Mompox Ciudad

Mompox, Bolivar

Ciudades y sitios (Ciudad historica, Semana Santa, Iglesias, Cementerio, rivera rio Magdalena)

Construcción

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MOMPOX

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El aislamiento en que quedó hace más de 120 años la transformó en ciudad de orfebres, carpinteros, herreros, ceramistas y artesanos.

De PILAR LOZANO

Cuando los corsarios ingleses atacaron Cartagena, los españoles hicieron de Mompox un refugio para sus mujeres y sus hijos. Hoy, cuatro siglos después, Mompox sigue siendo el mismo enclave donde se refugia el pasado. Desde finales de la década del 60 del siglo diecinueve, sus días de gloria quedaron atrás. El Río Grande de la Magdalena le cambió de curso a su corriente principal, y una ley ordenó entonces que la conducción del correo se hiciera no por el brazo de Mompox sino por el de Loba. La ciudad nunca más volvió a ser cruce obligado de los bongós y champanes que distribuían mercancías para el reino o para la provincia, y Mompox dejó de ser ama y señora de la navegación por el Río Grande.

La vieja Mompox es una ciudad de altas tapias, grandes portalones, ventanas, balcones y entejados coloniales.

Es una ciudad blanca ocupada por sólidas casas de mampostería refrescadas por hermosos patios interiores. Esta Mompox de ropaje colonial se extiende sólo a lo largo de tres calles: La Albarrada, paralela a la antigua muralla construida frente al río como defensa militar y como protección a las crecientes; la Real del Medio y la De Atrás.

Mompox fue refugio de próceres y guerreros; fue sitio de descanso y también de grandes batallas. Para muchos el primer grito verdadero de independencia lo dieron los momposinos el 6 de agosto de 1810. Se rebelaron contra los opresores, destrozaron los elementos de tortura de la casa de la Inquisición y declararon la independencia de España. Muchos insisten aún en llamar a Mompox "La valerosa".

Los generales y coroneles que batallaron en la guerra contra la madre patria reposan hoy en el cementerio, al lado de marqueses y de los hombres de las grandes familias de antaño, esas que acuñaban moneda propia y defendían el escudo y el honor hasta con sangre. Hoy el cementerio, encerrado entre altas tapias blancas, se ha convertido en el sitio de encuentro de jóvenes y viejos. Al llegar la noche, cuando el sol de los venados empieza a desdibujarse en las aguas del río, todos corren hacia allí a tomar su lugar en las bancas de este camposanto repleto de tumbas y de gigantescos árboles centenarios.

Y en esta tertulia nocturna los viejos siguen insistiendo en su teoría: el aislamiento en que quedó Mompox hace ya más de 120 años, la convirtió en una ciudad de orfebres, carpinteros, herreros, ceramistas y artesanos. Son profesiones que han heredado, generación tras generación, de padres a hijos, personas como Angélica Pomares, "La negra Pomares, y como Luis Guillermo Trespalacios, que lleva 79 de sus 85 años entrelazando hilos diminutos y microscópicas piezas de oro. "Tío Guillo", corno cariñosamente lo llaman, labra las mismas joyas que hacían su padre y su abuelo. En su casa-taller de la Calle de la Albarrada pone a prueba, a diario, su paciencia de joyero.

Hay algo más que mantiene a Mompox atada al pasado: la celebración de la Semana Santa, que sigue siendo espectacular y fervorosa. La procesión del Jueves Santo dura 12 horas y recorre sólo tres calles; el Viernes Santo es un día de luto para los momposinos; el sábado, el Santo Sepulcro, de puro oro, es cargado por los hombres de la Legión de Nazarenos, condición honorífica que también se hereda de padres a hijos.

La tradición religiosa es algo así como una preciosa joya que guardan los momposinos. Por eso es generalizada hoy la alegría por las obras de restauración que se adelantan en algunas de sus iglesias tradicionales. Son siete las iglesias antiguas. Algunas, como la de San Juan de Dios, la de San Francisco y la de Santa Bárbara tienen el sello claro de las construcciones del siglo XVII: la mampostería de ladrillo y torres de estilo morisco.

Mompox es hoy, como lo dijera Rafael Gómez Picón en su libro Magdalena, río de Colombia, semejante a "una de aquellas matronas de elevada alcurnia, de aire distinguido, de atildada dignidad, venidas a menos por los lados del dinero".

Pilar Lozano
Reportaje gráfico de
Rodrigo Moncada - Photo World Press