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LOS GITANOS

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Es una comunidad étnica que a pesar de llevar siglos en Colombia,
se mantiene alejada del resto de la sociedad para preservar su cultura y su identidad.

Por CAROLINA VEGAS, periodista de la Revista Semana

Hasta hace poco más de 30 años era usual ver en las afueras de los pueblos o las ciudades colombianas las grandes carpas de los gitanos, que llegaban sin previo aviso en algún momento del año. Allí llevaban su vida en comunidad apartados de los gadye (los que no pertenecen al pueblo Rom) acercándose a la gente del lugar solamente para negociar, ya fuera caballos, zapatos, trabajos de herrería o la tradicional bienaventuranza-la lectura de la mano o las cartas practicada por las mujeres-.Tal y como llegaban se iban y continuaban hacia otro pueblo llevando en sus carrozas su hogar y todas sus posesiones.

En la actualidad, los aproximadamente 4.000 rom de Colombia ya no viven en carpas sino en casas en diferentes kumpanias- lugares en donde residen distribuidos en barrios específicos y que son puntos de referencia para todos los gitanos en el país-. Las más grandes se encuentran en Girón, Bogotá y Envigado. Los grupos familiares suelen trasladarse con frecuencia a otras ciudades o a los países vecinos, pero el desplazamiento ya no suele ser a lugares lejanos, sino que se trata de un nomadismo circular en donde van de kumpania en kumpania.

Para los gitanos viajar de un lugar a otro es sinónimo de un buen vivir y de independencia. Desde el inicio de su existencia se negaron a ser subyugados, tratando de conservar sus leyes, su cultura y sus tradiciones a toda costa. Y es esta forma de vida la que llevan hasta el día de hoy, cuando existen comunidades rom prácticamente en todo el mundo. Ellos coinciden en que su verdadero lugar de origen es el norte de India y aún conservan su lengua, el romanés, que se deriva del sánscrito y que es hablado, con pequeñas variaciones, por todos los rom del mundo.

Pero al ser este un idioma ágrafo, su historia sólo ha sido registrada por la tradición oral del pueblo.

La libertad ha sido siempre su paradigma de vida y por esto ha sido un pueblo perseguido a través de la historia. Se cree que los primeros rom en llegar al continente americano cruzaron el Atlántico en los barcos de Colón durante su tercer viaje. Lo que sí se puede asegurar es que desde la Colonia se asentaron tribus gitanas en Colombia. Luego vendría otra gran oleada migratoria entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, a causa de la persecución por parte de los nazis, en la que cientos de miles de gitanos europeos perdieron la vida.

"A diferencia de Europa y Medio Oriente, nosotros gozamos en Colombia de buen prestigio como comerciantes y no hay una marcada xenofobia. Estamos muy contentos de vivir acá, a pesar que la situación de violencia no nos permite desplazarnos con la misma facilidad de antes", dice Venecer Gómez, reconocido líder rom en Colombia.  Aunque se consideran colombianos y muchos están cedulados, nunca se han integrado al resto de la sociedad. Es más, no se acepta que una mujer gitana se casé con un gadye y si lo hace, es una vergüenza para la comunidad y es expulsada de su familia. En el caso de los hombres, se acepta que se casen con mujeres que no pertenezcan a la etnia, pero sólo si ellas aceptan acogerse a las tradiciones. "La cultura rom es patri-lineal y los hombres son quienes toman las decisiones. Creemos que la mujer se adapta más fácilmente a nuestro ambiente, en cambio un hombre no aceptaría cambiar su forma de vida ", explica Ana Dalila Gómez, coordinadora del Pueblo Rom (Prorom).

Sus tradiciones las preservan hasta hoy y la mujer desempeña un papel importante en esto, por ser quien enseña a los niños el idioma y las costumbres. El proceso de volverse más participativos dentro del Estado se está llevando a cabo hace casi nueve años y ya se están viendo los frutos. Uno de los más importantes es que los niños y los jóvenes están asistiendo al colegio, lugar que antes evitaban por no tener referentes a su cultura.

Pero la mayoría sólo suele completar la primaria, porque es costumbre casarse muy joven y comenzar a trabajar desde la temprana adolescencia. Uno de los miedos más grandes de los rom es perder su identidad y aunque siempre han querido marcar de manera clara su diferencia étnica, lentamente están dejando de ser un pueblo invisible para la sociedad colombiana. Su reto es que Colombia deje de verlos como extranjeros.

Tomado de la Revista Semana No.1278, 30 de octubre de 2006

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Aquí viven 5000

En Colombia, según el censo de 2005, viven unos 5000 gitanos.  De ellos, 1446 son menores

Son considerados como etnia por el Estado desde 1998.

Los hombres viven del comercio informal, de la artesanía de metales como el cobre y de la reparación de maquinaria pesada.

Las mujeres se dedican a la quiromancia, a la costura y a los cuidados del hogar. 

Los gitanos son originarios del norte de India. Su presencia en Colombia se inició en el siglo XIX. Lllegaron a Latinoamérica en el tercer viaje de Colón.

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Los niños gitanos desafían su suerte 

por José Alberto Mojica P.

"Sí, soy gitana", confesó Geraldin Gómez ante sus compañeros de clase, cuando una profesora le preguntó si era cierto lo que se comentaba en el colegio. "No lo había dicho antes, porque, aunque no es un secreto, tampoco es para contárselo a todo el mundo", dice la niña, de 12 años, estudiante de quinto de primaria.

Sus amigas, asombradas, le preguntan con curiosidad si vive en carpas, como muestran las telenovelas y las películas, y hasta le han sugerido que les lea la mano.

Aunque de sus padres y abuelos heredó las tradiciones de su cultura milenaria, y domina la lengua del pueblo Rom, la quiromancia no le gusta. Además, aclara que se trata de un arte con el que se nace y que ella no tiene.

Geraldín ya es casi una mujer: una mujer hermosa, además. Y eso tiene preocupado a su padre, un hombre recio que, como la mayoría de los varones gitanos, se gana la vida como artesano del cobre.

Lo usual es casarse a los 15

En su casa, donde viven 23 personas, en un barrio de estrato 3 del occidente de Bogotá, comparte un taller con hermanos y parientes.

Por la edad, y por la belleza de Geraldín, él confiesa que piensa retirarla del colegio. "El estudio es bueno, pero afuera, con los `gadzhe (no gitanos), puede perder sus costumbres. Además, es casi una mujer y los hombres pueden asediarla", sostiene.

Y añade que el futuro que espera para su hija, como lo mandan las leyes del pueblo Rom, es que a eso de los 15 años ya tenga su familia, con un varón de su comunidad.

Pero ella, como muchos de estas épocas, piensa distinto. Y eso, según Dalila Gómez, coordinadora general del Proceso Organizativo del Pueblo Rom de Colombia -que busca garantizar los derechos colectivos de su comunidad-, se ha convertido en un problema.

"Aunque heredaron el idioma y las costumbres, es imposible pretender que sean iguales a los gitanos de otras épocas. Viven en una dualidad: entre lo místico y el mundo contemporáneo", sostiene Dalila, una de las pocas gitanas en Colombia que tienen una profesión encima. Es ingeniera industrial y trabaja con el Estado.

Ella tuvo que enfrentarse a sus padres y a toda su comunidad cuando decidió que, en lugar de casarse a tan corta edad, quería estudiar.

Hoy no solo es la líder más visible del pueblo Rom en el país, sino que se convirtió en un modelo para los jóvenes.

Su mundo es lo moderno 

Dalila añade que, desde hace unas dos décadas, los niños gitanos no han vivido esa vida itinerante de sus ancestros, que el tema de la quiromancia y de las artesanías no los desvela, y que tendencias actuales como la música e Internet ya son parte de su cotidianidad.

No obstante, Geraldín afirma que los niños gitanos de Colombia tienen suerte, comparados con los de Europa.  Hace poco, ella se enteró en las noticias de que en Italia se generó una polémica por la propuesta del Gobierno de ese país que pretendía tomarles las huellas dactilares a los niños de esta raza con el fin de evitar que mendiguen.  Y también supo que dos niñas gitanas murieron ahogadas en una playa italiana, ante la mirada indiferente de los turistas. "Eso es inhumano, y absurdo. Somos personas como las demás, no una plaga como muchos nos ven", dice.

Geraldín respeta las intenciones de su padre, pero espera que él comprenda que los tiempos han cambiado y que ella puede ser profesional sin dejar a un lado su herencia gitana, como lo hizo Dalila, su tía. Tanto así que quiere montar su propia academia de danza y ser cantante, mientras va a la universidad.

"Aún no se sabe qué puede pasar con el futuro de la niña, pero yo la apoyo. Quiero que estudie y tenga una mejor vida. Esto de ser gitano, de andar de un lado para el otro, de no tener nada, es muy dicil"., dice su madre, Miryam.

Geraldín sabe que tiene una lucha férrea con su destino. No quiere repetir la historia de su madre: quiere ser una gran profesional, sin dejar de ser una buena gitana.

"El futuro para los gitanos no existe. El futuro es hoy y ahora. Esperemos a ver qué pasa cuando llegue el momento de decidir", dice.

Tomado del periódico El Tiempo, 16 de agosto de 2008