Museo Nacional de Colombia

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ENDULZAR LA PALABRA, MEMORIAS INDIGENAS PARA PERVIVIR

Del 02/12/2017 al 25/02/2018

Exposicion Endulzar la palabra - Memorias indigenas para pervivir

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EN PANTALLA: EDUCACION, CULTURA Y PROPAGANDA POLITICA (1954-1957)

Del 21/11/2017 al 15/04/2018

Exposicion Exposicion Exposicion Exposicion En pantalla: educación, cultura y propaganda política, 1954-1957Exposicion En pantalla: educación, cultura y propaganda política, 1954-1957

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PATRIOTISMO Y PATRIMONIO EN TIEMPOS DE GUERRA

Del 12/10/2017 al 15/04/2018

Exposicion Patriotismo y PatrimonioExposicion Patriotismo y PatrimonioExposicion Patriotismo y Patrimonio

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Museo Nacional de Colombia

Exposicion: Los Agustinos en Colombia, 400 años

Febrero/mayo de 2002

 
   

Conformada por pinturas de arte religioso de gran formato, tallas en madera, publicaciones que datan del siglo XVI y testimonios de la influencia de la comunidad agustina en la Independencia, esta muestra hace una relación de la historia, labor misional y patrimonio de los agustinos en Colombia a través de 400 años de vida en el país.

Esta exposición es posible gracias al apoyo del Ministerio de Cultura, la Comunidad Agustina, la Arquidiócesis de Popayán, Avianca, el Banco de la República, el Convenio Andrés Bello y la Corporación La Candelaria.

San Agustín, El fundador

San Agustín, uno de los doctores de la Iglesia latina, de familia romana, nació en Tagaste, al norte del África, en el año 354. Pensador fundamental del cristianismo, filósofo y teólogo universal, su obra ocupa un sitial de honor en la filosofía. Desde muy joven se despertó en él la inquietud intelectual y la insistente búsqueda de la verdad. Murió en Hipona, en el 430, a la edad de 76 años.

Fue un autor más que prolífico de numerosas obras filosóficas y teológicas, entre las que se cuentan Los diálogos de Cassiciom, Soliloquios, De la inmortalidad del alma, Del libre albedrío, De la música, De la Trinidad y Sermones, además de una abundantísima correspondencia. Sus dos obras más célebres son, sin embargo, La ciudad de Dios y las Confesiones, conmovedor testimonio del itinerario de su alma y de su búsqueda incansable de la verdad.

La Orden

Rodeado de sus amigos y discípulos, todos intelectuales como él, Agustín redactó su Regla, inspirada en la comunidad cristiana de Jerusalén: "Ante todo vivid en la casa unánimes teniendo una sola alma y un solo corazón orientados hacia Dios". Los monjes se alojaban entonces en diferentes conventos y se dedicaban principalmente al estudio y la discusión de las obras del santo y de otros autores, así como al análisis de gran cantidad de códices, los cuales llevaron consigo en su paso por España, a donde llegaron provenientes del norte del África en el siglo VI.

La orden de ermitaños de San Agustín, como tal, se consolidó ya en la Edad Media, en abril de 1256, fruto de la organización y unión de varias congregaciones de agustinos: su preocupación principal fue la misión de enseñar y santificar.

Los agustinos en América

A tierras de América llegó el primer agustino, padre Vicente de Requejada, quien pisó las costas de Venezuela hacia 1527, y tomó parte en la fundación de la ciudad de Coro. Acompañó luego a Nicolás de Federmán como capellán de las huestes conquistadoras (1530-1531), y algo más tarde participó, junto con el capitán don Gonzalo Suárez Rendón, en la fundación de la ciudad de Tunja, en cuya acta fundacional figura su firma.

A México habían llegado los agustinos en 1533 y cuando el virrey don Antonio de Mendoza fue trasladado de México a Perú, en 1550, a petición del emperador Carlos V, se hizo acompañar de varios religiosos agustinos, y llegó con ellos a Lima en 1551. En 1544 se fundó, asimismo, un convento en la ciudad de Panamá, el cual dependía igualmente de la provincia de San Miguel.

Al independizarse de la de Quito, la provincia que comprendía los territorios del Nuevo Reino de Granada tomó el nombre de Provincia de Nuestra Señora de Gracia, y su cabeza fue el convento de Santa Fe, fundado en 1575. Su fundador fue el padre Luis Próspero Tinto. Además de Santa Fe, con posterioridad se fundaron conventos en Tunja, Pamplona, Cartagena, Leiva, Mompox y, en territorios de Venezuela, los de San Cristóbal, Mérida y Gibraltar.

Los agustinos en la historia del país

Durante los 400 años de vida misionera en Colombia la Orden Agustina ha estado presente en momentos cruciales de nuestra historia y ha hecho importantes contribuciones a la educación y a la conservación del patrimonio en el país.

Así, el retiro de la vida monástica, la labor misional y educativa de los agustinos, no constituyeron impedimento para su activa participación en las luchas de independencia. El fraile agustino Diego Francisco Padilla jugó un papel definitivo en los acontecimientos nacionales, ya que fue de los primeros patricios que formaron la junta de gobierno el 20 de julio de 1810.

El padre Padilla se destacó también como un periodista notable; redactó y dirigió un semanario que salía los sábados, al que denominó Aviso al público y un pequeño folleto titulado Sobre la tolerancia, el cual se imprimió en febrero de 1811. Finalmente Padilla fue apresado y enviado a España, debido a sus actividades en pro de la causa patriota. Más tarde regresó y murió en Bogotá en 1829.

Otro de los capítulos que revisten interés en la historia de la Orden en Colombia, es el relativo a los sucesos que se desarrollaron como consecuencia de las medidas tomadas por el gobierno radical del general Tomás Cipriano de Mosquera, y que se han conocido como la Desamortización de bienes de manos muertas. Dichas medidas, promulgadas entre septiembre y noviembre de 1861, despojaron de sus bienes a todas las comunidades religiosas del país.

La Orden estuvo a punto de desaparecer hasta que en 1898 el padre Pedro Salazar, nombrado como provincial de los pocos agustinos que quedaban, solicitó y obtuvo con grandes esfuerzos la ayuda de la comunidad en España para restaurar la provincia; sostuvo una abundante correspondencia con el padre general con el fin de lograr la presencia de padres agustinos, ya fueran italianos o españoles.

La comunidad agustina han formado miles de colombianos, desde 1697 hasta nuestros días, en 8 establecimientos educativos, ubicados en distintas regiones del país, entre los que se cuentan el Liceo de Cervantes de Bogotá y Barranquilla.

Su contribución a la conservación del patrimonio nacional ha sido inestimable. Los Agustinos son pioneros en el país y en América Latina en el tema de la conservación de patrimonio. Desde hace veinte años funciona en el Claustro de San Agustín un taller de conservación en el cual se han restaurado y conservado no sólo bienes muebles e inmuebles de la comunidad, sino que se le ha prestado asesoría a otras comunidades religiosas. Son fruto de este trabajo de restauración el Santuario de Nuestra Señora de la Salud de Bojacá -considerado como uno de los principales santuarios marianos del país, debido a la devoción que despierta su obra principal, un cuadro de Nuestra Señora de los Dolores, conocido como Nuestra Señora de la Salud- y la Iglesia de San Agustín en Bogotá.

El templo agustino de Santa Fe La Iglesia de San Agustín en Bogotá fue construida tres veces (la última comenzada en 1650 lleva actualmente 350 años en pie) y está localizada en el corazón de Bogotá.

Cuenta con tres naves, muros de piedra y ladrillo y en la fachada tiene dos columnas de orden toscano. En el segundo cuerpo aparece el escudo de la orden agustina tallado en piedra y en la cubierta exterior de la nave central lleva dos gárgolas con figura de animal.

Una de las piezas de mayor valor dentro de la iglesia de San Agustín es la bella sillería del coro, construida en madera de cedro tallada a mediados del siglo XVII por el ebanista Pedro de Heredia.

La iglesia guarda varios retablos tallados íntegramente en madera y recubiertos en hojilla de oro, además de numerosos cuadros e imágenes de notable valor, entre ellas la escultura de Jesús Nazareno, imagen que ha sido objeto de gran devoción a lo largo de la historia. El 9 de enero de 1813, el general Antonio Nariño designó al Nazareno como Generalísimo de las tropas libertadoras centralistas de Santa Fe, y sacó la imagen en procesión por las calles de la ciudad.

No pocos avatares ha sufrido la iglesia de San Agustín en el transcurso de su historia. El más notable fue quizás el ocurrido en los últimos días de febrero de 1862, cuando el general nortesantandereano Leonardo Canal, a la cabeza de un ejército que representaba la legitimidad de la vencida Confederación Granadina, atacó la capital que se hallaba bajo el gobierno de facto del general Mosquera. Los partidarios de este último no encontraron nada mejor que atrincherarse en el viejo convento e iglesia de San Agustín y resistir desde allí la acometida del general Canal. Rápidamente condujeron al edificio municiones, armamento y elementos de guerra, además de numerosas provisiones.

Un valioso testimonio gráfico de estos hechos lo constituyen también las acuarelas y dibujos del antioqueño Manuel Doroteo Carvajal (1818-1872), los cuales forman parte del álbum de la colección del Fondo Cultural Cafetero. Estos dibujos tienen el mérito inmenso de haber sido elaborados en los días inmediatamente siguientes a la batalla de 1862 y han servido, además, como valioso documento en el que pudo basarse la moderna restauración de la iglesia en 1980.

Nuevamente, en 1948, y a raíz de la revuelta del 9 de abril como consecuencia del asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, la iglesia de San Agustín volvió a ser teatro de combates cuando varios francotiradores escalaron la fachada principal y dispararon desde la torre contra el palacio presidencial.

Historia e imágenes:

Los agustinos en Colombia, 400 años. La historia de los agustinos, su fundador y sus santos, habrían de servir de inspiración a muchos artistas de la Colonia, ya que alrededor de las comunidades religiosas se congregaron siempre los artistas más destacados, pues aquellas eran sus principales contratantes. Estas obras, sumadas a los libros y documentos que lograron sobrevivir al desastre de la toma de la Iglesia de San Agustín en 1862, forman ahora parte de la muestra que se exhibe en el Museo Nacional.

En primer lugar, se destacan cinco representaciones de San Agustín, una de ellas alusiva a la conversión del santo y otra a su labor como filósofo y teólogo contradictor de las herejías de su tiempo. Estas obras anónimas del siglo XVII tienen una importancia notable por tratarse de dos de los episodios más significativos en la vida del santo.

Otros cuadros representan algunas santas de la Orden, como el retrato anónimo (siglo XVIII) de Santa Mónica, madre de San Agustín y un cuadro anónimo del siglo XVII, de escuela quiteña, que representa a Santa Rita de Casia. Esta santa es representada siempre con una espina clavada en la frente; se dice que debido a su devoción por la pasión de Cristo en uno de sus éxtasis recibió este estigma y es la abogada de las causas imposibles.

Otra de las santas importantes de la Orden es Santa Clara de Montefalco, representada aquí en una talla del siglo XVII.

Entre los santos figura San Ambrosio, obispo de Milán, representado en un cuadro anónimo de gran formato del siglo XVII. Este santo se distinguió como predicador de enorme elocuencia; sus sermones conmovieron el corazón de San Agustín y lo llevaron a convertirse al cristianismo. En ocasiones se le representa con una colmena y abejas, símbolo de su elocuencia. Vale destacar entre los santos agustinos la figura de San Juan de Sahagún, santo muy devoto de la Eucaristía, representada en una obra anónima del siglo XVII. Una de las representaciones más originales corresponde a la obra que lleva por título Encuentro de Cristo y San Nicolás de Tolentino. Este cuadro anónimo del siglo XVII, hace referencia a la escena ocurrida en 1602, cuando en la ciudad de Córdoba (España) una gran peste había diezmado la población. Como no se encontraba remedio se organizaron dos rogativas: la primera, de los franciscanos, que salieron llevando un crucifijo, y la segunda, de los agustinos, que portaban una escultura de San Nicolás de Tolentino. Cerca de la puerta de la ciudad se encontraron las dos procesiones y ante el asombro de todos la efigie de San Nicolás se arrodilló a besar los pies de Jesús, rogando por la salud de la ciudad, al tiempo que Jesús liberó los brazos de la cruz y besó al santo en la frente. Desde ese día se le concedió la salud a la ciudad.

También es de gran importancia la escultura en madera de Jesús Nazareno realizada por Pedro Luga y Albarracín, no sólo porque es una de las piezas de mayor interés del Claustro de San Agustín, sino porque está elaborada en la técnica llamada toréutica, que es la acertada combinación de piezas de metal y madera. Luga también le dio vida a las esculturas del Señor del Despojo, venerado en las Cruces, y al Señor caído de Monserrate.

Otro grupo de obras tiene que ver con los fines evangelizadores de los agustinos y está conformado por seis cuadros con iconografía de la vida de Jesús, María y la Sagrada Familia. Muy importante el gran cuadro que representa La huida a Egipto, obra del siglo XVII, del santafereño Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos, así como otra, también de su autoría, que representa la Inmaculada Concepción de María acompañada de la Trinidad, San Joaquín y Santa Ana, y Adán y Eva en alusión al pecado original. Estos temas y dogmas hacían parte fundamental de la labor evangelizadora de los agustinos y las obras se ordenaban pintar específicamente con este propósito.

Texto e imágenes suministrados gentilmente por el Museo Nacional, con ocasión de la exposicion, febrero de 2002