Mompox Ciudad

Mompox, Bolivar

Ciudades y sitios (Ciudad historica, Semana Santa, Iglesias, Cementerio, rivera rio Magdalena)

Construcción

Mompox

 

   
 
Vea enlaces:  

Recuento

Artistas de Mompox Articulo Pilar Lozano    
         
 

Mompox, una isla en el Magdalena

RICARDO POSADA BARROSA
Especial para EL TIEMPO

Sus calles encorvadas, sus casas coloridas
y balcones decorados son los mejores representantes
del paso de la época colonial por Colombia.

"Mompox no existe. A veces soñamos con ella, pero no existe", le dijo Simón Bolívar a su edecán José Palacios al llegar allí en su último recorrido hacia Santa Marta, según cuenta Gabriel García Márquez en El general en su laberinto.

Y aunque el imaginario de escritor vaya más lejos de lo que quizás pudo suceder en realidad, la idea define perfectamente lo que se palpa luego de estar unos días en la Villa de Santa Cruz de Mompox: que el tiempo allí no transcurre, y que tal vez él se fue a encontrar el sosiego en una de las hermosas e innumerables ciénagas que la rodean.

De hecho, Mompox está ubicada en la más grande isla del país, la isla Margarita, formada en el departamento de Bolívar por dos ramales del río Magdalena que se separan en El Banco y se vuelven a encontrar en Boca de Tacaloa. Esto, unido a la desidia de los gobiernos locales y nacionales que no la han dotado de las suficientes vías de comunicación, ha contribuido al aislamiento en que se encuentra la villa.

Legado cultural

Aunque esa soledad la ha perjudicado en su desarrollo  y en su relación con el resto del país, también ha facilitado, por otra parte, la conservación de su herencia arquitectónica y cultural, hasta el a punto de que es una de las dos  únicas ciudades colombianas o -la otra es Cartagena- consideradas como Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad.

La excepción que el tiempo le concedió a Mompox se siente al recorrer ese magnífico balcón que forma la Calle de la Albarrada sobre el río Magdalena; la sinuosa Calle del Medio con el blanco de sus paredes en contraste con el vistoso colorido de las que la rodean; las parrandas y alboradas en la Calle de Atrás; los niños jugando fútbol a pie `pelao en las otras pocas calles del municipio, y en todas ellas los lugareños en la tradicional tertulia callejera que, en la noche, bajo la intensa luz amarilla del alumbrado público adquiere un aire particularmente acogedor.

Una ciudad que tal vez, en verdad, solo existe como sueño, pero que ya ha quedado fundida para siempre en el alma de los colombianos, y que resuena cada vez que se escucha el eco de los tambores de Totó, cada vez que se oyen las canciones de los bogas de Candelario Obeso en las piraguas de Guillermo Cubillos, cada vez que un orfebre se en corva sobre su mesa para hacer los famosos pescaditos de oro del coronel Aureliano Buendía, o cada vez que una cadera se mueve al ritmo de "Momposina, lindo lucerito, momposina, yo quiero tenerte..."

Más que un pueblo, Mompox es la materialización de aquel sueño que todos anhelamos en las atafagantes tardes de la ciudad.

Tomado del periódico El Tiempo, 1 de noviembre de 2001