Chiquinquira Ciudad

Chiquinquira, Boyaca

Ciudades y sitios (Ciudad historica, iglesia)

Figura Humana, Figura, Religioso

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CHIQUINQUIRÁ

Chiq18101.jpg (50574 bytes) Recuento


MILAGROS DE LA VIRGEN DE CHIQUINQUIRÁ

Las testigos fueron en su orden: María Ramos, la india Isabel y Juana de Santana.

LOS TESTIMONIOS

Veamos el testimonio principal, que es el de María Ramos, tomado del Proceso Eclesiástico (Ariza, 1950, pg. 18).

"En este día juró sobre lo susodicho María Ramos, mujer de Pedro de Santana que el presente está en estos aposentos de Chiquinquirá, de la encomienda de Catalina García de Irlos, viuda, mujer que fue de Antón de Santana sobre una señal de cruz en forma debida de derecho, e a la fuerza dél dijo, sí juro e amén. E siendo preguntada por el tenor de la cabeza deste proceso, dijo que lo que sabe es que el segundo día de Pascua de Navidad, que es el día de San Esteban que agora pasó, fin deste presente año de mil quinientos e ochenta y seis, fue esta testigo a hacer oración a la capilla que está en estos aposentos de Chiquinquirá donde está una imagen de lienzo grande de Nuestra Señora del Rosario con dos santos a los lados que es San Andrés y San Antonio de Padua, que la dicha imagen es su abogada desde su niñez; y estando esta testigo haciendo oración como dos horas, y la dicha imagen atada en alto con una cabuya recia sobre el altar, más de dos palmos arriba del altar, esta testigo estaba hincada de rodillas, junto del altar como dos pasos dél, y habiendo acabado de rezar sus devociones se iba saliendo de la dicha capilla, y llegando a la puerta della pasaba una india cristiana y ladina de mucha razón llamada Isabel, del servicio de Martín López, residente en Muzo, y le dijo: mira, mira señora que está Nuestra Señora la Madre de Dios en tu asiento parada, y luégo esta testigo volvió el rostro hacia el altar y vio la dicha imagen en el suelo parada en el lugar donde esta testigo solía y suele estar hincada de rodillas haciendo oración, y dijo esta testigo: Madre de Dios, señora mía, dónde merezco yo que os abajéis y estéis en mi asiento, y esto dando voces y llorando y diciendo a la india Isabel que entró luégo con esta testigo que la ayudase a alzar y poner en el altar, la cual dicha imagen de Nuestra Señora estaba un poco recostada en el aire sin que nadie la tuviese, y así esta testigo y la dicha Isabel la ayudaron a alzar, y antes que la dicha imagen se alzase de aquel lugar, a las voces que esta testigo y la dicha india dieron, allegó Joana de Santana y la alzaron todas tres y la pusieron sobre el altar y vieron el rostro de la dicha imagen de diferente color que antes y al presente tiene, porque la vieron colorada y hermosa como una rosa y estuvo y duró con esta color todo aquel día: y luégo muchas personas, como fue la dicha Catalina García de Irlos y Ana Domínguez, mestiza de su servicio, y otras personas por ver y certificarse si la dicha cabuya donde estaba atada y colgada la dicha imagen se había quebrado la una e la otra de la que estaba pendiente o la que estaba en la pared donde estaba atada y la vieron desatada, sin quebradura ninguna, y esto es lo que sabe del caso so cargo del juramento que hizo en que se afirmó y ratificó siéndole leído, e dijo ser de edad de treinta y seis años, poco más o menos, e dijo no saber firmar e firmolo el dicho señor cura".

El testimonio de Juana de Santana y el de la India Isabel coinciden en un todo, incluso en Ia afirmación de que la coloración sólo duró aquel día. Veamos los párrafos pertinentes:

Juana de Santana: "Y vido esta testigo cómo el rostro de la imagen de la Madre de Dios estaba muy hermoseada, muy colorada, diferente de las colores que tenía y tiene al presente y daba mucho contento y alegría con su vista y los ojos muy abiertos y lindos que daba resplandor a toda la capilla... Y todo aquel día estuvo el rostro de la imagen de la Madre de Dios encendido en colorado". (Op. cit., pg. 20).

Isabel (la india): "... e que vido esta testigo estar la Madre de Dios el rostro muy colorado y hermosa... y duró la color que tenía de colorado todo aquel día..." (Op. cit., pg. 19).

Las tres testigos presenciales no hablan de renovación del lienzo. Dos dicen expresamente que la coloración distinta duró un día. Allí se habla del hecho prodigioso de que durante todo el día 26 de diciembre, el rostro de la Virgen tuviera colores vivos y despedía resplandores que iluminaban la capilla, y se dice claramente en dos de los tres testimonios que dichos colores eran diferentes de los que "tenía y tiene al presente el lienzo" (testimonios de María Ramos y de Juana de Santana, ya transcritos).

Con todo, en la declaración de María Ramos, en septiembre de 1587, ante el Notario Andrés Rodríguez, incluida en el expediente, hay una ligera variación que es la siguiente: "... Y que estaba la Madre de Dios con unas colores vivas y divinas muy diferentes de como estaba de antes... y ansí mismo estaban de la propia suerte los santos que estaban a los lados" (Op. cit., pg. 22).

Esta disparidad o diferencia en ambos testimonios del mismo testigo, separados por ocho meses de diferencia, puede deberse a que la testigo hubiera modificado el recuerdo de los hechos en su memoria y que al cabo de ocho meses pensara que aquellos colores "vivos y divinos" estaban no sólo en el rostro de la Virgen sino también en los dos santos que estaban a su lado.

Igualmente se observa una disparidad entre el testimonio originalmente rendido por Juana de Santana, el 10 de enero de 1587, y el rendido por la misma testigo en septiembre de 1587, en el cual dice "y que la vieron en aquella sazón con unas colores muy vivas y divinas en tanta manera que duró de esta suerte 2 o 3 días y quedaron muy admirados de vella ansí porque antes estaba desfigurada con las colores muertas" (Op. cit., pg. 25).

Ocho meses después del primer testimonio, Juana de Santana ha modificado la memoria de los hechos en su mente y declara que los colores no duraron sólo durante aquel día, sino 2 o 3 días. El hecho más probable es que sólo duraran el primer día a tenor del primer testimonio ya que este es un recuento probablemente más objetivo por haber estado más cerca de los acontecimientos. Esta observación vale también para los dos testimonios discordantes de María Ramos.

LOS HECHOS

Del análisis de los testimonios de las tres testigos presenciales se concluye que los hechos ocurridos el 26 de diciembre de 1586 fueron los siguientes:

lo. Tres mujeres y un niño indio llamado Miguel pudieron ver cómo el cuadro de Nuestra Señora de Chiquinquirá, que estaba colgado antes de un clavo y amarrado a él con una cabuya, a dos palmos, encima del altar de la capilla de los Aposentos de Chiquinquirá, había aparecido en el suelo, parado, ligeramente inclinado hacia atrás, hacia el altar, sin que nada lo tuviera como soporte. La cabuya estaba desatada y no rota.

2o. Que el rostro de la imagen de Nuestra Señora estaba con colores vivos diferentes a los que tenía y que daba resplandores que duraron todo aquel día.

Ni María Ramos, ni Juana de Santana hablan de que hubiera una renovación permanente de los colores y las formas del lienzo de Nuestra Señora de Chiquinquirá. Por el contrario, ambas afirman que el cambio de colores experimentado y observado por ellas el día 26 de diciembre de 1586, era diferente al color que "antes tenía y ahora tiene el lienzo", y ambas son unánimes en la afirmación de que dicho color sólo duró aquel día y que se limitaba al rostro de Nuestra Señora. El origen de la noticia de que hubo una renovación permanente del lienzo, se debe al Padre Juan de Leguisamón, quien era el párroco de Suta once años antes de 1586, y la persona que había sustituido el lienzo de Nuestra Señora del Rosario por el óleo de Jesús Crucificado, en atención al deterioro de aquel lienzo, motivo por el cual, dicho lienzo fue remitido por Antón de Santana y su esposa al sitio de Chiquinquirá, para que se colocara en la capilla de aquel lugar. En efecto, el Padre Juan de Leguisamón, cuando oyó narrar en Santa Fe de Bogotá la noticia de los sucesos prodigiosos ocurridos el 26 de diciembre de 1586, en los aposentos de Chiquinquirá, tuvo la inquietud de si la imagen protagonista de aquellos hechos sería la misma que él había descolgado de la Iglesia de Suta, años antes. Cuando supo que dicha imagen se hallaba en Tunja se trasladó a aquella ciudad, con la legítima curiosidad de comprobar si se trataba del mismo cuadro. Oigamos ahora el testimonio del Padre Juan de Leguisamón, ante la comisión investigadora, en 1588, nombrada por el Arzobispo Fray Luis Zapata de Cárdenas y formada por los clérigos Juan de Castellanos, Juan de Cañada y Juan de Ortegón, Escribano este último y receptor de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada. "Y figurándola en su entendimiento conoció ser la misma imagen y maravillado de ella, tan de buen lustre, preguntó a los circunstantes que estaban allí, si por ventura habían renovado aquella imagen o le habían dado algunas colores, porque le parecía que estaba renovada por estar de presente de muy mejor lustre y parecer que cuando este testigo la quitó del dicho altar, cuando en la dicha capilla y altar de ella por dicho crucifijo como dicho tiene; y habiendo visto la dicha imagen se hincó de rodillas delante de la dicha imagen y hizo oración dando gracias a la Virgen diciendo en alta voz: `Virgen Madre de Dios, si en alguna cosa yo os ofendí por quitaros del altar en que estaba des os suplico me perdonéis, y esto responde a esta pregunta y sabe della." (Tobar, 1964, pg. 81).

Hay un segundo testimonio, el de Pedro Hernández (Ariza, 1950, pg. 43), quien había conocido la pintura veinticuatro años antes cuando estaba en la capilla de los Aposentos de Suta, antes de que se enviara a Chiquinquirá. Pedro Hernández declara: "que al tiempo que la dicha imagen estaba en la capilla del aposento de Suta, estaba muy deslustrada y las colores muy perdidas que apenas se divisaba la pintura, y después que este testigo la vido en Chiquinquirá, la vido con las colores tan vivas y tan hermoseada que se espantó y se holgó mucho de vella y ésta es la verdad y lo que sabe so cargo del juramento que fecho tiene".

El contenido del ensayo se orienta a profundizar en las fuentes históricas del fenómeno de Nuestra Señora de Chiquinquirá; a aplicar los métodos de la crítica histórica a dichas fuentes y a los hechos narrados en ellas, y a distinguir entre los hechos con fundamento histórico debidamente documentados, y los que no lo están, que también podrían haber ocurrido aunque falte la plena prueba histórica.

Es deber de los historiadores cristianos ayudar a esclarecer la verdad histórica mediante la necesaria tarea de separar lo que es históricamente probado de lo que no lo es y con ello se presta un buen servicio a la verdad y a la Iglesia.

Nadie debe temer que la verdadera devoción sufra mengua por el hecho de este análisis histórico.

En el caso de la verdadera historia de Nuestra Señora de Chiquinquirá existen suficientes hechos prodigiosos. Veamos otros.

OTROS MILAGROS

En el Proceso Eclesiástico se relatan y prueban con abundancia de testimonios otros varios milagros o sucesos prodigiosos que no parecen tener una explicación natural, a saber:

lo. Extraña e intensa iluminación de la capilla, acaecida en la noche del 30 de julio de 1588 entre las 8:00 y las 9:00 de la noche y la cual fue presenciada y testimoniada por varios testigos. (Ariza, 1950,pgs. 60y ss.).

2o. La niebla luminosa que envolvió el cuadro de Nuestra Señora de Chiquinquirá, en la mañana de víspera del día de Reyes, del año de 1589, hecho que fue presenciado por varios testigos, cuyos testimonios aparecen en el Proceso Eclesiástico (Ariza, 1950, pg. 64).

3o. Varios casos extraordinarios de curaciones de enfermedades incurables debidamente acreditados por el testimonio de los propios beneficiarios de las curaciones y de otros testigos, hecho registrado en varias partes del expediente. Veamos algunos:

Entre los milagros físicos obtenidos por intercesión de Nuestra Señora en los primeros tres años están:

Curación milagrosa de Beatriz Sánchez, de Vélez, de enfermedad incurable de tres años, en 1587. (Ariza, 1950, pg. 24).

Curación milagrosa de Alonso Jurado, tullido de pies y manos. Milagro ocurrido en Chiquinquirá en 1587. (Op. cit., pg. 25).

Desde que llegó a Tunja en 1588, cesó la peste. Testimonio de Juan de Figueredo. (Op. cit., pg. 48).

Curación milagrosa del ciego Pedro Gómez, quien recobró la vista durante la misa el día 24 de enero de 1588, después de cinco años de ceguera. (Op. cit., pgs. 51 y 52).

Curación milagrosa de Juan de la Peña, tullido y curado, según testimonios recibidos por el Arzobispo en 1588 (Op. cit., pg. 72).

Curación milagrosa de Benito Nureña, de llagas y comezón incurables de vieja data. Se curó untándose el aceite de la lámpara de Nuestra Señora. Existen varios testimonios. (Op. cit., pg. 77).

Ya hemos dicho que la Relación del Padre Pereira contiene los testimonios sobre 233 favores extraordinarios, ocurridos en los 65 años siguientes al primer milagro. Algunos de estos testimonios están firmados por los propios beneficiarios. (Ariza, 1969, pg. ).  

CONCLUSION

Después de estudiar críticamente las fuentes históricas principales de los sucesos de Chiquinquirá ocurridos entre diciembre 26 de 1586 y 1589, la conclusión que se puede sacar es que se puede afirmar que en torno a dicha imagen ocurrieron muchos sucesos extraordinarios como las tres iluminaciones inexplicables naturalmente (del 26 de diciembre de 1586, del 30 de julio de 1588 y del 5 de enero de 1589) y numerosas curaciones prodigiosas e instantáneas de enfermedades difícilmente curables, como la ceguera y la parálisis. Nuestro Santuario de Chiquinquirá tiene suficientes credenciales históricas que acreditan el hecho de haber sido escenario de sucesos extraordinarios y que explican por qué la advocación de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá tuvo y tiene tan amplia resonancia como para justificar su título de Patrona y Reina de Colombia.  

BIBLIOGRAFIA

Ariza, Alberto E. O.P., Hagiografía de Nuestra Señora de Chiquinquirá. Bogotá, Editorial Iqueima, 1950.

Tobar, Pedro de, O.P. verdadera Histórica Relación del Orden, Manifestación y Prodigiosa Renovación por sí misma y Milagros de la imagen de la Sacratísima Virgen María, Madre de Dios, Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Madrid, Juan García Infanzón, 1694.

Ariza, Alberto E. O.P. Nuestra Señora del Rosario de Chiguinguirá. Bogotá, Coop. Nal. de Artes Gráficas. 1964.

Ariza, Alberto E. O.P. Apostillas a la Historia de Nuestra Señora de Chiquinquirá. Bogotá, Editorial Kelly, 1969.