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Etnias - inmigrantes

LOS JAPONESES

 
A ColArte
 

 

Llegaron al país, atraídos por pasajes descriptivos de la novela María

Por Germán Patiño
Historiados e investigador de la Universidad del Valle

 

Una de las pocas emigraciones organizadas que ha recibido Colombia proviene de ciudadanos de Japón, a comienzos del siglo XX. Tuvo origen en la Escuela de Colonización de Ultramar, una institución creada por el gobiemo japonés con el objetivo de trasladar a otros territorios parte de su población sobrante, en especial aquellos grupos humanos más pobres que encontraban pocas posibilidades en su propio país. De acuerdo con la señora Isabel Yae de Nikaido, que llegó muy joven al país en 1929, su profesor les decía de manera frecuente: "Ustedes no saben nada, como los micos de la montaña. Japón es un país muy estrecho, así que salgan a trabajar al extranjero, si se les presenta la oportunidad".

Los principales destinos de los japoneses en América Latina fueron Perú y Brasil. Pero, por una casualidad, más que Colombia, el Valle del Cauca resultó escogido por un grupo de familias campesinas nativas de la isla de Kyushu, en el sur de Japón. Uno de los miembros de este grupo,YusoTakeshima,que era profesor de la Escuela de Colonización, conocía el castellano y tradujo algunos apartes de la novela María de Jorge Isaacs al japonés. La lírica descripción del paisaje vallecaucano, las grandes vacadas que pastaban plácidas en las llanuras, la fertilidad de sus tierras y, en especial, los amplios espacios siempre verdes y despoblados, atrajeron irresistiblemente a varios de los jóvenes estudiantes. "En Japón peleábamos por diferencias de centímetros de tierra", cuenta uno de los emigrantes. Y otro nos dice que los colonos japoneses, "al llegara la cima, pudieron contemplar, en toda su extensión, la inmensidad y la hermosura inimaginables de este gran Valle del Cauca. Exhalaron un grito de asombro y alegría. Las lágrimas les rodaron desde los ojos".

Los planificadores de la migración japonesa a Colombia viajaron desde Yokohama, en mayo de 1923, y trabajaron como obreros en el Ingenio Manuelita, mientras se dedicaban a recorrer terrenos y a proyectar la colonia. Entre ellos, se encontraban YusoTakeshima y Samuel Shima, que serían el corazón de la emigración japonesa al país.

El primer grupo de cinco familias de campesinos de la isla de Kyushu llegó a Buenaventura el 16 de noviembre de 1929.A partir de esa fecha, nuevos grupos familiares siguieron llegando hasta constituir una colonia activa y relativamente numerosa que se integró, no sin dificultades, a la economía regional. Muy pronto se dedicaron a la actividad agrícola mecanizada, hasta que en 1938 la colonia poseía 35 tractores, y se constituyó en el grupo empresarial más avanzado de la agricultura colombiana.

Los colonos japoneses rompieron con su labor la pasividad semifeudal de la antigua hacienda vallecaucana, se adueñaron de comercio de cereales y se convirtieron en puntal de los desarrollos agroempresarules que, desde el suroccidente colombiano, irradiaron su influjo modernizador en el resto del país.

Pese a absurdas persecuciones con motivo de la Segunda Guerra Mundial, cuando las cabezas de familia de estos trabajadores y honrados emigrantes fueron recluidos en una cárcel en Zipaquirá, la colonia japonesa continuó creciendo y su proceso de integración a la sociedad colombiana resultó menos traumático de lo que se pensaba. Se acrecentó, además, con la llegada de otro grupo pequeño a la ciudad de Barranquilla, cuyos integrantes se dedicaron especialmente al comercio.

Hoy la colonia japonesa tiene un buen nivel de organización, cuenta con una asociación de numerosos miembros que contribuye al desarrollo económico, social y cultural del país, y los descendientes de segunda, tercera y cuarta generación toman parte activa en el mundo empresarial colombiano.

Tomado de la Revista Semana No.1278, 30 de octubre de 2006