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Los ind�genas m�s peque�os del pa�s

 
 


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LOS YUKPAS, Los ind�genas m�s chiquitos del pa�s

por Jos� Navia, editor de Reportajes

Desperdigados entre las arrugas de la serran�a del Perij�, en l�mites con Venezuela, habitan los ind�genas de m�s baja estatura conocidos en el pa�s.

Se trata de algunos miembros del pueblo yukpa, del resguardo de Socorpa, en el oriente del municipio de Becerril (Cesar).

Los yukpas peque�itos miden entre 12O y_130 cent�metros.  Perten�cen a un pu�blo guerrero. Tienen, adem�s, espiritu de cazadores, pero su alimentaci�n es precaria porque en los montes ya casi no quedan puercos. Por eso les disparan hasta a los colibries y a otros p�jaros para echarlos a la olla.

Su espiritu guerrero los lleva a pelear entre ellos mismos en enfrentamientos que han dejado muertos.

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As� viven los ind�genas m�s chiquitos del pa�s

U n perro l�nguido es el primero en advertir la llegada de las cuatro mulas a San Jenaro, un caser�o de madera y zinc ubicado en un descampado de la serran�a del Perij�.

Veinte casas se levantan sobre una pendiente leve, en la mitad de un cerro, rodeadas por yurumos, robles, gu�simos y un bosque de chamizos de color ceniza.

Martha Clavijo, una l�der ind�gena que en este viaje ejerce como traductora, y Jhon Bedoya, el arriero, descienden adoloridos de las primeras mulas. Recorrimos casi cinco horas por una trocha de cascajo y polvo, desde el pie de la serran�a, con un solo objetivo: hallar a los ind�genas de menor estatura del pa�s.

Se trata de algunos miembros del pueblo yukpa. Miden entre 1,20 y 1,30 metros, y habitan en algunos de los diez poblados perdidos entre las arrugas del resguardo de Socorpa, en Becerril (Cesar).

Una mujer menuda observa en silencio a los reci�n llegados desde uno de los ranchos. Habla un espa�ol machacado, as� que Martha Clavijo prefiere hacerle algunas preguntas en yukpa.

El hombre de m�s baja estatura en el caser�o de San Jenaro es Enrique Fern�ndez Maestre. Le dicen Fernandito y es tan alto como un ni�o de ocho o nueve a�os.

Fernandito result� bastante locuaz y de un espa�ol m�s bien fluido. Dice que en San Jenaro viven unas 160 personas y que en sus alrededores hay m�s de 20 hombres y mujeres `peque�itos.

La mayor�a de ellos debe rondar el medio siglo de vida. La edad, para muchos yukpas, incluido Fernandito, es un misterio. "Por ahi... de pronto... unos 50 a�os. Ya estoy viejo", dice.

Nadie sabe a ciencia cierta qu� origin� que algunos yukpas se quedaran peque�os, mientras algunos de sus hermanos crec�an hasta arriba de los 1,60. La misionera Luz Estella Yag��, quien vive desde hace siete a�os en el resguardo, dice que pudo deberse a uniones entre familiares cercanos.

Martha Clavijo no cree en �s� teor�a. Le atribuye el fen�meno a la mala alimentaci�n durante generaciones y a una alteraci�n gen�tica que viene desde �pocas precolombinas.

Maria Fern�ndez, quien mide alrededor de 1,40, dice que se quedaron pasmados por dormir en el suelo, cerca de los fogones.

En todo caso, la situaci�n est� cambiando. Los ind�genas m�s j�venes del pueblo les sacan 30 o 40 cent�metros a sus padres y abuelos. Algunos dicen que dentro de diez o veinte a�os ya no existir�n yukpas chiquitos.

El joven gobernador del resguardo, Edilberto Jim�nez, explica que la mayor�a de los peque�itos ya muri�. Las enfermedades y las guerras que libran entre ellos los diezmaron.

Lo de las guerras es un asunto serio entre los yukpas.  Fernandito cuenta que a su hermano, tambi�n peque�ito, lo mataron a flechazos.

Luego se quita la camiseta y ense�a la cicatriz de una saeta que le sali� junto a la tetilla derecha despu�s de atravesarle el brazo. "Me dispararon a traici�n", dice.

Fernandito vive con su hermana Alicia, unos cent�metros m�s alta que �l. No quiere que le tome fotos en ropa de trabajo. "Muy sucio, me da pena", dice.

A media hora en mula desde all�, en El Hoyo, est�n las chozas de palma de Camilo Capit�n y Evelio Fern�ndez, Tamak�, dos de los peque�itos m�s ancianos.

Camilo calcula que anda por los 63 a�os y que Tamak� le lleva unos 20 a�os. Usan mantas ra�das hechas de retazos y se dedican a criar gallinas, pavos y a cultivar yuca, ma�z y fr�jol.

El fr�jol es lo �nico que les permite recibir alg�n dinero seguro a los yukpas. Sacan dos cosechas al a�o. En cada una recogen entre uno y cuatro quintales (cargas de 50 kilos).

Por cada quintal les pagan unos 80 mil pesos en Becerril. Generalmente, los hombres se gastan el dinero en dos cosas: comida y trago. Y a veces hacen lo segundo con tanta avidez que regresa a sus casas sin una libra de carne, seg�n dicen las mismas mujeres.

Eso es algo grave, pues la �nica carne que los ind�genas de San Jenaro le echan a la olla es la de los animales que cazan con flechas y la de un gusano blanco llamado mojojoy.

Pero las especies de monte escasean. Ante esto, los ind�genas ensartan hasta palomas y colibr�es. De hecho, los hombres del caser�o pasan buena parte del d�a fabricando flechas con pedazos de cuchillos y machetes viejos.

La estatura de los yukpas chiquitos no es impedimento para usar esas armas, viajar a Becerril en burro a incluso, para conquistar a `watiyas (blancos o mestizos).

Amparo Marcela Fern�ndez, por ejemplo, vive desde hace 12 a�os con C�stulo Rocha, un `watiya de Becerril que le lleva casi 50 cent�metros de estatura.

Rocha dice que se enamor� de la yukpa por su temperamento alegre y porque era muy juiciosa. Ahora, los dos viven en un rancho a orillas del r�o Ronc�n, en la parte baja del resguardo.

En San Jenaro no hay energ�a el�ctrica, ni agua, ni bachillerato. Usan fogones de le�a y piedras y traen el agua en bidones pl�sticos desde un nacimiento cercano. El resguardo, gracias a las transferencias, env�a a algunos muchachos a estudiar a Becerril cuando terminan la primaria.

Despu�s de las siete de la noche, en San Jenaro solo se ven las siluetas de los burros re cortas por la luz de la luna. Algunos fogones resplandecen entre las hendijas de las pare des de tabla.

Dicen que en una �poca rondaba un fantasma. Ocurri� cuando los yukpas perdieron la costumbre de sepultar a sus muertos sin su arco y sus flechas, sin su ropa, su pipa y su comida.

Por eso, los ind�genas de San Jenaro volvieron a enterrar a sus finados con lo necesario para sobrevivir en el otro mundo.

CUANTOS SON Y DONDE VIVEN

Los yukpas son un antiguo pueblo guerrero del que sobreviven unas 7 mil almas. Viven en cuatro resguardos: El Cozo, Menkue, Iroka y Socorpa; en el oriente del Cesar. Edilberto Jim�nez, el gobernador de Socorpa, cuenta que los yukpas eran recolectores y cazadores hasta hace unos 90 a�os, cuando llegaron colonos blancos "tirando alambre de p�as" en medio de su territorio ancestral. Luego sembraron algod�n y a los yukpas les toc� irse para la serran�a. All� llegaron algunos watiyas (blancos o mestizos) a sembrar marihuana y a matar animales. A los ind�genas les toc� huir a tierras m�s altas y est�riles. Su esp�ritu sigue siendo de cazadores, pero ya no hay animales en los montes y debido a eso pasan hambre. 

El �nico alivio ha sido la atenci�n m�dica que ahora les presta Dusakawi, una EPS ind�gena que es considerada como una entidad modelo y que atiende a los pueblos kankuamo, way�, arhuaco, wiwa y yukpa.

Tomado del peri�dico El Tiempo, 18 de marzo de 2007