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Quindío - Parque Nacional del Café

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  Un espacio donde la naturaleza es la protagonista y el cafe el mejor invitado para contar historias llenas de encanto, de flora colombiana y rincones de guadua, de andares campesinos, de mitos y leyendas

por Ruth Antolinez

 

En cada recodo del camino una sorpresa aguarda al visitante del Parque Nacional del Café: el parque temático más importante de América Latina, donde se encuentran la cultura, la naturaleza, la diversión y la arquitectura colombianas. Surgió de una inquietud del ingeniero agrónomo Diego Arango Mora, quien ha dedicado su vida a la actividad cafetera y se impuso la tarea de conservar para la memoria todo lo que implica la cultura del café en la formación de nuestra identidad. Primero comenzó a trabajar en la creación de un museo, pero decidió que la cultura del café no debía estar encerrada entre muros. Debía ser viva, en un espacio a cielo abierto lleno de cafetales, donde se recogieran los secretos de la industria, las historias y los cuentos, la ar uitectura de la región. Este sueño comenzó con la compra de una finca de I3 hectáreas y la donación de elementos de valor histórico por parte de los agricultores del Eje Cafetero. Así, con el apoyo de un equipo multidisciplinario cobró vida el Parque Nacional del Café, que en esencia es ecológico, cultural y recreativo. Inaugurado en 1995, cuenta con 13 hectáreas que pueden recorrerse en dos días. Cada año es visitado por 400.000 turistas y se espera que la cifra llegue a un millón en el año 2000. Localizado a doce kilómetros de Armenia y a tres del municipio de Montenegro, por la vía que conduce a Pueblo Tapado, en el parque se unen la creatividad del hombre y los dones de la naturaleza. El parque se divide en espacios ecológicos y recreativos; cada rincón alberga historia, jardines, caminos de arrieros, senderos, bosques naturales, todo bajo el multicolor paisaje quindiano.

Una torre mirador de 22 metros de altura da la bienvenida a este espléndido espacio, pleno de vida y aroma de café, desde donde se observan el parque y el departamento del Quindío.

Nuestra primera para  es en el moderno y didáctico museo, cuya construcción responde a la arquitectura tradicional. Allí, niños y adultos reciben información completa de la industria del café, desde lo botánico hasta lo financiero. A cielo abierto, tomamos un sendero ecológico, de cinco kilómetros, que nos presenta todas las variedades de café del mundo y los diferentes sistemas de cultivo.

En cada recodo del parque el visitante es sor prendido por algún elemento de interés cultural, botánico o histórico.  Están las réplicas de seis sepulturas de la cultura quimbaya, ya que éste fue uno de sus lugares de asentamiento, o una típica casa campesina quindiana con todos los elementos que hacían parte de la vida cotidiana.

El parque es también un canto a la naturaleza colombiana; descubrimos un sinfín de orquídeas, heliconias y helechos; nos topamos con el bambusario, donde encontramos todas las especies que de esta gramínea existen en América. Del parque no escapan los mitos y las leyendas de los campesinos colombianos: el Mohán, la Llorona, la Patasola, la Madremonte, el Duende y muchos más están reunidos en un frondoso bosque nativo. Son personajes extravagantes en su forma, cada uno lleva su historia y el nombre de la región donde se generó su creencia. De esta manera se rescata la tradición oral que parece perderse con el transcurrir de los años.

A lo largo y ancho del recorrido hay elementos que van unidos a la agricultura y a la industria del café: trilladoras, moledoras, tostado ras y otras máquinas que fueron restauradas y de las que se explica su función. También se encuentran dos grandes cafeterías especializadas en el tema del café, donde puede degustarse desde el más refinado café gourmet, hasta la "chaqueta" de nuestros campesinos. Una de las atracciones de mayor encanto es el tren del café, que realiza un recorrido de cinco kilómetros y para en la Estación de Armenia, una réplica a escala de 1:2 de ese Monumento Nacional construido en 1927. En el primer piso hay una finca quindiana en miniatura cuyos elementos están en continuo movimiento: los campesinos, los animales y el trapiche, incluso los ríos. En el segundo piso se planea ubicar una exposición de trajes típicos colombianos.

El tren también para en la Estación de Montenegro, construida con base en fotografías de la época, que alberga un pequeño museo quimbaya que exhibe piezas de cerámica y oro encontradas durante la construcción del parque.

Para quienes gustan de las emociones fuertes, está La Broca, la montaña rusa más grande de Latinoamérica; para los más pequeñitos existe una zona de atracciones mecánicas, pero la sorpresa está en el lago de las fábulas, dedicado a Rafael Pombo, donde los niños se encuentran con los cuentos más bellos de la literatura infantil colombiana.

Recientemente fue inaugurada la segunda etapa del parque, que cuenta con un teleférico y 25 nuevas atracciones que entrelazan diversión con arquitectura, gastronomía, historia y pasado cultural del café, como ejemplo están la reproducción de la Plaza de Bolívar de Armenia, tal y como existió en 1928, o la réplica de las fachadas de las 15 casas quindianas más representativas, con lo que se rescató el patrimonio arquitectónico de la colonización antioqueña.

Paralelo al desarrollo del parque han florecido el ecoturismo y el agroturismo en el departamento del Quindío.

Cerca del complejo empezaron a surgir las haciendas cafeteras turísticas y sitios de interés que actualmente se encuentran en construcción, como el Jardín Botánico de Calarcá y el Parque Nacional de la Cultura Agropecuaria.

El Parque del Café es más que un sueño: ha sido creado con lo nuestro, da a conocer el país, enseña a los colombianos y extranjeros a divertirse con nuestra infinita idiosincrasia, y trasciende de ser un complejo ecoturístico y de recreación para convertirse en el proyecto de desarrollo más importante del Eje Cafetero. Otro aporte más de la Federación Nacional de Cafeteros a Colombia.

Tomado de la Revista Buen Vivir, No.56, 1999