Arte Precolombino

Colombia

Precolombino (Culturas tairona, sinu, quimbaya, guane, muisca,tolima, calima, malagana, tierradentro, San Agustin,)

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Cuando los conquistadores españoles les preguntaron a los muiscas qué

significaban los grabados y las pinturas que se encontraban en numerosas piedras

del actual altiplano cundiboyacense, ellos respondieron que no lo sabían y que

también ignoraban quiénes los habían hecho. " Casi cinco siglos después estos

dibujos aún desafían a los investigadores y guardan sus secretos en el misterio.

Por Nancy Vera Martinez y
Stella Bernal García

Estas piedras que se erigen a lo largo del altiplano cundiboyacense guardan el pensamiento de un pueblo anterior a los muiscas. Claro que se trata tan sólo de una hipótesis; porque la verdad sobre quiénes fueron los artífices de este invaluable patrimonio rupestre no se ha podido establecer. Lo único que se sabe a ciencia cierta es que los autores de las piedras pintadas (pictografías) y de las piedras grabadas (petroglifos), no fueron los muiscas.

A la Ilegada de los españoles, cuentan los cronistas de Indias que encontraron en lo que hoy conforman los departamentos de Cundinamarca y Boyacá un pueblo pacífico, agrícola y comerciante, asentado en medio de lagos y lagunas.

Esa población, de acuerdo con los antropólogos, se Ilamaba muisca, y su idioma el chibcha; se considera que eran aproximadamente unos 600.000 indígenas, que se dedicaban a la tierra y al trueque de sus productos. El culto al agua, con todas sus ritualidades, fue el eje de la religión y de la mitología de ese pueblo. Los jeques o sacerdotes, aparte de los servicios religiosos, se encargaban de embalsamar a los caciques, y, muy probablemente, eran los ejecutores de una práctica avanzada en la medicina: las trepanaciones de cráneo.

Respecto a las piedras pintadas, los primeros españoles quedaron sorprendidos por el común denominador de las cruces en algunas de las pinturas. AI preguntar a los indígenas muiscas el significado de esas representaciones, ellos respondieron que no lo conocían, como tampoco sabían quiénes las habían realizado. Lo que sí evidenciaron los españoles fue el respeto y la veneración de los indígenas hacia las piedras.

AI igual que en Colombia, en algunas regiones del mundo donde se han encontrado pinturas rupestres, tampoco se ha podido identificar el pueblo autor. En Tassili, por ejemplo, región ubicada en el Sáhara Central, se hallaron hace más o menos un siglo numerosas pinturas en cuyos dibujos, menos abstractos que la pintura del altiplano, abundan animales de gran tamaño y figuras de hombres, frecuentemente enmascarados. Hoy en día sigue siendo un enigma saber quiénes y con qué fin pintaron todo aquello.

HACIA UNA INTERPRETACION

Manifestación de un pueblo inteligente, provisto de una alta inquietud mental y creadora, los conjuntos de arte rupestre localizados a lo largo de Cundinamarca y Boyacá constituyen núcleos de espléndida belleza, de arte puro, cargado de estados del alma, de pensamien tos aún no descifrados.

El deseo de encontrar una explicación a los primitivos trazos, ha dado origen a las opiniones más contradictorias y extravagantes por parte de quienes Ilevados por la imaginación y subjetividad han querido darles una interpretación. Escritores especializados en el tema, como Miguel Triana y Louis Guisletti, han creído descubrir en esas figuras grandes se mejanzas con letras del alfabeto griego.

Este análisis especulativo tuvo asiento en los investigadores hasta la década de los treinta, cuando la pauta de los autores que trataron el tema fue la de emitir hipótesis con descripciones fantasiosas que los llevaron a "descifrar" escenas de ultratumba o mitos de la Creación.

Los investigadores actuales del arte rupestre son muy cuidadosos cuando se refieren al tema, y reticentes a emitir juicios interpretativos e, incluso, a dar descripciones del pictograma porque, según ellos, al hablar de triángulos, grecas, rombos estarían dando una versión según "su modo de ver".

Se han cometido muchos errores al tratar este asunto. Errores que parten desde el instante en que se hace el registro de la pintura. Para el arqueólogo Virgilio Becerra, director del Departamento de Antropología de la Universidad hlacional, y quien ha realizado levantamientos de arte rupestre en la región de Boyacá, el paso más importante antes de entrar a estudiar el contenido de las pictografías es el levantamiento de las mismas.

QUE ES UN LEVANTAMIENTO

Consiste en el procedimiento que se utiliza para obtener una copia de los motivos representados en la superficie de la roca pintada. En un plástico transparente, maleable y convenientemente adherido a la piedra que contiene los motivos, se procede a calcar con un marcador indeleble las figuras existentes, quedando así un registro fiel y libre de errores interpretativos.

Posteriormente, en el laboratorio se le toma al plástico una serie de fotos y diapositivas, a fin de que sirvan de apoyo en el momento de hacer la copia de la pictografía en papel, cotejando el plástico, las diapositivas y las fotos tomadas previamente.

Una vez hecha la copia en papel se procede a analizar los detalles técnicos relativos a la elaboración de la pintura: preparación previa de la superficie, clase de pigmento empleado y método de aplicación.

Se ha establecido en Colombia, gracias a los trabajos del doctor Alvaro Botiva, investigador del Instituto Colombiano de Antropología, que la sustancia utiliza da en la preparación de los pigmentos era el ocre u óxido ferroso.

El color más empleado en las pictografías del altiplano fue el rojo. No se sabe si el uso persistente de ese color obedecía a un factor estético o a elemen tos de concepción exclusivamente religiosa.

Según el profesor Becerra, "desde las épocas más remotas, en Europa, se encuentran sepulturas en las cuales los huesos están impregnados de ocre. En ciertas culturas prehistóricas la sangre se consideró algo vital en el cuerpo y se trataría, entonces, de darle a ese cadáver desprovisto de las características vitales, elementos que lo harían, de cierta manera, volver a la vida.

"El doctor Gonzalo Correal encontró en la región del Tequendama restos óseos impregnados en ocre, pero, al igual que estas hipótesis, se han dado muchas otras".

Se sabe que la mayoría de los dibujos se efectuaron con los dedos. Sin embargo, existen algunas figuraciones pictóricas cuyos trazos son tan finos y delicados que denotan el uso de otro elemento.

AI descubrir el ocre y su modo de preparación, este pueblo nos legó, proponiéndoselo o no, un puente de comunicación perdurable para transmitirnos sus mensajes. Nos asalta aquí un interrogante: logrará el investigador encontrar la clave para aclarar el significado de esas pinturas?

En la actualidad se preparan vías de aproximación a la interpretación del arte rupestre. "Creo que en un futuro Ilegaremos a comprender en qué marco espacio-temporal se realizaron las pictogra fías y, sin desligarlas de otros vestigios arqueológicos que se hayan descubierto paralelamente, circunscribir aún más el rol de las pinturas y su misma significación", afirma Becerra.

Existe un consenso general entre los analistas del tema acerca de que la inter pretación no puede ser apresurada. En este momento se encuentran en acopio de información, para obtener la suma de datos necesarios que les permitan un análisis global.

El levantamiento y registro de las pinturas, el conocimiento de las técnicas utilizadas para su elaboración, la clasificación de los diferentes motivos y el aná lisis comparativo de las figuras mediante la ayuda del computador, son los factores que contribuirán a sentar los cimientos para una futura interpretación del arte rupestre.

EL ESTADO DE LAS PINTURAS

Sin embargo, mientras los investigadores trabajan para enfrentar el problema, el deterioro de las piedras se vuelve cada vez más preocupante. Becerra considera que dentro de diez o quince años ya no será posible realizar un completo registro del arte rupestre en el país. Esta afirmación podría parecer exagerada para un neófito, debido a la riqueza en pictografías hallada en varias regiones del altiplano cundiboyacense. Por ejemplo, se encuentran murales tan importantes como el de Sasaima, con una superficie de 90 metros, y en el cual existen no menos de 400 signos; o el del grupo Ilamado por los especialistas "El cercado de los Zipas", denominado también "Piedras de Tunja".

Pero si bien es cierto que este patrimonio cultural ha logrado conservarse, en la actualidad acusa un abandono y un deterioro total. El rastro, la huella y el pensamiento que nos legaron los antiguos habitantes del altiplano, se desvanecen a causa del hongo, el musgo y, sobre todo, debido a la acción misma del hombre.

Entre los habitantes de la región predomina la creencia de que en la base de las piedras existen objetos de oro. Llevados por el afán de descifrar lo que ellos Ilaman "mapas" y de hallar la "flecha" que los guíe hacia el tesoro, empiezan a raspar las piedras, generando un cambio en el contenido de las pictografías.

Esta idea ha vuelto receloso y desconfiado al campesino, convirtiéndolo, en algunos casos, en uno de los mayores obstáculos para los antropólogos y arqueólogos que Ilegan a sus tierras solicitando información o permiso para realizar en sus predios trabajos de arte rupestre.

La protección, argumenta Becerra, debe ser a nivel institucional: "Llegar con aportes del gobierno departamental o nacional, a fin de que los propietarios de los terrenos acepten que las pinturas hay que protegerlas".

ACCION COORDINADA

En el último Congreso de Americanistas que se realizó en Bogotá, una de las recomendaciones finales giró en torno a la necesidad de incentivar programas tendientes a salvar las pinturas rupestres de América y, particularmente, las del altiplano cundiboyacense en Colombia.

Esto significa que no existe ninguna política encaminada a rescatar por lo menos las representaciones que todavía se pueden registrar. Es necesario, por lo tanto, realizar una acción coordinada entre los organismos educativos e instituciones que financien la investigación orientada a preservar este patrimonio cultural colombiano.

Tomado de la Revista Diners, No. 210, septiembre de 1987