe moribunda. Lúcido, paciente, minucioso, su trabajo, según el crítico Eduardo Serrano "hace patente una agudeza, un humor y una libertad desconocidas en nuestro medio".

En sus últimas épocas Uribe incorpora a su trabajo la visión tridimensional, encerrando en cajas objetos domésticos, tomados de lo cotidiano popular, que solos o acompañados de sus antiguas estampas se transforman para repetir. con nuevas posibilidades plásticas y conceptuales, el mensaje de su obra.

Jesús Gavina Catálogo El Arte en Suramericana 1994 
Tomado del folleto Arte Colombiano, Cuatro decadas de la Coleccion de Suramericana, 2013 

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