Museo Casa del Marques de San Jorge

Bogota

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Museo Arqueológico
Casa Marqués de San Jorge

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En la casa que fuera del Marqués de San Jorge, en el barrio histórico de la Candelaria, el Museo Arqueológico del Banco Popular, ha encontrado su sede definitiva. La hermosa casona fue construida, muy probablemente, a finales del siglo XVII, y refleja un período de nuestra arquitectura colonial, poco ostentosa, sencilla pero amplia y noble en sus espacios. Esta casona ha sido adecuada para guardar y presentar al público uno de los patrimonios culturales y artísticos más llenos de significación de cuantos posee el país: el testimonio de las culturas precolombinas a través de su producción de cerámica orfebre y artesanal. Y es que la gran actividad orfebre que en el horizonte de las culturas precolombinas desplegaron los artífices de nuestras diversas culturas, constituye el más rico testimonio de su civilización. Escultores y ceramistas a lo largo de los siglos crearon una expresión, sagrada algunas veces, otra con sentido utilitario, de su actividad, social y ritual, que para el hombre de hoy constituye todo un jeroglífico, al que el observador se acerca con curiosidad y respeto. Los museos especializados en conservar este precioso legado, están persuadidos que salvando este tesoro rescatan parte de nuestra memoria perdida, para traer al presente una visión global de aquel mundo que dejó de existir tan pronto como los conquistadores se enseñorearon del territorio americano. La actividad científica del Museo prolonga la tarea de recuperar y preservar las diversas piezas con el estudio y la interpretación del modo de existencia y devenir de esas culturas. De tal manera la orfebrería de oro y barro está relacionada con su contexto inmediato, el geográfico y aquel otro con el cual se vincula el objeto específico a su uso o su quehacer.

El Museo Arqueológico del Banco Popular en esto es ejemplar pero también es ejemplar su vasta colección, conformada por cerca de 16.000 piezas de cerámica precolombina. Aquí están ricamente representadas las culturas que tuvieron su asentamiento en nuestro territorio. El Museo ha dividido sus etapas de acuerdo con cada cultura. De la cultura Tairona, formada por una de las numerosas tribus que ocuparon el costado norte de la Sierra Nevada de Santa Marta, se muestran trabajos de arcilla de gran destreza técnica y artística, bajo los tres tipos de cerámica conocidos, "Negra", "Crema" y "Rojiza". Los vasos decorados con representaciones humanas y de animales, casi siempre adornados ceremonialmente y la representación de la fauna de la región que es hoy conocida gracias a los pequeños silbatos de arcilla, son típicas producciones de la cerámica "Negra". La cerámica "Crema" ha sido encontrada igual que la anterior como ofrenda en los enterramientos, en tanto que la "Rojiza" está compuesta por vasijas, recipientes de uso doméstico y urnas funerarias. Las muestras de la cultura Sinú demuestran cómo estos habitantes de las hoyas de los ríos Sinú, San Jorge, Nechí y Bajo Cauca moldearon una cerámica utilitaria, utensilios domésticos en su mayoría. El Museo posee piezas valiosas de esta cerámica funcional, copas de pedestal y figuras antropomorfas como ofrendas fúnebres.

En el Bajo Magdalena hubo densos poblamientos en la época prehispánica constituidos especialmente por pescadores y agricultores. Los vestigios arqueológicos muestran un desarrollo amplio en la fabricación y uso de la cerámica, que alcanzaba una perceptible perfección formal. Platos, copas, vasijas de forma cilíndrica con tapaderas rematadas con figuras antropomorfas, figuras zoomorfas, y en las urnas fúnebres toda una concepción escultórica que expresaba estados de súplica y angustia, probablemente representando el trance de la muerte.

La cultura Quimbaya se ha revelado en los recientes descubrimientos como una de las que alcanzó el mayor desarrollo artístico con las delicadísimas producciones de sus artífices. Grupo étnico conformado por varios grupos indígenas, habitó el territorio comprendido entre los ríos Cauca y Magdalena, recorriendo los actuales departamentos de Quindío, Caldas, Risaralda y norte del Valle del Cauca. La riqueza y esplendor de su cultura y la gran variedad en el repertorio de sus representaciones está confirmada a partir del análisis de su producción orfebre.

El Museo Arqueológico posee una amplia colección de sus vestigios. Los volantes del huso denotan su desarrollo textil; las pintaderas y rodillos, con sus motivos antropomorfos y zoomorfos, sometidos a estilizaciones elegantes y geométricas, muestran un alto sentido de lo decorativo. Los recipientes ceremoniales, las estatuillas y los adornos en general  son prueba de una intensa actividad ritual.

En la vertiente que flanquea la Costa Pacífica de la Cordillera Occidental, la extensa población de los calimas tuvo su asentamiento. Su producción orfebre sorprende por el sentido artístico como está realizado, tanto en su acabado como en la concepción de sus representaciones. La muestra de la cultura Calima, que exhibe el Museo Arqueológico expresa una gran actividad social, labor en metalurgia, cerámica y textil, que aparte del uso que tenía dentro de la comunidad, servía de elementos para el comercio con otras comunidades.

La zona arqueológica de San Agustín tiene todo el prestigio de sus monumentales esculturas. En este territorio del Alto Magdalena se desarrolló una cultura totémica, al menos en la época que fue ocupada por sus escultores. Sucesivamente poblada durante un período de 2.000 años en esta región tuvo que asentarse muy diversas tradiciones culturales, técnicas y estilísticas a juzgar por los vestigios allí encontrados. Aparte de la estatuaria, los recipientes fabricados con fines religiosos conforman la mayor riqueza arqueológica de San Agustín.

Al oriente del departamento del Cauca en el territorio de Tierradentro se encuentra localizada una zona arqueológica de gran interés. Su estatuaria y su cerámica tiene semejanzas con la de San Agustín, pero, sus hipogeos subterráneos son propios de la región. En estas cámaras mortuorias, profusamente decoradas, se depositaban con el difunto piezas de cerámica, líticos y orfebrería. Fue al parecer una sociedad con vínculos muy estrechos con los ritos funerarios, a lo que integraron las variadas formas de representación antropomorfa y zoomorfa.

El territorio que hoy se denomina como departamento del Tolima, fue ocupado por varios grupos indígenas cuya aguerrida beligerancia es conocida. Allí floreció una gran actividad orfebre, de oro y arcilla. Como alfareros alcanzaron un considerable grado, de desarrollo plasmado en la cerámica. La muestra que posee el Museo Arqueológico está compuesta básicamente por vasijas de uso doméstico y ceremonial, así como por pequeñas figuras antropomorfas.

En los altiplanos de Cundinamarca y Boyacá habitó el grupo étnico de los muiscas. Se

sabe de esta cultura que alcanzó una organización social avanzada y una cultura plenamente desarrollada. Su economía y diversa, el comercio y la industria desarrollaron al lado de la minería y la agricultura, la orfebrería y la alfarería, de la cual posee el museo hermosas piezas testimoniales.

En la zona del actual departamento Santander la cultura Guane tuvo su asentamiento, siendo los lugares de su dominio Barichara, San Gil, Socorro, Oiba y Charalá.  Compartieron con sus vecinos los algunos rasgos culturales peculiares, lengua chibcha. El legado arqueológico de los guanes que hoy podemos admirar está compuesto en buena parte por los vestigios hallados en los enterramientos. Para el largo viaje de la muerte, los jefes y caciques guanes eran enterrados con todo un acompañamiento que incluía a sus mujeres y esclavos, vasijas pintadas, estatuillas talladas, armas y herramientas, adornos de oro y esmeraldas hacían parte de sus tumbas.

La cultura Nariño se extiende de la zona de los Andes del departamento de Nariño hasta el Norte del Ecuador. Recibió una fuerte influencia de las migraciones provenientes del Perú y Ecuador, quedando ésta plasmada su quehacer artístico y artesanal. Do grupos étnicos diferentes ocuparon este territorio en dos períodos distintos: los denominados capuli, entre los años 800 d.C. y 0, y los piartal en una zona menos extensa comprendida entre los ríos Patía y Pacual. La cerámica de estas culturas de Nariño que se conserva en el Museo Antropológico, es rica en significados culturales, donde se establecen usos y costumbres así como también un grado de estilización en las formas de sus representaciones tanto en el plano doméstico como en el ritual.

La cultura Tumaco se extendió a lo largo de la costa Pacífica del departamento de Nariño hacia el sur. Es quizás la que mayores enigmas plantea para el investigador actual.  Entre los años 500 antes de Cristo y los cinco siglos posteriores, corrientes migratorias de navegantes poblaron esta zona. La gran edad en sus modos de representación y la abstrusa complejidad ha quedado establecida en las muestras de cerámica y utensilios hallados. Ahí se evidencian rasgos comunes con otras culturas como las que ocuparan el Valle de México. Con técnicas avanzandas modelaron su arcilla en matrices que les permitieron una producción en serie. La colección de cabezas antropomorfas que ve el Museo puede ser inagotable en sus interpretaciones. Son cabezas separadas del cuerpo como si ellas nos condujeran a ritos o penas de decapitación. Son en realidad los retratos más verosímiles y dramáticos de su pueblo; hombres, mujeres y niños; guerreros y sacerdotes, malformaciones y costumbres sexuales quedaron documentadas con un trazo de fuerte expresión artística en esta colección de cabezas. También los animales fueron objeto de su representación, felinos, caimanes, micos, lechuzas, etc. De su uso doméstico se conservan ralladores de cerámica con elaborados diseños, vasijas, ollas, platos y vasos que sobrepasan en número a la producción orfebre, y esto es algo que indica su mayor aplicación a los productos de valor utilitario.

Aunque la gran riqueza del Museo, su razón de ser, diríamos, está representada en la colección de cerámica precolombina, una sección del Museo guarda un legado del Arte Colonial, relacionado con la arquitectura colonial de la Casa del Marqués de San Jorge. Estatuillas, muebles, pinturas evocan en pasillos y salas especiales aquel ambiente sobrio de la Colonia con el que el arte religioso daba a los lugares ese aire de gran austeridad y recogimiento tan reconocible hoy en esta casa.


Tomado del libro: Museos de Bogotá - Texto de Enrique Pulecio Mariño
Villegas Editores, 1989

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