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BOGOTA VISTA POR: 

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     Las siete esculturas de Eldorado

Reinas de Bogotá

CAMINANDO BOGOTA 

 

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Enlaces a otros Web Sites sobre Bogota:

http://www.bogota-dc.com 

Centro Histórico (recomendado) 

Reseña del Barrio Las Nieves 

Como se veía Bogotá en 1949?

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Bogotá

A finales del siglo XIX Bogotá inició su camino hacia la modernidad, ya que fue durante esta época cuando se desarrollaron hacia el norte y el occidente de la ciudad nuevas áreas residenciales, en las cuales los parques con fuentes de agua y los jardines de formas geométricas se constituyeron en los primeros espacios públicos para el descanso y la socialización de sus habitantes.

Con el paso del tiempo ese progreso decreció y sólo volvió a resurgir a mediados del siglo XX, cuando arquitectos como Rogelio Salmona diseñaron y pensaron una ciudad para la gente. Fue también Salmona quien introdujo el ladrillo en sus obras, haciendo de este material un elemento fundamental en la imagen y paisaje de la capital del país.

La ciudad está dividida en zonas que cuentan con características propias. En La Candelaria, uno de los sectores históricos más importantes, las construcciones coloniales se mezclan con edificios del período republicano. Siguiendo hacia el norte se encuentra el Centro Internacional, que muestra la ciudad moderna de los años 60, marcada por el desarrollo urbanístico que le aportaron la Avenida 26 y sus puentes, los edificios más altos de Bogotá, la actividad de centro financiero y el barrio La Merced con su arquitectura doméstica.

En la zona centro occidental se encuentra el más importante desarrollo urbanístico de tiempos recientes: Ciudad Salitre. Aquí la planificación urbana cumplió con todos los requisitos y entregó a la ciudad un sector de amplias avenidas y áreas verdes para la recreación de sus habitantes, pobladas con una variada vegetación nativa. A su alrededor se han construido complejos habitacionales de diferentes alturas y un corredor financiero en el que se destacan algunos ejemplos de la arquitectura contemporánea.

En el occidente y norte de Bogotá también se vienen desarrollando importantes complejos residenciales y arquitectónicos, que tienen en la Biblioteca Virgilio Barco y el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, respectivamente, a dos de sus principales exponentes. El norte también es el sector donde se concentra una parte importante de la vida nocturna de la ciudad, así como una variada muestra de su movimiento gastronómico.

ATRACTIVOS TURÍSTICOS

Manzana Cultural del Banco de la República: Esta manzana, localizada en el barrio La Candelaria, es un centro de encuentro con la cultura y la renovación urbana delaciudad.Ensuzona su restan el Museo de Arte del Banco de la República, la Casa de la Moneda y el Museo Botero, en el que se exhiben no sólo obras del pintor colombiano Fernando Botero sino otras de artistas tan reconocidos como Salvador Dalí y Pablo Picasso. En el sector norte aparecen la sala de conciertos y la Biblioteca Luis Ángel Arango junto con la Casa Republicana.

Museo del Oro: Con un reconocimiento mundial, este museo alberga miles de piezas elaboradas por las sociedades precolombinas en metales como el oro y el cobre.

Museo Nacional: Es el museo más antiguo del país. Opera en un edificio construido en el año 1874 en el que inicialmente funcionó una cárcel, motivo por el cual presenta una arquitectura de fortaleza. En 1948 fue adaptado como museo y en 1975 tuvo una renovación. Actualmente cuenta con una colección conformada por más de 20.000 piezas, entre las que se incluyen obras de arte y objetos representativos de diferentes períodos de la historia de Colombia.

Jardín Botánico José Celestino Mutis: Fundado en 1955, el Jardín Botánico promueve actividades de conservación, investigación y educación ambiental sobre la diversidad de la flora colombiana. Su infraestructura está conformada por relieves, jardines y colecciones de plantas de diferentes pisos térmicos.

Parque Metropolitano Simón Bolívar: Este parque se desarrolló con motivo de la celebración de los 200 años de nacimiento del Libertador Simón Bolívar. Cabe destacar en este escenario la arborización con especies nativas de la Sabana de Bogotá, el lago central y el mirador.

En el parque se llevan a cabo eventos culturales y recreativos como el Festiva de Verano, considerado como la fiesta al aire libre más Importante de la ciudad.

Con su realización se conmemora cada año, en el mes de agosto, el cumpleaños de Bogotá, y entre sus actividades se encuentran el Festival Internacional de Cometas, el Festival Distrital de Porras, conciertos y exhibiciones de paracaidismo.

Usaquén: Este sector fue originalmente una población aledaña a la ciudad, que con el paso del tiempo fue absorbida por ésta. Conserva una parte importante de su arquitectura colonial, representada por casas donde hoy operan restaurantes, bares y pubs con un ambiente bohemio.

Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá: Cada dos años, en año par, Bogotá congrega durante 17 días lo mejor de las artes escénicas a nivel internacional. El público puede apreciar obras de teatro callejero, teatro de sala, conciertos, danza clásica, teatro infantil y juvenil, cuenteros y circo. Por sus características este evento es considerado el festival de teatro más grande del mundo.

Tomado del folleto Vive Colombia, 2011

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BOGOTA, DC. Fundada por Gonzalo Jiménez de Quesada en el sitio llamado Teusaquillo, donde el zipa tenía su casa de recreo al pie de los cerros, el 6 de agosto de 1538, con el nombre de Santafé, día en que fray Domingo de las Casas celebró la primera misa. En febrero de 1539, con la presencia de Sebastián de Belalcázar y Nicolás de Federmann, se confirmó solemnemente la fundación jurídica, con nombramiento de alcaldes y regidores del ayuntamiento por parte de Jiménez de Quesada. Título de ciudad por real cédula de Carlos V del 27 de julio de 1540. Título de "muy noble y muy leal" por real cédula de Felipe II, del 17 de agosto de 1575.

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El Área Metropolitana de Bogotá es una conurbación colombiana no oficialmente constituida, pero existente de facto. Por lo anterior, la extensión exacta de esta conurbación varía de acuerdo a la interpretación.

De acuerdo con el Censo 2005 del Departamento Administrativo Nacional de Estadística esta conurbación está compuesta por: el Distrito Capital como su centro y por los municipios de Soacha, Facatativá, Zipaquirá, Chía, Mosquera, Madrid, Funza, Cajicá, Sibaté, Tocancipá, La Calera, Sopó, Tabio, Tenjo, Cota, Gachancipá y Bojacá. Su población ascendía a 7.961.254 habitantes según el censo de 2005.

Tomado de http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81rea_Metropolitana_de_Bogot%C3%A1 , 2011

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La revolución de Bogotá

por Oswaldo Malo

Desde hace quince años Bogotá ha vivido una transformación urbana que hoy ofrece sus frutos.
La ciudad ha sido elegida como orgullo de la arquitectura contemporánea junto a grandes ciudades como Nueva York o Tokio.

Desde 1980 se realiza en Venecia la Exhibición Internacional de Arquitectura. Este año (2006), en su décima versión, el evento reúne, desde el pasado 10 de septiembre y hasta el 19 de noviembre, la experiencia urbana de dieciséis ciudades ubicadas en cuatro continentes diferentes: Shangai, Tokio, Caracas, México, Bogotá, Sao Paulo, Nueva York, Los Angeles, Londres, Barcelona, Berlín, Milán, Turín, El Cairo, Estambul, Johannesburgo y Bombay.

La complejidad de la visión urbana será analizada bajo los proyectos de trece institutos internacionales de investigación; entre ellos, MIT, el MoMA y el Royal College of Art de Londres. Se realizarán dos talleres, once eventos colaterales y exhibiciones de cincuenta países; el evento finalizará con la propuesta de un "Manifiesto para la Ciudad del Siglo XXI", como ha sido llamado por el curador del evento, el arquitecto londinense Richard Burdett, fundador y director de un programa de investigación y docencia en el London School of Economics y asesor de arquitectura de la ciudad de Londres. Según él. "El ánimo de la exhibición es propiciar un debate sobre la forma en la que planificamos el futuro de la sociedad urbana; una forma de mezclar la estructura física de las ciudades con la dimensión cultural, social y económica de la existencia urbana".

La exhibición se desarrollará a partir de cuatro ejes principales: Ciudad, arquitectura y sociedad; Ciudades de piedra; Ciudad-Puerto, y un conglomerado de participaciones internacionales. También tendrán lugar las conferencias y exposiciones al aire libre en las calles de Venecia.

Bogotá y su orgullo

Aparte de la exhibición general, Bogotá contará con un salón de exposición propio. A la muestra se le ha llamado Revival of a Proud City y ha sido organizada conjuntamente entre la Alcaldía Mayor de Bogotá, el Instituto Distrital de Cultura y Turismoy la Corporación  La Candelaria; fue desarrollada en su totalidad en el Museo de Bogotá, en cabeza de Luis Carlos Colón.

Según Juliana Forero, antropóloga y asistente de dirección del Museo de Bogotá: "El montaje consiste en mostrar el desarrollo de Bogotá durante los últimos quince años, teniendo en cuenta tres líneas básicas: cultura ciudadana, políticas de inclusión social y transformaciones físicas. Éstas a su vez se extenderán hacia temas de gobernabilidad, principios de planeación, movilidad urbana, espacio público, medio ambiente, edificios públicos, zona centro y perspectiva histórica de las políticas de planeación. En conclusión, el proceso en el que se encuentra Bogotá, sus antecedentes y sus proyecciones hacia el futuro".

Se dispondrán cuarenta páneles con fotografías y textos alusivos a dicho desarrollo, diez videos que recrearán las temáticas mencionadas y recursos multimedia a interactivos que les permitirán a los asistentes elegir en cuál de las temáticas quieren profundizar. "Más que pensar en transformaciones físicas puntuales, ha habido transformaciones en términos de identidad. El ciudadano se apropia de su ciudad, la cuida y desarrolla una pertenencia hacia la misma", dice Forero.

Para el arquitecto Daniel Bermúdez, diseñador de la Biblioteca El Tintal: "La Bogotá de hoy es la conjunción de varios eventos y la continuidad que se les ha dado a las diferentes políticas. En esta edición, la bienal está orientada más hacia el reconocimiento de la ciudad que hacia los edificios. Los últimos forman las ciudades, pero no son las ciudades. La ciudad es también el individuo que la habita y cómo la habita".

Según Alberto Escovar: "Uno de los aspectos más destacados en el cambio sufrido por Bogotá, en los últimos años, es que las transformaciones no fueron producto de un evento deportivo como las olimpiadas o de un mundial de fútbol, como fue la situación en Barcelona; tampoco de una política nacional, sino de la sumatoria de una serie de buenas administraciones locales que han continuado con los aspectos positivos de la anterior y han modificado aquéllos que consideraban que podrían optimizarse o que se habían dejado de lado".

La misma opinión comparte el arquitecto español José María Montaner en su artículo "La ciudad reinventada", publicado en el diario La Vanguardia de Barcelona y añade: "La ciudad de Bogotá es un ejemplo de creatividad". Si bien es cierto que Bogotá daba miedo hace quince años, el aire que se respira hoy es diferente: lo prueban los nuevos edificios públicos, las grandes bibliotecas, los parques, el Transmilenio, las ciclorrutas, las escuelas nuevas. Lo prueba la gente que diariamente habita esos espacios y se siente dueña de una ciudad que vive una revolución.

Tomado de la Revista Arcadia, de Semana, No.12, septiembre de 2006

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BOGOTÁ, 15 AÑOS DE RENACIMIENTO

Hasta hace unos años, Bogotá crecía vertiginosamente, sin una planeación sostenible, lo que casi la lleua al caos. Trancones, desorden urbano, invasiones al espacio público, injusticia e incultura conformaban el panorama de una ciudad que, siendo de todos, parecía tierra de nadie.

Hoy, Bogotá es dueña del León de Oro como Mejor Ciudad.

El florecimiento que ha experimentado la ciudad durante las más recientes administraciones distritales, fue resumido en una exposición montada por el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, a través del Museo de Bogotá, con el apoyo de la Corporación La Candelaria, la Universidad de Georgetown (Washington) y la Universidad de Groningen (Holanda), y exhibida en la Bienal de Venecia con el título "El orgulloso renacimiento de una ciudad".

Fueron muchos los planes urbanos diseñados para Bogotá, por compañías, urbanistas y hasta arquitectos de reconocimiento mundial como Le Corbusier, pero todos se quedaron en el papel, por no responder a las necesidades contextuales de la capital. Por ello la planeación distrital cambió sustancialmente sus políticas y se dedicó a aprender de la experiencia, como base para el desarrollo de la ciudad. Por ello, de 16 ciudades escogidas por los organizadores de la bienal, para mostrar las soluciones dadas a los problemas urbanos en diferentes lugares del mundo, entre ellos Nueva York, Tokio, Barcelona, Berlín y Caracas, Bogotá resultó triunfadora por haber implementado un modelo de desarrollo propio, sostenible, adaptado a su contexto, sus necesidades y presupuesto.

Luis Carlos Colón, director saliente del Museo de Bogotá, aclara que "el premio no se lo ganó la exposición, se lo ganó Bogotá", y lo ganó por transformaciones muy concretas, no sólo en lo físico, sino en lo social, en cultura ciudadana, etcétera, temas coincidentes con el tema de la Bienal 2006: Arquitectura y Sociedad. "Por primera vez hubo espacio para hablar de arquitectura, en un contexto social, no sólo en abstracto o en términos formales o técnicos, sino que se discutió sobre la relación entre sociedad, arquitectura y ciudad", explicó Colón.

Los temas de cultura ciudadana a inclusión social fueron fundamentales porque permitieron ver que no solo son importantes las transformaciones físicas, sino que también son primordiales los cambios en los comportamientos de los ciudadanos, lo que se tradujo en la disminución de los índices de muertas violentas, muertes en accidentes de tránsito y niños quemados con pólvora, así como en el fortalecimiento de los movimientos de resistencia civil y la reivindicación de las minorías.

Gracias a la cultura ciudadana, Bogotá es una ciudad más tolerante y disciplinada que vive de manera más organizada. En transporte y movilidad, el sistema TransMilenio, paso inicial de lo que será el Sistema Integrado de Transporte, acortó distancias y tiempos de recorrido. Las ciclorrutas, los parques, la recuperación del espacio público y los andenes, hasta hace un tiempo convertidos en parqueaderos, forman parte del cambio de cara de la ciudad, así como la recuperación ambiental de los humedales como el Juan Amarillo, y las renovaciones urbanas de San Victorino, el parque Tercer Milenio y la plaza España, que cambiaron no sólo la movilidad peatonal y vehicular sino que generaron una verdadera calidad de vida para los bogotanos.

Gracias a los diferentes enfoques dados a las políticas de inclusión social, los avances se ven reflejados en la infraestructura llevada a todos los estratos y la garantía de derechos para todos. Como ejemplo de ello están las bibliotecas El Tintal, Virgilio Barco y El Tunal; los nuevos colegios distritales ubicados en sectores deprimidos de la ciudad, la ampliación de cobertura de los servicios públicos y la zona LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transgeneristas).

La cultura dejó su encierro. No es gratuito que Bogotá haya sido declarada Capital Iberoamericana de la Cultura, pues los espacios culturales se multiplicaron y quienes habitan 2.600 metros más cerca de las estrellas, tienen acceso a festivales como el de Danza Contemporánea, el de Verano, Rock al Parque, Opera al Parque, Festival Internacional de Teatro, exposiciones fotográficas callejeras, museos y manifestaciones culturales autóctonas que confirman que Bogotá es Colombia, y el mundo está en Bogotá.

El logro de estos 15 años es muy significativo, y ha sido construido por todos, gobernantes y ciudadanos. Hoy en día el 90% de los bogotanos pagan a tiempo sus impuestos, reflejo de la gran confianza en la administración pública y en el manejo que ésta le da a los recursos, que a su vez ha sido generada por la evolución y mejoramiento de la calidad de vida de la capital. Los bogotanos ahora tienen cariño y sentido de pertenencia por su ciudad, que ahora, aun sin pretenderlo, se ha convertido en ejemplo para otras ciudades colombianas y latinoamericanas.

Tomado de la Revista Cromos 4641, 19 de febrero de 2007

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Las siete esculturas de Eldorado

por Alvaro Medina

Bogotá ha sido siempre, por desgracia, una ciudad sin grandes monumentos ni avenidas. El caos urbanístico actual comenzó hace casi un siglo por falta de previsión y no pudo remediarlo ni Le Corbusier en persona, cuando a fines de los años cuarenta asomó por estos lares y formuló recomendaciones que fueron desoídas.

Hace más de cien años, Ciudad de México tenía perfectamente definido el eje vial del paseo de La Reforma, los madrileños se deleitaban en sus caminatas por el sombreado paseo El Prado y París tenía sus campos Elíseos. La más rancia burguesía bogotana de la época, a la que tantos reproches se le han hecho por su provincianismo y su falta de ambición en todos los sentidos, viajó a sus anchas por Europa, pero con los ojos puestos en los mercados de las pulgas. De allá trajo cachivaches en lugar de obras de arte. Esta falta de educación visual se expresa hoy en la deplorable calidad del espacio urbano de Bogotá. Ni nuestra ortodoxa tendencia al mimetismo llevó a nadie, en ninguna época, a plantearse la necesidad vital de dotarnos a gran escala de los parques, plazas, avenidas y paseos que tienen capitales como Lima, Montevideo, Buenos Aires o La Habana.

A lo anterior se agrega que los pocos monumentos dignos que hoy posee Bogotá no son en general de la ciudad sino de la Nación, desde el Tenerani en la Plaza de Bolívar hasta el Uríbe Uríbe del Parque Nacional. La proverbial pobreza del mobiliario urbano se ha visto medianamente mitigada con las siete esculturas monumentales que el expresidente Gaviria ordenó para la autopista que conduce al aeropuerto Eldorado. Se siguió así la pauta que trazara Medellín con las esculturas del aeropuerto José María Córdova. Si para la ocasión la copia estaba llena de buenas intenciones, en la ejecución ha pecado como toda copia por su falta de carácter e impone por lo mismo enmendar la plana. Hay un buen nivel de calidad en el trabajo de los escultores invitados a participar en el proyecto. El resultado va desde lo notable de Ramírez Villamizar y lo sorprendente de la mexicana Angela Gurria, a lo esperado de Negret, lo repetido de Bernardo Salcedo y Carlos Rojas, lo festivo del argentino Antonio Seguí y lo inconsistente de Fernando de Szyszlo. En apariencia, el pintor peruano recibe la peor nota y, sin embargo, su obra representa un esfuerzo meritorio de llevar al espacio tridimensional lo que ha estado pintando en los cuadros de caballete. ¿Dónde falla entonces, si las esculturas no son malas, el ambicioso proyecto?

Es grosero decirlo, pero tal pareciera que el capitalino es un ser taciturno inmensamente dotado para la poesía escrita y otros nobles menesteres, mas no para el baile y el ordenamiento del espacio público, dos actividades que requieren sentido del ritmo y del espacio. Y que nadie se enfurezca conmigo con lo antes dicho. La Plaza de Bolívar es excepcional y bella en cualquier ciudad del mundo en que se ponga. Es excepcional tanto en su trazado y proporción originales (genio de los españoles), como en la remodelación que en 1959 realizó el bogotanísimo arquitecto Fernando Martínez Sanabria (de innegable sepa ibérica). Pero dos golondrinas no hacen verano. El resto, como bien se sabe, aunque no se admita en voz alta, es puro invierno mental en medio del tumulto, la violencia, el acelere, el individualismo y la arrogancia.

La vía que conduce al aeropuerto no es una avenida ni un paseo sino una autopista. Pudo ser un parkway bordeado de vegetación, pero la posibilidad quedó frustrada debido a ancestral falta de ambición que mencioné al principio, combinadas con la galopante usura en la renta del suelo que Frank Lloyd Wright fustigó en su contexto y en su tiempo. Un paseo implica trafico peatonal pausado y una avenida es un eje vial imponente, apropiado para el desarrollo de ceremonias colectivas. En uno y otro caso, el espacio se abre aquí y allá, en los cruces con las calles y con otras avenidas, cediendo terreno física y visualmente que resulta propicio para erigir monumentos que jerarquizan y pautan un recorrido. Por ser una autopista, la de Eldorado resulta negada para el emplazamiento adecuado de esculturas. Desde hace incontables años hemos estado sufriendo, yo diría que con admirable estoicismo, la "polución visual" que emana de las estatuas de los Reyes Católicos. La pareja real, sus inocuos pedestales y su odioso basamento fueron trasladados al ancho aislador de la autopista, perdiéndose el sentido que se supone deberían tener. Personalmente me parecen dos esculturas mediocres, pero ya que toca aceptarlas en aras de la historia, es indudable que la concepción y el tamaño las hacen propicias para la pequeña plaza o el rincón colonial, no para el espacio ilímite que en la actualidad las devora. El error de situar a los Reyes en las cercanías del aeropuerto se ha repetido con las siete esculturas que inauguró a toda prisa el presidente saliente (tan aprisa que no alcanzaron a llegar ni la obra del venezolano Jesús Rafael Soto ni la del antioqueño Hugo Zapata). A ese primer error protuberante se suma el insatisfactorio emplazamiento de cada una de ellas. Sólo Eduardo Ramírez Villamizar tuvo el sentido, tratándose de una vía de alta velocidad, de concebir su monumento en dos secciones, una a cada lado de la calzada de automóviles, que virtualmente se unen como para recibir a los viajeros con sus alas desplegadas. La de Ramírez Villamizar es una metáfora eficaz. Le abono el haber sido el único de los artistas invitados que concibió su monumento en función del lugar específico que le asignaron. Las desventajas del sitio se volvieron, en su caso particular, una ventaja.

Según la dirección en que se circule, desde o hacia la ciudad, algunas esculturas no se ven desde la distancia porque se interpone un puente. La mayoría se alza en reñida competencia con los árboles y la de Bernardo Salcedo no se ve aunque está a la vista. Escoger los emplazamientos presentó limitaciones, en especial la prohibición razonable de colocar pesadas estructuras donde hay conductos subterráneos. Lo anterior no justifica el mediocre resultado. Antes bien, confirma que los coordinadores del proyecto debieron irse con tan linda música a otra parte.

Quienes decidieron el punto exacto en que se colocó cada monumento, son los mismos que diseñaron las plataformas o bases de concreto, tan parcos de imaginación como la del innombrable funcionario que diseñó la torta de piedra de Terreros donde reinan los gloriosos protectores de Colón. La escultura de Edgar Negret, por ejemplo, se compone de catorce elementos que serpentean formando en planta una "S". ¿Por qué la base es cuadrada y no circular? ¿Por qué tan vasta? ¿Por qué a la vista en lugar de ser un cimiento enterrado que comunicara la impresión de que las metálicas y coloridas estructuras brotan del césped? El trabajo en equipo del urbanista y el escultor requería en este caso una coordinación muy estrecha. Un buen escultor define formas con acierto, pero a menudo carece del sentido de la escala que le permita volverlas relevantes en el tráfago metropolitano.

Esta carencia es pan corriente en Bogotá, de modo que se trata de un viejo vicio, achacable a los arquitectos urbanistas y no a los escultores. En Caracas no suceden estas cosas porque no es de ayer que los venezolanos saben que el arte hace vivi-ble una ciudad. En Quito se ha emprendido el plan de instalar esculturas en los espacios públicos. Si los resultados no son satisfactorios, el problema no es de escala sino de estética, al revés de lo que ocurre en Bogotá. En Quito los urbanistas han resuelto eficazmente la parte que a ellos les incumbe, no así los escultores. A la obra de Negret para Eldorado le falta altura física. Los elementos llegan apenas a los cinco metros cuando debieron tener al menos doce, en armonía con los árboles que los rodean. Edgar Negret concibió en su taller un tejido de árboles de metal, con el propósito de que quedaran situados entre árboles reales. Lo que vemos no llega a la categoría del arbusto. Verdad es que el escultor aspiraba a resolver el conjunto como una pequeña joya, sutileza que requería por su complejidad rediseñar el paisaje. Al no procederse como manda el buen diseño, tanto la escultura como el parque pierden puntos.

Y vuelvo a las horrendas bases para probar que ni la obra más intensa se salvó de la imprevisión. Me refiero a la de Ramírez Villamizar. La sección situada en el costado sur de la calzada quedó sobre un canal. Al fundir la plataforma de concreto, se colocó un tubo del calibre apropiado para que las aguas siguieran fluyendo. Pues bien, la solución adecuada imponía extender el tubo de veinte a treinta metros a lado y lado, sepultarlo bajo tierra y sembrar césped. Así se hubiera introducido la continuidad espacial y visual que la magnífica obra exige. Si usted visita el lugar, tenga el cuidado de no caer en el pequeño abismo que hay del borde de la plataforma que soporta la escultura al fondo del zanjón. Bogotá sigue creciendo a imagen y semejanza de la mediocridad propia de los poderosos de antaño. No me parece normal que el crítico de arte le dedique tantas líneas a un problema que en su apariencia es técnico y menor. No he eludido el asunto porque tras el detalle técnico se esconde la estética de la incompetencia que a diario nos agrede. Es el mal diseñador el que disminuye lo que en principio podría ser grandioso. Es él quien contrata, en la actividad profesional que en privado ejerce, a los malos artistas que sin ningún pudor han llenado a Bogotá de horrores y errores.

Si a la escultura de Negret se le pueden hacer por ahora ciertos reparos, al reconocido maestro hay que abonarle el mérito de emplearse siempre a fondo, sin repetirse nunca. No puede decirse lo mismo de Salcedo. Bernardo Salcedo llevó a un lugar público una pieza que por su composición y dimensión quedaría muy bien en un parquecito. Salcedo ensambla sierras desde hace un buen rato, lo que empieza a ser fatigante. A gran escala, el planteamiento ofrecía una variación temática renovadora si se considera que el zigzagueo de los dientes evoca el agua que riela, de acuerdo con la iconografía que el artista precisó con sus nadadores. Por sus características, el espacio próximo al terminal de pasajeros de Eldorado era adecuado para representar una monumental caída del agua y no el bosquejo de algo que lo mismo puede ser un tímido arroyo que un inane charco. Al lector le propongo imaginar la dentada y soberbia catarata metálica, de veinte metros de alto, que Salcedo nos hubiera podido regalar de no ser tan dado al facilismo y la autocomplacencia.

La escultura de Carlos Rojas es magnífica y le agrega, a lo ya planteado en la estructura casi idéntica que se alza en el cerro de Nutibara, en Medellín, el hecho de que funciona como ventana en el eje oriente-occidente y como portal en el eje norte-sur, permitiendo el paso de peatones. Con sus estructuras de acento minimalista, Rojas nos propone enmarcar el paisaje. Sus escultóricos marcos son apropiados para miradores y para parques que permitan el lúdico placer de desplazarse ante ellos y escoger a nuestro antojo lo que deseamos encuadrar. En la autopista, asentada en la estrecha base que como un puente salva el omnipresente zanjón, la obra de Rojas parece rodar gracias a los tres tubos que pasan bajo ella, efecto cinético que es ajeno por completo a las intenciones del autor de la escultura. Los pintores no suelen resolver bien sus obras cuando incursionan en la escultura, sobre todo si son monumentales.

A Antonio Seguí y a Fernando de Szyszlo no les ha ido mal. Seguí es un buen pintor de figuras planas y su escultura es igualmente plana. Con buen sentido, evitó el volumen y se centró en lo esencial de su trabajo: el humor en torno a los pequeños acontecimientos de la vida cotidiana. Humor festivo el de este argentino, pero profundo y reconfortante cuando obliga a sonreír ante la silueta del hombre apresurado que corbata "al vuelo" se dirige con su maletín hacia el avión. De vieja data, de Szyszlo pinta en los lienzos enigmáticos torsos cubiertos de símbolos que son como bocas tachonadas de cuchillos, o heridas de las que brotan colmillos o vaginas dentadas. La sugerente iconografía tiene su origen en la cultura Chavín, del periodo precolombino peruano. Lo peculiar de la figuración szysliana, en principio orgánica, es que posee una evidente calidad arquitectónica.

Hace varios años, el pintor llevó al bronce sus figuras con excelentes resultados. Ahora, en la autopista a Eldorado, las vació en concreto. Me convence el torso, no el elemento abstracto que lo acompaña y que cumple el papel de inscribir un segmento de espacio circular que claramente evoca el sol. La escultura se titula Intiwatana o poste que ata al sol. En los intiwatanas de los incas, un elemento vertical se yer-gue solitario para que su sombra se proyecte en la base escalonada, configurándose de este modo la bella metáfora del sol amarrado.

En el Intiwatana de Fernando de Szyszlo para Bogotá, la iluminación del astro solar no juega ningún papel y el sol inscrito en concreto resulta anecdótico y confuso. No obstante, la obra presenta calidades estéticas que ya quisieran tener algunas de las mal llamadas esculturas que por millones de pesos adquieren bancos, instituciones financieras y centros comerciales.

Me refiero por último a la escultura de la mexicana Angela Gurria, acertadamente orientada en diagonal con respecto a las calzadas, lo que permite captarla -al aproximarse a ella- como un volumen pleno que se revela abierto al pasar a su lado. Se trata de tres discos separados que forman un volumen virtual. La obra resulta en su esencia misma monumental y es ésta su virtud. La imponencia del conjunto resulta disminuida por un detalle estructural no resuelto aún. Uno de los discos externos, el de menor tamaño, debía carecer de apoyo en su parte inferior con la idea de que pareciera flotar. Dado el peso enorme del mismo, se le agregó un apoyo metálico. Primero un burdo cubo y ahora un burdo perfil. Aquí, una vez más, la improvisación y la carrera le jugó una mala pasada a los responsables del loable proyecto.

En resumidas cuentas se cometieron errores, algunos de los cuales pueden corregirse, como sucede con la contradicción que existe entre la obra de Negret y su entorno inmediato. En los albores de un nuevo gobierno, que según se afirma va a colocar la cultura en primer plano, es de esperar que la más ambiciosa de sus metas sea la de erradicar la cultura de la improvisación que nos caracteriza y abruma. En otras palabras, si el presidente Samper quiere seguir la senda abierta por Gavi-ria y dejar obras de arte que perduren, bueno sería que sus asesores las encargaran de una vez, como una prioridad y no para aprovechar la partida presupuestal que no se ha podido gastar en el plazo previsto. Así se evitaría el tener que inaugurarlas el penúltimo día, con el guayabo inevitable del postrer adiós.

Tomado del Magazin Dominical No.594, 18 de septiembre de 1994